- Vicente Morín Aguado
Los desamores de algunos cubanos para con Donald Trump
En La Habana hay gente muy alarmada por la posibilidad real de que Donald Trump vuelva a ser presidente de los Estados Unidos. El asunto, cuando menos me desconcierta, agrego sospechas de filiación con los burócratas de cuello grueso que gobiernan en la Plaza de la Revolución. Esta gente causa pena.
Pero no puedo sentarme tranquilo a echarme el golazo oratorio de Milei desde Washington, rematando la cumbre de la Conferencia Política de Acción Conservadora, CPAC, después de la magistral asistencia que le hiciera ayer Bukele, al mejor estilo de Messi, si tuviéramos el milagro de verlo a Cristiano en el mismo juego frente a la puerta.
Estamos hablando de dos presidentes a la vanguardia del pensamiento político del planeta, más uno cuya presencia flota en el aire hasta el punto de que es innecesario remarcar su nombre.
Nunca olvido las vísperas de las elecciones en los Estados Unidos-2020-, expectativa mundial de una contienda reñida como nunca lo fuera, entre demócratas y republicanos.
En la Plaza donde Fidel Castro hizo y deshizo, hasta dejar un país en ruinas y morirse sin importarle un pito la suerte de los vivos, los pequeños testículos del presidente puesto a dedo por Raúl Castro, el señorito Díaz Canel, no le dejaban respirar, atravesados en su garganta, tan solo de pensar en la posible reelección del pelirrojo.
Se sintió el alivio a más de 90 millas, el resuello de quien se alza trabajosamente desde la lona, cuando se supo que el viejito buena gente de Biden había ganado.
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