- Julio M. Shiling
Las próximas elecciones en Argentina ofrecen al gigante sudamericano una oportunidad de oro para cambiar de rumbo y apartarse del control de la hegemonía peronista. Con la tercera economía más grande de América Latina (después de Brasil y México), una mano de obra altamente cualificada y capaz, y abundantes recursos naturales, Argentina ha estado cautiva durante muchos años de un dogma tóxico de izquierdas que ha diezmado el nivel de vida de los argentinos. Dos de los tres principales candidatos a las elecciones del 22 de octubre prometen trazar un rumbo diferente. Javier Milei, el principal candidato, parece más firme a la hora de completar potencialmente la tarea, ya que su compromiso de desmantelar el estatismo está ideológicamente muy arraigado.
Argentina entró en el siglo XX como un país próspero. En 1913 era más rico que Alemania, Francia, España y otras naciones del primer mundo. Antes de la década de 1930, fluctuaba entre las diez primeras economías mundiales. Los datos disponibles para 2023 sitúan a Argentina, medida por el PIB, en el puesto 23 del mundo. Esto es más de un 100 % menos de lo que ocupaba a principios del siglo pasado. ¿A qué se debe esta contracción?
No es solamente una cuestión de lento crecimiento económico. La inflación, una amenaza probada que empobrece el nivel de vida y desvía la riqueza como un impuesto oculto, ha molestado a los argentinos durante generaciones. Estamos hablando de una inflación de dos dígitos. Además, este malestar combinado de crecimiento sedante y alta inflación ha provocado el desplome de su moneda. El caso ejemplar de prosperidad que fue Argentina ha quedado relegado a los libros de historia. ¿Cuándo comenzó esta espiral descendente?
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