- Julio M. Shiling
Apaciguar el mal ha demostrado ser históricamente costoso. La presidencia de Biden, o mejor expresado, el régimen Biden-Obama, ha superado a cualquier administración estadounidense anterior en el avance de las ideologías radicales y sus movimientos y en hacer del mundo un lugar más peligroso y menos libre. Enamorados del islamismo chií y de las propuestas de extrema izquierda, primero Barack Obama y luego su apoderado Joe Biden, han conseguido destruir el equilibrio y, por consiguiente, el ecosistema político de Oriente Próximo.
Alegando haber respondido a un ataque israelí contra la embajada iraní en Damasco, Siria, la dictadura islámica chií lanzó un ataque aéreo masivo el sábado 13 de abril. Irán lanzó 320 armas de asalto aéreo consistentes en misiles balísticos, misiles de crucero y aviones no tripulados. Se trata de serias armas de guerra. Si Israel no hubiera poseído su emblemático sistema de defensa antimisil de última generación, el país habría sido devastado. La decisión del despotismo islámico de emprender esta descarada acción supone una derrota fundamental para Occidente y una prueba de que Estados Unidos, bajo el liderazgo actual, ha perdido el rumbo.
Los fracasos de la política exterior estadounidense suelen tener consecuencias catastróficas y duraderas. La tragedia iraní comenzó cuando Jimmy Carter traicionó al acérrimo pro occidental Mohammad Reza Pahlavi, permitiendo así que el islamista radical Ruhollah Jomeini se hiciera con el poder. Estados Unidos no ha aprendido la lección de que a menudo la medicina es peor que la enfermedad. Dwight Eisenhower cometió el mismo error con Batista en Cuba y Carter, de nuevo, en Nicaragua con Somoza. Lo que siguió fue mucho más tiránico, empobrecedor y costoso para el orden democrático. Si vas a elaborar una estrategia para derribar un régimen autoritario, asegúrate de que su sustituto no sea un régimen totalitario.
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