Patria de Martí Artículos y Ensayos
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- Fuente/Autor: Alvaro Vargas Llosa
En las misiones de Chávez por Alvaro Vargas Llosa
Nacido en Perú, es Académico Asociado Senior y Director del Centro Para la Prosperidad Global en The Independent Institute y columnista sindicado del Washington Post. Obtuvo su B.S.C. en Historia Internacional de la London School of Economics. Ha sido miembro del Directorio de la Miami Herald Publishing Company , director de la página editorial y columnista en el Miami Herald.
Tras una extenso recorrido por los barrios pobres de esta capital, estoy convencido de que el presidente venezolano perdió el reciente referendum con el que procuraba legitimar su intención de buscar la reelección indefinida no porque sus compatriotas valoran la democracia sino porque sus programas sociales se están desmoronando. En los barrios de Petare, Catia, Baruta y otras zonas, el modelo nacional-populista está colapsando.
A través de una red de "misiones", el gobierno ha venido utilizando los ingresos petroleros para proporcionar alimentos, vivienda, educación, servicios de salud y automóviles a millones de venezolanos. En teoría, los pobres están disfrutando de la "justicia social" que les fue negada durante décadas de elitismo. En realidad, las misiones están plagadas de corrupción, corroídas por la ineficiencia y severamente golpeadas por la inseguridad y las escaséese que se han convertido en el drama cotidiano de la sociedad venezolana.
La misión "Barrio Adentro" era manejada, originalmente, por unos 30.000 médicos cubanos. En la actualidad, muchos de esos centros de salud están cerrados; el resto carece de personal suficiente. "Los cubanos se están yendo", explica Félix, un cooperante social de Baruta, "porque no se les paga, porque son víctimas del crimen rampante o sencillamente porque se han mudado: sólo se ofrecieron a trabajar en Venezuela como una excusa para salir de Cuba". En algunos casos, el gobierno jamás suministró los fondos necesarios para finalizar la construcción de una clínica. En Baruta, donde una desolada obra a medio hacer recuerda al vecindario local que, como dice Félix, "un abismo separa la realidad de los discursos". No me sorprende que, según la Universidad Andrés Bello, el 60 por ciento de los centros de salud de "Barrio Adentro" no estén funcionando.
La misión "Mercal", una serie de supermercados en los cuales los pobres pueden en teoría adquirir alimentos a precios extremadamente bajos, tampoco va bien. Debido a los controles de precios, los productos esenciales han desaparecido de los anaqueles. La gente forma colas durante horas para comprar alimentos o leche. En algunos casos, como me dijeron en Petare, los productores han cesado sus actividades por los controles de precios; en otros, la gente que administra los supermercados vende los productos de primera necesidad por debajo del mostrador a quienes tienen la posibilidad de pagar más.
Los comedores, que supuestamente sirven comidas gratuitas a 150 venezolanos en cada vecindario todos los días, se han vuelto víctimas de los faltantes crónicos. Jesús, un simpatizante de Chávez que administra un comedor en el barrio Unión Petare, me dijo que no atendería a sus vecinos hasta la próxima semana, cuando espera obtener algunas nuevas provisiones. ¿El resultado? "Los escuálidos", concluye, empleando el término con el que Chávez se refiere a sus críticos, "ya son mayoría por aquí".
La corrupción ha erosionado el prestigio de la misión "Hábitat" a través de la cual el gobierno supuestamente reparte cheques a los venezolanos de pocos recursos para que puedan adquirir una casa. No es infrecuente que un aspirante a propietario descubra que una persona misteriosa ha cobrado el cheque usando su nombre. "La misma gente que reparte los cheques los cobra en beneficio de sus parientes", explica Eladio, cuyo sobrino, según me cuenta, vivió recientemente esa experiencia.
La decisión de hacer que los automóviles estén disponibles para millones de venezolanos ha significado que Caracas sea en la actualidad un infierno de tráfico. "Con el dinero que gasto en gasolina en un día en los Estados Unidos puedo conducir durante todo un mes aquí", dice Virginia, una productora de televisión que viaja constantemente entre Caracas y Nueva Cork y pasa buena parte de su vida en el auto. "¿De qué les sirve a millones de personas poseer autos si desperdician gran parte de sus vidas en el tránsito''.
La misión "Sucre", que ayuda a los adultos a completar su educación secundaria, también está generando problemas. Los beneficiarios tienden a asistir a las universidades controladas por el gobierno que exigen pocas calificaciones. Por eso, numerosas profesiones están saturadas y los venezolanos se quejan de no ser capaces de obtener un empleo a pesar de sus credenciales. Junto con una tasa de inflación del 30 por ciento anual, el cierre de miles de comercios debido a las reglamentaciones socialistas, las usurpaciones de tierras y las nacionalizaciones ha lesionado la capacidad productiva del país—y en consecuencia la demanda de trabajadores.
"El gobierno llevó a los venezolanos a creer que podían convertirse en una sociedad de consumo sin producir nada", afirma Luis Ugalde, el presidente de la Universidad Andrés Bello, "y los resultados ahora hablan por sí mismos".
Cuando le pedí que me hablara acerca de las misiones de Chávez, Beatriz, una cooperante que pasa su tiempo en Catia, me respondió: "Una no puede hablar de lo que no existe". No es una mala fórmula para resumir al modelo nacional-populista de Venezuela.
www.elindependent.org
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- Fuente/Autor: Armando Ribas
Terrorismo Humanitario por Armando Ribas
Es abogado, profesor de Filosofía Política, periodista, escritor e investigador cubano que reside en la Argentina. Se graduó en Derecho en la Universidad de Santo Tomás de Villanueva, en La Habana y en 1960 obtuvo un master en Derecho Comparado en la Southern Methodist University (Dallas, Texas, EE.UU.). Es columnista para el Diario de las Américas y otras publicaciones.
La farándula creada alrededor de un hecho dramático, constituye una vez más un asalto a la moral y los más elementales principios de la justicia, es decir a la civilización. Como bien dijera Alberdi: ..." no he visto que la civilización signifique otra cosa que la seguridad de la vida, de la persona, del honor y de los bienes...". Es decir que la civilización es la garantía de los derechos individuales fundamentalmente la vida y la libertad.
¿Qué derecho tiene un movimiento subversivo y criminal como las FARC de mantener rehenes, o sea privar de la libertad a innumerables personas, con el solo propósito de violentar un gobierno elegido libremente y que respeta los derechos individuales? Por tanto ¿en que sentido se puede considerar que la propuesta de liberar a personas detenidas ilegalmente pueda considerarse un acto humanitario? Más aun cuando mantienen en condiciones infrahumanas a otras setecientas personas, entre ellas a Ingrid Betancourt cuya última foto muestra la forma en que son tratados los rehenes, por si había alguna duda.
Según información creíble las FARC tienen un apoyo político en la República Bolivariana. Es indudable la coincidencia ideológica del presidente de Venezuela, con el movimiento terrorista más antiguo de América Latina. Se sabe igualmente que las FARC están asociadas al narcotráfico, o sea que no debiera haber alguna duda de la condición criminal de este movimiento. Por tanto la participación activa de Chávez para la supuesta operación Enmanuel muestra a las claras que más que un intermediario es un representante de dicho movimiento.
La diferencia entre Chávez y Marulanda no es otra que mientras el primero detenta el poder en Venezuela, el segundo lo busca a través de la subversión y el terrorismo. Esta colusión de Chávez con un movimiento subversivo que amenaza la legitimidad del proceso político colombiano constituye una injerencia en los asuntos internos de un país soberano del continente. Por tanto es indudable que esa acción constituye una violación del Tratado de Río de Asistencia Recíproca.
Como antes dije se ha podido comprobar que la FARC constituyen un instrumento decisivo en el tráfico de drogas. Es decir del negocio más proficuo después de petróleo, gracias a la decisión de Estados Unidos de mantener la ilegalidad del comercio de este producto; ignorando por una parte su propia experiencia con el alcohol, y en segundo lugar no menos importante, el principio liminar de la filosofía política americana que es el derecho del hombre a la búsqueda de su propia felicidad. Dicho sea de paso Estados Unidos no obstante la DEA constituye el mayor mercado de drogadle mundo.
No obstante estas realidades indiscutibles, la mera proposición de la FARC de entregar a los tres rehenes ha logrado ser un hecho notorio, inclusive humanitario que ha competido con la media internacional con el asesinato lamentable de la SRA Bhuto en Pakistán. Por supuesto como no podía esperarse menos, nuestro cuasi ex presidente presentó rápidamente para participar de esta pantomima humanitaria con juntamente con el canciller Tatiana, asumido ex montonero, que hoy conduce en lo que le permite la el matrimonio presidencial la política exterior argentina.
Se me antoja recordar que no existe un concepto más sublimado y desde mi punto de vista (Hume mediante) más equívoco que el del humanismo. Hasta Descartes reconoció que: "Los frutos del árbol del conocimiento evitarían las consecuencias de la Caída del paraíso terrenal, o más precisamente efectivamente negarían su veracidad".La ignorancia de esta realidad de la verdadera naturaleza humana (falible como lo reconoce el Evangelio) y sublimada equívocamente, con propósitos políticos, se han sustentado todos los sistemas totalitarios. Así lo expresa claramente Kart Popper en su obra Conjeturas y Refutaciones y dice: "Pero simplemente es un hecho que los grandes dictadores trataron siempre de convencer a sus pueblos que ellos conocían el camino hacia una moral más elevada...la utopía genera la violencia" Y esa utopía del humanismo sublimado en la supuesta igualdad genera el despotismo desde el poder y el terrorismo para obtenerlo.
La historia nos muestra que desde el principio el ser humano estuvo muy lejos de representar el bien como consustancial a su naturaleza. No hay que aceptar el principio de Hobbes de que el hombre es lobo para el hombre, para reconocer la naturaleza humana tal como lo es. De haber sido diferente la guerra no hubiera existido, y el mandato de amar al prójimo como a si mismo es otra prueba evangélica de que el hombre se ama primeramente a si mismo. Por ello dice Hume: "La naturaleza humana no cambia, si queremos cambiar los comportamientos es necesario cambiar las circunstancias".Ese es el proceso de civilización que ha sido la superación del humanismo y que como señala Hume es un aprendizaje de la historia y la libertad un lujo de la sociedad civil".
Ya Alberdi había tomado conciencia de que la idea de la libertad que había sido alcanzada en su época como el respeto por los derechos individuales era ajena a la historia de la humanidad. Y se refería tanto a Grecia como a Roma. Tal vez había leído a Tucidides. Y ahí tenemos como el mero concepto de virtud desde Grecia en adelante estaba relacionado con el coraje, y la guerra y la pertenencia del individuo al estado, la regla moral que llegara hasta nuestros días a través de Hobbes, Rousseau, Kant Hegel. Marx aprovechó el antagonismo kantiano como la virtud de la naturaleza y la razón en la historia para proponer la sublimación de la lucha de clases. El resultado fue la justificación del poder absoluto como correlato de haber comido del fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal. Así se hizo uso de la envidia en el mejor sentido de Caín para ignorar la sabiduría del evangelio de la aceptación de la falibilidad humana (El justo peca siete veces) el mandato de no mirar la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio y la tolerancia(El que esté libre de pecado que arroje la primera piedra).
No obstante estas premisas seguidas por la realidad histórica, en este siglo se ha sublimado la naturaleza humana, como un concepto ético universal, a partir del cual todo aquel que hable en nombre de ella (Hebe de Bonafini) aparece como el epítome de la moral universal. Y por supuesto ¿Quién es el enemigo por antonomasia del ser humano? El individuo que pretende la búsqueda de su propia felicidad y el respeto por sus derechos. En otras palabras toda la funesta ética del totalitarismo como expresión de la voluntad general del bien frente al egoísmo individual, se encuentra vigente en la sociedad del siglo XXI, no obstante la derrota del nazismo y del fascismo y de la implosión del Imperio Soviético.
Es sólo bajo esta visión que Thomas Sowell ha conceptualizado como de los ungidos que se ha podido considerar la oferta fallida de los terroristas de la FARC , como una acción humanista frente al imperialismo y al materialismo de la sociedad liberal. Así en nombre de las desigualdades sociales que se acepta casi universalmente como causada por el mal denominado por Marx capitalismo, se valora un acto que a su vez ignora la permanencia y el maltrato a otros setecientos rehenes. De eso no se habla.Y más aun se ignora que solo recientemente veinticinco cubanos que intentaron escapar del paraíso comunista del Caribe fueron muertos por las huestes de Fidel Castro hundiendo el barco en que iban.
Ante esta campaña humanitaria, por supuesto se intenta hacer aparecer al presidente Uribe como el malo de la película, por pretender elimina a los verdaderos causantes del dolor de las familias de los rehenes. El terrorismo aparece justificado por los ungidos en nombre de las desigualdades sociales, ignorando por supuesto que la mayor desigualdad social es la que surge del poder absoluto como el que ostenta Fidel Castro y ahora lo pretende su discípulo el presidente Chávez.
En su momento las coordenadas no aparecieron, así como tampoco los rehenes, y el terrorismo humanitario fracasó con todos sus proponentes y particularmente Chávez, que era el padre de la criatura. Pero como es evidente que las FARC no podían dejar colgado de la brocha, a su socio político, ideológico y...., finalmente aparecieron las coordenadas. El reencuentro con los rehenes por supuesto ha provocado una vez más que la emoción indiscutible del hecho provocara el aparente olvido de la realidad del terror y el narcotráfico de las FARC y por supuesto del dolor permanente de los más de setecientos rehenes todavía en poder de los terroristas. . .
www.armandoribas.com.ar
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- Fuente/Autor: Pilar Rahola
Todos los muertos merecen tener un lugar en la memoria por Pilar Rahola
Nacida en Barcelona, España es Doctora en Filología Hispánica y Catalana por la Universidad de Barcelona. Ha sido autora, conferencista y periodista de televisión, radioy prensa escrita. Fue ex-diputada en el Parlamento español por la Izquierda Republicana Catalana y ex-vicealcaldesa de la ciudad de Barcelona. En la actualidad, en el terreno periodístico, escribe en tres periódicos españoles, diario Avui (en catalán), El País y El Periódico.
Su mirada es limpia, profunda, dulce. Pero habla con la fuerza de los que se comprometen más allá de la comodidad y el aplauso. La contemplo en su juventud hiriente, bella, frágil, y algo parecido al sentido materno me inspira un instinto de protección que nadie me ha pedido. Sin embargo, Victoria Villaruel no desea ser protegida, sino escuchada, y su causa fluye por su verbo atropelladamente, casi sin aliento, quizás acostumbrada a tener pocas oportunidades para ser oída.
Estamos en el vestíbulo de los despachos de un amigo, y cuando Victoria ha acabado su explicación, la atmósfera se torna densa. Me dice, con el hilo de una tristeza infinita: "¿Nadie me escuchará?". Noto un rasguño en la conciencia.
Me habla de mujeres que murieron un día cualquiera, caídas bajo balas que no llevaban sus nombres; ellas acompañaban a sus maridos, a sus hijos, a sus vecinos. Me habla de esa niña de 3 años, la primera víctima.
Me habla de Patricia Gay, de sus padres asesinados ante su mirada adolescente, de su suicidio posterior. Me habla de jóvenes soldados, salidos de la pobreza norteña para ganar una comida caliente y unos pesos seguros. Jóvenes del pueblo más llano, asesinados bajo la etiqueta de "enemigos del pueblo". Me habla de ese periodista... y de la bomba..., y de tantos, y la muerte se acumula en la estancia con la temible fuerza arrolladora que la define.
Fueron cientos, la mayoría asesinados antes de la dictadura, víctimas de una revolución que clamaba por la vida, pero hincaba sus pezuñas en el odio. En esta Argentina torturada, cuya dictadura sangrienta, malvada y feroz dejó un reguero de sangre, dolor y rabia, existieron víctimas distintas de las víctimas oficiales, víctimas que no tienen su lugar en la memoria, ni reciben el aplauso oficial, ni salen en las lágrimas públicas. Víctimas que aún se esconden por los rincones de la clandestinidad, como si fueran responsables de su propio asesinato, como si, por haber sido escogidas para morir, tuvieran culpa. Víctimas convertidas en victimarias. Esas víctimas reclaman, desde la oscuridad del olvido, su hueco en la historia de la Argentina. Y, sin embargo, aún no lo tienen.
Me dicen los amigos: te metes en un hormiguero. Sin duda, sobre todo porque soy una extranjera pisando minas de tiempo, y si los propios argentinos aún no han hecho las paces con su memoria –su memoria al completo–, ¿quién es nadie ajeno, para venir a pasar cuentas?
No es ésa la arrogancia de este artículo. Al contrario, parto, si me permiten, de un ejercicio de autocrítica severo y humilde. En España tardamos mucho en descubrir que la maldad del franquismo no justificaba otras maldades. Luchamos como supimos –mal y a destiempo– por recuperar unas libertades que llegaron cuando el dictador murió en la cama. Durante esos largos años de persecuciones, cárcel, exilio y muerte, todo lo que se escondía bajo el paraguas del antifranquismo merecía la etiqueta de heroico y de justo. Y así, nos tragamos el malvado sapo de las bombas de ETA, hicimos borrón a los desmandes trágicos de la República, olvidamos a las víctimas del otro lado y convertimos la realidad española en un mapa maniqueo de buenos y malos.
Por supuesto, el franquismo fue, como toda dictadura, intrínsecamente malvado, y nada justifica ni uno solo de sus abusos, sus atropellos y sus violencias. Mi familia, en este sentido, sabe muy bien de qué hablamos. Pero ni todo fue heroico en el otro lado, ni todo fue justo, ni todo es justificable. Muy al contrario, bajo la noble pancarta de la lucha por las libertades, se escondieron discursos y personas que nunca amaron a la libertad, pero que la usaron como eficaz y violenta excusa. El ejemplo más atroz de ello han sido las víctimas de ETA.
Durante años, y hasta bien entrada la democracia, los familiares de las víctimas de ETA tenían que esconderse bajo los rincones de la vergüenza y el silencio, no reconocidas por casi nadie, culpables de haber merecido la diana que un etarra cualquiera, desde su zulo de muerte, les había pintado. Me avergüenza decir que la sociedad española fue largamente injusta con las viudas, los hijos, los amigos, todos los que perdieron a un ser querido, a causa del terrorismo vasco.
Y si abrimos el melón de los actos violentos de la guerra civil, aún cuesta, en el lado progresista, reconocer a las monjas, a los curas, a los disidentes que las patrullas revolucionarias mataban en las noches de saqueo, mientras gritaban "¡muerte a Franco!". Ser meridianamente claro en la denuncia de la maldad de una dictadura nunca puede implicar amnesia con la propia responsabilidad, desprecio a las otras víctimas, las que generó el bando "amigo" y, sobre todo, justicia de doble moral. Ese error trágico, malvado para todos los que sufrieron, lo cometimos durante décadas.
¿Cuál es el error que cometen ustedes, los argentinos? Por supuesto, ésa es una pregunta cuya respuesta sólo puede surgir de los propios argentinos. Pero me atrevo a sugerir algunas ideas críticas, quizás abusando del amor por este país y de la complicidad que he ido tejiendo con su historia.
La primera idea fundamental es que no hay víctimas buenas y víctimas malas. Las víctimas lo son integralmente, más allá de quiénes apretaron el gatillo. La víctima de una dictadura no es más víctima que la que cayó bajo las balas de un grupo de terroristas, decididos a imponer, con la violencia, sus ideas revolucionarias. Perpetrar todo un edificio de memoria y dignidad, expulsando de ese edificio a una parte sustancial de los que cayeron, es construir sobre barro. Peor aún, es intentar hacer justicia con cimientos injustos.
Si, además, se abre en canal el pasado, se juzga a los criminales, se levantan las amnistías, pero todo ello se hace con la mirada tuerta, sólo hacia un lado de la balanza, entonces se consolida otra forma de maldad. No se hace justicia. Se perpetra venganza.
Ya sé que a estas alturas del artículo, muchos se sentirán escandalizados. "No es lo mismo un dictador, que un revolucionario", gritarán indignados. No. Son dos formas distintas de violencia. Pero ambas dos son violencia. Nadie dio permiso a los militares para secuestrar, asesinar, torturar a centenares de personas. Ello es tan evidente, que no está sometido a discusión, y no puede quedar impune. Sin embargo, ¿por qué es tan difícil afirmar que tampoco, nadie dio permiso a un grupo de iluminados para que se fueran a las montañas, mataran a decenas de personas y crearan un clima de terror?
Mi amigo Iván me cuenta cómo aprendió, de niño, a tirarse al suelo, cuando jugaba en la calle y aparecía, por la esquina, una furgoneta negra. Ese clima de terror en nombre de una revolución, cuya ideología era totalitaria, ¿quién tuvo el permiso de crearlo? ¿Quién les dio permiso a los Firmenich para decidir la muerte de padres, hijos, maridos de decenas de argentinos? Y, si ello es así, ¿cómo puede construirse el futuro sobre una parte de la memoria trágica ignorando, ninguneando, despreciando a la otra? ¿Cómo pueden quedar impunes los "otros" crímenes, los "otros" culpables?
"Sólo queremos que nuestras víctimas existan como víctimas." Sólo un rincón en la memoria. Victoria Villaruel preside el Centro de Estudios Legales sobre el Terrorismo y sus Víctimas y, hoy por hoy, su lucha es casi clandestina. Por no tener, no tiene ni derecho a visita oficial, señalada como apestada por una dirigencia que ha decidido reescribir la historia con renglones torcidos. ¿Su culpa? Recordar que, más allá de las víctimas caídas bajo la maldad tiránica, existieron víctimas caídas bajo la maldad revolucionaria. Y ese recuerdo es, según parece, un anatema, quizá porque determinada izquierda ha impuesto la inmoralidad de la doble moral. Una forma de mentir sobre la Historia.
Hay víctimas, pues, en esta Argentina que tanto habla de víctimas, que no tienen quién les escriba. Pero están ahí, sin ojos, sin manos, sin recuerdos, sin palabras. Están ahí, y sus silencios pesan como si fueran gritos.
La Nación. Buenos Aires
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- Fuente/Autor: Pilar Rahola
En busca del votante desaparecido por Pilar Rahola
Nacida en Barcelona, España es Doctora en Filología Hispánica y Catalana por la Universidad de Barcelona. Ha sido autora, conferencista y periodista de televisión, radioy prensa escrita. Fue ex-diputada en el Parlamento español por la Izquierda Republicana Catalana y ex-vicealcaldesa de la ciudad de Barcelona. En la actualidad, en el terreno periodístico, escribe en tres periódicos españoles, diario Avui (en catalán), El País y El Periódico.
Asegura Joan Saura que encargará un estudio para entender la abstención. ¡Estamos salvados! Si la izquierda inteligente gasta el dinero público en saber por qué miles de ciudadanos se han quedado en casa, ya entendemos la magnitud de la tragedia: ni ellos, sesudos intelectuales, tienen los pies en el suelo. Porque si los tuvieran, algunas preguntas retóricas no existirían.
Tenemos un sistema de partidos que, lejos de motivar la actividad política, la inhibe, con una dinámica endogámica que destruye todo atisbo de libertad interior. Para decirlo clarito, lo más antidemocrático de nuestro sistema democrático de partidos, son los partidos políticos. Además, tenemos unos líderes timoratos que se asustan ante el periodismo crítico, y cuya máxima obsesión es controlar la prensa. Lo hemos visto en el debate de TV3, cuya negociación pasó por las manos de todo el comisariado político catalán. Por supuesto, se nos han hurtado los cara a cara, los debates sectoriales, los compromisos a pecho descubierto. Por si fuera poco, venimos de una legislatura mareante donde lo menor ha sido la sobredosis de vanidad de sus líderes, y lo peor, el ruido, la metafísica y el desprecio por los problemas reales. Y, para acabar, suenan en la lejanía los escándalos urbanísticos, la corrupción galopante, la cultura de la comisión, y una se pregunta: ¿no estallan en Catalunya porque somos virginales, o porque aquí el silencio es una forma de vida, tres por ciento Dios me guarde? Si, encima, añadimos un candidato que es aún más aburrido que su caricatura en Polonia, ¿qué quieren que ocurra?. ¿No será que nuestra clase política, con su endogamia, su soberbia, su discurso premoderno y su alejamiento de la vida real, se ha ganado a pulso el descrédito y el desencanto? De ahí que no sea extraño que un jovencito impúber, con pinta medio de okupa, medio de pijo, que se desnuda en un cartel y que amenaza con tocar las narices, acabe ganando miles de votos. Puede que lo voten por lo antinacionalista, pero también por antisistema.
Cansancio, querido Joan. No te gastes ni un euro público. Solo baja del pedestal, pasea por el mundanal urbano y descubre el divorcio entre lo político y lo real. La abstención, esta vez, no nace de la desidia. Nace del desespero.
El Periodico Barcelona