Patria de Martí Artículos y Ensayos

Besos franceses con Cuba

Zoe ValdesFrancia se desmarca de la Unión Europea y reactiva sus relaciones directas con la dictadura de Castro II. El ministro de Relaciones Exteriores cubano, Bruno Rodríguez, visitó Francia en lo que será una extensa gira por Europa. Fue recibido por todos: por su homólogo, Laurent Fabius, por el primer ministro, Manuel Valls, y por el presidente de la república, François Hollande. Ha venido a lo de siempre, a vender el país, a revenderlo probablemente, y aquí no ha pasado nada, que diría Delia Fiallo.

Lejos están los tiempos en los que Francia era vista como un país de prostitutas y chulos por las autoridades de la isla; tal como despreciaron y vituperaron a Estados Unidos, así mismo hicieron con Francia. Aunque el país galo haya defendido siempre el levantamiento del embargo norteamericano. ¿Qué importaba? Eran los tiempos de los rusos, de la filosofía marxista, del extremismo soviético, y de vivir alimentados por los bolos por un tubo y siete llaves, como quien dice. Francia era un país que no había que frecuentar, y mucho menos citar en materia de revoluciones.

Después de tanto Yankee, go home!, ahora la consigna es Yankee, come back, please! Regresen, por favor, y compren la isla, ahí se la dejan, en bandeja de plata, a esos yanquis de "basura", y a estos franceses "apestosos". Que se cojan todo, y mientras tanto los mismos de siempre, los poderosos, se enriquecerán cada vez más, me refiero a los Castro y familia. Y mientras tanto, la represión continúa en contra de la oposición y las detenciones se multiplican. ¿Le preocupa eso a Francia, tierra de los derechos humanos? Al parecer, les importa un comino. Todo es negocio, negocio, negocio.

El próximo 11 de mayo el presidente francés visitará la isla. Será la primera vez que un presidente francés lo haga. No espero nada de esa visita en materia de derechos humanos. Tendremos un lamentable espectáculo de besuqueo y baboseo entre la cúpula del castrismo y Hollande. Que se cuide, en el paquete de las ventas podrían colarle una sabrosona mulata de las que tanto gustan a los europeos, a modo de obsequio, claro. Nada, lo que trajo el barco.

Libertad Digital

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La Cumbre de la Tristeza

Armandoribas SVer cometer un crimen en calma, es cometerlo.

                                                         José martí

   La tristeza y el desconcierto son los sentimientos que provocaran la reciente Cumbre de las América a todo cubano que de una forma u otra ha sufrido las consecuencias de la llegada de Fidel Castro y el sistema comunista totalitario que impusiese. Se vieron obligados a abandonar su país, en muchos casos sin saber siquiera cual sería su supervivencia, la separación de su familia o la pérdida de familiares y amigos muertos por el régimen y por supuesto la pérdida de sus propiedades.

   Oir el descarado discurso de Raúl Castro, asesino indemne desde los primeros años de la Revolución, en el que distorsionara la historia de Cuba desde los primeros años de su independencia no puede menos que producirnos una sensación de impotencia ante el crimen político organizado de la izquierda. En el mismo descalificó la intervención americana en Cuba al final de la guerra de independencia como una acción del imperialismo. Nada más falaz que esa descalificación histórica que lamentablemente Obama pareció aceptarla como tal.

     Esa descalificación es una flagrante mentira histórica, que es la de ignorar que fue gracias a la intervención americana que Cuba se liberó de España después de treinta años de guerra. Cuba era la última colonia en el continente. Por tanto todas las fuerzas españolas incluida las escuadras estaban a disposición para mantener la colonia, donde muchos cubanos todavía estaban a favor de la dependencia.

     La guerra terminó pues por la intervención americana que duró tan solo tres años. Y al final Estados Unidos dejó a Cuba bajo la Constitución de 1.901 de conformidad con los principios que rigen la Constitución Americana. Por tanto la intervención a mi juicio no solo permitió la independencia sino igualmente la libertad individual de los cubanos. Asimismo durante el gobierno de Wood se gastó más de 15 millones de dólares en obras públicas e ingeniería sanitaria y se suprimió la fiebre amarilla.

     No obstante esa realidad Raúl Castro acusó igualmente a los Estados Unidos por haber impuesto en la Constitución la Enmienda Platt, como otro acto de imperialismo. Esa enmienda tan solo implicaba mantener la responsabilidad de los Estados unidos por los derechos de los cubanos en Cuba y por supuesto de la propiedad que incluía la de los americanos y asegurar el comercio libre entre ambos países. Y al respecto del comercio añadiría que Estados Unidos pagaba a Cuba el doble del precio del azúcar en el mercado mundial. Por tanto esas convenciones en ningún caso implicaban un desmedro de los derechos de Cuba como nación independiente. Y no obstante ello en 1.933 el presidente Roosesvelt suprimió de motus propio la Enmienda Platt.

   La historia política de Cuba no es envidiable a mi juicio. Que hubo desaciertos y corrupción es innegable pero solo el gobierno de Machado intentó un proceso nacionalista, pero fue derribado en 1.933. La llegada de Batista después del golpe de estado presentó una alternativa. Aparentemente estaba influenciado por la izquierda, pero los Estados Unidos enviaron un barco de guerra a La Habana y Batista eligió el dólar sobre el rublo. Los sucesivos gobiernos no se presentaron como alternativa de la izquierda y los comunistas socialistas en las elecciones no obtenían más de un 2% de los votos.

       Podría decir que el mal llamado sistema capitalista regía en Cuba donde toda la actividad económica estaba en manos privadas. En razón de ello y no obstante que aparentemente la economía cubana se encontraba con problemas, Cuba tenía el nivel de vida más elevado de América Latina. Y ello se debía indudablemente a las relaciones con los Estados Unidos.

   Igualmente el discurso ignora que tal como lo describe el embajador americano en su libro “El Cuarto Piso”, fue el gobierno de Iesenhower el que colaboró con la llegada de Fidel Castro a Cuba. Estados Unidos prohibió la venta de armas a Batista en su lucha contra los revolucionarios. El Cuarto Piso en manos de Roy Rubboton le sugirió a Batista que abandonara el poder. Por lo cual fueron los propios militares de Batista los que de una manera u otra apoyaron la llegada de Fidel Castro al poder.

   Desde su llegada al poder mostró su antiamericanismo y recuerdo su primer discurso en el que dijo: “Nosotros no estamos aquí por el Pentágono sino en contra del Pentágono. Fue así que primeramente sacó la base militar de Estados Unidos en La Habana y poco después inició la política de nacionalización de las propiedades y el control de cambios.

   Fue enfrentado a esa realidad que Estados Unido que Estados Unidos estableció el embargo, que fue una respuesta a la política de Castro. Lamentablemente al poco tiempo en 1961 el presidente Kennedy con la asesoría de Stevenson traicionó a los cubanos en Bahia de Cochinos al no cumplir con la promesa del apoyo aéreo a la invasión. Igualmente en 1962 acordó con Kruchev durante la crisis de los misiles entregar a Cuba a la órbita soviética.

   A ese acuerdo le debemos la permanencia de la dictadura más criminal que ojos vieren por más de 50 años. Así también las guerras subversivas en América Latina tal como lo muestra claramente Juan B. Yofre en su reciente libro “Cuba Fue”. No obstante esta realidad en su discurso Raul Castro aplaudido por la audiencia acusó a Estados Unidos de haber apoyado la destitución de Salvador Allende en Chile. No debemos olvidar que bajo la égida de Allende Chile iba en el camino de ser la segúnda Cuba en el continente. Haber salvado a Chile de ese desastre significó el cambio de política que lo convirtió en un ejemplo para América Latina.

   He hecho este recuento histórico, pues no obstante esa realidad de la dictadura y la falta de libertad en Cuba a Raúl Castro se le trató en la Cumbre como un demócrata que como tal finalmente habría sido reconocido por los Estados Unidos. La aceptación de Obama de eliminar el embargo, sacar a Cuba de la lista de los países terroristas e reiniciar las relaciones han sido interpretadas como el reconocimiento del error de la política americana frente a la sabiduría de los Castro. O sea el imperialismo americano vs. la democracia cubana. Este hecho se magnifica ante la declaración de los ex presidentes de América Latina de reclamar al presidente Maduro la liberación de los presos políticos en Venezuela y no haber incluido una reclamación por la liberación de los presos en Cuba.

   De la Cumbre surge la evidencia de que se ignoran los crímenes de los Castro y aun que en Cuba sigue vigente un sistema totalitario con su aparato represivo gigantesco. Recientemente Oswaldo Payá, líder de la oposición fue asesinado vilmente. Es evidente que en Cuba se continúan violando los derechos ante un mundo que sigue pretendiendo ignorarlo. Por todas estas razones me he permitido llamar a esta la Cumbre de la Tristeza, donde no se reconoce la tristeza que abruma a quienes han sufrido en carne propia en alguna forma la desdicha de la falta de libertad en nuestro país y hemos sido obligados a abandonarlo en busca de libertad y supervivencia.

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Cuba y las sanciones virtuosas

Julio145x147Este artículo es el segúndo de una serie de tres. Están conectados por el tema central que es el restablecimiento de las relaciones entre los EE UU y Cuba. El primero presentó su argumento desde un ángulo de practicidad. El segúndo defiende el principio de las sanciones. El tercero resumirá la premisa desde una óptica ética.

     Se dice que, históricamente, las primeras sanciones las impuso el ateniense, Pericles, contra Megara en 432 a. C. Todo el tiempo transcurrido no ha logrado concretar un consenso exacto dentro de las ciencias sociales y las humanidades en cuanto a la “efectividad” de sanciones como una herramienta para producir, o contribuir a que se produzca, un cambio de régimen político. Esta diversidad de criterio se puede atribuir a tres factores principales: (1) la inclinación ideológica del observador y el régimen particular sancionado; (2) la voluntad del que impone las sanciones para producir los resultados deseados; y (3) la cohesión dentro del mundo libre para reforzar dichas sanciones.    

     Immanuel Wallerstein, sociólogo norteamericano de formación marxista, categorizó la movida por parte del gobierno de Barack Obama de restablecer relaciones con Cuba comunista como “la decisión de política exterior más favorable que este (Obama) había tomado en su presidencia”. Interesantemente, treinta y ocho años antes y en esa ocasión tratándose de Sur África racista y no un régimen marxista-leninista, el promotor de la teoría del sistema-mundo recetó sañudamente sanciones draconianas para propulsar un cambio socio-político. Así lo expresó Wallerstein:

Sorprendentemente, se argumenta que el fortalecimiento de la base económica del régimen del apartheid blanco, de hecho, traería cambio. Esto no tiene sentido y los que lo dicen lo saben...La inversión norteamericana continuada en Sudáfrica, en cualquier forma, es apoyo norteamericano continuado al régimen en el poder. Aquellos que deseen apoyar el cambio en Sudáfrica tienen sólo dos maneras de lograrlo: (1) la asistencia activa al movimiento de liberación; (2) una convocatoria para que los Estados Unidos inicie la desinversión económica y el distanciamiento político del actual Estado sudafricano. El resto es un sofismo.

La paradoja que Wallerstein exhibe refleja una consistencia ideológica pero una inconsistencia moral y ética. Este fenómeno, lamentablemente, tipifica el entorno político, académico y cultural en cuanto al criterio de si están a favor o en contra de aplicar sanciones. Lo fundamental para entender esta aseveración, no es si las sanciones son efectivas o no, sino sobre quién se van aplicar. Ahí la subjetividad ideológica (o los intereses comerciales) se antepone.

    

     Ahora bien, ¿funcionan las sanciones como una instrumentación para producir un cambio de régimen? Wallerstein, sin duda, estaba convencido de que sí funcionaban, de lo contario, la lucha armada o la conspirativa, serían los otras únicas vías factibles para lograr cambios sistémicos cuando la dictadura política se extiende en la esfera social, como era el caso de Sur África racista, como lo fue con el fascismo y lo sigue siendo con el comunismo (del siglo XX y XXI). Reiteramos el punto de que el connotado sociólogo estadounidense quería que se derrocara el sistema de apartheid sudafricano pero no el comunismo cubano. Lo que enmendó no fue su lectura del efecto de las sanciones. La confianza en la capacidad de las mismas para ayudar llevar a la extinción a un poderío político indeseado ha permanecido inmutable. Es la retórica, modulada por la selectividad ideológica, lo que vemos ajustarse.

     El Congreso de los EE UU, el 10 de octubre de 1978, le declaró la guerra económica a la dictadura de Idi Amín, pese a las objeciones del Presidente Carter. Seis meses después, su régimen dictatorial en Uganda se desplomó. Los EE UU actuó unilateralmente, sin la aprobación de la comunidad internacional o las Naciones Unidas. La rama legislativa norteamericana, de manera bipartidista, actuó para ayudar producir un cambio de régimen por medio de sanciones económicas. Aunque es innegable que cambios sistémicos tienden a ser fenómenos coyunturales, también es difícil de cuestionar el impacto que tuvo el cerco comercial de los EE UU hacia el régimen de Idi Amín. Sur África es prueba fehaciente de que sanciones, definitivamente, trabajan. El caso de Uganda lo reitera, incluso, cuando es aplicado unilateralmente (y con ganas) por una superpotencia como los EE UU.

     La Sociedad de Naciones (“SDN”) (o Liga de las Naciones), criatura del Tratado de Versalles de 1919, fue fundamentada con el principio de las sanciones como mecanismo para producir cambios políticos y así evitar tener que ir a la guerra. Woodrow Wilson, el autor intelectual del organismo que fue el preludio de la ONU, fue un creyente dogmático en los boicots absoluto contra regímenes, recalcitrantemente aferrados a la práctica de desestabilizar las democracias. Benito Mussolini puso a prueba la disposición de la SDN cuando Italia fascista invadió lo que es hoy Etiopía. Gran Bretaña y Francia ambivalentemente sabotearon las sanciones. Las mismas no impidieron la agresión del fascismo italiano contra Etiopía. Eso es cierto. También es cierto, sin embargo, que un costo a la maquinaria expansionista de la dictadura mussoliniana sí le transmitió. Cuán influyente habrá sido eso en limitar los planes africanos de Il Duce nunca lo sabremos.

     El caso de las sanciones de la SDN contra Mussolini, si se fueran a catalogar como un “fracaso”, sería porque las expectativas de dicha acción fuese la desarticulación total de la incursión italiana en África y nada más. Juzgadas así, la negligencia de los miembros democráticos europeos de más influencia dentro del organismo (Francia y Gran Bretaña) y la renuencia de los mismos de aplicarlas con los colmillos inherentes (excluyeron petróleo por ejemplo), en efecto, sabotearon los propósitos principales de las medidas punitivas. Sanciones sin entusiasmo y sin voluntad política, en verdad, no tienen los efectos máximos. Sin embargo, eso no quiere decir que fueron inefectivas. Sería injusta (e incompleta) una apreciación que ignorará los impactos colaterales favorables como, por ejemplo, la elevación de los costos de operación de una dictadura. Esto nos lleva al punto seminal del principio de las sanciones.

     Toda dictadura se mantiene en el poder de acuerdo a su capacidad para coartar exitosamente toda oposición política. El despotismo totalitario es, particularmente, más costoso de mantener porque es más ambicioso en su proyecto político y subsecuentemente, requiere más control sobre lo más elemental del ciudadano a pie. Todo eso cuesta dinero y mucho del mismo. Sanciones le niegan recursos esenciales a una dictadura. Frustran proyectos hegemónicos y les reducen alternativas para sustentarse en el poder. Tan sencillo como eso. ¡Reprimir, valga la redundancia, requiere capital! La permanencia en el poder de dictaduras totalitarias, en ningún caso, ha sido atribuible a la capacitación del régimen de mantener fuera de su territorio a turistas, empresas, créditos o tecnología de países democráticos. Más bien han apuntado, como medida de salvación estratégica, precisamente el abrir la puerta a esos cuartos elementos mencionados. El razonamiento dictatorial es fácil de entender: del exterior democrático y capitalista, incluyendo naturalmente la diáspora, llega el dinero necesitado para alimentar la maquinaria dictatorial y represiva que es la variable más potente para explicar la supervivencia despótica.  

     Cuba comunista lleva años invirtiendo enorme sumas de dinero intentando impactar la opinión pública del mundo democrático a favor de que los EE UU remueva las sanciones contra su dictadura. Ha sido y sigue siendo la campaña medular de su política exterior. Si las sanciones norteamericanas contra el castrocomunismo son tan inefectivas, ¿por qué tanto énfasis en removerlas? ¿Por qué tanta obsesión con el “embargo”? A caso, ¿no le sobran a Cuba problemas? ¿No tienen nada mejor que hacer?

     Las sanciones que existen, por parte de los EE UU contra el régimen comunista cubano, sí le preocupan a la dictadura de La Habana, porque las sanciones si funcionan. Esto es el caso a pesar de todos los enormes agujeros que numerosas administraciones estadounidenses, acumulativamente, le han infligido a las sanciones. La deuda del castrismo con Argentina por comprar productos de empresas norteamericanas (deuda adquirida durante el régimen militar) y los cuatro mil millones de dólares en compras directas de productos agrícolas estadounidenses desde 2000, da testimonio que las sanciones a través del tiempo han sido descolmilladas. Pudiéramos añadir la deuda castrista con los bancos del Club de Paris y el inaplicado Capítulo III de la Ley Helms-Burton, como otras muestras más (podíamos seguir) de que las sanciones norteamericanas contra el régimen castrocomunista no han sido draconianas como hubiera requerido ser el caso, sí el claro objetivo era el producir un cambio de régimen. ¿Han sido inútiles? Por supuesto que no. La contaminación del comunismo cubano en las Américas hubiera sido mucho más dañina de no habérsele ocasionado una limitación a las divisas de los EE UU (ciudadanos, empresas, banca, etc.). Las modestas modificaciones en la economía y la tolerancia selecta de la dictadura cubana son productos fructíferos de las sanciones.

     El régimen castrista conoce bien la importancia de sanciones para facilitar cambios políticos. Son sanguinarios pero no son bobos. El 14 de marzo de 1958 el gobierno de Dwight Eisenhower impuso, unilateralmente, un embargo de armas contra la dictadura de Fulgencio Batista. Esto fue el resultado de un largo proceso de cabildeo por parte de partidarios de los insurgentes. Menos de diez meses después, Castro estaba en el poder. Sanciones funcionan. Si quieren que trabajen mejor, la clave está en aplicarlas integralmente. Aún ejercidas con flojera, sirven el propósito de negarle fondos necesarios al represor. Lo virtuoso de las sanciones, tiene a los maleantes del mundo como sus mejores testigos de que sirven. Todos quieren que se las quiten. La dimensión de su efectividad está en la rigurosidad de su implementación. Todo el resto es sofismo.  

Acerca del Autor

Julio M. Shiling es escritor, politólogo y Director de Patria de Martí (www.patriademarti.com). Su último libro es Dictaduras y sus paradigmas: ¿Por qué algunas dictaduras se caen y otras no? Nació en La Habana, Cuba y reside en los EE UU.

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Neutralizar al Exilio

OrlandovEn honor y memoria a Orlando Fondevila.

Los especialistas del Partido Comunista Cubano y sus servicios de inteligencia poseen una amplia experiencia represiva. Cincuenta y dos años de poder y de enfrentamiento a diversas formas de oposición, unido al estudio de las experiencias de otros regímenes fraternos en el horror, les han permitido renovar sus estrategias y adaptarlas a las circunstancias de cada momento. Precisamente el momento actual demanda un aguzamiento especial en el trazado de las estrategias represivas, que hoy más que nunca antes lo son de pura y dura sobrevivencia del régimen. Así, al mismo tiempo que tanques, helicópteros, aviones y la más completa parafernalia represivo-genocida se mantienen al acecho (en sus mentes totalitarias el escenario libio no sería más que un juego), al mismo tiempo, digo, ponen en práctica elaboradas fintas de acercamiento a ciertos sectores del exilio, en un tramposo juego con las emociones y las debilidades humanas. Estas últimas acentuadas por la erosión moral de décadas de totalitarismo en las nuevas generaciones, por el cansancio de algunos, por la ingenuidad de otros (sea real o fingida). Mezcla favorable, por otra parte, para que en su caldo puedan medrar los más perversos intereses. Esta melosa estrategia para cazar incautos, verdaderos o simulados, no excluye la represión fría y brutal contra quienes se le opongan dentro de la finca, tal y como demuestran las recientes palizas a mujeres en distintos lugares de la geografía nacional.

Pero el grueso de la estrategia melosa va dirigido al exterior. Su objetivo no es otro que desactivar al exilio, neutralizarlo. Aquí podríamos hablar –está abierto el debate- sobre la utilización por el régimen dela Leyde Ajuste cubano, que le ha servido para inundar Miami de “hombres nuevos” manejables, entre ellos algunos absolutamente “sembrados”. Sin embargo, el calibre grueso de esta estrategia va dirigido a intelectuales y creadores de opinión con carné, así como a algunos políticos (llamémosles “buenazos” a unos y “burrazos” a otros). Los encontramos a diario en el Herald y hasta en Radio Martí. La crítica permanente a los “intransigentes” y “ultraderecha” de Miami, la pasión desbordada para dar el abrazo a los enviados del “intercambio cultural”, y el amor sublime a la familia en Cuba, a la que hay que visitar regularmente e inundar de la pacotilla de la sociedad de consumo. Y, por supuesto, el envío incontrolado de remesas a los pobrecitos primos segúndos, tíos terceros y amigos del alma. No se trata de suposiciones. Hace unos días, el valiente opositor José Daniel Ferrer García, denunciaba que en Palmarito de Cauto el miembro dela Brigadade Respuesta Rápida, Germán Almaguer, se halla en espera de que le envíen desde New Jersey un dinerito para comprarse un camión. Este individuo, junto a su esposa Luisa López y otros familiares, se destacan por la furia con la que atacan a los opositores en los actos de repudio. El dinero se los envía Marcos Gorra, de New Jersey. Así, con nombres y apellidos. No se trata de un caso aislado. Si observamos con cuidado las imágenes de los actos en las plazas castristas podremos observar la vestimenta de los aplaudidores.

La estrategia de desactivación del exilio va obteniendo sus frutos. A la sombra del inefable Obama, se dan su paseíllo por Miami los emisarios del régimen. El reciente concierto de Pablo Milanés provocó una ola de adhesiones de intelectuales y políticos. Leyendo y escuchando a insignes doctores, cubanólogos, académicos y periodistas, pareciera que el afamado cantautor de la dictadura se hubiera transformado en una especie de símbolo de la nueva Cuba que queremos. Todo al son de la cantaleta de los miles de “reformistas” que pululan por todas las estructuras de la criminal nomenklatura castrista. “Reformistas” que nadie conoce ni ve por ningún lado. Simplemente hay que creer en que existen, porque así nos lo dicen nuestros buenos e inteligentes prohombres.

El otro argumento manejado hasta la náusea por nuestros creadores de opinión, es el de que “nosotros no somos como ellos”. Es decir, que reducimos el enfrentamiento con una de las más odiosas y brutales tiranías de nuestro tiempo, a un simple responder a su violencia con un suave pasado de mano. Y es que no somos como ellos, dicen, y es verdad, quieren que seamos comem…

La estrategia melosa tiene otras aristas. Sabemos de algunos viajecitos a Cuba de escritores del exilio, donde han presentado sus obras. Uno de ellos recientemente. Y sabemos que hace poco, el régimen envió a Madrid a uno de sus comisarios culturales, Reynaldo González, quien se reunió con algunos personajes escogidos, trasmitiéndoles el mensaje de que Cuba (porque consideran que ellos son Cuba) no les veía como enemigos y que tenían las puertas abiertas para “visitarla”. Sin embargo, también sabemos que la policía del aeropuerto de Barajas todos los días recibe a cubanos que son devueltos en el mismo avión, después de ser autorizados. Queda claro el mensaje: al que se porte bien le estará permitido viajar a la finca.

En fin, toda una bien pensada estrategia de neutralización del exilio. Así, la oposición interna quedaría sin voz y sin respaldo, además de apaleada. Si además se levantan las restricciones que aún quedan del embargo, se produce la invasión de turistas (que no de marines) yanquis y se continúa incrementando el envío de remesas y los negocitos, entonces:¡apaga y vámonos!

No creo que lo consigan. Hay patriotas en el exilio y en la oposición interna que no van a desistir. Pero los frentes de batalla se diversifican. Tenemos que pelear incluso dentro de nuestras propias filas.

zoevaldes.net

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