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Patria de Martí Artículos y Ensayos

El Totalitarismo Chic

ThomasSowellEl Totalitarismo Chic por Thomas Sowell

Prolífico autor, columnista y profesor norteamericano. Obtuvo un Doctorado en economía de la Universidad de Chicago. Colabora con la Institución Hoover.

Algunos de los que se oponen con más firmeza a la deslocalización de las actividades económicas de Estados Unidos a otros países a menudo parecen pensar que sí debemos subcontratar nuestra política exterior a la "opinión mundial", o actuar sólo junto a "nuestros aliados de la OTAN".

Como tantas cosas que se dicen cuando se trata de asuntos de interés público, se presta muy poca atención al verdadero historial de la "opinión mundial" o al de "nuestros aliados de la OTAN".

A menudo se asume de plano que los países europeos son muchísimo más sofisticados que los "vaqueros" americanos. Pero increíblemente hay muy poco interés en el historial de los sofisticados europeos a quienes se supone debemos consultar sobre nuestros propios intereses nacionales, incluyendo nuestra supervivencia nacional, en un momento en que los terroristas pueden adquirir armas nucleares.

A lo largo del siglo XX, los supuestamente sofisticados europeos se las ingeniaron para crear algunas de las formas de gobierno más monstruosas sobre el planeta (comunismo, fascismo, nazismo) en tiempos de paz. Además, iniciaron dos guerras mundiales, las más sangrientas de toda la historia de la humanidad. En cada una de ellas, tanto los ganadores como los perdedores acabaron mucho peor de lo que estaban antes de que las contiendas se iniciasen.

Después de ambas guerras mundiales, Estados Unidos tuvo que intervenir para evitar que millones de personas en Europa murieran de hambre en medio de los restos y escombros que sus guerras habían creado. No me parece que sea gente ante cuya sofisticación debamos ceder.

Entre las dos guerras mundiales, los intelectuales europeos, más que la gente de a pie, malinterpretaron por completo la amenaza de la Alemania nazi y se dedicaron a impulsar el desarme en Francia e Inglaterra, mientras Hitler aceleraba la creación de la mayor fuerza militar del continente, con el objetivo evidente de dirigirla contra los países vecinos.

Durante la Guerra Fría, muchos intelectuales europeos volvieron a malinterpretar la amenaza de una dictadura totalitaria, soviética en este caso. Cuando finalmente reconocieron la amenaza, muchos se preguntaron qué sería mejor, "ser rojos o despojos". No estaban más preparados para hacerle frente a la Unión Soviética de lo que lo habían estado para responder a la Alemania nazi en los años 30.

Peor aún, buena parte de la élite intelectual europea se oponía a que Estados Unidos le hiciera frente a la Unión Soviética. Muchos de ellos se mostraron consternados cuando Ronald Reagan resolvió la amenaza de nuevos misiles soviéticos que apuntaban a Europa Occidental desplegando más de los suyos dirigidos a la Unión Soviética. En efecto, Reagan avisó a la Unión Soviética y los puso, mientras que muchos de los sofisticados europeos, así como buena parte de la élite intelectual americana, sostenían que su política nos llevaría a la guerra. En vez de esto, nos llevó precisamente al fin de la Guerra Fría. ¿Debemos imitar ahora a aquellos que tanto, tanto y tantas veces se han equivocado en los últimos cien años?

www.libertaddigital.com

Creators Syndicate, Inc.

¿De quién colgarán los cuadros?

shelyn¿De quién colgarán los cuadros? por Shelyn Rojas

Natural de Cuba. Es una periodista independiente.

En el 1959 la mayoría de los religiosos de la isla cambiaron los cuadros del Sagrado Corazón de Jesús por los del líder rebelde joven, barbudo y vestido de verde. Este sería el vaticinador a adorar a partir de ese momento. Algunos pedían perdón y escondían las imágenes sagradas que los comprometían. Otros fueron perseguidos por defender su fe. Terminaron presos o en el exilio.

Décadas después, en 1991, el líder rebelde dio "riendas sueltas' a los religiosos y hasta los admitió en el Partido.

Tales riendas no serían tan sueltas. De una forma u otra debían estar afiliados al gobierno. De no estar de acuerdo, serían perseguidos como los primeros creyentes. La diferencia estaba en que ya se podía tocar un tambor a Yemayá o sacrificar animales a algún santo africano. Claro, siempre con el consentimiento del poder absoluto.

Los católicos no tuvieron esa oportunidad. No pudieron celebrar la Navidad ni peregrinar con la imagen de la Virgen por las calles hasta después de la visita del Papa Juan Pablo II. Un acontecimiento que nunca olvidaré. Fue en la plaza de José Martí, la antigua Ermita de los Catalanes. El día de la misa del Santo Padre se escucharon gritos de libertad.
Y así la isla fue evolucionando con respecto a la religión.

Una de las creencias más escondidas practicadas en la Isla ha sido la de los seguidores de Buda. Gracias al comercio con los chinos, ¿podrán las instituciones Budistas darse a la luz? No sé. Los comunistas chinos hostigan lo mismo a budistas, cristianos que a seguidores de Falung Gong.

Aquellos que traicionaron a sus avatares y a su fe, no pensaron al hacerlo, que sólo eterno es, llámenlo como lo llamen, Dios.

Pregunto a aquellos que abandonaron su fe: ¿De quién colgarán los cuadros dentro de unos años?

www.religionrevolucion.blogspot.com

Niñez de Martí

rosaelenorNiñez de Martí por Rosa L. Whitmarsh

Nativa de Cuba. Es columnista del Diario Las Américas, comentarista de Radio y Televisión Martí y profesora del Miami Dade Collage (Miami, FL. EE. UU.). Ha ejercido la pedagogía en Vassar Collage (Poughkeepsie, NY) y la Universidad Anahuac (México, D.F.). Tiene un Doctorado en Filosofía y Letras de la Universidad de La Habana (La Habana, Cuba).

Vino desde la tierra a ascender sobre el musgoverde
e inexpugnable por la ley del decreto;
en tierra colorada yacía su provincia;
el faro de la costa, luciérnaga abrigaba.

Dulcemente sus juegos con la lluvia trenzaba
y en charcos sus juguetes de lodo los llenaba;
aspiraba el pequeño el latido del aire.
¡Qué impulso señalaba su reloj en la arena!

No eran horas de tedio las de serios reproches,
cuidar a sus hermanas o escuchar los sinsontes.
Las noches bien oscuras con sus grillos cantores
entonaban secretos sones reproductores
y el oleaje que ronca soslayaba la calma.

******
El chiquillo delgado es hábil en canicas
y ayuda en las aguadas con su fuerza de hombre;
el padre no se halla al tanto de esas cosas
que afanan al pequeño responsable de todo,
cual hombre entre otros hombres.

El niñito José se crece con Mendive,
de sus labios recibe el alma de la Patria:
lecciones superiores de hondo contenido;
Mendive se percata de una rara tristeza
y alerta le da un giro, un tono, una esperanza,
al alma de ese niño al que el peligro asecha.
¡El niño está salvado! ¡Como que tiende el ala
germinal al espacio, al ramaje distinto!

******
¡Qué comparsa de negros
en alba de estertores
pasó por sus sentidos
de origen españoles!

¡Qué comparsas de albahaca
perfumaron los sones
incipientes, cubanos,
criollos, pre-danzones!

¡Qué acentos aspirados
en eses diluidas
por las calles polvosas
intramuros sonaron!

******
De barcos bergantines
ululan las sirenas;
los sacos almacenan
el azúcar de Guines.

Hay olores a puerto, a calesa y botines,
a chaqué, mariposa, brea ,candil, oliva,
*******
La barquita de Regla pone remos al agua;
la familia de Pepe fue a pasear un domingo;
el pitazo de un buque a ultramar lo dirige.

Por la calle Empedrado, por Muralla, Galeano,
(si Luis con e)
pasea con su padre;
conoce de profundis los linderos del Príncipe.
Tampocos son ajenos
el Torreón de San Lázaro, la estación de los trenes,
la calle de la Infanta, el Paseo del rey Carlos
Tercero; transitable, convertido en calzada
de madera,
que cubre los lodos infernales.

**********
Asomarse a los muelles,
ver despegar los barcos;
separar los acentos
del bozal y del blanco,
el hispano del criollo,
y ¡elegir el cubano!

*******
Es la niñez del niño
de la calle de Paula;
allí nació ese niño
con número de cábala,
de La Habana en su entraña.

*****
Se aseaba en la jofaina y su lecho era seco;
los frutos de la tierra comía desde niño:
guanábana, mango, anón y mamoncillo.
Su madre cocinaba calabaza amarilla
y garbanzo y fabada.
Y el Día de los Fieles Difuntos respetaba.

*******
Así surgió el criollo: de Yara y sus principios,
la tierra, el aire limpio
del puerto y los corales
de la costa cercana;
del pensar del Maestro;
de ese viaje al Hanábana,
al palmar, las veredas, al plantío,
la sabana de caña, la décima guajira,
la dimensión de Patria:
ese viaje toral al ombligo de Cuba;
¡ ese viaje al Hanábana!

******
La sangre destilada en la triste cantera
la sabe necesaria.Le da una nueva vida
saber que hay que romper
las cadenas de España.

*********
Ya no hay negro ni blanco ! tan solo hay cubanía!
el pitazo de un barco lo traslada de puerto
y Cadiz lo recibe ventoso . A él , transformado.
Terminó el primer ciclo, del musgo a la palmera;
! los sinsontes de Cuba desde el alba lo esperan!

La Libertad de Expresión Robada

raulromanmotassmallLa Libertad de Expresión Robada por Raúl Ramon Mota

Nacido en Cuba. Licenciado en geografía de la Universidad de La Habana. Ha ejercido como meteorólogo en el Instituto de Meteorología de La Habana y en la Facultad de Geografía de la UNAM (México, D.F.).

En el de cursar del siglo XX el socialismo marxista, más que cualquier otra dictadura, se constituyó por antonomasia en una gigantesca usurpación. Esta nueva ideología de intenciones redentoras, disfrazada de ciencia pasó a convertirse casi de inmediato en un nuevo orden represivo. Se establecía de hecho el pulso formidable entre su real esencia y la quimera que la férrea censura posibilitaría mantener por varias décadas. En esencia iba a contenderse de nuevo el desafío entre una realidad perceptible adversa y la naturaleza espiritual del hombre, que pretende excluirse de aquella. Los fantasmas del autoritarismo esclavista y feudal pervivirían con el ropaje de los nuevos tiempos, ocultando su real carácter bajo la nueva apariencia ahora denominada marxista y revolucionaria.

En la dictadura socialista, una única ideología, o mejor, una exclusiva interpretación de ella caprichosamente adaptada a las inclinaciones e intereses de los que mandan es la válida, ya que la autorización de otras ideas conduciría a denunciar, por su mera existencia, la credibilidad del sistema. De manera que reviven las condiciones para que un sólo hombre, cima en la pirámide de la autoridad, usurpe el mérito que demagógicamente dice reconocer en esa entidad colectiva y caprichosamente filtrada llamada pueblo, asumiendo los poderes del estado que diluye y subyuga, usufructuando el patrimonio nacional que luego arruina, alzándose sobre la moral que luego corrompe, desvirtuando la cultura que potencia para que le sirva de turiferario y tergiversando una historia rescrita a tono con el último discurso oficial; en resumen, el líder pasa a monopolizar esa abarcadora entidad emotiva engarzada con la historia nacional conocida con el nombre de patria. Para lograr tamaña autocracia no hay mejor medida que suprimir uno de los derechos más preciados del hombre, que es su libertad de expresión. La supresión de este derecho, en proporciones nunca vistas en la historia moderna, fue el arma formidable del socialismo marxista o comunismo; facilitó su triunfo pero también fue la burbuja de luz atrapada que a manera de bomba de tiempo lo demolería definitivamente en su momento preciso. El pretexto para cometer este crimen histórico fue el de creerse y hacer creer, a fuerza de alimentar el fanatismo de los abajo y de aprovechar esta ocasión excepcional para ejercer el mando inimputable de los de arriba, que se establecería, al fin, la felicidad e igualdad definitivas sobre la tierra. Bajo tales prerrogativas, la eliminación del enemigo en todas sus facetas adquiriría carácter de emergencia: el odio de clases y la intolerancia podrían por consiguiente alcanzar dimensiones dantescas.

Es ofensiva la negación del derecho al libre discernimiento a ese ser humano al que se dice cuidar y educar con determinación revolucionaria. No puede ser bueno lo que gobierna imponiendo una bondad que se machaca en el alerta de cada día, porque la bondad, como cualquier virtud que se dispense auténticamente, arrastra consigo el riesgo del cuestionamiento y la ingratitud, preferibles en condiciones de libertad a la hipocresía o el rebañismo rutinario de las dictaduras. Humilla tener que vivir en asfixia de libertad por los tabúes con que una sociedad autoproclamada modelo descalifica la sinceridad de la persona. El hecho de impartir una instrucción obligatoria debe ser para intentar formar hombres cultos, cuestionadores y de criterio independiente que no sientan temor a expresar lo que piensen y sin que el ejercicio de este acto natural se convierta en una osadía o en un arte de malabarismo verbal.

En Cuba la opresión al pensamiento libre se ha pretendido compensar con mano más blanda en la licencia al libertinaje en las costumbres y relaciones interpersonales. Aunque a partir de los ochentas se evitó el aislamiento extremo de la Corea Zutche del camarada Kim o de la Albania de Hoxha, las alucinaciones productivas de la China de Mao o el terror fantasmagórico de la Kampuchea de Pol Pot --las cuales operaron bajo un insolente culto a la personalidad, para mencionar sólo algunos de los experimentos totalitarios coexistentes con el cubano--, no se pudo en cambio evitar que Cuba sea considerada por muchos, por su perdurabilidad faraónica, una especie de vivero ideológico congelado en el tiempo material de medio siglo atrás, para advertencia de unos, nostalgia de otros y escarmiento para los nativos.

Pero llegado el caso, a la orden del Jefe, lo mismo se puede agredir, humillar o fusilar, dado el caso, al enemigo externo o interno, que festejar singulares proezas de alguna de las numerosas victorias sacadas de la lista de espera de las efemérides revolucionarias. De fondo, sirva la escenografía de un país económicamente aniquilado, desquiciado emocionalmente por la empecinada dirección de un orquestador de pasiones que sintoniza, según sus intereses mesiánicos y con todo el poder de su talento, su experiencia brutal y el dominio absoluto que ejerce sobre los medios informativos y represivos, el estado anímico y disposición de su rebaño.

La glásnost (transparencia) resultó ser ese haz de luz que cegó y deshizo al imperio colectivista de la ex Unión Soviética, madre patria del socialismo real del siglo XX, al que el gobierno de Cuba se suscribió aportando una de las variantes más despilfarradoras e ineficientes. Por primera vez, la alta dirigencia soviética, en un arranque de necesitada renovación, audacia y romanticismo se dejó cuestionar. Se arrancó la mordaza de unos labios que se suponían completamente domesticados. Pero luego del júbilo inicial por la liberación, llegó la confusión que acabó colapsándola ante la evidencia de una realidad hasta entonces reprimida. El escrutinio alcanzó los tétricos archivos de la época fundacional de Lenin y del incompasivo período estalinista, en los que la gloria y el crimen solían mimetizar sus contenidos. Por fin cada cual podía hablar sin tapujos sobre su propia experiencia o de lo que realmente creía, y se comenzó a oír con actitud diferente muchas cosas de las que antes apenas se sabía o se permitía saber, o sobre las que se había mentido acorde al estilo de inquisición proletaria por tantos años padecida. El gran país cayó, fulminado y confuso, desmembrado por la deserción natural de comarcas que nunca debieron pertenecerle. Era el hasta entonces inconcebible fin, a pesar de su temible maquinaria de guerra, con sus aviones, tanques y naves espaciales, de su experimentado y fanático aparato inquisitorial, a pesar de sus universidades y científicos, o de su historia falseada, o de sus ajedrecistas y deportistas famosos. También relucían ahora al sol la fea cara de las cárceles con sus borrachos, criminales y con su gente honrada, y de los manicomios, con sus locos y disidentes. No pudo el país soportar condiciones de libertad nunca antes experimentadas. La claridad momentánea desconcierta para quien ha vivido mucho tiempo en tinieblas y luego asusta verse a la luz las entrañas alimentadas por décadas de falsa apología, triunfos eternizados y reiteradas campañas de indignación o jubileo. Es que no han hecho bien, a no ser retardar a dolor y sangre el curso predestinado de la historia, las montañas de libros doctrinales concebidos con la torcida vocación redentora del odio y la exclusión.

La colectividad socialista, con sus todopoderosos cabecillas de masas resultó a su pesar, como todo poder opresivo, altamente desvirtuadora. Decenas de millones de muertos y represaliados a nivel mundial, generaciones enteras desorientadas por el desconocimiento real de lo que acaecía al otro lado del muro, sentenciados a ser víctimas de vidas mañosamente trabajadas por la astucia y poder de los que mandan, predestinados a constituirse en beneficiarios de una instrucción recibida a cambio de incondicionalidad y omisiones vergonzosas y a ser herederos de una penuria que se va haciendo más aguda en la medida en que se esquilma el patrimonio creado por el pasado que se dice aborrecer, forma parte también del saldo forzoso que ocasionan los que se aferran a su mando inimputable.

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