Obdulio Cintaya, el quedaito que odiaba el embargo

El quedaito que odiaba el embargoObdulio Cintaya, el quedaito que odiaba el embargo

Al mirar las noticias de ayer sobre los resultados de la votación de la Asamblea General de las Naciones Unidas acerca del embargo, vino a mi mente Obdulio Cintaya, un quedaito de Canadá (aunque ahora vive y florece entre nosotros), que me escribió molesto hace unos años, cuando publiqué un artículo sobre el embargo en Cibercuba.

Nunca me quedó claro el verdadero origen de la virulencia de Obdulio; aunque entender a un quedaito es casi imposible, porque el quedaito pretende ser poliespuma y concreto, aguacero y guarapo, maqueta y megápolis, con una gran disposición a encontrar algo positivo en la revolución que abandonó y a homologar la intrínseca perversión del comunismo con los males comunes y corrientes de la sociedad liberal.

El quedaito no es un exiliado, porque el exiliado quema las naves en aras de la libertad y la verdad. Pero, en sentido estricto, tampoco es un emigrante, porque quien emigra solo por conseguir una mejor vida material no está obligado a un pacto militante con la mentira para asegurar su regreso, le basta con meterse la lengua en el occipucio y pagar puntualmente la renovación del pasaporte.

El quedaito es un híbrido, una criatura del socialismo caribeño. No es polvorón ni tortica de Morón, sino puro y amargo oportunismo. Y eso es lo que más me jode del quedaito modelo Obdulio: el oportunismo disfrazado de suficiencia moral, de lección caritativa y de falso mecenazgo. 

Lo bueno de todo esto es lo difícil que se está poniendo mantener el discurso del quedaito clásico. Porque la podredumbre, la miseria y el desprecio del régimen por los cubanos van dejando muy poco espacio para el quedaito salvador de la patria, para el quedaito académico que no quiere perder el networking de sus viejos colegas, para el quedaito que te espeta en la cara eso de que está dispuesto a tragar cualquier mierda porque quiere a su familia más que tú a la tuya. Sí, ha fracasado el cuento de liberar a Cuba con las Mipymes y con el intercambio cultural. Es un cuento que duró demasiado y solo ha servido para acrecentar ese vivero de oportunistas, de pichones de espías y de agentes de influencia que proliferaron con la doctrina Obama del reguetón sin vaso de leche.

Aunque los comunistas cubanos consiguieron ayer, en un pleno de Naciones Unidas, otra resolución de condena al embargo, lo cierto es que los apoyos van disminuyendo. Cada vez son menos las naciones dispuestas a respaldar con entusiasmo el viejo relato de un “bloqueo” que, en realidad, nunca existió.

No tengo la menor duda de que Obdulio Cintaya está al tanto de ese efecto dominó que, tarde o temprano, terminará con la caída del doble nueve. Ya está bueno de esperar un bien de quienes nos han hecho tanto mal. Y al quedaito que no le guste el embargo, ¡que se joda! O que regrese, el compañero Canel tendrá en cuenta su sacrificio y lo recibirá con los brazos abiertos.

🖋️Eduardo Mesa

Autor Eduardo Mesa📰 Artículos por Eduardo Mesa  
Eduardo Mesa. Escritor y  colaborador del Observatorio de Derechos Humanos de Cuba (OCDH), es autor de varias publicaciones en Cybercuba, Cubanet y Patria de Martí. Fue fundador de la revista Espacios, dedicada a promover la participación social del laico. Coordinó la revista Justicia y Paz, Órgano Oficial de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba y el boletín Aquí la Iglesia. Formó parte de los consejos de redacción de las revistas Palabra Nueva y Vivarium. Fue ganador de los premios de poesía Ada Elba Pérez y Juan Francisco Manzano. En la actualidad colabora con diversas revistas. Reside en los Estados Unidos desde 2005.

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