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Patria de Martí Artículos y Ensayos

El golpe (casi) más grande de Fidel Castro

Diego TrinidadEl golpe (casi) más grande de Fidel Castro.

A principios de Octubre de 1962, llegó a New York el Presidente de Cuba, Osvaldo Dorticós para hablar ante las Naciones Unidas (ONU). Lo acompañaba en su comitiva un importante agente de la Dirección General de Inteligencia (DGI) cubana, Roberto Santiestéban Casanova. Pero aunque Santiestéban aparecía como diplomático acreditado ante la ONU (Estados Unidos nunca le concedió la acreditación—ni la inmunidad—de diplomático), su misión en New York definitivamente NO era diplomática. Santiestéban tenía órdenes directas de Fidel Castro para organizar y dirigir el golpe más importante que el régimen cubano había planeado contra Estados Unidos desde que tomó el poder en enero de 1959.

El bien elaborado plan comtemplaba colocar bombas de dinamita en las principales tiendas por departamento de Manhattan, como Macy’s, Gimbells, Bloomingdale’s y Sacks Fifth Avenue. También se planeaba plantar bombas en la Estación Central de Trenes (Grand Central Station), la Terminal de Transbordadores (Ferrys) (Port Authority) en Staten Island, varias instalaciones militares en New York y New Jersey, varias refinerías de petróleo en New Jersey, y la Estatua de la Libertad. Toda esta operación estaba planeada para el viernes siguiente al Día de Dar Gracias (Thanksgiving), 23 de noviembre aquel año de 1962. Ese es el día del año en que tradicionalmente más gente sale de compras y que más turistas visitan el area de New York. Algunos expertos en terrorismo consideran que si el plan hubiera funcionado, quizás el número de muertos hubiera excedido el del ataque a las Torres Gemelas el 11 de noviembre del 2001.

Han pasado muchos años, pero los detalles de toda esta enorme conspiración terrorista por parte del régimen castrista fueron reportados en varios de los principales periódicos de New York y otros como el Washington Post y el Baltimore Sun, al igual que Revolución en La Habana. Castro pronunció varios discursos de protesta en La Habana, lo mismo que Dorticós y el Embajador de Cuba ante la ONU, Carlos Lechuga, en New York. Robert Kennedy, el Fiscal General de EEUU y J. Edgard Hoover, el Director del FBI, lo anunciaron públicamente en Washington. Pero a pesar de eso, hoy en día esta peligrosa operación es casi desconocida. Así ha sido de exitosa la campaña de desinformación casi contínua conducida por los agentes del régimen castrista por más de medio siglo. Inclusive han salido algunos libros publicados recientemente (Red Heat, de Alex Von Tunzelmann, 2011, es uno de ellos) que ponen en duda que esta conspiración existió o que ridiculizan al gobierno de EEUU por “exagerar” los hechos. Hay quienes creen que todo fue una conspiración, pero del Pentágono (Operation Northwoods), para provocar una reacción contra Cuba y posiblemente una invasión de la isla por EEUU.

Pero sí existió. Y sin dudas fue la operación más ambiciosa y destructiva planeada por Fidel Castro en su odio irracional y feroz contra Estados Unidos, su razón de ser. Además, es muy importante recordar el contexto de esta operación terrorista. Estaba planeada para ocurrir un mes después de la supuesta resolución de la Crisis de los Cohetes de Octubre, 1962. De manera que Castro la planeó para vengarse de EEUU por la humillación sufrida por él y su régimen cuando la Unión Soviética retiró los cohetes nucleares de Cuba. Nada le importaron las “garantías” ofrecidas por el Premier Soviético Nikita Khrushchev de que la sobrevivencia de la Revolución Cubana había sido garantizada por el “acuerdo” entre él y el Presidente John Kennedy en que EEUU se “comprometía” a no invadir a Cuba. Excepto que nunca hubo tal acuerdo sino solamente un intercambio de cartas entre Kennedy y Khrushchev. Si, Kennedy se comprometió a no invadir a Cuba ni a permitir otras actividades anticastristas contra la isla. Pero a cambio del retiro de los cohetes nucleares de Cuba y de una inspección dentro de la isla para comprobar que todos los cohetes se habían retirado. En un protocolo adicional—pero nunca publicado—Kennedy también se comprometió a retirar cohetes americanos de sus bases en Turquía. Pero como la inspección en Cuba nunca se realizó porque Castro no lo permitió, el “entendimiento” de que EEUU no inadiría a Cuba quedó invalidado. Esto lo sabía Khrushchev muy bien, pero no Castro. La furia de Castro contra Khrushchev fue casi más fuerte que contra Kennedy pues consideraba la retirada de los cohetes de Cuba como una traición de Khrushchev a él personalmente. Y eso es algo que Castro nunca olvida ni perdona.

Sin embargo, aunque el plan no se puso en marcha hasta que finalizó la Crisis, la organización—es decir, los operativos, las armas reunidas, los diagramas de los lugares donde se colocarían las bombas—se había preparado mucho tiempo antes. Nadie sabía, incluyendo Castro, que el plan maestro de Khrushchev para colocar cohetes nucleares en Cuba y luego chantajear al Presidente Kennedy hasta que el Premier de la Unión Soviética lograra sus objetivos, fracasaria. Castro no conocía los detalles del plan de Khrushchev, pero por primera vez en su vida, confió en el líder soviético. Khrushchev, por otro lado, obviamente no estaba al tanto de la operación que Castro planeaba para dinamitar a New York. Todo esto quiere decir que la operación para bombardear a New York por agentes castristas del DGI necesita ser investigada mucho más profundamente de lo que se ha hecho en 52 años. Pero esto es casi imposible sin conocer los archivos del régimen cubano. De manera que hay que especular sobre la existencia paralela de dos planes cuyos objetivos eran diametralmente opuestos y es necesario describir brevemente el plan de Khrushchev de colocar cohetes nucleares en Cuba y su propósito.

Aunque los motivos son muy dificiles de probar, se conoce bien, por las investigaciones en los archivos controlados por el Presidente de la Federación Rusa, Boris Yeltsin, conducidas en el 2003 por los autores Aleksandr Fursenko y Timothy Naftali (los únicos que examinaron estos archivos secretos que poco después se cerraron de nuevo), lo que Khrushchev tenía planeado en la primavera de 1962. Primero, por supuesto, el peligroso y complicado traslado encubierto desde varios puertos de la Unión Soviética a Cuba—una enorme distancia—no solo los cohetes nucleares, sino más de 50,000 tropas y material bélico, incluyendo bombarderos, MiGs, cohetes de tierra-aire (SAMs), submarines y cohetes cruceros tácticos con cabezas nucleares (los cuales nunca se detectaron). segúndo, una vez los cohetes de medio y largo alcance estuvieran emplazados y operacionales en Cuba, Khrushchev se proponía anunciar al mundo la presencia de los cohetes nucleares en Cuba—a 90 millas de las costas americanas—en un discurso ante la ONU en New York poco después de las elecciones congresionales en Estados Unidos a principio de noviembre, 1962. Tercero, Khrushchev simultaneamente anunciaría en ese discurso ante la ONU la firma de un tratado de defensa mutua entre Cuba y la Unión Soviética. Por último—y este sería el resultado final—Khrushchev le exigiría al Presidente Kennedy que EEUU y sus aliados se retiraran de Berlín. Los cohetes nucleares en Cuba garantizarían que el Presidente Kennedy claudicara—bajo amenaza directa de un ataque nuclear a casi todo el territorio americano el cual era imposible de evitar por la cercanía de los cohetes en Cuba. Obviamente, con esa operación maestra Khrushchev se proponía ganar la Guerra Fría ya que todo su plan estaba basado en que el Presidente Kennedy se rendiría.

Este era el plan maestro de Khrushchev, no importa lo que escribió después, que su propósito verdadero era evitar una invasión de EEUU a Cuba y garantizar la revolución cubana. Aunque casi todos los autores y expertos de la Crisis de los Cohetes han aceptado las “racionalizaciones” de Khrushchev y casi ninguno acepta mi tesis—excepto los únicos que tuvieron acceso a los archivos secretos, Fursenko y Naftali—Khushchev lo apostó todo a una jugada monumentalmente peligrosa porque estaba absolutamente convencido que el Presidente Kennedy era un hombre débil, indeciso y sin el coraje necesario para resistir sus amenazas. Por supuesto que Khrushchev se equivocó, pero lo que importa es que él de ninguna manera planeaba ir a la guerra puesto que a pesar de quizás poder contar con casi 100 cohetes nucleares emplazados en Cuba, sabía que EEUU podia destruir totalmente tanto a Cuba como a la URSS y ni él ni nadie lo podia evitar. No, su propósito, su gran apuesta, era ganar la Guerra Fría pacíficamente. Ganarla en el sentido de lograr someter al Presidente Kennedy a sus amenazas y su chantaje nuclear, y muy especialmente, ganarla en el logro supremo de que EEUU y sus aliados abandonaran a Berlín Occidental. En eso basó Khrushchev siempre su política, desde que llegó al poder. Con este golpe maestro, de tener éxito, lo lograría. Pero no pudo ser. Es más, irónicamente el desenlace de la Crisis de los Cohetes en lo que resultó fue en la permanencia continua de EEUU y sus aliados en Berlín Occidental hasta que las dos Alemanias se reunieron en 1991.

Ahora consideremos el plan de Fidel Castro para destruir a New York. Lo planeaba a pesar de no conocer el plan de Khrushchev, ya que lo tenía preparado desde antes del desenlace de la Crisis de los Cohetes. Si Khrushchev ganaba su apuesta, pero Castro destruía a New York, entonces una guerra nuclear era inevitable. Y como Khrushchev no conocía su plan, nada podia hacer para evitarlo. Como se probó durante la Crisis, cuando Castro le envió a Khrushchev la carta conocida como “doom letter” el 28 de octubre en la que pedía al líder soviético que lanzara los cohetes contra EEUU si se producía una invasión de Cuba, aunque esto trajera la destrucción de Cuba y del resto del mundo, debe ser obvio que para Castro, la destrucción de su gran enemigo EEUU, su razón de ser, era lo más importante. Esa es la única explicación racional de su plan para bombardear New York. Aunque el plan de Khrushchev hubiera tenido éxito, Castro quería más, quería la destrucción de su enemigo. Al fracasar el plan y ser retirados los cohetes, entonces a Castro solo le quedaba la venganza. Al fracasar también su plan contra New York, entonces toda su estrategia tenía que cambiar, y así fue.

Fidel Castro nunca más confió en nadie. Se piensa que Castro es un hombre calculador y todo lo planea cuidadosamente. Nada de eso era verdad antes de la Crisis de los Cohetes. El ataque contra el cuartel Moncada en Santiago de Cuba en 1953 fue desastrozamente mal planeado y peormente ejecutado. No tenía posibilidad alguna de triunfar. El desembarco del Granma en la costa sur de Oriente en noviembre de 1956 fue todavía peor. Lo único bien planeado era la sublevación que Frank País tenía organizada en Santiago de Cuba para coincidir con el desembarco del Granma. Pero también fracasó porque el Granma se demoró en llegar y como no hubo comunicación entre Frank País y el Granma, la sublevación se adelantó y fue facilmente suprimida. En el Granma no había ni siquiera un piloto que supiera navegar. Los 82 hombres reclutados por Castro para su “invasión” estaban mal entrenados y armados y en el barco no había ni comida ni medicinas suficientes para la travesía. Por eso, en buena parte, desembarcaron en el lugar equivocado y se salvaron por pura suerte y gracias a la incapacidad de los militares del dictador Fulgencio Batista.

Casi todo lo que hizo Castro después del incredible triunfo de su revolución, que lo sorprendió a él más que a nadie, lo planeó mal y pocas veces tuvo éxito. Lejos de ser un hombre calmado, al enfrentar una crisis inesperada, reaccionaba irracionalmente y muchas veces con una violencia incontrolable, como cuando recibió la noticia de la deserción de Pedro Luis Diaz-Lanz en octubre de 1959 y cuando el Embajador español Juan Pablo Lojendio lo increpó públicamente en una conferencia de prensa transmitida en vivo por la television cubana. Hay una enorme cantidad de evidencia anedótica sobre su impetuosidad y su character volatile, al igual que sobre su credulidad. Muchos de sus proyectos más inverosímiles se produjeron cuando alguien le propuso algo interesante (para él) y dió la órden de proceder. Al fracasar, a veces los “inventores” pagaron con su vida o su libertad, pero Castro simplemente olvidó el error y prosiguió al próximo plan descabellado.

Pero después de la Crisis de los Cohetes, todo cambió. Desde entonces, decidió que no podia—ni quería—depender de Khrushchev, de la URSS o de nadie. Entonces comenzó a montar su temible y eficientísimo aparato de seguridad y de espionaje. Entonces se introdujo de lleno en el negocio del narcotráfico, lo cual le proporcionó los medios independientes para desafiar a la URSS cuando sus planes estaban en conflictos con los de su “mentor” soviético. Entonces comenzó a “exportar” su revolución, a subvertir numerosos gobiernos externos, hasta a invadir con grandes ejércitos a naciones en Africa como Angola y Etiopía, muchas veces contra los deseos y hasta las órdenes de Moscú. Entonces se dedicó a explotar y a chantagear a la URSS y logró subsidios gigantescos para Cuba que no terminaron hasta que la URSS desapareció, en buena parte por culpa de esos mismos insostenibles subsidios. Pero aunque desde enero de 1959 comenzó actividades terroristas contra varios países centro y suramericanos, contra Estados Unidos nunca intentó similares ataques. Hasta finales de 1962.

De manera que ahora es necesario describir en que consistía la operación terrorista para dinamitar New York y como se sabe que todo sucedió como se ha descrito? La existencia de la operación, por los detalles que se dieron a conocer en noviembre de 1962, es innegable. Roberto Santiestéban era el jefe, pero ya en New York había varios agentes colocados años atrás para cualquier eventualidad. Primero estaba José García Orellano, quien residía en Queens desde antes de 1959 y el triunfo de la revolución. García era propietario de una joyería, Model Craft, situada en el 242 West 27th Street, Manhattan y había sido miembro del Movimiento 26 de Julio y el Fair Play for Cuba Committee por mucho tiempo. Uno de sus empleados en la joyería, Marino Sueiro, era su secuaz de mayor importancia. También estaban complicados José Gómez Abad y su esposa Elisa Monteiro, pero ambos tenían inmunidad diplomática como attachés de la Delegación de Cuba ante la ONU.

García y Sueiroestaban vigilados, pero Santiestéban había desaparecido. Cuano fue encontrado, se dió la órden de arrestarlos a todos, García, Sueiro, y el matrimonio Gomez-Monteiro fueron apresados facilmente, pero no Santiestéban, quien se dió a la fuga en carro. Fue acorralado a unas cuadras de distancia por la Avenida Riverside, pero abandó el carro y siguió corriendo, perseguido por seis agentes del FBI. Finalmente lo capturaron, pero tuvo tiempo se sacar una pistola Mauser que cargaba escondida. En la escaramuza, fue desarmado y recibió algunos golpes, por los que luego su abogado acusó a los agentes de excesiva violencia. Cuando García, Sueiro y Santiestéban fueron arrestados por agentes del FBI el 17 de noviembre, se encontraron en la joyería Model Craft, grandes cantidades de explosivos, incluyendo 500 kilogramos de TNT, detonadores, granadas, bombas incendiarias, y diagramas y planos de todas las instalaciones y tiendas donde se colocarían las bombas.

Al menos otras 25 personas estuvieron implicadas, cubanos y americanos. Pero sólo Santiestéban, García y Sueiro fueron arrestados. Cinco meses después, fueron puestos en libertad y trasladados a Cuba secretamente, intercambiados por algunos agentes de la CIA presos en Cuba desde la invasión de Bahía de Cochinos, incluyendo Miguel Angel Orozco, acusado por Cuba de intentar volar las Minas de Matahambre en Pinar del Río. Al parecer, el abogado James Donovan, quien más tarde negoció el intercambio de los miembros de la Brigada 2506 presos en Cuba desde la fracasada invasión de Bahía de Cochinos, intervino en este intercambio también. Abogados contratados por el régimen cubano presentaron un recurso ante la Corte del Distrito Sur de New York para la liberación de Santiestéban, pero la Corte negó la moción legal de Cuba en enero de 1963. Sin embargo, el caso fue importante porque había principio del derecho internacional y diplomático en juego. Años después, hasta un libro se publicó en el 2011 sobre el caso Santiestéban v. Fitzgerald, como se conoce legalmente.

Algo también notable sobre este caso es lo jóvenes que eran casi todos los agentes de la DGI cubana. Por ejemplo, Gómez Abad tenía 21 años; su esposa Elsa solo 20 y Sueiro 23. García seguramente era mayor, ya que vivía en New York desde antes del triunfo de la revolución en 1959, pero aún Santiestéban tenía solo 27 años y Tony de la Guardia 23. Claro, la revolución cubana estaba en sus inicios y el mismo Fidel Castro solo tenía 36 años. Eran jóvenes, si, pero ya desde entonces bien dispuestos a cometer actos terroristas atroces en nombre de la revolución y su líder Castro.

Los reportajes se encuentran en los periódicos citados a fines de noviembre, 1962, especialmente The New York Times, edición de noviembre 18, 1962, en la que apareció en primera plana con todos los detalles mencionados y muchos más. También se encuentran en dos importantes libros, Vendetta! de William B. Breuer (1977) y Brothers in Arms, de Gus Russo y Stephen Molton (2008), y en el libro de Humberto Fontova, Fidel, Hollywood’s Favorite Tyrant (2005). Los documentos pertinentes del FBI han sido declasificados hace años y Breuer, el autor de Vendetta! entrevistó a varios de los agentes del FBI involucrados en el caso, tales como Ray Wannall y John F. Malone, agente a cargo de la Oficina de New York.

Pero existe alguna evidencia anecdótica adicional de la presencia de otro personaje mucho más siniestro en New York en ese tiempo: Tony de la Guardia. Según el autor Andrés Oppenheimer en su libro La Hora Final de Castro (1992), tanto el General cubano desertor, Rafael del Pino, como el novelista Norberto Fuentes, entonces todavía cercano a Castro, aseguraron que De la Guardia estaba presente en New York en noviembre de 1962. El mismo De la Guardia al parecer alardeó varias veces sobre su particiación en el complot, incluyendo el Puente de Brooklyn y el edificio de la ONU entre sus objetivos. También habló sobre esto Ernesto “Che” Guevara en ocasiones. El esposo de la hija de Tony de la Guardia, el argentino Jorge Masetti, cuando los dos abandonaron Cuba después de la ejecución de Tony, publicó un libro, El Furor y el Delirio (1993) donde, aunque no menciona la presencia de su suegro en New York, si dice que el General Patricio de la Guardia, bajo quien sirvió por tres años en Angola, cuando lo recibió en Cuba en 1989—a solo días de la detención de los dos hermanos De la Guardia, le dijo, “Guerrillero (como cariñosamente le decía), prepárate, que tu próxima misión sera derribar el dirigible de Radio/TV Martí en los cayos de la Florida”. (Esto es muy dudoso, que en el 1989 Cuba se atreviera a semejante cosa). Pero en algunas entrevistas en Miami cuando se publicó su libro, Masetti dijo que su esposa Ileana, antes de salir de Cuba, conversó con su tío Patricio en la carcel. Patricio le contó que su vida se había respetado porque él tenía documentos secretos comprometedores a Castro guardados en Panamá. ¿Será la participación de Tony de la Guardia en la operación de New York uno de esos secretos?

Pero Castro, como es su costumbre, nunca ha confirmado ningua participación de agentes secretos cubanos para cometer ningún acto terrorista, mucho menos bombardear la ciudad de New York. Al contrario, Castro siempre ha negado que Cuba haya participado alguna vez en actos terroristas. De manera que es imposible determinar si Tony de la Guardia, jugó algún papel en esta conspiración. Aunque como se ha señalado, Tony de la Guardia, más tarde el agente secreto favorito de Castro, solo tenía 23 años en 1962, mientras que Santiestéban tenía 27 años y mucha más experiencia, su presencia y participación como jefe del complot están bien comprobadas. Como tanto permanence todavía oculto sobre el terrorismo del Estado cubano, hay que esperar a que algún día se abran los archivos del régimen para conocer toda la verdad.

¿Por qué esta conspiración terrorista del régimen castrista no tuvo consecuencias? Se debe recordar que la Crisis de los Cohetes se había “resuelto” días antes. Aunque en realidad todas las negociaciones no terminaron hasta diciembre de 1962 y la Crisis en si no se finalizó formalmente hasta 1970, cuando SI se firmó un acuerdo—todavía secreto*—entre el Embajador Soviético Anatoly Dobrynin y el Asesor de Seguridad Nacional Henry Kissinger durante la primera administración de Richard Nixon, en noviembre de 1962, el Presidente Kennedy lo menos que quería era que esta operación castrista complicara sus negociaciones con Khrushchev. Para Kennedy, la “paz” se había mantenido, el peligro de una guerra nuclear se había resuelto pacíficamente, y sus planes futuros para mejorar las relaciones con la Unión Soviética ya estaban en camino. NADIE quería que Castro y sus peligrosos agentes de la DGI estropiaran la celebración. Luego entonces, todo esto se barrió bajo la alfombra.

* Este acuerdo firmado en 1970 prohibió, además de cohetes estratégicos con cabezas nucleares en Cuba, también la presencia de submarinos atómicos. EEUU se comprometió formalmente a no invadir a Cuba y a no permitir incursiones externas contra la isla. Este acuerdo de 1970 (en realidad se ha respetado desde 1962) se ha respetado siempre, aún después de la desaparición de la Unión Soviética y a pesar que no tiene, ni nunca tuvo, ningún valor legal porque no fue aprobado por el Congreso. Hay al menos una mención específica de como se respetaba la promesa de no invadir a Cuba. Durante una reunión del Consejo Nacional de Seguridad del Presidente Reagan el 10 de noviembre de 1981 donde se discutía la estrategia hacia Cuba y Centro América, el Secretario de Estado Alexander Haig dice: “El umbral soviético en Cuba es claro: está en los acuerdos de 1962—la promesa de no invadir es la linea. Una invasión es el gatillo para para una respuesta soviética seria. Hasta ese punto, hay un area de juego libre”. La razón porque Haig se refiere a “los acuerdos de 1962” en lugar del acuerdo escrito de 1970, es debido a la existencia reconocida de un acuerdo para no invadir, el cual en realidad existía desde octubre de 1962 aunque no tuviera validez (porque la URSS no cumplió las condiciones exigidas por Kennedy, especialmente la inspección física en Cuba), hasta que se hizo por escrito en 1970. Esta información se encuentra en un importante nuevo libro que incluye miles de reuniones del Consejo Nacional de Seguridad durante los 8 años de la presidencia de Reagan, The Reagan Files: Inside the National Secutity Council (2014), editado por Jason Saltoun-Ebin.

¿EraCuba bajo Castro una amenaza para la seguridad nacional de EEUU en 1962? Claramente si. Castro, en complicidad con Khrushchev, había consentido que la URSS colocara cohetes nucleares en Cuba durante el verano de 1962 y planeaba la posible muerte de miles de americanos con su plan terrorista de dinamitar New York a finales de ese mismo año. ¿Cuando dejó de ser una amenaza para EEUU? Definitivamente no en 1963, cuando sus agentes colaboraron con la KGB soviética para asesinar al presidente americano. Entre 1963 y 1981, el régimen castrista nunca dejó der ser una amenaza directa a la seguridad nacional americana con sus infiltraciones y subversion en distintas naciones aliadas a EEUU y con sus actividades en el narcotráfico internacional, directamente diseñadas para socavar a la juventud americana*. Además, se planearon y ocasionalmente se llevaron a cabo operaciones terroristas en Puerto Rico.

*Plan Monimbó, Julio 1980, reunión en Nicaragua asistida por el jefe del Departamento América de Cuba, General Manuel “Barbarroja” Piñeiro, varios líderes centroamericanos y del Caribe, un palestino, un cubanoamericano de Miami, y . . . Fidel Castro, donde se planeó el uso del narcotráfico para destabilizar la sociedad americana y especialmente, para “corromper” a la juventud de EEUU.

En 1981, Castro fue advertido claramente por el General Vernon Walters, enviado secretamente por el nuevo Presidente Ronald Reagan a conversar en Varadero por varios días, que aunque no se planeaba derrocar su régimen, tampoco se permitirían más actividades terroristas por parte de Cuba. Se mantuvo una especie de tregua entre las dos naciones por varios años, aunque Cuba continuo ayudando las actividades subversivas en Centro América a través del régimen Sandinista en Nicaragua. Pero a mediados de los 1980s, la espía más importante de Castro desde que llegó al poder, Ana Belén Montes, comenzó a trabajar en la Agencia de Inteligencia del Departamento de Defensa (DIA). Sus informes y reportes secretos lograron cambiar radicalmente la política de EEUU hacia Cuba en el sentido que el régimen castrista dejó de ser considerado, en buena parte gracias a la desinformación sembrada por Montes, una amenaza a la seguridad nacional americana.

Pero esa desinformación demoró varios años en surtir efecto. Mientras tanto, EEUU invadió Granada (que no era de manera alguna una amenaza) y atacó a Libia, casi matando a Qhadafi, bajo Reagan. Susucesor, el Presidente George Bush, padre, invadió a Panamá derrocando al aliado de Castro, el General Noriega, y más tarde a Irak, facilmente derrotando a otro aliado de Castro, Saddam Hussein, aunque este permaneció en el poder. Castro se mantuvo relativamente tranquilo, al parecer recordando la advertencia del General Walters. La administración de Bill Clinton llegó al poder cuando la URSS había desaparecido y Cuba se encontraba sumida en el “Período Especial”. Ni pensar en actividades subversivas sin los subsidios soviéticos. Además, Clinton, el nuevo Presidente del Partido Demócrata planeaba, nada menos, que el restablecimiento completo de las relaciones diplomáticas y comerciales entre Cuba y EEUU. Las negociaciones, con la mediación del Ex-Presidente mexicano Carlos Salinas de Gortari y ocasionalmente del escrito Gabriel García Márquez, estaban muy avanzadas. En eso Castro decidió terminar con la gran farsa y sus MiGs, bajo las órdenes directas de Raúl Castro, derribaron dos avionetas indefensas de Hermanos al Rescate sobre aguas internacionales. Castro no tenía las más mínimas intenciones de lograr un acercamiento y su interés en el levantamiento del embargo económico contra Cuba está estrictamente limitado a tener acceso a créditos internacionales y poder comerciar directamente con EEUU. Pero nunca restablecer relaciones normales con EEUU. Su razón de ser, como se ha demostrado, es su odio irracional y feroz contra EEUU y su política de estado, desde que llegó al poder, ha sido el conflicto politico continuo entre su régimen y EEUU.* ¿Fue el derribo de las avionestas una amenaza a la seguridad nacional? Claro que no, pero demostró claramente la peligrosidad del régimen castrista, aún sin la protección de la URSS.

*Carta de Fidel Castro a Celia Sanchez, Sierra Maestra, Oriente, junio 5, 1958: “Celia: Al ver los dohetes que tiraron en casa de Mario [?], me he jurado que los americanosvan a pagar bien caro lo que estánhaciendo. Cuando esta guerra se acabe, empezará para mi una guerra mucho más larga y grande: la que voy a echar contra ellos [EEUU]. Me doy cuenta que ese va a ser mi destino verdadero.

¿Es ahora Cuba una amenaza a la seguridad nacional de EEUU? No en el sentido que antes lo fue por tantos años, especialmente hasta la desintegración de la URSS y el final de los subsidios. Pero puede serlo en cualquier momento si el régimen cubano decide tomar ciertas medidas, como por ejemplo, un ataque químico-bacteriológico o un ataque terrorista a la planta nuclear de Turkey Point en el sur de la Florida. Cuba ciertamente tiene la capacidad de hacerlo, aunque es muy dudoso que lo intentara en estos tiempos. Pero según el recién publicado libro del General desertor Rafael del Pino, Inside Castro’s Bunker, eso fue exactamente lo que los hermanos Castro planeaban hacer en noviembre de 1983, poco después de la invasión americana a Granada que resultó en la expulsion de tropas cubanas y la muerte de más de 800 soldados. Raúl Castro quería bombardear la Base Aerea de Homestead, en el sur de la Florida, pero el jefe, Fidel Castro, prefería un ataque con Migs 23 a la planta nuclear de Turkey Point. Afortunadamente, el ya no tan impetuoso “máximo líder” se aconsejó y abadonó esa última locura.

Pero desde que el Presidente Hugo Chavez se convirtió en aliado de Castro y de nuevo le proporcionó los medios económicos desde fines de los años 1990s, Cuba, ahora mediante sobornos y elecciones influenciadas por los petrodólares venezolanos, ha causado enormes daños a EEUU al menos en este hemisferio. Cuba probablemente ya no representa una amenaza directa a la seguridad de EEUU, peroporque utiliza otros medios ahora más efectivos y porque Fidel Castro lleva años enfermo y ya no controla la política externa del régimen. Además, su hermano Raúl no comparte, ni nunca lo hizo, la mentalidad “internacionalista” y “visionaria” casi suicida de su hermano. Más en todo caso, la desinformación plantada por Ana Belén Montes perdura y todos los presidentes americanos desde Reagan NO han considerado a Cuba como una amenaza a la seguridad nacional.

De manera que desgraciadamente NADA se resolvió en verdad a fines de 1962. Como raramente nada se resuelve tratando de ignorar la realidad. Como tampoco raramente se resuelve nada negociando con regímenes renegados como el de Cuba en 1962 o como el mismo de la Unión Soviética bajo Khrushchevtambién en 1962. Pero el Presidente Kennedy nunca aprendió esa valiosa lección, como tampoco la aprendieron ninguno de sus sucesores hasta hoy mismo. Reagan finalmente lo hizo en 1986, pero para entonces, EEUU tenía otra vez una ventaja nuclear abrumadora sobre la Unión Soviética y un nuevo líder soviético, Mikhail Gorbachev, sabía que la URSS nunca podría ya competir con EEUU, sobre todo con el desarrollo de la Iniciativa del Espacio propuesta por Reagan. Fue la única ocasión en la que negociaciones entre las dos superpotencias produjeron resultados y en verdad se redujeron las armas nucleares mutuamente.

El Presidente John Kennedy evitó lidiar con el monstruoso acto terrorista planeado por Castro ennoviembre de 1962 contra New York en su eufória por su “victoria” en la Crisis de los Cohetes y en su afán de lograr un acercamiento con la URSS, aunque los planes para asesinar a Fidel Castro, dirigidos ahora por el mismo hermano del Presidente, el Fiscal General Robert Kennedy (Operation Mongoose), continuaban con mayor vigor que nunca. En Cuba, Castro los conocía. Un agente de la KGB Soviética, Lee Harvey Oswald, había regresado de su “deserción” a Rusia a EEUU. Los planes para una conspiración mucho más monstruosa estaban a punto de comenzar en ese infortunado año que fue 1963. La DGI y la KGB ya planeaban la Operación Dragón*, para encubrir lo que se aproximaba. Los agentescubanos de la DGI ya se preparaban para la operación en Dallas el próximo noviembre de 1963. Al Presidente Kennedy le quedaba menos de un año de vida. Fidel Castro pronto lograría su venganza, pronto completaría, esta vez con éxito, su golpe MÁS grande de todos: el asesinato de John F. Kennedy.

* La Operación Dragón, descrita minuciosamente por el General rumano Ion Pacepa en su libro Disinformation (2013), se encuentra en mi ensayo sobre el asesinato del Presidente John Kennedy publicado en Cubanalisis en noviembre del 2013. Fue, como se menciona al final de este artículo, una operación organizada por la KGB y la DGI para encubrir las actividades de ambas agencias comunistas en la conspiración para asesinar al presidente americano y para diseminar desinformación y culpar a la CIA por el asesinato del Presidente Kennedy.

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Infructuosa búsqueda de economistas austriacos

Joisy GarciaInfructuosa búsqueda de economistas austriacos

Concentración de poderes, monarquización del mando, secreto en las grandes decisiones, ¿no da esto que pensar?”, se preguntaba Bertrand de Jouvenel.

Los comunistas no parecen poder concebir aun que algún hombre con intenciones honestas pueda disentir. Es por ello que no reconocen legalmente a antagonistas económicos o políticos. Es decir, terminan demostrándonos la esencia tiránica que caracteriza al colectivismo.

Lamentablemente no tienen en cuenta que lo más importante de una doctrina es que invite al necesario debate y la reflexión.

No existe nada de malo en lo que erradamente menosprecian.

Desgraciadamente, poseemos escasos conocimientos de la escuela austriaca de economía. Apenas hemos conseguido materiales para estudiarla. Debiera más que todo preocuparnos, pues, cuando se plantean preguntas obligatorias y se nos ofrecen respuestas tan escuetas, que marginan la inteligencia de la mayoría de la gente, se nos está alejando de refutaciones afirmativas necesarias e imprescindibles. No tienen en cuenta lo que generalmente nos inquieta y menos lo que verdaderamente pensamos.

No vivimos, por mucho que algunos quieran verlo así, aislados del mundo.

El ser humano no posee un piloto automático que le guíe, sino, que está obligado a elegir y a decidir, y para ello debe razonar. Usamos la razón para tomar decisiones que en muchos casos son importantes, y para ayudarnos a elegir opciones.

No pretendemos hacer un think tank del emergente pensamiento libertario de la sociedad civil cubana, y mucho menos esto supone, reclamar que los demás adopten la premisa que algunos encontramos satisfactoria y hemos elegido, pero, la competencia y el debate tienen un papel crucial en el crecimiento del sector intelectual.

Por más que se quiera ocultar, bien rezagados estamos.

Planear una asamblea que nos represente a todos los hombres, es como fijar el número exacto de los ideales platónicos.

Afirmaba Ludwig von Mises(1881-1973) : “El Nosotros es siempre fruto de una agrupación que une a Dos o más Egos. Si alguien dice Yo, no se precisa mayor Ilustración para percibir el significado de la expresión. Lo mismo sucede con el Tú y, siempre que se halle específicamente precisada la persona de que se trate, también acontece lo mismo con el El. Ahora bien, al decir Nosotros, es ineludible una mayor información para identificar qué Egos se hallan comprendidos en ese Nosotros. Siempre es un solo individuo quien dice Nosotros; aun cuando se trate de varios que se expresen al tiempo, siempre serán diversas manifestaciones individuales”.

Los emergentes defensores del libertarismo en Cuba, sentimos un gran compromiso con la superación personal de nuestros jóvenes, y no tendremos a nuestro paso, a la hora de exponer ideas, piedras que volcar o mentiras y maldades que encubrir. La mejor respuesta residirá en reconocer nuestra ignorancia, en nuestro deseo de autosuperación.

Como conocemos los que hemos vivido la frustración que causa el socialismo, cuando no hay necesidad de satisfacernos, no hay acción.

No contar en Cuba hoy con economistas que conozcan bien la escuela de economía austriaca es muestra de nuestra fatal y errónea experiencia. Concentración de poderes, monarquización del mando, secreto en las grandes decisiones…Además de dar que pensar, ¿no da esto vergüenza?

Primavera Digital

 

 

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El diálogo en Venezuela es un fraude

M A O GradyEl diálogo en Venezuela es un fraude

Lenin se jactaba de que los "capitalistas" le iban a vender la soga con la que él los ahorcaría. Fidel Castro todavía está aprovechando al máximo ese consejo y, como muestra, basta con mirar a Venezuela.

Desde el 10 de abril, cuando el títere de Castro en Caracas, Nicolás Maduro, inició la llamada negociación con la oposición política, han sido detenidos más de 500 ciudadanos vinculados a las manifestaciones contra el gobierno. La Corte Suprema ha aprobado más restricciones al derecho de reunirse en público y el diario El Nacional anunció que tiene que dejar de publicar porque se le niegan los dólares que necesita para comprar papel periódico.

El Congreso, que es controlado por el gobierno, informó que ningún legislador opositor formará parte de una "Comisión de la Verdad" creada para investigar la violencia política que ha tenido lugar desde el 12 de febrero. Las milicias chavistas continúan aterrorizando a la población. En otras palabras, el diálogo con la oposición alentado por el Departamento de Estado de Estados Unidos no es más que un fraude.

Los estudiantes universitarios que siguen adelante con sus manifestaciones callejeras pese a ser abandonados por el liderazgo de la oposición lo saben. Atrapados en la pobreza, la delincuencia y la desesperación de la Revolución Bolivariana, saben que no hay futuro en un país sin libertad de expresión y sin acceso a una moneda fuerte, y donde tienen que ir a extremos para conseguir alimentos. Rechazan vivir en un mundo donde se les espía, se les lava el cerebro y se ven obligados a adaptarse.

Es mucho lo que han arriesgado desde febrero. Ahora, la oposición oficial, encabezada por el ex candidato presidencial Henrique Capriles, les dice que no apoya un cambio de régimen. En lugar de ello, habrá "un diálogo" con un estado policial que cuenta con el respaldo cubano.

El liderazgo opositor parece haber caído en esta trampa debido a su preocupación por el alto costo de la desobediencia civil, tanto en términos de sangre como monetario. Al Departamento de Estado estadounidense le fascina hablar sobre los derechos humanos, pero sus prioridades son la estabilidad y un flujo predecible de petróleo. Pero esta no es una época de paz. En lugar de ello, la pretensión de un diálogo le ha dado a la dictadura militar tiempo para reagruparse y la ha ayudado a obtener legitimidad internacional.

Las conversaciones orientadas a obtener concesiones de una organización criminal no tienen ningún sentido si no se cuenta con una palanca de negociación importante, que la oposición tenía en marzo cuando la gente estaba en las calles. Capriles, sin embargo, detuvo las grandes marchas y acudió a la mesa de negociaciones sin conseguir condiciones previas como la liberación de los prisioneros políticos, el desarme de las milicias y la restauración de la libertad de prensa. Maduro puso el lazo.

Tampoco se trató del primer costoso error de cálculo de Capriles. Después de una elección presidencial con muchas irregularidades en abril de 2013, cientos de miles de venezolanos estaban dispuestos a marchar hacia el tribunal electoral para exigir una auditoría. Capriles dijo que le preocupaba un derramamiento de sangre y le pidió a la gente que se quedara en casa.

El 4 de febrero, los alumnos en la ciudad de San Cristóbal salieron a la calle para protestar pacíficamente contra un ataque sexual en una universidad. La policía detuvo a algunos estudiantes y los encarceló lejos de sus hogares. Cuando fueron liberados dijeron que habían sido víctimas de abusos. Nuevas manifestaciones generaron nuevos arrestos. Corrió la voz. El 12 de febrero, los estudiantes a lo largo del país empezaron protestas locales contra "la tiranía". Grupos de la sociedad civil se fueron sumando.

Maduro bloqueó la señal de la única fuente independiente de noticias en la televisión (proveniente de Colombia) de manera que el público no se enterara por fuentes no censuradas de la velocidad con que se expandía el descontento. En los días siguientes, el gobierno cortó el servicio de Internet a miles de hogares. Decenas de miles de personas salieron a la calle a protestar en Caracas, donde fueron recibidos con gases lacrimógenos, garrotes y balas de goma. Cientos de estudiantes fueron arrestados mientras milicianos del gobierno, vestidos de civiles, golpeaban a los manifestantes. Cuando el líder opositor Leopoldo López fue llevado a la cárcel, los estudiantes redoblaron su apuesta por las manifestaciones.

El gobierno contaba con la artillería, pero perdía rápidamente el control de las calles. La escasez de alimentos se agudizaba y aunque las protestas se centraban en los barrios más acomodados de la ciudad, muchos manifestantes estaban llegando desde vecindarios más pobres.

Los chavistas ya habían infiltrado a los grupos de estudiantes. Maduro, no obstante, necesitaba más ayuda. En marzo, empezó a ofrecer concesiones a las empresas como un alivio limitado de los controles de precios. Lo que algunos interpretaron como una señal de esperanza no era más que manipulación. El régimen necesita a alguien que alimente la nación o, como recomendaba Lenin, alguien que venda la soga.

Mientras tanto, Capriles mordió el anzuelo del "diálogo" y prometió rechazar cualquier intento por derrocar a Maduro. El diálogo con los compinches de Castro no tiene un historial de grandes logros. El disidente cubano Oswaldo Payá desafió al castrismo siguiendo sus propias leyes. Terminó muerto, cuando el vehículo en el que viajaba fue sacado del camino por fuerzas de seguridad del Estado. En 2011, el presidente colombiano Juan Manuel Santos entabló inocentemente "conversaciones" con los narcoterroristas colombianos respaldados por Castro. En 2012 prometió que durarían meses, no años, pero los diálogos todavía continúan.

Miles de venezolanos han sido detenidos desde febrero y se estima que 41 han muerto. Algunos fueron asesinados por una bala de un francotirador en la cabeza. Un Estado que practica esta clase de crueldad no va a ceder el poder de forma voluntaria. Los patriotas dispuestos a pagar un precio se lo tendrán que quitar.

The Wall Street Journal

 

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El derecho de la propiedad

Diego TrinidadEl derecho de la propiedad

El derecho a la propiedad privada es uno de los tres grandes derechos naturales, junto con la vida y la libertad, que el Creador les otorgó a los seres humanos cuando los creó. Combinados con los derechos suplementales del libre albedrío y la búsqueda de la felicidad, este grupo de derechos básicos es lo que diferencia a los seres humanos de los demás animales en la creación y los hace especiales, sobre todo ante los ojos de Dios. El diccionario legal Black’s, la autoridad aceptada en la comunidad legal americana, define Derecho Natural de la manera siguiente: “Un sistema filisófico de principios morales y legales derivados de una concepción de la naturaleza humana o justicia divina, opuesto a derechos legislativos o judiciales.” Pero una definición legal no es suficiente, porque los derechos antes que nada tienen que ser percibidos, tiene que haber conciencia de que los poseemos. Además, es necesario que sean aplicados. De lo contrario, de nada valen, para nada sirven. Y para aplicarlos, es necesario que una fuerza social independiente exista y que se respete esa aplicación por el resto de la sociedad. Todo esto es lo que hace que los derechos naturales en realidad SEAN. Es decir, aunque los derechos naturales sean otorgados por un Ser Supremo, los seres humanos necesitan tener conciencia de ellos y necesitan ser aplicados para que tengan efecto.

     El concepto de propiedad privada (que no es exactamente lo mismo que el derecho a la propiedad privada) es antiquísimo. En si, los primeros humanos cuando se congregaron en pequeños grupos, ya tenían conciencia de la propiedad privada. ¿Cómo? Pues somos dueños de nuestros propios cuerpos, de nuestros pensamientos, de nuestras palabras. Todo esto ya estaba presente antes que la propiedad de la tierra apareciera cuando las pequeñas tribus se asentaron y se convirtieron en sociedades agricultoras. Pero cuando cazaban y pescaban, aunque a veces compartían sus instrumentos, eventualmente los arcos, las flechas, y las estacas, pasaron a tener dueños individuales. Así nació la propiedad privada: de una manera obvia y necesaria. El historiador y filósofo alemán del siglo 19 señala que las palabras “mía” y “tuya” existen en todos los idiomas para indicar derechos de propiedad, por lo que la propiedad se funda en el impulso natural del hombre a extender su propia personalidad; lo cual tiene mucho sentido. Curiosamente, hasta un comunista como Leon Trotsky reconocía que las libertades civiles vienen de los derechos de propiedad privada. Pero ¿cómo se extendieron, como se desarrollaron esos derechos de propiedad privada, sobre todo a la tierra?

     En tiempos de Grecia Antigua, Aristóteles escribió que la propiedad privada está implantada en la naturaleza humana, que siempre ha existido y que es lo que ofrece a los humanos la manera de actuar moralmente. Ya en Grecia—y antes—en la civilización Micenea, se reconocía el derecho a la tierra como propiedad privada individual. El reconocido autor de los Clásicos, Victor Davis Hansen, teoriza que cuando la civilización Micenea desapareció entre el 1600 y el 1200 BC, ya fuera por un cataclismo o por conquistas externas, los grandes latifundios desaparecieron también. Con el tiempo, las nuevas sociedades se reorganizaron y aunque las mejores tierras en los valles todavía eran controladas por terratenientes que las cultivaban con esclavos, otras tierras menos codiciadas, situadas en las laderas, de mucha menor extension—quizás promediando 10 acres y cultivadas por pequeños agricultores con ayuda de pocos esclavos, llegaron a predominar en Grecia Antigua. Se conocían como georgos. Eran dueños de sus pequeños lotes y del cultivo que producían. Es más, esos lotes individuales producían más que los grandes latifundios. Además, los georgos tenían el derecho al voto y eran militarmente autosuficientes, formando parte de los grandes guerreros griegos, los hoplites, temidos en la antiguedad por sus innovativas tácticas militares que hicieron a ciudades estados como Corinto y Atenas dominantes en esa parte del mundo antiguo (En Esparta NO existía el derecho a la tierra como propiedad privada individual; la tierra era propiedad comunal).

     En tiempos bíblicos también existía alguna tierra como propiedad privada, aunque para ese entonces, la tierra pasaba a ser propiedad de los reyes y grandes señores. En el libro de Génesis (23: 1-20), se encuentra una anécdota interesante atribuída a Abrahám. Al fallecer su esposa Sara, Abrahám trata de comprar un pedazo de tierra a su vecino Hitita Efrón para enterrarla. Efrón ofrece regalar el lote a Abrahám como un favor, pero este rehusa, pesa y cuenta un poco de plata y le paga a Efrón ante testigos. ¿Por qué lo hace? Para, primero, establecer su derecho a la propiedad del lote en perpetuidad; Efrón ya no tendría nunca derecho a la tierra que había vendido. segúndo, los testigos aseguraban que no habría reclamaciones de otros al lote. Tercero, al pagar, Abrahám, no tenía obligación de devolver ningú favor.

     Este tipo de transacción probablemente no es típica de la antiguedad, aunque la sociedad hebrea siempre fue muy legalista. Pero en Egipto y en Sumeria, desde 2500 BD, existen registros de propiedad, culminando en el famoso Código Hamurabi de 1750 BC. Así se encuentran registros hasta los tiempos de Roma, especialmente bajo la República, donde se reconocían plenamente todos los derechos a la propiedad privada, no solo a la tierra. Bajo el Imperio, muchos de esos derechos individuales se perdieron, a pesar que siempre hubo leyes estríctas sobre la propiedad de la tierra y otras propiedades privadas. Pero el enorme gasto público, las políticas de “Pan y Circo”, los grandes latifundios cultivados solamente por esclavos (los que cada vez daban menos abasto), y los impuestos que nunca dejaban de aumentar, finalmente socavaron la sociedad romana y la destruyeron, incluyendo, por supuesto, casi toda la propiedad privada. Cuando el Imperio sucumbió al caos y la ley y el órden dejaron de existir, la propiedad privada simplemente no pudo sobrevivir.

     Muchos historiadores nos han tratado de convencer que con el fin del Imperio Romano, “se apagó la luz en el mundo”, pero esto nunca fue así. En primer lugar, el Imperio Romano existió por mil años más, solo que basado en el este, centrado en la nueva capital de Constantinopla. El Emperador Constantino adoptó al Cristianismo como religion estatal y más adelante, el Emperador Justiniano codificó todas las leyes del Imperio, incluyendo las más antiguas del Imperio occidental. Por consiguiente, lejos de “apagarse la luz”, la civilización siguió su lento paso adelante y los derechos de propiedad, aunque mucho más limitados bajo el Imperio Bizantino, recibieron alguna protección, a pesar que la tierra en general era propiedad de grandes señres y gente muy rica. Inclusive el Imperio Occidental Romano continuó existiendo, solo que los Emperadores muchas veces ni siquiera residían en Roma y su poder era muy limitado. La población de Roma raramente fue menor de los 100,000 habitantes. Además, el Papa hizo de Roma su sede y eventualmente el poder y la riqueza del Vaticano de nuevo trajeron gloria a Roma.

     Los derechos de propiedad proliferaron en Inglaterra después de la caída del Imperio Romano Occidental. Primero, cuando algunas tribus germánicas, principalmente los Alglos y los Sajones, emigraron lentamente al sureste de Inglaterra entre el 400 d. C. y el 1066, cuando los Normandos conquistaron a Inglaterra. Esas tribus Anglo-Sajonas trajeron a Inglaterra muchas de sus costumbres y tradiciones, incluyendo la elección de sus líderes, el respeto a la propiedad privada y a los contratos y el consentimiento de los gobernados por el rey, aunque fuera de una manera limitada. Pero la invasion normanda eliminó muchos de esos derechos y convirtió a Inglaterra en un reino absolutista como el resto de Europa.

     Todo comenzó a cambiar 200 años después cuando el Rey John fue obligado a aceptar la limitación de sus poderes absolutos con la Magna Carta en 1215 (revisada en 1225 bajo el Rey James I). El capítulo 29 de la Magna Carta establece específicamente muchas protecciones de ciertos derechos individuales y de propiedad. La lenta marcha de la protección de los derechos de propiedad así continua en Inglaterra hasta que surge el gran Juez Lord Edward Coke a principios del siglo 17. Ya el Derecho Común Inglés llevaba 400 años acumulando precedentes, pero el Juez Coke, en una serie de decisiones judiciales entre 1606 y 1615, cuando también escribió los Institutos de las Leyes de Inglaterra, fue enormemente instrumental en adelantar y cementer todas las leyes que protejen los derechos individuales y de propiedad de los ingleses. Una decisión específica en 1610 se considera como la base en si del concepto del Estado de Derecho y de un Gobierno Bajo la Ley (Rule of Law). Escribió Coke en Proclamations, 77 ER 1352, “El Rey mismo no debe estar sujeto al hombre, sino a Dios y a la ley, porque la ley lo hace Rey”.

     En los años entre 1215 y la Magna Carta en Inglaterra y la Revolución Gloriosa de 1688, también avanzaron mucho los derechos de propiedad en otras partes de Europa, prominentemente en las ciudades-estados del norte de Italia (Venecia, Génova, Pisa, Florecia). En estas pequeñas repúblicas revivió la Grecia Antigua y los derechos individuales que los griego crearon. El comercio, sobre todo de Venecia, con el Imperio Otomán Turco en especias y seda y la creación de la banca internacional en Florencia bajo los Medici, trajo mucha prosperidad a estas ciudades-estados y adelantó mucho los derechos de propiedad. Similarmente, gracias al comercio, la república holandesa en los siglos 15 y 16 también vió florecer los derechos de propiedad. Claramente, existe una conexión directa entre la libertad, la protección de los derechos de propiedad y la prosperidad.

     Con el Renacimiento Inglés, encabezado por John Locke, quien primero identifica los derechos de propiedad como Derechos Naturales junto con la Vida y la Libertad en su libro Dos Tratados Sobre Gobierno (1689) y los grandes filósofos morales de Escocia (Adam Smith, David Hume, Lord Kames, John Hutchinson, Thomas Reid) un siglo después, los Derechos de los Ingleses se establecen totalmente en Inglaterra y se exportan a las colonias inglesas en Norte América, los Derechos de los Ingleses se establecen totalmente en Inglaterra, y se exportan a las colonias inglesas en Norte América, donde encuentran su terreno más fertile para enraizarse. La supremacía del Parlamento y la limitación de los poderes absolutos de los reyes asimismo se consolidadn en Inglaterra. La prosperidad de Inglaterra es el resultado.

     La primera expedición inglesa con propósitos de colonización fue en 1585 y se asentó en la isla de Roanoke, en la presente Carolina del Norte. Sir Walter Raleigh recibió la carta (charter) o estatutos para establecer la colonia de parte de la misma Reina Elizabeth I, quien era su socia en la empresa. Al parecer, además de una colonia, los dos planeaban que fuera una base de expediciones de corsarios para espoliar las flotas de tesoro españolas. Poco se sabe de esta colonia, la cual desapareció sin muchos rastros en 1590. Pero en 1607, otra expedición desembarcó en Jamestown, en la presente Virginia. Fue una empresa privada—la carta otorgada a la Virginia Company of London—con varios socios inversionistas de la aristocracia inglesa—y Jamestown perduró. Pero a pesar de ser una empresa privada, la tierra en los primeros cuatro años fue propiedad comunal. El resultado fue que el 80% de los colonos murieron de hambre y enfermedades. ¿Por qué? Todos los colonos eran sirvientes obligados (mala traducción de indentured servants) por siete años a los inversionistas. Fueron los inversionistas de la compañía Virginia (nombrada en honor de la Reina Vírgen, Elizabeth I) los que decidieron que por esa razón, toda la propiedad debía ser comunal—hasta que se pagara la inversión a los siete años. Gran error. Pero en 1613, el Gobernador Thomas Dale—sin consentimiento de los accionistas—otorgó lotes de 3 acres a cada colono y lotes más pequeños a los nuevos colonizadores. El resultado del cambio de propiedad comunal a propiedad privada de la tierra, salvo a la colonia, una demostración dramática del poder de la propiedad privada.

     Algo similar ocurrió en la más famosa colonia de Plymouth, en el presente estado de Massachusetts, fundada en 1620 por pequeños inversionistas, mayormente religiosos. Aunque esos colonos se conocen como Peregrinos (Pilgrims) y también como Puritanos, en verdad eran varios grupos de separatistas protestantes de la Iglesia Anglicana. Viajaron desde Holanda 102 pasajeros en el pequeño barco Mayflower (100 pies de eslora) y 41 de ellos firmaron el Mayflower Compact, un acuerdo para establecer un gobierno donde serían gobernados por “leyes iguales y justas” en el cual todos los colonos participarían. Probablemente, aunque el Compacto no lo menciona, por motivos religiosos (es decir, el motivo principal de la colonia era buscar libertad religiosa, no ganar dinero), a pesar que eran ciudadanos privados, la tierra al principio fue también propiedad comunal. Los resultados fueron parecidos a los de Jamestown: cerca del 50% de los colonos murieron de hambre y de enfermedades. Tomó la decision del gobernador William Bradford de otorgar lotes a los colonos sobrevibientes para que todo cambiara. Explicó Bradford en su libro clásico sobre la colonia de Plymouth, On Plymouth Plantation: “Dios en su sabiduría vió otro camino más adecuado para ellos [los colonos]—y ese camino fue la propiedad privada (mi énfasis). Bradford fue más lejos, culpando la desastrosa política colectivista de la propiedad comunal, basada en las enseñanzas de Platón—por el gran fracaso inicial de la colonia. Poco más tarde se decidió otorgar 50 acres de tierra a todos los colonos que pagaran sus gastos de viaje desde Inglaterra. El sistema de propiedad privada en la América Colonial había comenzado. La gran moraleja en ambos casos: la propiedad comunal no funciona; produce hambrunas y muerte. La propiedad privada funciona; produce prosperidad.

 

     La ilimitada abundancia de tierra en el nuevo continente siempre hizo de las colonias un lugar especial donde la propiedad de la tierra floreció. Después del desastrozo comienzo de las colonias de Jamestown y Plymouth gracias a la prática de establecer la propiedad comunal de la tierra en los primeros años, las autoridades coloniales desde entonces establecieron generosas políticas de otorgar concesiones de terrenos privados a los nuevos inmigrantes. A los inversionistas de la compañía Virginia se le otorgaban 100 acres de tierra, y como mencionado, 50 acres a los nuevos inmigrantes que pagaran sus gastos de viaje (opuesto a la prática más común de obligarse por siete años de trabajo para los inmigrantes que no podían costearse el viaje transatlántico). Una vez que los agrimensores comenzaron a medir la tierra y a crear mapas, todo se facilitó y los títulos de la tierra se pudieron otorgar. Toda la tierra inicialmente pertenecía a las colonias (de acuerdo con las cartas coloniales) y desde el principio, tanto las legislaturas coloniales como los gobernadores (nombrados por el Ministro de Ultramar en Londres) vendieron la tierra a precios muy baratos ya que el propósito era atraer la mayor cantidad de inmigrantes. Naturalmente, hubo mucho fraude siempre y los amigos de los funcionarios responsables por vender la tierra, sobre todo cuando se vendían enormes cantidades en el oeste de las colonias, se benificiaban por esos contactos. Pero en general, como había tanta tierra disponible, los precios permanecieron bajos por mucho tiempo. Además, en muchos casos, sobre todo antes que la tierra en el oeste de las colonias fuera medida, todo lo que tenía que hacer un colono era trasladarse más allá de las fronteras colonizadas y construir una cabaña. Lo cual continuamente provocó serios conflictos con las tribus de indios del interior.

     Dos peculiaridades en las colonias afectaron la propiedad privada y los derechos de propiedad de la tierra. Naturalmente, el derecho de ocupación y posesión otorgaba el derecho de propiedad. ¿Pero que pasaba—como siempre pasaba—cuando los indios también ocupaban la tierra codiciada por los colonos? Usualmente los conflictos terminaban en derramamiento de sangre. Las autoridades a veces trataban de intervenir, pero en verdad era imposible. Además, muy lamentablemente, cada vez que se firmaba un tratado con alguna tribu de indios, o los colonos o los gobernantes lo violaban. Los indios simplemente estaban en el camino del “progreso”, a la manera de ver de los colonos. Pero los indios, de hecho, tenían ciertos derechos por su previa ocupación de la tierra, aunque no conocían el concepto de la tierra como propiedad privada. Era tierra donde desde siempre las tribus cazaban y pescaban, y hasta cultivaban la tierra en muchos casos. Esto nunca se resolvió de una manera equitativa y los indios terminaron por ser expulsados de todas sus tierras. Legalmente, un gran robo, y un gran abuso de los derechos de los indios, indudablemente.

     La otra peculiaridad en las colonias fue la esclavitud. Es decir, los esclavos eran propiedad, legalmente. Al principio, los primeros esclavos eran los indios (además de los sirvientes obligados, pero eso era por solo siete años y los sirvientes NO eran considerados propiedad). Las mísmas tribus tenían esclavos y una vez que llegaron los colonizadores, a veces se los vendían. Cuando se empezaron a importar africanos, sucedió lo mismo y surgió (más bien continuó), lo que se conoció como la “institución peculiar”: la esclavitud. Pero que se entienda bien: los esclavos eran propiedad privada de los dueños, los cuales tenía títulos de propiedad legalmente registrados y podían comprar y vender esclavos como cualquier otra propiedad privada personal. Todo eso terminó con la Guerra Civil, la emancipación de los negros esclavos y la adopción de las Enmiendas 13, 14 y 15 a la Constitución. Pero la esclavitud como propiedad duró—legalmente—más de dos siglos en las colonias y luego en Estados Unidos de América por más de otro siglo.

     La Constitución de 1787, por supuesto, protegió el derecho a la propiedad privada absolutamente, excepto que bajo la Quinta Enmienda, se reconoce el llamado eminent domain, que quiere decir el derecho del gobierno a confiscar propiedad privada, pero únicamente para el “uso o beneficio público”, y cualquier confiscación debe ser justamente compensada. Casi tan importante como la protección de los derechos de propiedad en la Constitución fueron las decisiones de la Corte Suprema—sobre todo entre 1801 y 1835 cuando el gran Juez John Marshall presidió la Corte—santificando la ley de contratos. Los contratos también están reconocidos y protegidos en la Constitución, especialmente el reconocimiento de las obligaciones contractuales por todos y en todos los estados, lo mismo que por el gobierno federal. Pero Marshall decidió una serie de casos sobre contratos que cambiaron a la nueva nación desde el principio.

     Los hombres que escribieron la Constitución Americana, los fundadores de este gran país, se basaron en una serie de teorías sobre los principios de la libertad y de un gobierno republicano. Entre estos teóricos figuran muy prominentemente el ingles John Locke y el francés Barón de Montesquieu. Como ya se ha mencionado antes, también las teorías de los filósofos morales escoceces influenciaron mucho a los fundadores. Madison estudió minuciosamente practicamente todo lo que se había escrito sobre las repúblicas de la antiguedad y otras más recientes como las de las ciudades-estados italianas y la holandesa. Sin embargo, es necesario enfatizar que nada fue más importante para asegurar todos los derechos de propiedad en, primero las colonias, y luego la nueva nación independiente, que el Derecho Común Ingles y los derechos garantizados a todos los ingleses. Nadie tuvo mayor importancia en el establecimiento del Derecho Común Ingles que el Juez Edward Coke. Sus Institutos sobre las Leyes Inglesas fueron la base de todo el sistema judicial ingles y en las colonias de América fueron aún más importantes que en Inglaterra. Con su decision de 1606 que estableció el principio de un gobierno de leyes y el sometimiento del Rey a la ley, Coke aseguró los derechos de propiedad más que nadie y que nada. Después de todo, solamente bajo un gobierno de leyes puede existir el derecho a la propiedad, a cualquier propiedad.

     Finalmente, se deben mencionar dos leyes, la primera aprobada por el Congreso Continental en 1787, una semana después de proclamada la Declaración de Independencia Americana en Filadelfia. Esta fue la ley más importante aprobada por el Congreso Continental y la más memorable. Conocida como Northwest Ordinance, la ley cedió todo el enorme territorio del llamado Noroeste (que eventualmente se convirtió en los estados de Ohio, Indiana, Illinois, Michigan, Minnesotta y partes de Wisconsin y Iowa), adquirido por Inglaterra de Francia después de la Guerra de los Siete Años en 1763, al gobierno federal. Anteriormente, este territorio pertenecía a varios estados de la costa atlántica, y algunos, basado en las cartas constitutivas otorgadas por el Rey a las distintas colonias, se extendían teoricamente del Atlántico al Pacífico. Se establecieron una serie de precedentes bajo esta Ley. Primero, fue la base de toda la política sobre la tierra del gobierno federal por mucho tiempo. Es decir, la Ley estableció como se organizaría la tierra para venderla a los nuevos inmigrantes. segúndo, la Ley estableció la manera en que nuevos estados se formarían y los mecanismos para que fueran admitidos a la Unión. Tercero, se prohibió la esclavitud en el territorio, lo cual afectó directamente los derechos de propiedad. Cuarto, se separó tierra para establecer escuelas públicas. Quinto, adelantándose a la aprobación de la Declaración de Derechos (Bill of Rights), se establecieron los Derechos Naturales, incluyendo los de propiedad, en todo el territorio. Finalmente, se despojó—legalmente—a las tribus que habitaban el territorio, de ningún derecho de propiedad al mismo. Obviamente un caso de robo legal a los indios, los cuales ni siquiera acordaron a la cesión del territorio, ni firmaron el acuerdo y la Ley.

     La segúnda ley fue el Homestead Act de 1862, firmado por el Presidente Abraham Lincoln durante la Guerra Civil. En realidad una serie de leyes entre 1862 y 1866 que otorgaban, hasta 640 acres a cualquier ciudadano mayor de 21 años o cabeza de familia que no hubiera tomado las armas contra la Unión, incluyendo antiguos esclavos, que aplicara a la cesión bajo la Ley. Esto, después de la Guerra Civil, creó la gigantesca emigración hacia el oeste y causó, indirectamente, la construcción del ferrocarril intercontinental. Con esta Ley, millones de acres de tierra pasaron a ser propiedad privada. El efecto a los derechos de propiedad es obvio.

     Pero los derechos de propiedad, que han tomado años en desarrollarse y que lograron su mayor extension y seguridad en el mundo creado por los colonos ingleses en América del Norte, son muy frágiles. Tan frágiles como la libertad que los protégé. Hace 100 años, la más grande plaga que azotó al mundo, el comunismo internacional, amenazó con extinguir los derechos de propiedad y la libertad misma en todo el mundo. Una larga y costosa lucha entre la libertad y la esclavitud terminó hace poco más de 25 años, a un precio monumental de 200 vidas y trillones de dólares en recursos malgastados. O eso pensamos en 1989. Algunos intelectuales ilusos proclamaron el Fin de la Historia y el Triunfo de la democracia liberal. Solo que tenían en mente la social democracia. O sea, el socialismo. ¡Tanto nadar para morir en la orilla! La idea del colectivismo, la izquierda eterna, que es inmortal como toda idea, de nuevo levantó la cabeza. En Europa, el Estado de beneficio ha sofocado en buena parte tanto los derechos individuales y de propiedad privada, como la libertad y la prosperidad. El Islam, tan enemigo de todas las libertades individuales como el comunismo, ha resurgido también con la intención de establecer un Nuevo Califato Mundial y llevar al mundo a la Edad Media otra vez. Aquí mismo en Estados Unidos, los derechos de propiedad se han erosionado considerablemente con peligrosas decisiones como la de Kelo v City of New London en el 2005 por una Corte Suprema dividida, y aunque la decision fue de 5 a 4, resultó en un fuerte golpe contra los derechos de propiedad privada. En el 2008, un electorado soporífico y mal informado, decidió optar por promesas vagas y vacías de “cambio y esperanza”. El resultado ha sido la más terrible supresión de todas las libertades individuales que los fundadores nos legaron con la Constitución de 1787. Hay esperanzas de recuperarlas, pero el futuro es incierto. La libertad cuesta muy cara. Perderla cuesta más caro todavía. La batalla es contínua, es larga y dura. Depende de nosotros si la libertad, los derehos de propiedad y la búsqueda de la felicidad sobrevivirán en el mundo y sobre todo donde se consolidó, aquí en la cuna de la libertad, en los Estados Unidos de América.

 

 

 

 

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