Patria de Martí Artículos y Ensayos

Autoritarismo globalizado

autoritarismo globalizado

Los Estados no democráticos están ganando batallas ideológicas armados con Internet, los medios de comunicación y nuevos foros internacionales

El mundo ha entrado en un nuevo e inquietante periodo en la lucha mundial por la democracia. Desde la caída del comunismo, se ha observado una secuencia de tres tendencias distintas en esta batalla. La primera, desde 1990 hasta 2005, se caracterizó por una oleada democratizadora (una continuación, e incluso una aceleración, de un proceso que había comenzado a mediados de los años setenta). Aunque el impulso de la democracia se frenó a mediados de la década de 2000, la pauta de progreso general durante este periodo era evidente.

El número de países clasificados por Freedom House como “democracias electorales” aumentó de 76 en 1990 a 119 en 2005, y los que se consideraban “libres” pasaron de 65 a 89, lo que indicaba un drástico incremento del número de países que respetaban los derechos políticos y las libertades civiles de sus ciudadanos.

Sin embargo, a mediados de la década de 2000 surgió una nueva tendencia. Algunos gobiernos recuperaron su posición y reaccionaron frente a las fuerzas que exigían sistemas más democráticos, especialmente tras las revoluciones de los colores en Georgia y en Ucrania. La consecuencia fue lo que llegó a conocerse como las reacciones violentas contra la democracia, cuando los regímenes represivos empezaron a aplicar dentro de sus fronteras medidas que limitaban progresivamente el espacio de los partidos de la oposición, las organizaciones no gubernamentales independientes y los medios de comunicación libres. Durante estos años, los regímenes autoritarios se centraron principalmente en sus asuntos internos. Algunos países, como Egipto, Rusia, Venezuela y Zimbabue, impusieron una serie de nuevas leyes y normativas que restringían la labor de las organizaciones prodemocráticas.

Más recientemente, hemos empezado a apreciar una tercera tendencia. La reacción violenta y defensiva contra la democracia ha evolucionado hasta convertirse en una oleada autoritaria mucho más expansiva y potente, que está amenazando los mismísimos cimientos del orden internacional liberal. Hoy día, el autoritarismo se ha vuelto global. Aunque muchos observadores han señalado la nueva firmeza de los regímenes autoritarios en el ámbito geopolítico, no se ha prestado suficiente atención a lo que están haciendo en otras áreas.

Actualmente, los dictadores cooperan entre ellos, aprenden los unos de los otros y comparten conocimientos y tecnología a través de las fronteras. Esto se puede apreciar, por ejemplo, en las estrategias que Rusia y China han adoptado para acallar las voces independientes en Internet. Con solo unos meses de intervalo, las autoridades de ambos países promulgaron normativas parecidas contra algunas voces de la Red que contaban con un número considerable de seguidores, con la finalidad de silenciar a los analistas más influyentes en las redes sociales.

Los principales regímenes autoritarios no solo reprimen las voces reformistas en sus países, sino que también tratan de modificar los valores y las normas internacionales para limitar la propagación de la democracia por el mundo. Una característica fundamental de la oleada autoritaria es el aumento de iniciativas de medios de comunicación internacionales con una generosa financiación, como la china CCTV, la rusa RT y la iraní Press TV. Cada una de ellas tiene alcance mundial, en varios idiomas, y lanza mensajes para tratar de minar el prestigio de la democracia y de las ideas en las que esta se basa.

Aunque los Gobiernos de estos países restringen la información dentro de sus fronteras, sus medios de comunicación internacionales se aprovechan de la apertura de las democracias. Muchos observadores habían dado por sentado que la era de la globalización daría una ventaja a las democracias en los asuntos mundiales, pero, irónicamente, son los Estados no democráticos los que han sido más hábiles a la hora de ejercer su influencia en el ámbito del poder blando. En esta nueva competición mundial, China y Rusia prestan una especial atención a las regiones y a los países en los que las normas y los valores democráticos son cuestionados de forma activa. Rusia multiplica rápidamente sus esfuerzos para ejercer su influencia en los frágiles Estados del centro de Europa y de los Balcanes que se han incorporado a la Unión Europea.

Rusia también tiene en su punto de mira a Latinoamérica. Las relaciones de Argentina con Moscú se estrecharon durante el mandato de Cristina Fernández de Kirchner. En 2014 se iniciaron en Argentina las emisiones de RT en español, que ya se emiten en Venezuela y Colombia y pueden verse en las cadenas de televisión por cable en muchos otros países de la zona.

Por otra parte, China ha incrementado su influencia en Latinoamérica y en África, combinando sus importantes inversiones económicas en esas regiones con iniciativas de amplio alcance en los medios de comunicación, la cultura y la educación. En un número cada vez mayor de países africanos, los populares periódicos en inglés utilizan el contenido que les ofrece Xinhua, la agencia de noticias estatal china, de forma gratuita o a precios de ganga. Los espectadores de la televisión pueden recibir noticias internacionales a través de CCTV, la cadena estatal china. Los medios financiados por el Estado difunden el discurso oficial chino por la región en un momento en que los canales de noticias internacionales occidentales han reducido drásticamente su presencia en África. China también ha multiplicado sus actividades en Latinoamérica, donde Xinhua tenía 18 oficinas y CCTV tenía 5 en 2013. La presencia china también está aumentando en las esferas culturales y académicas de Latinoamérica, donde existen 42 Institutos o Aulas Confucio.

La nueva amenaza para la democracia también se puede ver en los esfuerzos de los regímenes autoritarios por debilitar la democracia y los mecanismos de los derechos humanos de instituciones clave basadas en normas, como la Organización de Estados Americanos, el Consejo de Europa y la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa. Y tienen en su punto de mira a los organismos encargados de la regulación de Internet.

Los autócratas también están creando nuevas instituciones internacionales que pretenden impulsar las normas autoritarias más allá de sus fronteras, e intentan usar sus propios clubes, como la Organización de Shanghái para la Cooperación, el Consejo de Cooperación del Golfo y la Unión Económica Euroasiática, para institucionalizar normas de soberanía ilimitada y de no injerencia. Estos organismos refuerzan la represión interna ayudando a los autócratas a compartir técnicas de control político, a intercambiar listas de vigilancia de disidentes y a fomentar acuerdos para el rechazo forzoso de exiliados y refugiados que son calificados de terroristas.

Debemos enfrentarnos al hecho de que los regímenes antidemocráticos son más influyentes y ya no se limitan a frenar el avance de la democracia, sino que han puesto en marcha un plan para hacerla retroceder. Hace tan solo una década, pocos observadores políticos podían imaginarse algo así.

Este aumento de la influencia de los regímenes autoritarios se produce en el mismo momento en que EE UU y la UE están moderando sus ambiciones en lo que respecta al apoyo a la democracia y a los valores en los que esta se basa. Ahora, cuando han transcurrido solo dos décadas y media desde la caída del muro de Berlín, los principales regímenes autoritarios muestran una mayor solidaridad y coordinación entre ellos, al menos en lo que se refiere a contener la expansión de la democracia.

Quizás no debería resultar sorprendente que la actual oleada autoritaria esté cobrando fuerza en una época en la que el malestar parece estar apoderándose de las principales democracias del mundo. Sin duda, algunos de sus puntos débiles frente a la creciente amenaza autoritaria son consecuencia de la crisis económica mundial y de la persistente pérdida de confianza que se ha engendrado en Occidente.

En términos más generales, las democracias consolidadas se han distraído con sus propios debates políticos y problemas internos. Aunque es verdad que los autócratas tienen puntos débiles políticos y económicos intrínsecos, como la corrupción masiva desenfrenada, sería un disparate subestimar la amenaza que suponen los regímenes autoritarios.

Para que los avances democráticos de las últimas décadas perduren, las democracias del mundo deben responder al desafío del resurgimiento del autoritarismo. Para empezar, deben recuperar la confianza en sus propios valores y mejorar el funcionamiento de sus instituciones deficientes. En segundo lugar, tienen que tomar medidas para impedir que los regímenes autoritarios conviertan en irrelevantes a los principales organismos regionales y mundiales basados en normas. Y en tercer lugar, las democracias deben mostrarse mucho más decididas en sus esfuerzos por competir en el mercado de las ideas. Los renacidos autócratas se toman muy en serio la influencia sobre la opinión pública y sobre lo que se piensa en otros países; y también deben hacerlo los demócratas.

Esto exige dar un nuevo impulso a los medios de radiodifusión internacionales y a la diplomacia pública, haciendo un uso intensivo e innovador de las redes sociales. También debería conllevar iniciativas muchísimo más amplias para traducir a otros idiomas y difundir los conocimientos y las ideas democráticas.

Por último, las democracias consolidadas deben mostrar una mayor solidaridad con los nuevos países democráticos, como Túnez y Ucrania, que tratan de apuntalar contra viento y marea unas instituciones representativas. Dado que las ambiciones de los regímenes autoritarios son cada vez mayores, lo que se juegan las democracias es demasiado importante como para no participar en esta competición.

Christopher Walker es vicepresidente de estudios y análisis de National Endowment for Democracy.Marc F. Plattner y Larry Diamond son copresidentes del Research Council of the International Forum for Democratic Studies. Los tres han coeditado el libro Authoritarianism Goes Global: The Challenge to Democracy.

 

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China Suspected in Hack of Tiananmen Anniversary

China suspected in hack Tiananment aniversary

Victims of Communism website attacked, teleconference disrupted

Computer hackers supporting China’s Communist government on Friday shut down the website of an anti-Communist group in Washington and disrupted an international online meeting highlighting the 1989 Tiananmen massacre in Beijing.

The sophisticated cyber attack against the website of the Victims of Communism Memorial Foundation took place Thursday and Friday as the group released a video on the massacre and then attempted to hold an online conference involving Tiananmen survivors and other human rights activists, said the foundation’s president, Marion Smith.

Smith believes the Chinese government was behind the cyber attack.

“I can’t imagine anyone else who could spend the time and resources to do what was done,” he said in an interview.

In addition to the web site hacking that included the theft and destruction of online files, the hackers also attacked the Cisco Systems-owned online conferencing service WebEx, which suffered a large-scale outage of service for several hours before service was restored.

A third cyber attack was carried out against the Pew Charitable Trust, which was involved in hosting the foundation’s online conference for some 2,000 people.

An estimated 2 million people worldwide are expected to hold protests on the anniversary of the Tiananmen massacre that is marked annually on June 5.

According to foundation officials, the cyber attacks began Thursday with temporary disruption of the Internet service at the group’s headquarters on New Jersey Avenue in Northeast Washington.

Then on Friday, the cyber attacks accelerated, coinciding with the release of an online video on the Tiananmen massacre, when Chinese communist leaders called in military forces to crush thousands of pro-democracy protesters who had camped out in Beijing’s main square.

China’s communist government has never admitted to killing hundreds of protesters and executing scores more afterward.

The hackers flooded the conferencing service with calls in what is known as a denial of service attack during a private teleconference Friday.

The attack knocked out the conference of some 30 representatives from Hong Kong, Germany, France, Australia, and the United States who were preparing for a larger online conference that was to follow.

The foundation website remained shut down as of Friday afternoon as technicians attempted to restore service.

Smith said the FBI, which investigates domestic cyber attacks, was notified and said they were conducting a preliminary investigation.

The conference was able to continue by using cell phones and live-streaming on Facebook, he said.

“We will continue to try to establish a record and the facts about what occurred in May and June of 1989 in China,” Smith said. “It is a secret so terrible that groups will go to great lengths to prevent us from exercising our right of association and free speech here in Washington.”

Smith said his group has preserved records and taken steps to assist the FBI with its investigation.

If the likely Chinese government role is confirmed, the U.S. government should protest the hacking to Beijing, he said.

The U.S. government should take steps against China for attempting to curb American freedoms through such hacking by pro-China entities, Smith said.

The foundation sponsored a candle-light vigil Friday night at the Victims of Communism Memorial, which will include survivors from Tiananmen.

“We’ll continue to remember the victims, seek justice, and we will continue to establish a record of what occurred at Tiananmen in 1989 even as China exercises its state power to erase those events from world memory,” Smith said.

An FBI spokeswoman had no immediate comment.

Bill Gertz is senior editor of the Washington Free Beacon

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Tiananmén: Tumba de la tesis democratizadora del ‘acercamiento’

Tiananmen tumba del acercamiento

1989 fue un año importante. La caída del Muro de Berlín en noviembre fue el emblema que oficializó la extinción virtual del comunismo soviético. Paradójicamente, cinco meses antes en China, el comunismo asiático consolidó su modelo innovador de una economía de mercado mercantilista con un Estado marxista-leninista, a plomo indiscriminado. ¿Cómo se puede racionalizar esta incoherencia histórica abismal? La explicación yace en el formulario político diferente que las democracias aplicaron a estos dos regímenes totalitarios, particularmente los EE UU, y los frutos divergentes de dichas acciones.    
 
Para lidiar con la expansión subversiva de la Unión Soviética, los EE UU después de la segúnda Guerra Mundial puso en práctica las políticas norteamericanas de Estado conocidas como la Doctrina Truman y la Doctrina Reagan. Ambas constituían una postura de enfrentamiento. La primera se forjó para contener el comunismo soviético. La segúnda no se detuvo en la contención y prosiguió a provocar la reversión del marxismo internacional bajo el eje de Moscú. El desplome del imperio soviético que inventó Lenin, fue el resultado.     
 
Los comunistas chinos, tan crueles y comprometidos con el marxismo-leninismo como los rusos, recibieron otro trato de los EE UU a partir del inicio de la década de los 1970´s. La lógica de la discursiva oficial fue que el acercamiento, en lo político, dividiría el orbe socialista y que sería más beneficioso tener a los chinos de nuestro lado. La noción pensada detrás del matrimonio comercial entre China roja y el Occidente democrático (la parte económica de la tesis) fue que el contagio del capitalismo anularía la malignidad del socialismo. La democracia, insistían sus proponentes y defensores, llegaría en unos años.
 
Lo cierto es que los escépticos estaban en minoría al principio. Después de todo, la tesis del acercamiento con su principio de que del entrelazamiento comercial brota la modernidad y con ella una transición inevitable hacia la democracia, había dado resultados sólidos cuando se aplicó a dictaduras autoritarias a través de los 1970´s y 1980´s. Fueron mucho los que apostaron que dictaduras de corte totalitario no podrían resistir tampoco la tentación racional del mercado (como si el mercado fuera propiedad exclusiva de las democracias) y tendrían que sucumbir ante la fuerza superior del capitalismo. ¡Qué equivocaron estuvieron los que creyeron que el modelo económico tiene primacía sobre el político y el ético! Treinta y ocho años de evidencia devastadora ha falsificado la aplicabilidad de la política de acercamiento como un agente de cambio democratizador viable. Los pensadores serios que aún apuestan en la capacitación del comunismo asiático (“modelo chino”) en transitar hacia mares democráticos, hoy sólo encuentran la hospitalidad intelectual de un desierto árido y desprestigiado.
 
La muerte de Hu Yaobang, un reformador que favoreció extender las reformas al ámbito político, conllevó a protestas estudiantiles que inició una corriente que ensalzó las aspiraciones democráticas de todo un pueblo que interpretó la liberalización económica como una luz verde para pedir lo mismo en lo político y lo civil. Las manifestaciones se produjeron en más de cuatrocientas ciudades a través de China. Fue, sin embargo, en la mítica Plaza de Tiananmén dónde más se reflejó ese deseo de cambio. Durante la más de siete semanas que duraron las manifestaciones, más de un millón de chinos pasaron y se acamparon en la plaza. La mayoría eran estudiantes y trabajadores. Esto fue la prueba de fuego para el comunismo asiático.
 
Zhao Ziyang fue Primer Ministro del régimen chino (1980-1987), Secretario General del Partido Comunista Chino (“PCCh”) (1987-1989) y uno de los arquitectos del proyecto llamado “socialismo con características chinas” (“modelo chino”). Zhao, un colaborador estrecho de su predecesor a cargo del PCCh, Hu Yaobang,  cayó en desgracia con sus homólogos del Politburó al abogar por reformas que separarían el Partido del Estado (paso fundamental para quebrar el despotismo totalitario) y apoyó los manifestantes contestatarios. Al violar el principio leninista de centralismo democrático, fue separado de su cargo y sentenciado a quince años de cárcel domiciliaria. Deng Xiaoping, dictador máximo de China roja, convenció a la élite reaccionaria y poderosa del PCCh que sí se podía tener una economía con rasgos capitalistas, sin tener que prescindir de un Estado dictatorial de dominación total. La respuesta del régimen despótico de Pekín fue contundente y bárbaramente cruel.  
 
La movilización del titulado Ejército Popular de Liberación (las fuerzas armadas chinas) sobre la Plaza de Tiananmén fue mayor de la que se llevó a cabo durante incidentes bélicos de fronteras con Vietnam, India y la URSS. Estimados conservadores colocan las cifras de las fuerzas represivas en alrededor de 250,000 efectivos que estaban constituidos en gran medida, por batallones élites y no cuerpos de infantería regulares. Tiraron con tanques y armamentos pesados de guerra, no con alternativas menos letales y más aptas para contener a civiles desarmados.
 
Algunos diplomáticos presentes han estimado que fueron más de mil las víctimas inocentes. Otros, como Pavel Stroilov, un historiador ruso que tuvo acceso a los archivos secretos de Mijaíl Gorbachov, coloca la cifra en más de tres mil. En adición a los asesinados en sangre fría, hubo más de diez mil heridos y otros incontables miles que fueron arrestados, desaparecidos o defenestrados. Otra baja, seminal e incalculable, ha sido la desnaturalización de la ética democrática y la moralidad en el mundo libre a consecuencia de la consolidación del modelo chino.
 
La dictadura comunista china, en su ataque desproporcional e injustificado a la población civil en ese espacio público, fue a la guerra para preservar integralmente su régimen comunista con matices económicos capitalistas. Deng fue claro y no engaño a nadie. Desde el Undécimo Congreso del PCCh en 1978 (cuando se iniciaron las modificaciones económicas), Deng habló de las nuevas adaptaciones que buscaba “integrar” al marxismo con “realidades chinas”, fortaleciendo las fuerzas productivas para mejor promover un orden socialista. Todo el planteamiento del comunismo asiático (modelo chino) fue diseñado para coexistir con la ideología marxista y simplemente desarrollar la capacitación productiva y así impactar sus relaciones, pero todo dentro del contexto ideológico del marxismo. Tomando en cuenta que la meta del dogma marxista es la conclusión de la alienación, Deng no estaba discrepando con Marx, Lenin o Gramsci.       
 
Quitando algunos reformadores dentro del PCCh  (hoy desaparecidos o invisibles), los que se han confundido con el modelo chino no han sido los comunistas de Pekín. Los errados han sido los políticos, los intelectuales y los empresarios demócratas (y otros más) que confundieron las reformas económicas con cambios sistémicos. Naturalmente, los intereses mercantiles del Occidente aportaron mucho para que este producto fraudulento Made in China fuera empaquetado para mermar inconsistencias morales de la realidad en China con las expectativas democráticas que prometieron. Esas siete semanas entre abril y junio de 1989 en China, evidenció la consolidación del fatídico modelo del neocomunismo que vemos hoy.
 
 
La Masacre de la Plaza de Tiananmén aquel 4 de junio de 1989, demostró la evidencia de la inmunidad al contagio democrático que dictaduras comunistas con economías mercantilistas de mercado poseen. Ahí quedó aplanada, no sólo la esperanza del pueblo chino y la ética democrática del mundo civilizado. También quedó acribillada la tesis de acercamiento con dictaduras totalitarias, con su propuesta de comercio y conciliación, como mecanismo para facilitar la democratización. Los que aún sostienen fe en esta fórmula, lo hacen sin ningún respaldo empírico. ¡Ninguno! Todo lo opuesto. China, Vietnam y Laos, los ejercitantes de este modelo neocomunista, están más fortalecidos que nunca como regímenes dictatoriales. Los cubanos harían bien en tener presente el 4 de junio y la realidad fehaciente e integral de Tiananmén.

Ver el documental:

Masacre de Tiananmén: Documental DESCLASIFICADO ►

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The Washington Post cuestiona cooperación militar entre EEUU y Cuba

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Según el Post, normalizar los lazos militares con la isla implica que los militares cubanos son moralmente equivalentes a sus homólogos del continente, cuando en realidad son cómplices de la represión política y la corrupción.

Un editorial del periódico The Washington Post cuestiona este martes el reciente hábito de Estados Unidos de dar participación a Cuba en su entorno militar de lucha contra delitos comunes en el continente, como el narcotráfico y el tráfico de personas.

El Post hace un recuento de la presencia de varios funcionarios cubanos en una base aérea en Cayo Hueso, en abril pasado, como invitados del comando militar estadounidense para América Latina, y recuerda que algunos de ellos desempeñan un papel destacado en la represión a los activistas de derechos humanos en la isla, como es el caso de Idael Fumero Valdés, jede de Investigaciones de la Policía Nacional Revolucionaria (PNR).

Sobre el subdirector de la división de América del Norte del Ministerio de Relaciones Exteriores, Gustavo Machín Gómez, quien encabezó la delegación cubana en la reunión de Cayo Hueso, el Post recordó su expulsión de EEUU en noviembre del 2002, por actividades de espionaje.

Gustavo Machin Conferencia Seguridad 

El editorial señala que, al parecer, la Administración Obama tenía una agenda más amplia en mente cuando aceptó por primera vez la participación de La Habana en la XIV Conferencia de Seguridad del Caribe, auspiciada por el Comando Sur de Estados Unidos, que tuvo lugar en enero pasado en Kingston, Jamaica.

El diario estadounidense afirma que los militares latinoamericanos valoran la legitimidad que viene acompañada con los lazos con sus homólogos estadounidenses, y alaba el logro de la política exterior de Washington hacia América Latina de condicionar la cooperación y la asistencia militar al respeto al estado de derecho y los derechos humanos.

Según el Post, normalizar los lazos militares entre Estados Unidos y Cuba con la excusa de combatir las drogas y otras amenazas comunes implica que el poder de los civiles ya no es tan importante, y que los militares en Cuba son moralmente equivalentes a sus homólogos del continente, cuando en realidad son cómplices de la represión política y la corrupción.

Por último, el editorial subraya que una legislación pendiente en el Congreso de EEUU podría bloquear la completa normalización de las relaciones militares con Cuba hasta que en la isla se democratice. Mientras, Washington no debería -advierte el Post- comprometerse en una relación con los opresores del régimen castrista.

Fuente Martí Noticias

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