- Fuente/Autor: Julio M. Shiling
El capital amoral y la política indecente.
Las cuadrillas del comercio internacional, en estos días, han ido marchando a La Habana en compañía de sus oficiales electos. Nadie parece querer perder la oportunidad de desaprovechar la percibida “ganga” de comprar/arrendar barato antes de que llegue en groso del Norte, el invasor convertido por decreto (tentativamente) en inversor. A Cuba la geografía siempre la ha marcado. Ahora, nuevamente, vemos cómo su colocación espléndida la convierte, perceptualmente, en el próximo edén capitalista.
Andrew Cuomo, el gobernador de Nueva York, el aptamente titulado estado del imperio (“Empire State”), lideró como se sabe una comitiva de una parte de la alta élite empresarial neoyorkina de negocios de la talla de MasterCard, la aerolínea JetBlue, la farmacéutica Pfizer y los yogures Chobani. Lo trágico y risible a la vez, de esta excursión comercial/política, es la racionalización incongruente y engañosa que el primer jefe ejecutivo de Nueva York empleó. “El aislamiento no ha trabajado”, nos relató Cuomo. “El acercamiento y las relaciones completas”, continuó, “es la mejor forma de sostener un diálogo sobre los temas que estamos de acuerdo y sobre los temas que no estamos de acuerdo”. Esta discursiva no es original para nada. Es consistente con el disco grabado y rayado de los que ven en el “descongelamiento” lo más grande desde el invento del pan rebanado.
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