- Eduardo Mesa
La mala pelea
Los comunistas cubanos han conseguido, por enésima vez, salirse con la suya. Entre la corrupción moral de la administración Biden y la incapacidad de aquilatar al enemigo —que, al menos en el caso de Cuba, muestra la diplomacia vaticana—, se ha tejido un mal acuerdo político con implicaciones humanitarias.
En el secreto de unas negociaciones sin participación de la sociedad civil de la isla y el exilio, el régimen ha obtenido tres importantes concesiones del gobierno de los Estados Unidos sin ofrecer nada sustancial a cambio. Quienes intentan pacificar a la bestia con raciones de leche condensada no han podido conseguir ni una amnistía general para los presos políticos cubanos. Han aceptado, en cambio, una excarcelación parcial que, por mucho que nos alegre en el plano personal, no deja de ser un “pase de larga estadía, si te portas bien, mi socio”.
Aunque es un mal negocio mezclar lo humanitario con lo político, no queda otro remedio, en nuestro caso, que aceptar su unión inextricable. Lo que chirría en este acuerdo triangular es lo mucho que se otorga a una tiranía decadente y lo poco que se consigue. Esto ocurre aun cuando ambas potencias negociadoras —una de naturaleza moral y espiritual, con la diplomacia más antigua del mundo, y la otra, que lidera el mundo libre— poseen una amplia experiencia previa en los engaños de los comunistas cubanos. Resulta muy frustrante comprobar que el Vaticano y una administración demócrata insistan en obtener resultados diferentes con los mismos métodos que han fracasado una y otra vez, contribuyendo con sus acciones a hipotecar las ansias de libertad de los cubanos.
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