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Índice de artículos 🔻

Acabemos con el castrismo para derrotar al Irán islámico

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Acabemos con el castrismo para derrotar al Irán islámico Read in English La República Islámica de Irán se tambalea. Su cúpula directiva ha sido decapitada, sus fábricas de misiles y sus defensas...

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El Estado espía de Cuba a nuestras puertas: es hora de acabar con el régimen de los Castro

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Recordemos al Cristo combativo durante la Semana Santa

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Recordemos al Cristo combativo durante la Semana Santa Read in English Una distorsión peligrosa se ha infiltrado en la teología cristiana, tanto en la tradición católica como en la protestante y...

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La Ley Helms-Burton sella el cambio de régimen en Cuba

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La Ley Helms-Burton sella el cambio de régimen en Cuba Read in English Mientras Donald J. Trump avanza en su segundo mandato con una iniciativa audaz en Cuba, el secretario de Estado Marco Rubio...

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La nueva Ley de «Inversiones» de Cuba: la piñata castrista

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La nueva Ley de «Inversiones» de Cuba: la piñata castrista Read in English El 16 de marzo de 2026, el viceprimer ministro y ministro de Comercio Exterior e Inversiones de la Cuba comunista, Óscar...

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La fuerza de EE.UU., o su amenaza, debe usarse en Cuba

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La fuerza de EE.UU., o su amenaza, debe usarse en Cuba Read in English Cuba no es simplemente autoritaria. Es un régimen totalitario. Durante más de seis décadas, el aparato castrocomunista ha...

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La Cumbre Escudo de las Américas: Un escudo en defensa de la libertad

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La Cumbre Escudo de las Américas: Un escudo en defensa de la libertad Read in English La Cumbre Escudo de las Américas, convocada por el presidente Donald J. Trump, se celebrará este sábado 7 de...

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La transición dictatorial de Cuba no debería engañar a nadie

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La transición dictatorial de Cuba no debería engañar a nadie Read in English La orden ejecutiva del presidente Donald J. Trump del 29 de enero de 2026, en la que se declara una emergencia nacional...

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La última batalla del castrocomunismo

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La última batalla del castrocomunismo  Read in English Donald J. Trump ha elevado el cambio de régimen en Cuba a la categoría de piedra angular de la política regional de Estados Unidos,...

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La sucia tradición de los Chanel

Fuente/Autor: Julio M. Shiling
Publicado: 05 May 2016

La sucia traicion de los Chanel

“Westminster” fue el nombre que la Abwehr, la agencia de inteligencia militar de Alemania nazi, le asignó a Gabrielle Bonheur “Coco” Chanel. Su número de agente fue F-7124, según documentos de la dictadura nazista, desclasificados en 2014 por el Departamento de Defensa de Francia. Estos fueron engavetados como un secreto por más de siete décadas. La apreciación de muchos investigadores fue que la fundadora de la casa de modas multimillonaria francesa, Chanel, estuvo bajo las órdenes del General Walter Schellenberg, jefe de la inteligencia de las SS (las Schutzstaffel “Escuadrones de Defensa”) quien fue sentenciado en los juicios de Nuremberg, a seis años de cárcel por crímenes de guerra, tras la caída del despotismo fascista en Europa.

 

¿Qué fue lo que llevó a Coco Chanel simpatizar con los ocupadores nazis? Hay que tomar en cuenta que los biógrafos, Hal Vaughan y Henry Gidel (entre otros), señalan que ella fue, no sólo una cómplice tácita, sino una colaboradora activa que tuvo la misión secreta de intentar de convencer a Winston Churchill (Chanel lo conocía a él y su hijo, Randolph, bien) para que aceptara una tregua en 1943 que la dictadura hitleriana buscaba desesperadamente. Entre las especulaciones que pudiera explicar la colusión de Chanel con los verdugos del nacional socialismo, se le podría atribuir a su romance canicular con Baron Hans Gunther von Dincklage, un alto oficial de la Gestapo. Para otros investigadores, como Tilar Mazzeo y Franck Ferrand, la razón predominante era económica.

 

Chanel entró en un arreglo para financiar, mercadear y distribuir una rama de su imperio de moda, los perfumes Chanel No. 5, con los hermanos Pierre y Paul Wertheimer en 1924. Por muchos años después intentó recuperar todos los derechos de su marca lucrativa de perfume infructuosamente. El hecho de que los hermanos Wertheimer eran judíos y que la programación nazi contenía leyes antijudías donde propiedades y empresas judías fueron confiscadas, ha convencido a muchos biógrafos que Chanel tenía su corazón y su moralidad bien pegada a su billetera. Lo cierto es, sin embargo, que nunca sabremos de todo las motivaciones para que esta exitosa modista y empresaria de alta costura se encamara tan grotescamente con los nacionalsocialistas que ocupaban su país.

 

Chanel no estuvo sola en esa exhibición nauseabunda de sumisión y colaboración con el nazismo. Hugo Boss, la casa de moda de lujo alemana, formó parte de la maquinaria nazi afiliándose al Frente Alemán de Trabajo y a la institución, Bienestar Popular Nacional Socialista, ambas entidades claves del arreglo corporativista que sirvió al Führer. Hugo Ferdinand Boss, su fundador, fue miembro del Partido Nazi. Su empresa diseñó los uniformes de las SA (Sturmabteilung), las SS (Schutzstaffel), la Juventud Nazi y otras organizaciones de terror del partido nacionalsocialista, utilizando, incluso, mano de obra esclava compuesta de prisioneros de guerra.

 

La lista de casas de moda y artículos finos colaboracionistas, es extensa. Louis Vuitton, la marroquinería de lujo francesa, operó servilmente en el régimen de Vichy. Christian Dior, otra marca de artículos de moda fina importante, vistieron en Francia ocupada a las esposas y las amantes de la alta jerarquía fascista foránea. Pudiéramos seguir ofreciendo los nombres de otras tantas empresas que han demostrado una crónica inercia moral, a la hora de conducir sus actividades comerciales frente a regímenes tiránicos. Es gracias a este contexto empírico de relativismo de principios que nos ofrece las empresas mencionadas, que podemos mejor comprender el espectáculo tragicómico que es el desfile de Chanel en Cuba.

 

Este encuentro de contradicciones y convergencias aparentes, une la tragedia y la comedia. Lo trágico primero. El tener un desfile de la moda de alta costura en la Cuba de hoy y en plena vía pública, equivale a tener un festival de comida de gourmet en Etiopía, en medio de la hambruna. Si Cuba fuera una democracia, sería algo simplemente de un muy mal gusto: tanta opulencia entre tanta miseria a la luz del día. El hecho de que rige en la Perla de las Antillas un régimen dictatorial de dominación total, con todo lo que esto implica: la ausencia de libertades básicas, los crímenes de Estado sistemáticos, la persecución política, religiosa y social, etc., convierte el evento en una procesión de fantasmas que han adornado de telas caras para encubrir el lodo ensangrentado. Es un cataclismo deontológico de altas proporciones. Vemos a un país manejado como un negocio particular que sus amos ponen a la disposición del que mejor pague y en moneda dura claro.

 

Lo cómico es ver al comunismo cubano prostituirse tan magnánimamente. ¡El verdadero burdel cubano está en el poder político dictatorial! Tantos años de movilizaciones de masas para llenar plazas, para escuchar descargas ideológicas sobre igualitarismo, voluntarismo, moralidad socialista, etc., todo eso para al final terminar con un show carnavalesco para entretener al enemigo burgués, a la élite en el poder (al final burgués también) y todo esta hazaña para poder llenar, obligatoriamente, las arcas estatales por la incapacidad de su modelo anacrónico subvencionar sus costos y las necesidades básicas de un pueblo. El tener que soportar a un excéntrico como el modista Karl Lagerfeld pasearse por el Paseo del Prado como el nuevo rey de La Habana, era presenciar el surrealismo en acción. Las vías públicas cerradas para acomodar los caprichos de los que vienen de afuera y llevan una moral esquelética, pero con la posibilidad de engrosar la imagen que quieren proyectar y a la vez, dar beneplácito a la casta anfitrión, esa cúpula dictatorial con sus familiares, allegados y a los cortesanos de siempre, esos que prototípicamente representan la definición de los guatacas tradicionales, esos que sin decoro o vergüenza se arriman a cualquiera que esté en poder. Todo parecía una novela de fantasía. Un Disneylandia de ropa para los ricos en el supuesto paraíso de los trabajadores y humildes. ¡Increíble!

 

De pronto el cantico de “La Internacional” parece haber quedado enmudecido permanentemente por la banalidad de los motores de Fast and furious, y la chancletearía de modelos al servicio de modistas capitalistas que venden ropa para adinerados y buscan el acomodamiento con el poder político. ¡Qué ridículo ha quedado el socialismo! ¡Qué diría la vieja comunista española Dolores Ibárruri, “la pasionera” de sus proles cubanos! La intransigente apologista de la barbarie roja no creo que encontraría cómico este espectáculo melodramático.

Quién mejor que la marca Chanel para prestarse para esta gesta penosa. Tiene de sobra la experiencia y la médula para negociar con tiranos un espacio para mercadear sus telas para el mundo libre desde una isla comunista, pobre y explotada. Con alta probabilidad, “la pasionera” no creo que aprobaría del ridículo desfile de la marca francesa en Cuba. La empresa Chanel, sin embargo, sí ha sabido seguir la tradición indigna que trazó su fundadora.

Fast and furious

Congresos, crímenes y el Partido Comunista de Cuba

Fuente/Autor: Julio M. Shiling
Publicado: 19 Abril 2016

congresos crimenes PCC

Ucrania acaba de declarar al partido comunista (tres de ellos) y al partido nacionalsocialista, ilegal. La misma corriente ha soplado en Alemania, Polonia, los Países Bálticos, Rumanía y unos cuantos más. En algunos de esos países, esto ocurrió hace más de medio siglo. Si tomamos en cuenta los partidos nazi/fascista en específico, su prohibición abarca, prácticamente, el continente europeo completo. ¿Por qué han prohibido estas democracias los partidos comunistas y nacionalsocialistas?

Fundamentalmente, ha sido por tres razones. Los partidos comunistas y nacionalsocialistas surgen de movimientos cuyo sostén epistemológico proviene de ideologías radicales, que una vez que llegan al poder, aniquilan la democracia (la incipiente o la fundamentada) o sus posibilidades de que la misma llegue a existir. Son partidos anti sistemas. El otro factor es que coaccionan una fusión forzada con el Estado. De modo que estos movimientos que aspiran a la dominación total de manera inherente, irremediable y necesariamente, anexionan al Estado y lo convierten en un monigote disfuncional, pero uno muy eficiente en su aplicación dictatorial. La última razón que justifica que algunas de estas democracias europeas hayan ilegalizado estos partidos anti sistemas, es porque los partidos comunistas y nacionalsocialistas que han alcanzado el poder, todos sin excepción, han cometido crímenes sistemáticos grosos. La absorción del Estado por parte de estos movimientos radicales, convertidos subsecuentemente en partidos, y luego el control absoluto que ejercen sobre el poder político y la sociedad en general, imposibilita que se pueda categorizar a estos “partidos” bajo el parámetro del raciocinio democrático.

En el caso del Partido Comunista de Cuba (“PCC”), el asunto se complica aún más. No sólo poseen las características lamentables explicadas previamente. En adición a eso, el liderazgo del régimen despótico que implantaron en la isla caribeña ha sido, desde su estado embrionario, un mecanismo arbitrario, caprichoso e irracionalmente dirigido por un personalismo extremo. En el caso cubano, este estilo de direccionar el despotismo ha llevado el sello de una persona exclusivamente. Después ha sido manejado por su hermano y algunos pocos allegados, pero a la sombra del momificado caudillo. El sociólogo alemán Max Weber encasillaría el liderazgo histórico del comunismo cubano como un caso híbrido sultánico-carismático. En palabras más sencillas, el principal órgano político institucional en Cuba comunista se ha conducido como le ha dado las mismísimas ganas a Fidel Castro.

Si esto no fuera suficiente para colocar al PCC en una categoría extraña y poco seria, institucionalmente hablando, su trayectoria histórica ha sido tornadiza y poco consecuente. Por los primeros dos años, la dictadura de los Castro, que en realidad nació y dependió del cañón de un fusil de un ejército (igual que hoy), se autocalificó como una especie de troika constituida por el Movimiento 26 de Julio, el Partido Socialista Popular y el Directorio Revolucionario 13 de Marzo. Dejando a un lado los méritos de la historiografía oficialista sobre esta etapa, para 1961 se forma las tituladas Organizaciones Revolucionarias Integradas. Unos meses después, se antojó el tirano Castro (Fidel) de permutar el órgano político y surgió el Partido Unido de la Revolución Socialista de Cuba. Esta estructura particular duraría unos tres años más.

Paradójicamente, el PCC se oficializa el día que se leyó la misiva del desalojo de Cuba, de otra figura emblemática y sanguinaria del castrocomunismo, Ernesto Guevara. Desde ese 3 de octubre de 1965, el PCC ha sido el vehículo político, en un sentido de imagen y figurativo, del despotismo castrista. En 1975, 1980, 1985, 1991, 1997, 2011 y ahora en 2016, este invento macabro de Lenin, ha sido convocado. ¿Para qué? Esa sería la pregunta más lógica, considerando su incoherencia institucional y práctica. La respuesta es sencilla: para avalar, publicitariamente, lo que ya han acordado secundar los treinta y un individuos del Consejo de Estado, de lo que ya la familia de los Castro decidió.

El incumplimiento de doscientos cuarenta y seis de los proclamados lineamientos del último congreso hace cinco años, da una indicación a vista rápida que este organismo, en el mejor de los casos, es incompetente y estéril. En adición a su record de investir con “legitimidad” una burda dictadura que ha utilizado muy bien la represión y las relaciones públicas, pero muy mal el poder político, no ha sido capaz, ni mínimamente, de romper el bloqueo del centralismo democrático que los hermanos Castro le han impuesto fundacionalmente.

Muchos están especulando sobre lo que saldrá finalmente del Séptimo Congreso del PCC. Pudiera repetir que el enorme mar de la legalidad socialista acordada pero incumplida e irrelevante en la practicidad, le roba todo credibilidad al PCC. Eso, sin embargo, no es lo peor de esta mega institución, ni mínimamente. Hasta que no rompan el cerco del leninismo que los Castro le han impuesto, el PCC será sólo una cofradía de eunucos. Si quieren buscar posibilidades para emular, pudieran empezar por Boris Yeltsin (menos el vodka). El problema de partidos anti sistemas, sin embargo, va mucho más profundo. No es simplemente promover un cambio de gobierno o más audaz aún, un cambio de sistema.

La poeta rumana, Ana Blandiana, lo expuso claro: “Porque puedo entender, soy culpable por todo lo que entiendo”. ¿Entenderán los miembros y participantes del PCC lo que verdaderamente agrava a Cuba? ¿Entienden la responsabilidad que tienen de esa tragedia? La reconciliación auténtica pudiera empezar en el PCC. Romper con un pasado criminal, marcaría un buen punto de comienzo. Tal vez lo más seminal del Séptimo Congreso del PCC será, no las barrabasadas que se pronunciaran, sino la verdad silente. Lo innegable. Los hermanos Castro y sus allegados íntimos son el factor de cohesión del comunismo cubano. El criminal ejecutor de ese sistema, el PCC, separa a Cuba de un porvenir civilizado. Quiera Dios que esté sea el último congreso de un partido comunista en Cuba y que la democracia cubana, cuando llegué, tenga la sensatez de imitar los ejemplos de las democracias europeas en cuanto a partidos anti sistemas.

Ich bin ein Kubaner

Fuente/Autor: Julio M. Shiling
Publicado: 31 Marzo 2016

Yo soy cubano

"Ich bin ein Kubaner".

En la conmemoración del decimoquinto aniversario del bloqueo de Berlín por parte de la Unión Soviética y menos de dos años de la imposición del infame muro, John F. Kennedy ofreció uno de los mejores discursos de un presidente moderno. Ich bin ein Berliner (“Soy berlinés" o "Soy ciudadano de Berlín") fue como se llegó a conocer esta alocución estupenda que ofreció en el Rathaus Schöneberg, el ayuntamiento de Berlín libre (Occidental). Para una nación dividida por la fuerza por los ocupadores comunistas que nunca quisieron dejar de ocupar, la denuncia de Kennedy ese 26 de junio de 1963, fue como música a los oídos de los amantes de la libertad. Quedaron como sólo palabras hermosas e inspiradoras, carentes de un resultado concreto.

La historia está llena de muestras magníficas de oratoria exquisita por líderes de naciones que decoran los libros de la historia, pero son huérfanos en cuanto a producir consecuencias fructíferas. No es que la buena intención no haya estado. El problema es que la maquinaria brutal de determinados regímenes absolutistas y sus visiones particulares de cómo debe de regir los destinos de sus súbditos, rara vez escuchan sermones que no vengan acompañados por voluntad y acción proactiva.

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El presidente imperial en la Isla Potemkin

Fuente/Autor: Julio M. Shiling
Publicado: 19 Marzo 2016

presidente imperial Isla PotemkinEl presidente imperial en la Isla Potemkin.

Cuando en 1787, Catalina II de Rusia (“la Grande”) decidió visitar a Ucrania y Crimea en compañía del emperador de Austria, José de Habsburgo-Lorena, y otros diplomáticos, se dice que quedó muy satisfecha. Uno de sus amantes (rumorado ser su preferido), el mariscal Gregorio Potemkin, se le acredita haber ingeniado una obra escénica formidable compuesta de la elaboración de aldeas ficticias y transportables. La idea era ocultar la miseria existencial en el curso del viaje de la zarina y su comitiva por las orillas del Río Dniéper. Pese al cuestionamiento por algunos detractores de la veracidad de los hechos o de los grados de la misma, lo indiscutible es que este acontecimiento sirvió para tipificar la tarea de falsear la verdad, visible e indeseada, por obra cosmética. Han sido muchos los imperios, gobiernos y las monarquías que han emulado sus versiones de las “aldeas de Potemkin”. Nadie, sin embargo, ha llegado a perfeccionar este arte como las dictaduras comunistas y fascistas. Para un gran número de observadores informados, el viaje del Presidente Obama a Cuba, ha puesto al castrismo a correr con sus brochas y sus palos para pulir su acostumbrada versión de este invento de Potemkin.

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