Patria de Martí Artículos y Ensayos

Irán, Israel y la bomba nuclear

Diego TrinidadLa República Islámica de Irán lleva más de una década desarrollando un programa de energía nuclear. Esto no es nuevo, pues bajo el gobierno del Shah Mohammad Reza Pahlavi en los años 1950s, con ayuda de Estados Unidos, Irán participó en el programa del gobierno norteamericano conocido como Átomos para la Paz. Esto culminó en la apertura del primer reactor nuclear en Irán en 1967 (comprado a EU en 1960). Después de la revolución islámica que derrocó al Shah y trajo a los ayatollahs (clérigos islámicos de la secta chía) al poder, el programa fue descontinuado. Durante la guerra contra Irak en los años 1980s, dos viejos reactores fueron reconstruidos con ayuda rusa, y este fue el reinicio del presente programa, que según el gobierno iraní está diseñado para producir energía eléctrica (en un país que tiene las segúndas reservas mayores de gas natural y es uno de los principales exportadores de petróleo en el mundo). En el 2002, el primer reactor atómico abrió en Bushehr. Desde entonces, el mundo está pendiente de las intenciones del régimen, ya que su presente presidente Mahmoud Ahmadinejad anunció hace varios años que el régimen planeaba borrar a Israel del mapa del planeta. Obviamente, a pesar de todas sus negativas, el régimen iraní planea construir un arsenal de bombas nucleares para cumplir la amenaza de aniquilar a Israel y de convertir a Irán en el país dominante del Islam.

Por la última década, Estados Unidos, como el principal aliado y protector de Israel, y como el país que pretende ser el árbitro político del Medio Oriente y protector de las riquezas petroleras del mundo árabe (y de su otro gran aliado, Arabia Saudita), ha tratado de resolver la amenaza que un Irán nuclear representaría para todo el mundo, no solo el Medio Oriente. La administración de George W. Bush no logró ni controlar a Irán y sus ambiciones nucleares, ni de solucionar el conflicto entre Israel y los palestinos (como no lo ha logrado ninguna administración desde 1948, cuando Israel fue fundado). Bush prefirió invadir a Irak, uno de los tres integrantes de lo que llamó el eje del mal (junto con Irán y Corea del Norte), buscando destruir las armas de destrucción masiva (incluyendo nucleares) que casi todo el mundo creía que Irak poseía y de terminar con la amenaza de un Irak que ya años antes había invadido a Kuwait y continuaba con sus ambiciones de hegemonía en el área. De paso, se vengó del dictador Saddam Hussein, quien planeó asesinar a su padre en una visita a Kuwait en 1993. Una lástima, pues quizás se equivocó de enemigo y no escogió al peor, Irán, para eliminarlo.

Con la toma de posesión de un nuevo presidente demócrata en el 2009, quien haría retroceder a las aguas del mundo a niveles de precalentamiento y salvaría el medio ambiente, entre otras incomprensibles tonterías que suficientes incautos creyeron para elegirlo, una nueva política fue anunciada. Las relaciones con Irán serían revisadas y ahora habría una política de “compromisos” (engagement), tal como sería con Cuba y con Rusia (a la nueva relación con Rusia se le llamó “re-calibración” (reset). Todas las nuevas políticas han sido un fracaso total. Irán ha proseguido con sus planes para desarrollar bombas nucleares y está a punto de lograr su demente sueño. En Cuba todo sigue igual o peor y Rusia está más cerca que antes de ser otra vez una nación dominante en Eurasia y su esfera y un enemigo potencial de EU otra vez. Pero la gran amenaza de desestabilización para el mundo es un Irán con armas nucleares. Este trabajo propone una estrategia para terminar--o al menos frenar--con el programa nuclear de Irán.

Irán ha sido un enemigo implacable de Estados Unidos desde 1979, al igual que de Israel. También ha sido el principal promulgador del terrorismo internacional desde entonces, mayormente por su apoyo a grupos como Hamas y Hizballah, ambos basados en Siria y en Gaza, pero financiados por Irán. Irán abiertamente ha tratado de exportar su revolución islámica chiita a todo el Medio Oriente y por consiguiente, es temido por casi todos los países árabes del área, los cuales son seguidores de la secta Sunnita. Entre 1980 y 1988, Irán peleó una sangrienta guerra contra Irak en la que perdió más de un millón de sus habitantes, incluyendo millares de niños enviados en las avanzadas de vanguardia contra Irak para penetrar—y ser volados en pedazos—los campos minados entre los dos combatientes. Esta guerra recordó el duelo a muerte entre los dos grandes regimenes totalitarios de la segúnda Guerra Mundial, Alemania y Rusia. Estados Unidos, correctamente en mi opinión, se inclinó hacia Irak y su líder Saddam Hussein, una alternativa menos mala que el Irán fanático del Ayatollah Khomeini. La guerra terminó como empezó, ni vencedor ni vencido, pero libró por unos años al resto del mundo de las dos plagas bestiales de ambos regimenes. Con la muerte de Khomeini en 1989, se pensó que Irán tomaría un curso más racional, pero nada de eso. Los líderes que surgieron continuaron con las políticas de un islamismo extremo y agresivo. Mucho peor, en los 1990s, comenzaron el presente programa diseñado para producir armas nucleares. Esa amenaza es la que ahora, después de una década perdida en inútiles negociaciones con los hábiles ayatollahs y sus nuevos líderes, Ali Khamenei y el presidente Ahmadinejad, el mundo enfrenta.

Hay una gran oposición a intervenir militarmente en Irán. Las razones de esa oposición son válidas. Sería otra guerra más en el Medio Oriente, exacerbando las tensiones con el Islam. Pudiera provocar ataques terroristas en Estados Unidos y Europa, además de Israel y otros países árabes. Los precios del petróleo aumentarían enormemente, con la gran probabilidad de hundir al mundo en otra tremenda recesión. Y la posibilidad de una Tercera Guerra Mundial no deja de ser descontada por algunos, por ridícula que esta posibilidad parezca. ¿Quién pelearía al lado de Irán contra EU? Nadie. Pero por otro lado, dejar que Irán desarrolle y posea armas nucleares es claramente una opción mucho peor. Un Irán nuclear definitivamente dominaría el Medio Oriente, con las consiguientes consecuencias. Aumento del terrorismo internacional. Conflicto continuo con Arabia Saudita y sus aliados, los cuales se verían obligados a conseguir armas nucleares también para protegerse de Irán. Paquistán ya tiene armas nucleares, y es un país muy inestable políticamente. Lo mismo India, que también tiene armas nucleares, a pesar de ser más estable, pero no quedaría exenta de un conflicto en el área. Turquía probablemente sería la próxima en la carrera armamentista nuclear. La probabilidad de una guerra nuclear entre tantos países enemigos sería alta. Y el precio del petróleo sería mucho menos controlable. En fin, un mundo mucho más peligroso.

Por casi toda la década de los 2000s, se trató de negociar con Irán para que cesara en su intento de producir armas nucleares. Irán, por supuesto, siempre ha negado—y sigue negando—que sus intenciones sean de producir armas nucleares. Insiste en que sus propósitos son pacíficos y sólo quiere la energía nuclear para producir electricidad, algo claramente falso debido s sus gigantescas reservas de gas natural y petróleo. Un grupo de seis países, los cinco miembros del Consejo de Seguridad de la ONU (EU, Rusia, China, Gran Bretaña y Francia) más Alemania, trataron por todos los medios de hacer razonar al régimen iraní. Fue inútil. Irán solo estaba interesado en ganar tiempo y continuar su programa nuclear.

Fracasando la diplomacia, se trató de implementar sanciones económicas. Pero sólo los Estados Unidos estaba dispuesto a aplicar sanciones fuertes, y aún con la concurrencia de los demás países, las sanciones económicas raramente son efectivas. A fines del 2011, por fin se acordaron sanciones contra en Banco Nacional de Irán, las cuales pudieran parar en seco las exportaciones de petróleo de Irán al resto del mundo. En enero de este año, la Unión Europea acordó no importar petróleo de Irán. Ambas decisiones, de haber sido tomadas años atrás, podían haber obligado al régimen iraní a abandonar su programa nuclear. Ahora ya es demasiado tarde. Además, las sanciones contra el Banco Nacional fueron suspendidas hasta que el presidente decida aplicarlas y la no importación de petróleo de Irán no comienza hasta julio, si es que se llega a implementar. No sólo eso, el Asesor de Seguridad Nacional James Clapper declaró ante un Comité del Congreso en días pasados que a pesar de que las sanciones han tenido bastante efecto en la economía de Irán, el régimen sigue adelante con el programa nuclear, el cual NO ha sido afectado por las sanciones.

Se han realizado ataques secretos con virus de computadoras, asesinatos de científicos iraníes y algunas explosiones inexplicables en instalaciones nucleares han ocurrido recientemente, pero ya Irán los ha rebasado. Es más, de acuerdo con los últimos reportes de la Agencia Internacional de Energía Atómica, Irán está listo para construir bombas nucleares en cualquier momento, y en los últimos años ha desarrollado más y mejores cohetes capaces de cargar cabezas nucleares y de alcanzar no solo a Israel, sino a gran parte de Europa. En su demencia, el régimen iraní hasta trata de producir cohetes intercontinentales que puedan llegar a Estados Unidos y hace tiempo está cooperando con Venezuela para posiblemente llevar cohetes de alcance intermedio al país Suramericano. Potencialmente otra crisis como la de 1962 en Cuba.

El domingo 4 de marzo, el presidente pronunció un importante discurso ante la organización AIPAC (American Israeli Political Action Committee) en Washington. Cínica y falsamente, el presidente declaró que su administración había hecho más por la seguridad de Israel que ninguna otra. Además, aseguró a la escéptica audiencia, que “protegía las espaldas de Israel” (I have Israel’s back) y que Israel tenía el derecho soberano de tomar cualquier decisión en su defensa. Algo obvio, pero que no obstante en tres años nunca se había declarado. Su discurso fue bien recibido. El día siguiente, llegó a Estados Unidos Benjamin Netanyahu, primer ministro de Israel, a conferenciar con el presidente. Netanyahu había pronunciado un fuerte discurso en Canadá la noche antes, defendiendo el derecho de Israel de tomar cualquier medida necesaria para evitar que Irán obtuviera armas nucleares. La reunión debe haber sido tensa, aunque cuando aparecieron en público, los dos líderes dieron la impresión de cordialidad. El tema tratado fue obvio: un posible ataque de Israel a Irán. También, de acuerdo con algunos reportes, trataron detalladamente la situación en Siria. Resulta que Siria tiene una gran capacidad en cohetería de mediano alcance, que fácilmente puede hacer mucho daño a Israel, con el cual comparte fronteras. Siria tiene además armas químicas y bacteriológicas con qué armar sus cohetes. Si Siria ataca a Israel conjuntamente con Irán—una posibilidad que no se considera mucho, pero que no puede ser descartada--tal ataque no solo sería devastador, sino que casi seguro necesitaría un contra ataque conjunto de Israel y Estados Unidos a Irán y a Siria. Debe también recordarse que de acuerdo a reportes de agencias de espionaje israelí hace años, muchas de las armas de destrucción masiva de Irak—las que nunca aparecieron—fueron secretamente transportadas a Siria días antes de la invasión americana a Irak en el 2004. Siria, entonces, tiene que ser considerada en la ecuación, sobre todo ahora con el caos existente en el país hace meses.

La noche del 5 de marzo Netanyahu también habló ante AIPAC y se mostró complacido con la conferencia en la mañana, declarando que Israel y Washington compartían opiniones sobre el tema. Pero al día siguiente, en una conferencia de prensa, el presidente retractó parcialmente sus declaraciones en apoyo a Israel y acusó a los candidatos republicanos de casualmente alentar a una nueva guerra. En fin, lo mismo de siempre, ya que este presidente solo parece tener un arma favorita de ataque: su lengua. Cree firmemente que sus palabras son suficientes tanto para gobernar como para negociar con otros países. Pero las palabras sin acciones que las respalden, sirven para nada, como se ha visto por más de medio siglo en Cuba y por una docena de años en Venezuela.

En meses atrás, el Secretario de Defensa norteamericano Leon Panetta, ha declarado públicamente que Israel atacará entre abril y junio (después se retractó, pero el daño estaba hecho). Varios altos oficiales militares americanos han visitado a Israel, incluyendo el Jefe de Estado de las Fuerzas Armadas y el Asesor de Seguridad Nacional. Sus propósitos han sido de aconsejar (más bien presionar) a Israel que siga esperando por las sanciones, de evitar por todos los medios que ataque a Irán. La administración teme las consecuencias de un ataque y ya se ha admitido que son válidas. Pero también teme la administración las consecuencias políticas de un ataque a siete meses de las elecciones presidenciales. Nadie puede predecir como un ataque de Israel a Irán pudiera afectar el resultado de las elecciones, pero el presidente no quiere de ninguna manera correr el riesgo.

Dos artículos en el Wall Street Journal han puesto en duda la sinceridad del presidente, mientras que ambos (escritos por Dan Senor el lunes 5 y por Bret Stephens el martes 6) destacan que en tres años, esta administración, lejos de proteger la seguridad de Israel, ha hecho más que ninguna otra, todo lo posible por enemistarse con Israel y por presionarlo para que NO ataque a Irán, a la vez que ha respaldado a los palestinos en todas sus reclamaciones contra Israel, hasta el punto de apoyar que se regrese a las fronteras de 1967, antes de la Guerra de los Seis Días. Ninguna administración norteamericana desde entonces ha apoyado volver a esas fronteras, las cuales son, como siempre fueron, indefensibles para Israel.

Finalmente, en otro artículo publicado en la revista The Weekly Standard, el investigador del Hoover Institution y Editor de su revista Policy Review, Tod Lindberg, predijo también un próximo ataque a Irán y el inevitable involucramiento de Estados Unidos en tal ataque, aunque no lo apoye. Las consecuencias pudieran ser hasta peores para Estados Unidos en ese caso. Y hoy, un periódico de Israel, el Diario Maariv, reporta que EU aparentemente le ha ofrecido a Israel sus últimas bombas penetradoras y sus más modernos aviones tanqueros para reabastecer aviones de ataque en el aire, a cambio que Israel posponga cualquier ataque hasta después de las elecciones presidenciales de noviembre. De manera que ahora el tema político entra en juego. Cada vez que Estados Unidos ha puesto su política interna por encima de sus intereses nacionales, los resultados han sido funestos. Si Israel confía en cualquier promesa, sobre todo promesas hechas por este presidente, tendrá mucho por qué arrepentirse. El problema es que de nada servirá arrepentirse cuando el país se encuentre entre cenizas atómicas.

Llegamos entonces a que hacer. Hay pocas dudas que Israel atacará a Irán. Sólo es una cuestión de cuando. ¿Es posible que Israel pueda tener éxito en un ataque a las facilidades nucleares de Irán? Si lo es. A continuación se verá como lo puede hacer. El análisis que sigue está basado principalmente en las investigaciones y escritos de cuatro prominentes expertos en el tema: Anthony Cordesman y Edward Luttwak, del Center for Strategic and International Studies de Washington, y los profesores Arthur Herman, historiador y escritor de varios libros sobre diversos temas, ahora afiliado al American Enterprise Institute de Washington y Matthew Kroenig, afiliado al Council on Foreign Relations de Washington. Las opiniones de opositores como Michael Ledeen, afiliado a Foundation for Defense of Democracy, uno de los más prominentes investigadores sobre el tema, y el presente candidato a la nominación presidencial republicana, el Doctor y Congresista Ron Paul, líder libertario y gran oponente a las intervenciones norteamericanas en el Medio Oriente, han sido también debidamente consideradas. Paul considera, por ejemplo, que Irán tiene derecho a poseer armas nucleares, tal como Rusia y China las tienen y nunca las han usado contra EEUU. Sus críticos responden que los ayatollahs no son seres racionales, sino fanáticos que creen—y esperan—el Armagedón y el fin del mundo. Punto válido, para mí. Ledeen mantiene que es mejor tratar de derrocar al régimen iraní apoyando a la oposición interna. Punto muy dudoso y que además demoraría mucho tiempo.

Uno de los primeros que propuso un ataque a Irán, aunque por parte de Estados Unidos, fue Luttwak en un artículo publicado en el Wall Street Journal el 9 de febrero del 2006. Herman publicó otro mucho más influyente artículo en la revista neoconservadora judía Commentary en noviembre del 2006. Cordesman ha publicado varios largos ensayos de cómo atacar a Irán desde el 2009, pero especialmente uno muy detallado en el Wall Street Journal de septiembre 25 del 2009. Kroenig acaba de publicar su trabajo en la edición de enero/febrero de Foreign Affairs. En mi opinión, el mejor de todos estos escritos y argumentos es el de Herman. En una conferencia sobre Irán en la Universidad de Miami patrocinada por la organización judía Anti Defamation League en el 2007, cuestioné a un profesor experto en el panel (no recuerdo su nombre) sobre este importante artículo. Aunque Jaime Suchlicki y Carlos Alberto Montaner también estaban en el panel y sin dudas conocían este ensayo de Herman, nadie contestó mi pregunta sobre si lo propuesto por Herman funcionaría. Repetí mi pregunta al Cónsul de Israel en otra conferencia en enero del 2009, ya bajo la nueva administración demócrata. También evadió la pregunta y se mostró optimista sobre mejores relaciones con el nuevo presidente. Ilusiones vanas, como le dije entonces y quizás ahora recuerde. Herman, secundado ahora por Luttwak, Cordesman (con ciertas dudas) y Kroenig, propone que un ataque aéreo quirúrgico a las principales instalaciones nucleares de Irán puede tener éxito y no sería necesario más que utilizar un reducido número de aviones en la operación, que pudiera conducirse en un par de noches.

La razón primordial por qué el presidente Bush (hijo) no ordenó tal ataque durante su segúndo término (si es que estaba a favor, debido a las guerras en Irak y Afganistán) fue, según Lutwtwak, que los jefes militares norteamericanos, temiendo que EEUU se involucrara en una tercera guerra, nunca le presentaron al presidente todas las posibles alternativas, sino que solo le ofrecieron un plan masivo de guerra total, el cual Bush naturalmente rechazó. Luttwak mantiene, como lo hizo Herman desde el 2006, pero con datos del momento, que Irán no puede defenderse de tal ataque quirúrgico. Su aviación se encuentra en condiciones deplorables, obsoleta y sin piezas de repuesto, ni la mitad puede ni volar. Sus defensas anti aéreas, aún con las nuevas baterías rusas, son inadecuadas contra la tecnología stealth americana y las nuevas bombas guiadas por lasers. El hecho que muchas de las instalaciones nucleares están profundamente enterradas y protegidas por metros de concreto es inconsecuente. Las nuevas bombas penetradoras norteamericanas de 30,000 libras pueden destruir instalaciones protegidas por hasta 200 metros de concreto. Israel tiene estas bombas. Israel ya ha probado que sus aviones pueden llegar a Irán (en enero del 2003, según Cordesman, tres aviones F-15 de Israel, volaron a Polonia, a 1,600 millas náuticas de distancia, 200 millas más que las instalaciones nucleares de Irán) y regresar, pues además tiene aviones tanqueros que pueden abastecer a los aviones de ataque en vuelo. Israel puede también haber desarrollado armas secretas adicionales en estos últimos años y sus agencias de espionaje conocen bien donde están las más importantes instalaciones nucleares de Irán. Por supuesto, para Israel solo, la tarea es muy difícil y complicada, pero todos estos expertos están de acuerdo que un ataque exitoso es no solo posible, sino probable. Además, ya esto ocurrió en 1986-88, según lo describe Herman en Commentary, por lo que su argumento me parece irrebatible

Este sería el plan de ataque de Israel. A pesar de que la mayoría de los analistas (casi todos opuestos a un ataque) que comentan sobre el tema creen que Israel necesitaría al menos 100 aviones, la probabilidad es que serían como 50. Israel tiene más de 350 aviones de ataque y nunca ha utilizado todo su potencial. Ya pocos recuerdan que en 1967, con un puñado de aviones, la fuerza aérea israelí destruyó—en las pistas de despegue—a casi toda la aviación de Egipto, Siria y Jordania. Los aviones israelís atacarían primero que nada a las instalaciones de radar y a las baterías anti aéreas que protegen los centros nucleares. La red eléctrica probablemente sería el próximo blanco. Posiblemente las refinerías de gasolina del Golfo vendrían después. Finalmente, los cuatro puntos críticos en el programa nuclear de Irán: las centrífugas alrededor de Natanz; el reactor que produce light water (uno de los componentes integrales de las bombas) cerca de Bushehr; el reactor que produce heavy water en Arak—el mejor protegido y el más importante—ya que produce plutonio, el elemento clave de las bombas nucleares; y las instalaciones más nuevas, las 3,000 centrífugas al sur de Qom Probablemente la fuerza aérea israelí no lograría destruir completamente estas instalaciones esenciales, pero aún dañándolas en gran parte, esto atrasaría el programa nuclear de Irán quizás por 10 años. Difícilmente el régimen de los ayatollahs sobreviviría tanto tiempo.

Lo sugerido por Herman ya sucedió, parcialmente, excepto por los bombardeos a las instalaciones nucleares, las cuales no existían entonces. . Resulta que hacia el final de la guerra entre Irán e Irak en 1987, Irán, en su desesperación, trató de cerrar el Estrecho de Hormuz, como ha amenazado hacer recientemente. La administración del presidente Reagan reaccionó decisivamente. Ordenó a la Marina norteamericana organizar convoys para proteger a los barcos tanqueros que transportaban petróleo de Arabia Saudita, los Emiratos y Kuwait. Varios barcos iraníes fueron hundidos cuando trataron de impedir el paso de los tanqueros. Brigadas de Marines y Fuerzas Especiales tomaron muchas de las plataformas de petróleo iraníes en el Golfo Pérsico (casi todas las plataformas están en el Golfo), impidiendo la extracción del petróleo por Irán. Cuando EEUU amenazó con bombardear las pocas refinerías de Irán (muchos ignoran que Irán, a pesar de su riqueza petrolera, tiene que importar la gran mayoría de su gasolina), los ayatollahs se aconsejaron, cesaron en su intento de cerrar el Estrecho, y poco después la guerra con Irak terminó.

De acuerdo, la Ley de las Consecuencias no Intencionadas indudablemente aplicaría en cualquier ataque de Israel a Irán, y pese a este relativamente optimista análisis, el ataque puede fracasar y todas las terribles consecuencias predichas por Ledeen, Paul y otros prominentes escritores como Fareed Zakaria de Newsweek, pudieran realizarse. Sin embargo, lo único cierto es que el precio del petróleo aumentaría enormemente por varias semanas. Pero Arabia Saudita puede fácilmente suplir el petróleo adicional que sea necesario si las exportaciones de Irán son suspendidas, con lo que los precios se estabilizarían prontamente. Y con la situación en Siria, principal aliado de Irán y base de Hizballah en el Medio Oriente, la amenaza de ataques terroristas en Europa y EU se reduce mucho (si esto es posible siquiera hoy en día). Irán, ya se ha probado, no puede, aunque quiera, cerrar el Estrecho de Hormuz, de manera que sus opciones son pocas. Puede lanzar algunos cohetes sin carga nuclear contra Israel, en una inútil represalia, pero poco más. Casi todos los países árabes, desde Arabia Saudita a Jordania, apoyarían en privado un ataque a Irán que frenara el programa nuclear. Lo mismo Europa, que en su ceguera, por mucho tiempo ha tratado de ignorar el peligro de un Irán nuclear, cuando en definitiva, no es solo Israel quien sería amenazado, y muchos menos Estados Unidos, sino los países europeos que son los principales importadores del petróleo iraní y que podrían ser alcanzados por cohetes nucleares desde Irán. ¿Rusia y China? Protestas inconsecuentes ante la ONU. Mientras el resto del mundo respiraría con alivio.

Por otro lado, hacer nada ya no es una opción. Israel parece haber tomado la decisión de atacar. No puede hacer otra cosa por temor a su sobrevivencia y ya no parece creer que puede esperar más tiempo. Inclusive se reportó que cuando Netanyahu llegara a Washington el lunes, le pediría al presidente, quien por su cuenta sigue negando que habrá guerra, que Estados Unidos públicamente amenace a Irán con un ataque militar de no cesar en su afán de producir armas nucleares. Ya sabemos que el presidente no se dejó presionar, pero también es muy dudoso que Netanyahu haya cedido. Claro que el presidente pudo advertir a Netanyahu, como se piensa ya lo ha hecho, negar apoyo alguno a Israel de parte de EU en caso de un ataque israelí. Pero Netanyahu simplemente puede haber llegado al convencimiento que a Israel no le queda otra opción sino un ataque a Irán y que no es posible esperar casi otro año más para hacerlo. En mi opinión, esto se puede producir, tal como predijo el ex Secretario Panetta, entre abril y junio del 2012. Pronto veremos.

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¿Liberal, libertario o economista austríaco?

Joisy GarciaEn septiembre de 1883, José Martí, apóstol de Cuba, publicó un artículo muy interesante sobre su preocupación económica del momento. Le nombró: “Libertad, ala de la industria”.

Como casi siempre, comienza el maestro el artículo con una excelente y fascinante descripción de lo que nos desea trasmitir:

Sin aire, la tierra muere. Sin libertad, como sin aire propio y esencial, nada vive. El pensamiento mismo, tan infatigable y expansivo, sin libertad se recoge afligido…

Y continúa asegurando que:

… así es la libertad la esencia de la vida.

Lo que llama la atención es que desde esa época ya el apóstol se comienza a preocupar por los niveles de intervención coercitiva de los gobiernos en las áreas de la economía y el comercio, ya que después de describir con tanta exquisitez la importancia de la libertad se pregunta:

Esto, que en todo es cierto, ¿cómo no ha de serlo en el comercio y en la industria?

Y continúa el artículo informándonos sobre los increíbles remates que estaban aconteciendo en la industria y ventas de algodón.

José Martí ya cuestiona a tan temprana hora, las tarifas arancelarias que imponen los gobiernos y remata su crítica al desmedido intervencionismo de los gobiernos asegurando:

Cuanto entra en la fabricación de los géneros de algodón, paga derechos altísimos: se reportan las fábricas de productos invendibles: se queda irremediablemente el obrero sin obra, por cerrarse el mercado a sus productos.

Si pudieran entrar libres de derechos, o con derechos legítimamente fiscales, los elementos de la producción, ésta podría hacerse de manera que, costando en la nación misma menos, lo cual para el obrero equivale a un aumento en el salario, pudiera luego ir a rivalizar con los productos similares en mercados extranjeros, lo cual significa para el obrero ocupación constante.

A nadie daña tanto el sistema proteccionista como a los trabajadores. La protección ahogar la industria, hincha los talleres de productos inútiles, altera y descalabra las leyes del comercio, amenaza con una tremenda crisis, crisis de hambre y de ira, a los países en que se mantiene. Sólo la libertad trae consigo la paz y la riqueza.

Excelente deducción lógica de Martí, en la lejana Nueva York de 1883, sobre economía. Meditar sobre lo desmedido de las intervenciones de los gobiernos continuará siendo un deber ciudadano ineludible para todos, pero he quedado confundido y con una duda: nuestro querido apóstol, ¿era liberal, libertario o economista austríaco?

miseshispano.org

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Cuba y la tesis errada del “empoderamiento”

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Este artículo es parte de una serie de tres, que serán presentados con una semana de separación. Están conectados por el tema central que es el restablecimiento de las relaciones entre los EE UU y Cuba. El primero presenta su argumento desde un ángulo de practicidad, El segúndo defiende el principio de las sanciones. El tercero resumirá la premisa desde una óptica ética.

     Bajo la autorización de la vara ejecutiva que le otorga la democracia norteamericana, el gobierno del Presidente Obama restableció, de jure, las relaciones diplomáticas con Cuba comunista. Era de esperar que un paso político de tanta proporción viniera cargado con una racionalización confeccionada con sazón bien aclimatado para los tiempos que vivimos. Ya The New York Times, actuando en capacidad de agente de publicidad no-oficial de la actual administración estadounidense, venía anunciando la trama de este drama político. Entre los argumentos más sobresalientes de la proposición de fundar el puente de la coexistencia (término no tan nuevo, tal vez un poco en desuso, pero válido de igual forma) que conectaría a la democracia funcional más antigua del mundo con la dictadura americana más longeva, es que las relaciones servirán para “empoderar” al pueblo de Cuba. Esto viene secundado con la simbología que trae los efectos visuales expresados cómo uno de contacto de “pueblo a pueblo” (people to people). Añaden que esto da fin a la percibida estrategia norteamericana de “aislamiento”. Mientras algunos aplauden el sendero de deshielo entre Washington y La Habana, otros entienden este global warming (“calentamiento global”) político como el debilitamiento de la capa ambiental que protege a Cuba contra los daños potenciales de oxigenar una brutal dictadura comunista.

     Expertos catalogan este curso de acercamiento como una “política de acoplamiento, diálogo o conciliación” (engagement). Esta postura estratégica va contraria a la “política de confrontación”. La primera plantea que el acercamiento entre una democracia y una dictadura repercuta favorablemente en el advenimiento de la democracia. El segúndo va en dirección contraria. La lógica de la política de confrontación radica en retar a la dictadura en numerosos frentes que pueden incluir el económico, el ideológico, el bélico (abiertamente o encubierto), el diplomático, el legal, la asistencia a la oposición, etc. Esto forzaría idealmente a la dictadura, en ánimo de supervivencia, a ejercitar un debilitamiento de su dominio absolutista por las presiones internas de cohesión a su poderío, la falta de recursos para reprimir y cuestiones de logística. Sostenida decididamente y con consistencia, los efectos de la política de confrontación, busca frontalmente contribuir al cambio en el ámbito político, que es donde radica el problema principal de una dictadura. La política de acoplamiento, en cambio, posee en su arsenal persuasivo como principal ingrediente: el comercio. En otras palabras, su argumentación fundamental está sustentada sobre un determinismo económico.

     Ambas estrategias pueden acreditarse éxitos y fracasos. Por supuesto que emitimos el juicio cualitativo del resultado vinculando el mismo a su capacidad de haber contribuido (o no) a producir procesos de democratización fructuosos. El factor medular que determina el resultado (éxito o fracaso) ha demostrado ser, no el curso medido aisladamente per se, sino si la receta es la apropiada para el tipo de mal. Dicho de otra manera, más que una cuestión de cuál es mejor, lo seminal es compaginar la estrategia con el modelo dictatorial para producir el resultado deseado: la libertad y la democracia. La política conciliatoria (engagement) ha tenido gran éxito en dictaduras de carácter netamente autoritarias. Estas son el tipo de despotismo donde se ejerce un control absoluto del poder político, pero el ámbito económico y el social nunca cayeron bajo el dominio dictatorial político.

     Clásicamente, estos regímenes no-democráticos no poseen una ideología radical que los rige. Al dejar que la economía permanezca en manos privadas (de jure y de facto) y al no alterar el orden social, la sociedad civil, esencialmente, se preserva. El impacto favorable que tiene el curso de acoplamiento en los casos de las dictaduras autoritarias es que el comercio que brota de esa relación entre la democracia y el modelo autoritario, llena de mayores fuerzas a la sociedad civil (recuerden que esta nunca se desmanteló). Consecuentemente, la sociedad civil presente en el autoritarismo, a medida que crece la economía y se amplía la riqueza, extiende su presión a la clase política que, invariablemente, tarde o temprano inician un proceso de liberalización en el modelo político. En otras palabras, la sociedad civil queda más empoderada gracias al auge en el comercio que engendró riqueza y debilitó la estructura gubernamental. Esta postura ha sido sostenida por muchos politólogos, con Seymour Martin Lipset entre los más destacados, y le han llamado la teoría de modernización. Este modo de promover la democracia ha sido muy efectivo en la aniquilación del autoritarismo. Taiwán, Corea del Sur y Grecia son algunos ejemplos de esta corriente. Sin embargo, dicha estrategia no ha hecho ninguna huella cuando se ha aplicado en dictaduras totalitarias. Todo lo inverso.  

     Ejemplos de ambas políticas puesto en práctica con dictaduras totalitarias, lo hemos visto llevar a cabo con la Unión Soviética y el comunismo soviético y China. Quitando el intercambio comercial que hubo durante la Nueva Política Económica de 1921 y la segúnda Guerra Mundial, los EE UU mantuvo una política de confrontación en sus relaciones con la URSS y sus satélites. Probablemente de no haber sido por la careta de oxígeno que ciertas empresas estadounidenses le extendieron al régimen bolchevique y después como “aliado” contra el fascismo, el comunismo soviético se hubiera desmoronado mucho antes de la caída del Muro de Berlín. Una estrategia de
contención y luego con Ronald Reagan, de reversión, la URSS y su imperio se vio obligada a instituir reformas para intentar evitar la inevitable implosión. Con China, la nefasta política de coexistencia que Nixon propulsó, demuestra, emblemáticamente, lo equivocado de pensar que con una economía con apego al mercado, abierta a la inversión extranjera, con acceso al crédito internacional y más de sesenta y cinco millones de turistas foráneos cada año, pudiera traer la democracia.

     La comercialización y el intercambio material que la política de conciliación se basa para proponerse como mecanismo efectivo para promover la democratización, no tiene un solo caso de éxito cuando se refiere a dictaduras como la de Cuba. ¡Absolutamente ningún caso! Aclaremos este punto indiscutible: Cuba es una dictadura totalitaria. El hecho de que los parámetros de la tolerancia, en ciertos terrenos, se hayan extendido o que las relaciones de producción o la noción de la propiedad “privada” se haya revisitado, no aleja ni un ápice a Cuba de la categoría de ser esta una dictadura donde rige un régimen de corte de dominación total. La esfera económica y la social, está totalmente dominada por el poder político dictatorial. La semántica oficialista sigue rugiendo la mentalización de la lucha de clases. Recuerden, los comunistas que acordaron vivir sus vidas como comunistas practicantes, fueron muy pocos. Ni siquiera Marx tuvo el decoro de practicar lo que Engels, su socio y sostén financiero entrañable, inventó.

     La tesis del empoderamiento de la sociedad civil cubana, dentro del actual modelo dictatorial, es una quimera. Explicaré por qué y es muy sencillo. Igual que existe mucha desinformación en cuanto a la diferenciación entre una dictadura autoritaria y una totalitaria, también existe gran confusión en cuanto a modelos económicos. El capitalismo ha sido considerado como un complemento natural del modelo político que es la democracia. Eso es cierto. El problema está en no comprender que el capitalismo urge, para retener su autenticidad, un formulario donde la competencia pueda expresarse tanto por los productores, los trabajadores y los consumidores. Cuando la libre competitividad entre los tres actores mencionados queda sofocada por el Estado y este asume el papel direccional de la economía (directa o indirectamente) para servir los propósitos políticos, ya se dejó de ser capitalista y se está navegando en los mares del mercantilismo o/y el corporativismo. Iremos más al grano.

     En esencia la premisa del empoderamiento, en el caso cubano, es fallida porque reposa sobre una serie de suposiciones falsas. Recuerden que el raciocinio subyacente de la tesis es económico y establece que la economía es un agente de cambio político primario. Este punto, en sí mismo, es altamente debatible. Materialmente hablando, la riqueza y los estándares de vida han mejorado bajo el reloj de algunas dictaduras. Indonesia, China, Alemania nazi e Italia fascista son algunos ejemplos. Pero aún si la noción que el comercio y la globalización, (confundida por algunos por capitalismo), fuera la fuerza propulsora de la democracia, este argumento requeriría que reglas básicas del sistema de libre empresa estuvieran presentes. Eso es inexistente en Cuba.

     Lo fundamental del argumento pro relaciones comerciales entre EE UU y Cuba, es que la sociedad civil se va a beneficiar al poder crecer e independizarse del Estado dictatorial. El entendimiento percibido va algo así: productores, trabajadores y consumidores podrían interactuar y el resultado final sería una sociedad civil más autónoma y poderosa. Eso es idílico. En Cuba comunista es el Estado/Partido el que dicta el comercio. Así lo dice la propia constitución dictatorial en su Artículo 18. Productores y consumidores no pueden interaccionar autónomamente. Sólo se puede hacer por medio de las agencias oficialistas. Esto quiere decir que el monopolio existente de la dictadura sobre la economía y la vida cotidiana del pueblo cubano, alcanzaría magnitudes superiores. El Estado despótico es el que posee las llaves exclusivas para la conducción de la actividad comercial. De manera que el incremento en la economía, sólo fortalecerá el monopolio que tiene la dictadura sobre el ámbito económico y subsecuentemente, su control político. La sociedad cubana, en vez de ser más independiente, se convertirá más dependiente del régimen ya que ellos serán los que dan acceso al mercado, distribuyen la tecnología, facilitan el crédito, extienden las concesiones comerciales, escogen los trabajadores, los productores y determinan lo que los consumidores pueden consumir a gran escala. La palabra “empoderar” no está alejada de la realidad. El problema es, que a quien se va a empoderar aún más, es al Partido Comunista de Cuba.    

     China comunista y Vietnam nos han iluminado en este sentido con evidencia irrefutable. Hoy, treinta y siete años desde que China lanzó su “socialismo con características chinas” y veinte y nueve desde que Vietnam se encaminó en su Doi Moi o “economía de mercado orientada al socialismo", vemos al comunismo asiático robusto, afianzado y muy, muy distante de tener ninguna semblanza con una democracia. Estas dictaduras lograron sobrevivir la muerte de sus fundadores y transmitir exitosamente la autoridad a sus respectivos partidos comunistas y retener el sistema despótico. Empoderados sí, pero no precisamente la sociedad civil china o vietnamita. ¿Por qué vamos a pensar que con Cuba las cosas van a ser diferentes?    

Acerca del Autor

Julio M. Shiling es escritor, politólogo y Director de Patria de Martí (www.patriademarti.com). Su último libro es Dictaduras y sus paradigmas: ¿Por qué algunas dictaduras se caen y otras no? Nació en La Habana, Cuba y reside en los EE UU.

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Cuba, China: represión y reformas

A De Armas

Ahora que se ha puesto de moda entre algunos empresarios y activistas políticos de la modernidad y la moderación el apostar por el modelo chino para Cuba como un supuesto mal menor, viene bien echar una ojeada a los últimos informes sobre ejecuciones en el país asiático.

China comunista es el país que ejecuta al mayor número de condenados en el mundo al aplicar la pena capital a 2.400 personas en 2013, según indicó la Fundación Dui Hua con sede en Estados Unidos.

Pekín no publica ningún balance oficial sobre los ejecutados en el país pero, según varias organizaciones de defensa de los Derechos Humanos, China condena a muerte a más personas que todos los demás países juntos.

"No incluyendo a China, se registraron al menos 778 ejecuciones en 2013", aseguró Amnistía Internacional en su informe anual.

Dui Hua, que vela por los Derechos Humanos en China, afirmó haber obtenido esas cifras de un funcionario judicial con acceso al número de ejecuciones llevadas a cabo cada año en el país.

La cifra supone una reducción del 20% con respecto al año 2012 y un descenso muy claro comparado con las 12.000 ejecuciones de 2002, tal y como precisó el comunicado de la ONG.

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El número está también muy lejos del récord de 24.000 ejecutados que se alcanzó en 1983, año en el que el entonces mandatario comunista, Deng Xiaoping, lanzó una campaña de purgas.

China es el país que mayores ejecuciones ha efectuado, aunque el número es secreto, y Amnistía Internacional cree que son millares las personas ejecutadas todos los años.

Por su parte, el régimen comunista de Cuba no aplica la pena capital desde 2003 en que fusiló a tres jóvenes negros que pretendían llevarse una lancha para escapar a Estados Unidos.

Los jóvenes ejecutados fueron Lorenzo Enrique Copello Castillo, Bárbaro Leodán Sevilla García y Jorge Luis Martínez Isaac.

Pero, aunque en Cuba no se ejecutan reos desde 2003, la pena capital sigue vigente.

7.334 muertes han sido registradas durante los 55 años del período castrista, de acuerdo con datos recabados por la organización internacional defensora de los Derechos Humanos Cuba Archive. De esas muertes, más de 7.000 habrían sido provocadas por fusilamiento.

Que en Cuba o en China se fusile menos que en tiempos del camarada Mao (se le atribuyen unos 70 millones de muertos según el libro Mao: la historia desconocida, de Jung Chang y Jon Halliday, 2005) o el "compañero Fidel", no quiere decir que haya disminuido la represión sino que quizá ha cambiado de métodos, acorde con los tiempos que corren. En ambas naciones rige un único partido, el comunista, se prohibe la libre asociación, se coartan las libertades religiosas y se aplica una férrea censura a Internet y a la libre expresión del pensamiento, además de encarcelar y apalear a los opositores.

En ambas naciones las reformas económicas, profundas las de China y tímidas las de Cuba, habrían contribuido quizá no a disminuir la represión sino a hacerla más sutil, sencillamente porque fusilar al amanecer como en los buenos y viejos tiempos del comunismo floreciente les dificulta el acceso a las tan necesarias ayudas e inversiones del mundo occidental.

La académica y directora de Cuba Archive, María C. Werlau, explicó a Infobae que las altas cifras de muertes y desapariciones a cargo del régimen, sumadas a las restricciones a la libertad de expresión y de asociación, son la contracara del proceso de reformas económicas encabezado por el general Raúl Castro.

La investigadora entiende que hay "una correlación directa entre la apertura económica y la represión. A más apertura económica, mayor represión. Esto es lo observable. La violencia contra opositores se ha incrementado desde que asumió Raúl.

Además, la especialista dijo que las medidas tomadas por el Estado cubano no apuntan a una verdadera apertura económica, sino que tienen el objetivo de establecer un capitalismo de Estado como el de China o Vietnam.

"Se busca crear una nueva élite capitalista y corrupta ligada al poder: Con eso se crean intereses fuertes que buscan que sean la base y el sostén del régimen político vigente", afirmó Werlau.

Por su parte, el escritor y politólogo Julio Shiling dijo a MartíNoticias que: "No existe un sólo caso en el mundo donde la vía de la ampliación comercial y diplomática haya producido un proceso de democratización, cuando estamos hablando de dictaduras totalitarias".

El miembro de la Asociación Norteamericana de Ciencias Políticas considera que China y Vietnam son ejemplos clásicos de una apertura económica y la permanencia del despotismo.

"Cuba, igual que China y Vietnam, tampoco lograría la libertad por el sendero de las modificaciones raulistas. Todo lo contrario. El régimen dictatorial se consolida más", dijo Shiling, quien dirige el Foro Político y la publicación digital, Patria de Martí.

Así, contrariamente a lo que suele pensarse, parece ser que China y Vietnam escapan a la debacle del sistema marxista y a la subsiguiente libertad sucedidos en la Unión Soviética y sus satélites del Este, no sólo por una represión brutal y puntual como la de Tiananmen en 1989, sino sobre todo por haber apostado a tiempo a favor de unas reformas capitalistas para sostener el comunismo.

Martí Noticias

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