Patria de Martí Artículos y Ensayos

Panamá devuelve con disparos a emigrantes cubanos

Un grupo de cubanos que se habían internado por la selva en Panamá fueron devueltos con disparos, sin importarles que tenían niños en sus brazos, y llegaron llenos de terror a la población de Sapzurro, según informó el enviado de Noticias RCN Juan Luis Martínez.


Los emigrantes que intentaron hacer la entrada a Panamá por el paso legal también fueron devueltos por las autoridades panameñas, junto al equipo reportero de RCN que los acompañó .
Otros grupos que intentaron hacerlo por el paso legal también fueron impedidos de hacerlo, y la autoridad panameña, hizo disparos pese a las réplicas de las padres y madres que trataban de hacerlo con sus niños.


Las denuncias de los emigrantes que han sido devueltos contrasta con las palabras del Presidente panameño Juan Carlos Varela, que prometió ayuda humanitaria a los emigrantes que hayan cruzado la frontera.


Video fuente: Continúa la travesía de decenas de migrantes cubanos en medio de la selva del Darién, en Colombia, publicado por NTN24 el 11 de agosto, 2016
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Panama devuelve con disparos a emigrantes cubanos

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PIES AFUERA Y PIES ADENTRO: "Corredor humanitario del Presidente panameño"

PIES AFUERA Y PIES ADENTRO: "Corredor humanitario del Presidente panameño"

El presidente de Panamá Juan Carlos Varela anunció operativo de “flujo controlado” en la frontera con Colombia, aclarando que: "Lo que hay es un corredor humanitario, pero no hay frontera abierta"

Video publicado en El Telegrafo, Panamá

pies fuera pies adentro FB

Panamá aplica política de “pies afuera y pies adentro” a migrantes irregulares

Por Rolando Cartaya, Martí Noticias

Presidente Varela anunció operativo de "flujo controlado" que mantendrá cerrada la frontera con Colombia, pero dará asistencia a los que logren ingresar al país a través de la selva de Darién. Discuten sobre migraciones Ecuador y Colombia.

El presidente de Panamá, Juan Carlos Varela, reiteró el martes que mantendrá cerrada la frontera con Colombia ─como lo decidió en mayo pasado tras superar sendas crisis con miles de migrantes cubanos─ pero aseguró que se garantizarán las vidas de aquellos que consigan entrar a país buscando llegar a Estados Unidos.

"Panamá no va a permitir que nadie que haya cruzado hacia nuestro país muera en nuestra tierra, este es un país de gente buena”, dijo Varela, al explicar que se ha habilitado un llamado operativo de “flujo controlado” para dar asistencia humanitaria, antes de que sigan su camino, a aquellos que consigan atravesar el selvático Tapón de Darién.

El mandatario explicó que, a tal efecto, se ha instalado un campamento en Metetí, localidad situada al final de la llamada trocha de la selva, que vienen utilizando los migrantes irregulares ante el reforzamiento de los puntos fronterizos.

Según Varela, gracias al apoyo de unidades del Servicio Nacional de Fronteras, SENAFRONT, se están realizando verificaciones de huellas dactilares y salud a los que van llegando. "Lo que hay es un corredor humanitario, pero no hay frontera abierta", dijo, y precisó que el 80% de los migrantes que se mantienen actualmente en Darién son haitianos.

Se espera sin embargo un incremento en el flujo de cubanos procedentes de la población colombiana de Turbo (Antioquia) donde se congregaron unos 1.800 después del cierre de la frontera panameña. Migración Colombia informó el lunes que 1.350 de ellos se han acogido a la deportación voluntaria, que les da cinco días para salir del país por sus medios. La alternativa era la deportación obligatoria, a Cuba o al país de donde llegaron.

Informes de prensa señalan que la mayoría se está dirigiendo por mar a Capurganá (Chocó), en la antesala de la selva que separa a ambos países, para intentar ingresar por allí al país istmeño.

El anuncio del mandatario panameño coincide con un comunicado del Ministerio de Relaciones Exteriores de Nicaragua que informa que varios organismos del gobierno están coordinando esfuerzos para garantizar un tránsito “ordenado y seguro” de los migrantes irregulares por su territorio.

Managua ocasionó un efecto dominó al bloquear, a mediados de noviembre, la entrada a su territorio de miles de migrantes, principalmente cubanos. Las crisis humanitarias originadas por la medida en Costa Rica y Panamá llevaron a los gobiernos de estos países a negociar con México puentes aéreos para la salida de los cubanos, y a adoptar medidas similares de cierre de fronteras.

Discuten temas migratorios Ecuador y Colombia

Mientras tanto, los cancilleres de Ecuador, Guillaume Long, y de Colombia, María Ángela Holguín, se reúnen este miércoles en Ipiales, ciudad fronteriza colombiana, para tratar temas bilaterales, incluido el problema migratorio.

"Vamos a abordar una serie de temas de mutuo interés, especialmente en la frontera, entre ellos la migración irregular entre los dos países, incentivada por las políticas estadounidenses", declaró Long en un comunicado de la Cancillería ecuatoriana.

En los últimos meses, la crisis migratoria de los cubanos se trasladó a Colombia, con la llegada al país de cientos de isleños procedentes de Ecuador, Guyana o Venezuela, que usan el país como territorio de paso para llegar a Centroamérica y México, y de allí a Estados Unidos, pero que por estar cerrada la frontera panameña se acumularon en Turbo, Antioquia, en espera de una solución.

El gobierno de Rafael Correa desalojó por la fuerza y desmanteló semanas atrás dos campamentos improvisados de migrantes cubanos en parques de Quito. También deportó sumariamente a la isla a 75 de ellos que se encontraban ilegalmente en el país, esperando formar parte de un nuevo puente aéreo a la frontera méxico-estadounidense.

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Cubanos: en el paredón o en la selva

deportacion o selva

El espectáculo de los cubanos atrapados en Turbo y que el Gobierno deja marchar sin inmutarse hacia la muerte en la selva, parte el corazón.

Si uno se pregunta por qué el Gobierno no se inmuta ante semejante tragedia, por qué su indiferencia, su desvío y su crueldad, tiene la respuesta fácil: porque huyen del paraíso comunista de Cuba y Santos no hará nada que moleste a ese macro asesino que es tan su amigo y responde al nombre de Raúl Castro.

El paraíso comunista es el que nos tienen recetado. Porque es magnífico. Da gusto ver esos bandidos de las FARC, gordos, rebosantes de salud, llenos de ron y mermelada, viviendo en el hotel más caro de América, por cuenta suya, querido lector. Imposible salir ahora con el cuento de que así no viven sino los huéspedes ilustres de la tiranía, siempre que paguen, por supuesto, mientras que el pueblo anda tan enloquecido y desesperado que prefiere morir en la selva a volver a su tierra, a su solar nativo, a estar con su gente, en su medio, en su casa. Cualquier cosa, menos la tiranía de los Castro.

A los cubanos de Turbo los estamos matando entre muchos. Entre el Gobierno izquierdista de Panamá que les cerró el camino hacia el Norte; el Gobierno idiota de Colombia que los tiene enjaulados en una prisión inmunda, salvo que quieran salir hacia Capurganá y la selva, a una muerte segura; la Cruz Roja, que no se ocupa de ellos, como fuera su deber misional; la cúpula de la Iglesia Católica que los desprecia, porque no son comunistas; y la opinión pública idiotizada y perversa, que anda lo más divertida con el espectáculo, como cuando en el Coliseo de Roma la gente aplaudía al león que se comía algún cristiano. Siempre ha sido divertida la crueldad.

Nos extraña que su Santidad Francisco no tenga una palabra para los cubanos que seguramente está viendo morir. Sus palabras encendidas de amor por los refugiados sirios, conmueven la conciencia del mundo. Los refugiados cubanos no le merecen una sola.

Los refugiados colombianos, tampoco. Los venezolanos que por centenares de miles han abandonado su Patria, no han recibido el consuelo de su solidaridad paternal. ¿Qué pasa con su Santidad? ¿Jesús no vino al mundo sino para proteger a la izquierda y dejó a un lado las víctimas de la izquierda?

No cabe duda de que los cubanos de Turbo están ilegalmente en Colombia. Todos los refugiados son ilegales para alguien. ¡Qué duda cabe! Ahora sabemos que los empresarios de ese éxodo han comprado funcionarios de la cancillería. Como aquí no existe la culpa in eligendo y la culpa in vigilando, la Canciller no tiene nada que ver en el asunto. Y Santos que tiene esa Canciller, tampoco.

Pero lo cierto, lo único seguro, es que esa gente está aquí. Y que se muere de necesidad y de abandono. Y que prefieren esos desgraciados que los maten las fieras en la selva a que los despedace Raúl Castro, el otro nuevo mejor amigo. Y nadie dice nada. Nadie.

Lo que estamos viendo es la repetición de una vieja película. El comunismo produce esa miseria humana. Y no aprendemos. Los grandes escritores del Siglo XX lo contaron una y otra vez. Vassili Grossman, Pasternak, Solshenitsyn, Gheorghiu, Revel, Hayek, Levy, dedicaron lo mejor de sus obras portentosas a desnudar esos regímenes.

Y como si nada. Este sábado vimos salir a los más audaces del grupo cubano tomar una lancha para luego internarse en la selva hacia una muerte segura. A los más débiles los vamos a matar en Turbo, víctimas de cualquier epidemia. Pero no importa. Son los fugitivos de Castro, el héroe de nuestra paz. Está abierto el camino por el que nos llevan a un mundo como el de los cubanos. A transitarlo, pues.

Fernando Londoño Hoyos

 

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Los niños migrantes se volvieron grandes

ninos cubanos Turbo Colombia

Tiene solo cinco años y Alexánder hace lo peor que le puede pasar a un niño de cualquier parte del mundo: juega a ser mayor. Es decir, a ser triste.

Sentado en una colchoneta en un garaje oscuro y largo que por estos días habitan 23 migrantes cubanos, a quienes el sitio les sirve de albergue, este niño de cabeza rapada -seguramente porque padece alguna enfermedad que su padre no revela-, explica con detalle porqué, en vez de estar en su natal Cuba, isla caliente y rodeada de un mar cristalino, de repente está en otro país, en un pueblo con un calor semejante al de Cuba, pero habitando en un local a la orilla de una calle pantanosa y con charcos.

Aunque Turbo, como la isla cubana, también tiene mar y abunda la población negra, afrodescendiente, Alexánder sabe que no es su país y que está allí solo de paso. Su meta, como la de su padre, es Estados Unidos.

-Somos 500 mil cubanos y queremos llegar a los Estados Unidos. Que nos ayuden. En el albergue viven mal, no tienen casas, tienen que dormir en el piso sucio y en la playa abandonada-, dice. Y motivado por un periodista estadounidense, se convierte en reportero, toma el micrófono y les pregunta a sus coterráneos sobre su situación en Colombia.

-¿Qué piensas hacer acá?-, le interroga a un hombre robusto y alto, el del rostro más acongojado y angustiado del garaje, donde hay más oscuridad que luz, el aire no circula y el sofoco exaspera.

-Queremos salir de acá, pero por una vía segura, no por la selva, porque mira cuántos niños hay acá, cuántas mujeres embarazadas, cuántas personas adultas. Todos somos profesionales, ninguno somos expresidiarios, y merecemos vivir libres en Estados Unidos, ya estuvimos en Ecuador y fuimos maltratados, no queremos volver ni allá ni a Cuba, queremos que los sueños tuyos sean cumplidos y que a cualquier país se le ablande el corazón y haga el puente aéreo para nosotros llegar de forma segura, no por la selva-, le responde Yurisán Ríos, de 45 años, sin poder evitar que el llanto brote de sus ojos mientras atiende las preguntas de Alexánder.

Alexánder Sánchez, que está allí con su niño y su esposa, se conmueve, lo toma en sus brazos, lo carga y le da los besos y caricias que le otorga todo padre orgulloso a su hijo inteligente. Los cubanos aplauden.

Lesly, la de piel canela

Pero si Alexánder juega a ser mayor, en el albergue de la bodega, donde se habla de que hay más de 1.200 cubanos hacinados, otra niña de diez años, Lesly de la Caridad Yasaraín, nacida en Matanzas, no juega a ser grande. Ya se siente así. Lo demuestra en la soltura para expresarse y en la claridad con la que expone la situación de su pueblo.

-Mi papá, mi hermano y mi sobrino nos vinimos de Cuba hace tres meses, allá es muy difícil, la gente no tiene derechos, los niños no tenemos carne ni yogur desde los 7 años y el dinero es poco-, responde. Sin perder su gracia de niña, le pide al Gobierno que se conduela de su situación.

-No pedimos nada, solo que nos ayude a salir de acá, mi pueblo está sufriendo mucho-, recalca envuelta en toda la ternura de su piel canela y su candor de niña. Si uno la oyera sin verla, creería que habla una de las tantas madres del albergue. Pero es Lesly, de ojos color miel y mirada alegre, pese a todo.

Los niños migrantes de Cuba perdieron la niñez el día que sus padres salieron con ellos camino a buscar el sueño americano. Se dice que son 65, muchos aún de brazos, y ya han desafiado el océano, las olas gigantes que amenazan con hundir las embarcaciones, han pasado hambre, hacinamiento, la estrechez de los camarotes, el no tener espacios para el juego y ni siquiera juguetes. Han padecido diarreas, gripas, fiebres.

-Los míos (uno de ocho meses y otro de seis años) casi todo el tiempo han estado enfermitos, entre más gente llega al albergue más difícil es la situación para ellos-, cuenta Kellys Álvarez Torres, una abogada cubana de 38 años que se vino con ellos buscándoles un mejor futuro, y como ya ve el intento fracasado, dice que prefiere volverse a Cuba que arriesgar sus vidas en la selva.

Pero no todos los padres piensan así. A algunos, con bebés de brazos, se les ve tomar pangas rumbo al mar y luego a la selva, a los riesgos que traen las rutas ilegales para llegar a Panamá.

Otros bebés ni nacieron y hay 15 embarazadas en peligro. En el hospital Francisco Valderrama, de Turbo, una gestante perdió a su bebé atemorizada por los sobrevuelos, esta semana, de helicópteros del Ejército y la Policía sobre la bodega de Turbo.

El Delegado de la Defensoría del Pueblo para la Población desplazada, Mauricio Redondo, confirmó que “estamos investigando las circunstancias del caso”.

Calle 8 Miami

Pero aparte de los niños, todo es angustia en el albergue, una bodega en el Barrio Obrero -el sector más peligroso de Turbo según los mismos turbeños- que ocupan los cubanos desde inicios de mayo, cuando Panamá cerró la frontera y frenó el paso de los inmigrantes.

Allí se hacinaban al principio entre 170 y 200 cubanos. Hoy se dice que son 2.400, aunque Migración Colombia afirma que son 1.300.

Tienen agua, baños portátiles y la mayoría duermen en pequeños camarotes construidos artesanalmente, o sobre colchonetas en el piso. El sofoco es total, pues el techo de eternit, pese a la altura, no frena el calor del sol. Por ello, en la misma cuadra de la bodega, muchos armaron carpas, cambuches y ranchos de plástico, en los que se acomodan hasta ocho personas.

En una esquina de la cuadra ubicaron una estaca con el letrero Calle 8 Miami, parodiando la misma calle de Miami, donde los cubanos del exilio viven como “reyes”.

La decisión del Gobierno colombiano, ejecutada por Migración Colombia, de no buscar puentes con otros países para facilitar su llegada a Estados Unidos sino deportarlos o entregarles salvoconductos para que sigan su camino, los puso prácticamente en jaque, pues las opciones se limitaron a acogerse a la deportación, al asilo o a abordar embarcaciones que los lleven a altamar para tomar luego la selva del Darién.

Para muchos, entregarles salvoconductos para que sigan su camino es lanzarlos a las garras de los coyotes.

-Me parece inaudita esta salida. Si el pueblo fue solidario, ¿por qué el Gobierno no encontró una solución?, dejaron solos a estos cubanos que no tienen libertades en Cuba y por eso debieron salir de ese territorio-, advierte Luduine Zimpolle, de la Corporación Manos por la Paz Internacional y de la fundación holandesa Apoyo Reconciliación de Colombia.

Advierte que la salida de cubanos de la isla siempre ocurrirá mientras los Castro mantengan su régimen comunista, que no les garantiza libertades políticas ni económicas. Y señala que el Gobierno Santos, por los diálogos de La Habana, está maniatado por los Castro -Fidel y Raúl- y por eso adoptó como opción solo la deportación. Santos dice que en este caso está aplicando las leyes migratorias que tiene vigentes el país.

Esta mujer, junto al padre Manuel Paternina, de la Pastoral Social de la Diócesis de Apartadó, por instrucciones del padre Leonidas Moreno, se ha embarcado con los migrantes para acompañarlos hasta que inician el camino a la selva, para él, el de la muerte.

-El Gobierno, con esta salida, no está persiguiendo a los coyotes, antes está propiciando que ellos caigan en sus manos, porque está propiciando que ellos tomen las trochas-, señala el padre Paternina.

Pese a críticas, Migración Colombia y su director, Christian Krüger, dan dos salidas: la deportación o el asilo. La tercera la ponen los cubanos y es la que está adoptando la mayoría: irse a los caminos ilegales para cruzar la frontera a riesgo de sus vidas, desafiando la muerte y la insaciable avaricia de los coyotes. La impiedad de estos mercenarios...

En definitiva:

El sueño americano que persiguen los cubanos migrantes se ve frustrado por la decisión del Gobierno colombiano de deportarlos a su país. Los niños son las víctimas de este drama.

Artículo de Gustavo Ospina Zapata. Publicado en el Colombiano 

Periodista egresado de UPB con especialización en literatura Universidad de Medellín. El paisaje alucinante, poesía. Premios de Periodismo Siemens y Colprensa, y Rey de España colectivos. Especialidad, crónicas

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