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Patria de Martí Artículos y Ensayos

Febrero Rojo: El Mes de Luto que Cuba No Puede Olvidar

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Jose Tarano

Febrero Rojo: El Mes de Luto que Cuba No Puede Olvidar Cuando el calendario dice "amor y amistad", la historia cubana grita represión, sangre y silencio La dualidad trágica del mes para el pueblo...

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Feliz Navidad y un bondadoso año 2026

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Patria de Martí

🎅Feliz Navidad y un bondadoso año 2026 Le deseamos, de parte de todos en Patria de Martí y The CubanAmerican Voice, una muy feliz Navidad y un bondadoso año 2026.   Rogamos que la...

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La Revolución del callo y el ministro Gil

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Eduardo Mesa

La Revolución del callo y el ministro Gil Mi abuelo siempre decía: “Esta es la revolución del callo, porque la gente es revolucionaria hasta que le pisan el callo.” Abuelo sabía de lo que hablaba...

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La trampa de la cortesía: cómo Trump dejó que Mamdani se hundiera solo

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Jorge Luis León

La trampa de la cortesía: cómo Trump dejó que Mamdani se hundiera solo La política estadounidense acaba de ofrecer una escena inesperada y, a la vez, profundamente reveladora: el encuentro cordial...

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La Sinfonía del Hemisferio

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Armando M D'Fana

La Sinfonía del Hemisferio Movimientos de poder en el Caribe y el despertar estratégico de Estados Unidos Pensamiento Los instrumentos de esta sinfonía no son violines ni trombones, sino...

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Cristóbal Colón, el descubridor y los descubiertos ante la historia

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Vicente Morín Aguado

Cristóbal Colón, el descubridor y los descubiertos ante la historia “Fue tal la grandeza del descubrimiento, que aquel a quien se debe no pudo comprenderla, adivinando solo una pequeña parte de la...

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Obdulio Cintaya, el quedaito que odiaba el embargo

Obdulio Cintaya, el quedaito que odiaba el embargo

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Obdulio Cintaya, el quedaito que odiaba el embargo Al mirar las noticias de ayer sobre los resultados de la votación de la Asamblea General de las Naciones Unidas acerca del embargo, vino a mi...

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La masacre silenciosa: Cuba, el genocidio de la infamia

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El Primer Comité Antitrumpista de Miami ha sido fundado

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Eduardo Mesa

El Primer Comité Antitrumpista de Miami ha sido fundado El ingeniero Aguililla ha convocado a sus viejos amigos de la infancia para fundar el primer Comité de Resistencia Antitrumpista de la Ciudad...

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El Cuarto Reich

Armando Ribas
Publicado: 01 May 2006

armandoribas s

El Cuarto Reich por Armando Ribas

Es abogado, profesor de Filosofía Política, periodista, escritor e investigador cubano que reside en la Argentina. Se graduó en Derecho en la Universidad de Santo Tomás de Villanueva, en La Habana y en 1960 obtuvo un master en Derecho Comparado en la Southern Methodist University (Dallas, Texas, EE.UU.). Es columnista para el Diario de las Américas y otras publicaciones.

En el progreso del despotismo la autoridad del poder ejecutivo gradualmente absorbe la de todo otro poder en el estado, y asume para sí la administración de todas las ramas de la recaudación que se destina a los fines públicos.

Adam Smith

La definición anterior resume el proceso político que padece hoy la Argentina desde la llegada al poder del Dr. Néstor Kirchner. Proceso que he denominado "Cuarto Reich", en el que estamos gobernados por los "montonazis" y donde los nuevos "judíos" son los militares- "torturadores y represores". O sea, los que ganaron la guerra, hoy han perdido la batalla política, y el país se encuentra hoy bajo la dictadura donde impera la arbitrariedad política sobre el miedo ciudadano. Y en la calle reina la anarquía de los piqueteros de toda índole, que constituyen las nuevas SA.

Todavía hoy los analistas políticos y económicos pretenden analizar la situación argentina en términos de las encuestas y del déficit fiscal. Los primeros, suponiendo que éstos representan la garantía de la democracia, y los segundos evaluando la situación económica en términos de la ortodoxia monetarista, y olvidando que el crecimiento ha sido sólo recuperación. Es por ello que me he permitido denominar al régimen imperante como "Cuarto Reich". Como se sabe, Adolfo Hitler denominó a su régimen el "Tercer Reich", continuando a Carlo Magno, el destructor de Bizancio, de acuerdo con Roma (Primer Reich), y a la unificación de Alemania bajo Otto von Bismark, (Segundo Reich).

En Mein Kampf, Hitler había escrito: "Cualquier concesión económica que se le haga hoy a nuestra clase trabajadora, no es proporcional a las ganancias de la nación entera si ellas ayudan a traer a las masas a la nación. Sólo la obstinada miopía, tal como la que es a menudo encontrada en nuestros círculos de empleadores, puede no reconocer que en el largo plazo no puede haber un resurgimiento económico para ellos y consecuentemente ninguna ganancia económica a menos que la solidaridad de nuestro pueblo se restaure".

Hitler había sido llevado a la cancillería alemana en 1933 por Von Pappen, pensando que era el único que podría restablecer el orden que él mismo había quebrado. Pero como dice William Shirer en su El Ascenso y la Caída del Tercer Reich": Ninguna clase, grupo o partido en Alemania podía escapar su parte de responsabilidad por el abandono de la República Democrática. (...) El error cardinal de los opositores al nazismo fue su fracaso en unirse contra él". Hitler llegó con una minoría de votos, y alcanzó a una mayoría hasta obtener poderes especiales a través de un referéndum en el que logró el 90% de los votos.

Hitler supo llegar al poder a través de la alianza con algunas de las poderosas instituciones del Estado. Los conservadores y las fuerzas armadas lo apoyaron. Y, por supuesto, logró el apoyo empresario en el presupuesto de defenderlos del comunismo, y a los efectos dijo: "La empresa privada no se puede mantener en la era de la democracia." Y así Lenin dijo que el fascista es un liberal asustado (sic). En ese sentido Martín Lipset hizo la siguiente observación: "La clase media es democrática en la medida que la democracia protege e incrementa sus intereses, pero se convierte al populismo extremista donde quiera que se ve amenazada por una crisis económica." En 1933 la crisis económica existía en Alemania y podría decir que a la luz de la historia Hitler aplicó la NEP (Nueva Política Económica de Lenin) desde el comienzo de su gobierno.

Antes de seguir adelante vale destacar la definición de Ernst Nolte del fascismo que dice: "El fascismo es el antimarxismo que busca destruir al enemigo mediante el desarrollo de una ideología radicalmente opuesta pero sin embargo relacionada, y el uso de métodos casi idénticos pero típicamente modificados, dentro de un inflexible marco de soberanía y autoridad nacional". Así, el carácter del fascismo es el antimarxismo, el antiliberalismo, el anticonservadurismo y el principio del liderazgo, y su objetivo el totalitarismo, en tanto que el partido es un ejército. Es indiscutible que a pesar de la supuesta diferencia, hay un principio que une al comunismo con el fascismo y el nazismo: el antiindividualismo. Por eso el lema nazi era: "El interés común primero que el propio". La dictadura requiere igualmente de un enemigo que justifique la falta de libertad. Para el comunismo, los capitalistas; para el nazismo, los judíos, culpables de todos los males y aún de la derrota en 1914. Aquí insisto, por si no se han dado cuenta, son los militares.

Volviendo entonces a la economía, la realidad de Alemania era el desempleo, el desequilibrio económico, la deuda externa, etc, y por supuesto el bajo nivel de ingreso. El éxito de Hitler en los primeros años, según Shirer, no se debió sólo a sus triunfos en las relaciones internacionales sino a éxitos en la economía. Así el desempleo se redujo de 6 millones en 1932 a 2 millones en 1936. En el período 1932 – 1937 la economía creció un 102 %, o sea a la tasa del 15% por año.

Al respecto de esta situación, Shirer una vez más señala: "Un observador estaba sorprendido de ver a la gente de este país, que no sentían que estaban intimidados y oprimidos por una dictadura inescrupulosa y brutal. Por el contrario, ellos la apoyaron con un genuino entusiasmo". Y por supuesto, Hitler consciente del fracaso comunista, como antes dije, logró la colaboración de la clase administradora de las empresas, en lugar de usar a los burócratas de turno, al mismo tiempo que por supuesto hacía la demagogia de siempre con los trabajadores.

En esa forma, tal como señala Paul Johnson en su Modern Times : "Alemania fue el único país industrial que se recobró rápida y completamente de la Gran Depresión. Tal no era tampoco un sistema corporativo, como bien señala Paul Johnson, pues Hitler no estaba dispuesto a compartir el poder con nadie. Tanto Krupp como Siemmens estaban a su disposición, no lo contrario.

Por último, quiero recordar que más allá de Lenin, el nazismo no era antitético al comunismo, sino como bien señala Hannah Arendt, los dos constituyen la esencia misma del totalitarismo. En ese sentido Hayek en su Camino de Servidumbre dedica un capítulo a "Las Raíces Socialistas del nazismo": "Y la esencia de ambos sería el hacer uso de la moral en función de la política". O sea, como decía Trasímaco: "Hay que usar la moral ortodoxa a favor de la política, o sea hay que tomar a la gente por el oído para después tomarlos por el cuello" (sic).

Pues bien, todo el recordatorio anterior tiene un solo objetivo, saber si usted encuentra alguna similitud con lo que ocurre hoy en la Argentina. Los actuales gobernantes son una simbiosis de comunistas católicos (montoneros) y de nazis, con el sentido de haber aprendido de Hitler que había que usar la experiencia de Lenin e implementar la "Nueva Economía Política" (NEP). Es decir usar a los empresarios por un tiempo para recuperar la economía, lo que se hizo y se continúa haciendo.

Ahora bien, los elementos de la dictadura están más que claros y mientras ésta se manifiesta en el gobierno de los "montonazis", en la calle reina la anarquía de las nuevas SA denominadas ahora "piqueteros". El Congreso es un servidor sometido al ejecutivo y así se anulan leyes penales con efecto retroactivo, para los nuevos "judíos": los militares y dejan incólumes los crímenes de los montoneros y el ERP, a los cuales se les recompensa. Esta aberración constitucional, que viola los más elementales principios del derecho, es avalada por la Corte Suprema, hecha a imagen y semejanza del "Fuhrer". Al mismo tiempo, tal como ocurrió con Hitler, se le otorgan indefinidamente poderes especiales al Ejecutivo, para resolver una "crisis", que según ellos mismos ha sido superada por el crecimiento de la economía. Como si fuera poco se modifica la "Ley de la Magistratura", en términos tales que queda todo el Poder Judicial bajo el poder del Ejecutivo.

Siguiendo esta ortodoxia dictatorial se violan los derechos de propiedad, con los impuestos acuerdos de precios, la prohibición de exportar carne, y la penalización de los que aumentan el precio de la misma. El nacionalismo impera en su peor sentido, y al mismo tiempo que se intenta que vengan inversiones extranjeras, se maltrata públicamente a través de los piquetes a las empresas extranjeras: Shell, YPF, por ejemplo. Al mismo tiempo la sumisión de las provincias la tenía ya asegurada a través del sistema de coparticipación federal.

Por último, el Presidente a su llegada, amén de que le fuera dada una medalla a la libertad a Fidel Castro, dijo que ellos eran los hijos de las Madres de Plaza de Mayo. Los hijos eran los montoneros y el ERP, a confesión de parte relevo de prueba. Como bien dijera el traductor de Mein Kampf, Ralph Manheim, refiriéndose al período nazi: " Una vez más fue demostrado que no hay un método más efectivo de ocultamiento que la más amplia publicidad..."

Una analogía es hecha en El cuarto reich entre la dictadura hitleriana, regímenes socialistas como el de Kirchner en la Argentina, y la vía democrática hacia el despotismo.

Tomado de www.armandoribas.com

Petroleo y Pobreza

Carlos Sabino
Publicado: 09 Abril 2006

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Petroleo y Pobreza por Carlos Sabino

Sociólogo y economista argentino. Ha sido investigador académico, autor y articulista. Recibió un Doctorado en ciencias sociales de la Universidad Central de Venezuela. Ejerce como profesor en la Universidad Francisco Marroquín (Guatemala).

Venezuela es uno de los pocos países del mundo que tiene el triste record de haber retrocedido económicamente durante el último medio siglo. Su ingreso por habitante, que una vez fue el más alto de América Latina, ha venido desplomándose de modo sistemático. Por ejemplo, en 1960, el trabajador venezolano ganaba, en promedio, un 83% de lo que obtenía un obrero norteamericano; hoy, en cambio, y según cómo se realice el cálculo, su ingreso es entre 10% y 20% del ingreso del trabajador en Estados Unidos.

La Venezuela de los años cincuenta atrajo aproximadamente a un millón de inmigrantes europeos, quienes encontraron en el país mejores condiciones de vida que en sus tierras natales. Hoy, en contraste, los venezolanos salen al exterior –enfrentando a veces privaciones y dificultades- para tratar de encontrar el futuro que no pueden construir en su país. Hoy los males del desempleo, la inseguridad y la pobreza nos golpean a todos con inclemencia. La mayoría de los jóvenes, ante este desolador panorama, anhelan emigrar para intentar construir su futuro en otros horizontes.

¿Qué ha sucedido para que Venezuela, país rico en ingresos por obra del petróleo, haya retrocedido de este modo, desempeñándose mucho peor que otras naciones menos dotadas de recursos que, sin embargo, han logrado escapar de la pobreza y superar el atraso? La respuesta es compleja, desde luego, y para ser exacta obligaría a repasar toda la historia reciente del país. Pero creo que –en pocas líneas- se puede encontrar una de las claves que permite entender lo ocurrido.

La riqueza venezolana, los ingresos provenientes del petróleo, han ido en definitiva a parar a manos del estado. La opinión pública prevaleciente en el país ha insistido en señalar con insistencia, a lo largo de los años, que la riqueza petrolera era de la nación, que pertenecía a todos. Pero, en la práctica, esta altruista forma de encarar el problema ha terminado dando resultados nefastos: el dinero proveniente del petróleo ha terminado en manos de los gobiernos de turno que lo han gastado del modo más discrecional imaginable. El estado se ha enriquecido, sin duda alguna, pero la población ha ido empobreciéndose en el curso de los años.

Con el dinero del petróleo se ha tratado de hacer de todo: se ha gastado, inicialmente, en crear la infraestructura física que el país necesitaba y en ampliar los servicios de salud y de educación. Luego, cuando los ingresos crecieron, los gobernantes se comprometieron en la creación de gigantescas empresas públicas que resultaron siempre deficitarias y muy poco eficientes, provocando el endeudamiento de la nación. Ahora, bajo el largo gobierno de Hugo Chávez, se gastan miles de millones de dólares en armamentos que sólo sirven para alentar espejismos expansionistas, en comprar empresas privadas que funcionan perfectamente bien o en ayudar a los amigos políticos del presidente venezolano en toda la América Latina.

Venezuela, desde hace muchos años, recorre el camino de un intervencionismo estatal que no ha permitido crecer a la empresa privada y que hoy incluso intenta ahogarla por completo. Ha gastado mal sus ingresos, no ha dejado libertad a los particulares para que ellos inviertan de un modo más razonable y, entretanto, ha creado una inmensa burocracia que vive a costa del estado, cuyos sueldos y prebendas pagamos todos, pero que no cumple función útil alguna.

Sin inversión privada y sin libertad económica el camino del crecimiento queda siempre bloqueado. La experiencia internacional señala claramente que los países más ricos del mundo son los que más libertades económicas poseen y que la pobreza sólo se combate con inversión productiva, no con costosos pero ineficaces programas sociales que son, en realidad, formas de clientelismo político destinadas a controlar voluntades.

Hasta tanto no comprendamos estas simples verdades y mientras sigamos insistiendo en crear un socialismo que ha fracasado en todas partes, seguiremos viviendo en el más trágico atraso, rezagándonos cada vez más en el concierto mundial. Venezuela necesita cambiar, abrir su economía y reducir el opresivo peso del estado porque ese es el único modo en que, por fin, la riqueza del petróleo podrá llegar a los más necesitados.

aipenet.com

¿Cuba libre?

Alvaro Vargas Llosa
Publicado: 07 Febrero 2006

alvarovargasllosa s¿Cuba libre? por Alvaro Vargas Llosa

Nacido en Perú, es Académico Asociado Senior y Director del Centro Para la Prosperidad Global en The Independent Institute y columnista sindicado del Washington Post. Obtuvo su B.S.C. en Historia Internacional de la London School of Economics. Ha sido miembro del Directorio de la Miami Herald Publishing Company , director de la página editorial y columnista en el Miami Herald.

Exceptuando un inesperado regreso de Fidel Castro, la cuestión fundamental en Cuba es ahora sí Raúl Castro está en condiciones de perpetuar al régimen comunista, o sí los políticos (en el Consejo de Estado), los ideólogos (en el Partido Comunista) y los soldados (en las fuerzas armadas) – y las facciones dentro de cada grupo – iniciarán una lucha de poder.

El comunicado mediante el cual le traspasó el poder a su hermano, Fidel Castro puso tres instituciones bajo el control de Raúl mientras les delegaba otras responsabilidades a diversos amigotes. Esas tres instituciones – el Partido Comunista, el Consejo de Estado y las fuerzas armadas – son las que, en el vacío que probablemente sobrevendrá al ocaso del mesiánico liderazgo de cinco décadas de Castro, podrían librar un conflicto abierto.

Ha habido signos recientes de lucha de poder aun antes del traspaso del poder. El más elocuente es una ley sancionada por la Asamblea Nacional el 9 de junio y en gran medida pasada por alto por los analistas extranjeros. Ella concede a los subordinados autorización para impugnar las decisiones de sus dirigentes si contravienen la ley comunista. Pocas semanas después, Raúl Castro ofreció un discurso en el cual sostuvo que, en caso de que su hermano fuese incapaz de continuar, la conducción recaerá en el "Partido Comunista"—un modo de reafirmar la subordinación de los generales a los ideólogos. Si se considera que Raúl fue el ministro de las Fuerzas Armadas, resulta particularmente interesante que sintiera la necesidad de recordarles en público a sus generales que ellos están bajo el mando comunista.

Muchos expertos esperan que Raúl Castro siga el modelo chino. Señalan que ha viajado a Beijing en numerosas oportunidades y que ya en 1997 expresaba su admiración por la combinación de un implacable control político y una economía de mercado. Consideran también que las señales que envió en 2001, sugiriendo alguna forma de "normalización" de las relaciones con los Estados Unidos, delatan a un pragmático escondido. Carlos Alberto Montaner, dirigente de la Unión Liberal Cubana, un grupo político del exilio, cree que "Raúl no tiene otra opción que empezar a avanzar hacia una transición". William Ratliff, un investigador de la Hoover Institution de Stanford que ha seguido de cerca los sucesos de Cuba y de China y realizado extensas entrevistas con importantes dirigentes en ambos países, me dijo que "la estrategia de supervivencia entrará en acción", es decir que Raúl y sus compinches, conscientes de que los cubanos no serán fáciles de controlar con Fidel fuera de combate, jugarán la carta china e intentarán generar una cierta prosperidad a fin de sobrevivir. "No apostaría mi jubilación a lo que Raúl haga, pero tal vez apostaría la mitad de ella".

Esta perspectiva tiene mucho peso y varios elementos parecerían apuntar en esa dirección. Sin embargo, tiendo a pensar que el escenario más probable es una lucha de poder en la cual Raúl Castro tratará de evitar el cambio. El resultado de esa contienda es incierto, pero ella hará que incluso una apertura parcial del sistema entrañe riesgos para Raúl y los otros. La lucha enfrentará probablemente a los tradicionalistas con una facción lo suficientemente astuta como para darse cuenta que sólo una transición hacia la democracia y una economía de mercado tiene sentido para ellos y los demás.

Fidel Castro coqueteó con el modelo chino entre 1992 y 1997, cuando, ansioso por sobrevivir al colapso del imperio soviético que lo había subsidiado por la friolera de $6 mil millones anuales durante tres décadas, permitió las remesas de dinero de los cubanos exiliados, el turismo, los emprendimientos conjuntos entre las empresas estatales y los inversores extranjeros, y los restaurantes caseros conocidos como "paladares".

Fue la tercera fase de la historia económica de la revolución. Primero tuvo lugar la "debacle" de comienzos de los años 60, cuando el modelo de industrialización del Che Guevara basado en la planificación centralizada destruyó la economía. Luego vino la era colonial: Castro enviaba azúcar a los soviéticos, a cambio de petróleo, algunas plantas industriales y equipamiento militar. El colapso de la Unión Soviética puso fin a eso. La tercera fase – un tenue versión del modelo chino – gradualmente concluyó a finales de los 90. La cuarta y actual fase de dependencia total con respecto a Hugo Chávez, quien envía a Cuba 100.000 barriles diarios de crudo refinado, alimentos, y algunos materiales para la construcción a cambio de algunos miles de médicos y asesoría para la construcción de un estado policial, era la apuesta de Castro para los años venideros.

La razón por la cual Castro detuvo las reformas en los 90 fue perfectamente razonable: se percató de que pronto surgirían centros de poder más allá de su control, subvirtiendo la premisa del gobierno unipersonal. En el sistema cubano, sólo un hombre podría revertir el rumbo ahora mismo y desempeñar, una vez más, el rol de trasvesti ideológico sin perder la lealtad de todo el régimen: el propio Fidel Castro. Raúl ha expresado esporádicamente su admiración por China y sugerido la posibilidad de llegar a algún arreglo con Washington, pero es también uno de los dirigentes revolucionarios más despiadados. Su nombre se asocia a muchas de las ejecuciones que han tenido lugar en Cuba; ha jugado un rol primordial en las purgas que periódicamente han sacudido a las fuerzas armadas, incluida la que envió a los generales Arnaldo Ochoa y Antonio de la Guardia al paredón en 1989. Sabe que cualquier intento por revertir el curso y cuestionar el legado de Fidel Castro lo volvería vulnerable a facciones que podrían enfrentársele invocando los auténticos principios de la revolución (quizás utilizando la ley sancionada en junio de este año).

El otro escenario posible -- la perpetuación de la revolución sin Fidel Castro -- es también improbable. Se trata de un régimen que ha enviado a miles de personas a la muerte ya sea ejecutándolas, haciendo que escapen en balsas que desaparecieron en las aguas infestadas de tiburones del estrecho de la Florida, o enviándolos a librar guerras en el África. Ha provocado que una quinta parte de la población se marche al exilio y convertido a la que en 1959 era una de las tres economías más exitosas de América Latina en un país limosnero. Solamente la férrea lealtad a Fidel Castro de parte de la estructura comunista y la aplastante maquinaria de represión personalmente subordinada a él ha sido capaz de preservar la unidad del gobierno ante tal atroz sufrimiento por parte del pueblo. Raúl, un septuagenario enfermo con fama de gran bebedor, no posee nada que se parezca a la legitimidad de su hermano. Sus subordinados cercanos en el ejército, los generales Julio Casas y Abelardo Colomé, y su yerno, el teniente Luis Alberto Rodríguez, no bastan para garantizarle un trayecto sin problemas durante los próximos años.

Por consiguiente, una lucha de poder es lo más probable, quizás relativamente pronto. No hay forma de saber si será un enfrentamiento pacífico o si una facción harta de esta colosal farsa revolucionaria prevalecerá e iniciará un periodo de transición. Pero al menos sabemos, a juzgar por la experiencia de las dos últimas décadas alrededor del mundo, que una de las últimas cinco tiranías comunistas que quedan en el planeta está agonizando. Viva Cuba libre!

Tomado de The Wall Street Journal

La Fabula del Aguila y el Tomeguin

Alfredo M. Cepero
Publicado: 03 Julio 2005

La Fabula del Aguila y el Tomeguin por AAlfredo M. Ceperolfredo M. Cepero

Natural de Cuba, es poeta, articulista, Asesor Financiero y Gerente de Axa-Equitable y cofundador del Partido Nacionalista Democrático. Formó filas en la Brigada 2506 y el ejército de EE. UU. Ha sido corresponsal, escritor y Jefe de Redacción de Idioma Español en La Voz de los EE. UU. Y Director de noticias del Canal 23 (Miami).

Durante casi dos siglos los cubanos hemos buscado infructuosamente en los Estados Unidos de Norteamerica la solución a nuestros problemas nacionales. Es hasta cierto punto explicable que la prosperidad económica, el poderío militar y la estabilidad institucional de esta gran nación nos deslumbrara al punto de crear un espejismo dentro del cual nuestra supervivencia como nación estaría garantizada por la protección del coloso del norte. Nuestra historia es rica en ejemplos de lo que acabamos de decir; donde el más doloroso y reciente lo constituye aquella frase repetida hasta el cansancio en 1959: “ Los americanos no van a permitir un estado comunista a 90 millas de sus costas”. Cuarenta y seis años después sabemos que no sólo lo permitieron sino que fué necesaria una amenaza nuclear contra su propia población en octubre de 1962 para que abandonaran su indiferencia ante la tormenta que se cernía sobre el continente. Y todos sabemos que, en el proceso de solución de la crisis, fué negociada la libertad del pueblo de Cuba a cambio de la seguridad del pueblo de los Estados Unidos. En esta ocasión, aunque nos moleste pero como era su deber, Kennedy dió prioridad a los intereses del pueblo que lo había elegido. Sin embargo, esa compleja relación entre la majestuosa águila norteamericana y el jovial tomeguín cubano comenzó de manera inesperada y en contraste con los acontecimientos de años posteriores. En el invierno de 1781, los soldados del Ejercito Continental al mando del General George Washington deambulaban hambrientos y descalzos en espera de ser aniquilados por las tropas inglesas al mando del General Charles Cornwalis. El Almirante De Grasse fué enviado a Cuba a recaudar fondos para las tropas de Washington y las damas habaneras ofrendaron sus joyas para salvar la libertad norteamericana. El resultado fué la victoria de Yorktown, donde fué consolidada la independencia de los Estados Unidos de Norteamerica. Cuando a principios del siglo XIX los cubanos decidimos romper nuestros lazos con una metrópolis despiada que explotaba nuestros recursos e ignoraba nuestras reivindicaciones, predominaron dos corrientes contradictorias: la independencia absoluta o la anexión a los Estados Unidos. Hombres ilustres como José Antonio Saco, José de la Luz y Caballero y Gaspar Betancourt Cisneros contemplaron una u otra tésis en distintas etapas de sus vidas. En aquellos años de nacionalismo incipiente, el venezolano Narciso López plantó por primera vez en suelo cubano nuestra enseña nacional con su desembarco y toma de la ciudad de Cárdenas el 19 de mayo de 1850. La expedición, como tantas otras que le siguieron a lo largo de nuestras luchas por la independencia, salió de suelo norteamericano. Pero en el siglo XIX, al igual que en nuestros días, la causa de la libertad de Cuba tuvo aliados y adversarios en el ámbito político de los Estados Unidos. En 1870, el Presidente Ulyses Grant calificó de “forajidos” a los insurrectos que luchaban frente a las tropas españolas. Años más tarde, en 1895, el Presidente Cleveland asestó un golpe que resultó casi fatítico a los planes de José Martí para liberar a nuestra patria con la confiscación de centenares de fusiles, municiones y vituallas en la isla floridana de Fernandina. Andando el tiempo, la noble gesta de la Guerra Hispanoamericana fué manchada por la ausencia forzada del General Calixto García de la capitulación de las fuerzas españolas y de la entrada de las tropas norteamericanas a la ciudad de Santiago de Cuba en julio de 1898. En carta dirigida al General William Shaffter, Calixto García se lamentaba de que: “ Circula el rumor...de que la órden de impedir a mi Ejército su entrada en Santiago de Cuba ha obedecido al temor de venganza contra los españoles.” Y visiblemente indignado agregaba: “Permítame Ud. que proteste...formamos un ejército tan pobre y harapiento como el ejército de sus antepasados en su guerra noble por la independencia de los Estados Unidos de América; pero a semejanza de los héroes de Saratoga y de Yorktown, respetamos demasiado nuestra causa para mancharla con la barbarie y la cobardía.”El 20 de mayo de 1902 nace la Republica de Cuba con el lastre de la Enmienda Platt, que otorga facultades a los Estados Unidos para intervenir en los asuntos internos de la nación cubana. Pero sería injusto atribuir a designios hegemónicos de Washington la segunda intervención norteamericana bajo Charles Magoon en 1906. Los próceres de la Guerra de Independencia devinieron en políticos corruptos y arrogantes que prefirieron una intervención extranjera antes que una negociación entre cubanos. El Presidente Theodore Roosevelt accedió a la intervención solicitada tanto por el gobierno de Estrada Palma como por la oposición después de agotar numerosas vías para calmar las pasiones. En 1933, con otro Roosevelt en el poder, causas y acontecimientos similares condujeron a la llamada “mediación” del Embajador Norteamericano Summer Welles, durante la crisis que se produjo con motivo de la caída del gobierno del General Gerardo Machado. Una vez más los cubanos, incapaces de entendernos para gobernar, abdicabamos de nuestra responsabilidad ciudadana y rendíamos nuestra soberanía nacional ante una potencia extranjera. El resultado fué una cadena de gobiernos corruptos, ineficientes y dictatoriales que crearon un estado de indiferencia y desesperación ciudadanas donde creció como la mala hierba el evangelio de odio del castrocomunismo. Al igual que en 1906 y 1933, desde 1959 los cubanos hemos buscado en Washington la solución a nuestra devastadora tragedia nacional. Analizado a la luz de la historia, el desastre de Girón no debió habernos sorprendido. Los norteamericanos se replegaron para proteger los que erroneamente creyeron sus intereses nacionales y los cubanos participamos a ciegas en un juego donde nuestros aliados tenían todas las cartas. Pero en Girón, a diferencia de la llamada “Crisis de los Cohetes”, Kennedy incurrió en un delito flagrante de traición a un grupo de hombres que había sido entrenado y armado por los Estados Unidos para poner fín a una amenaza común. Los breves años de confrontación abierta entre Washington y La Habana fueron seguidos por una etapa de compasión hacia las víctimas y de contemporización con el enemigo. Quienes tomamos el camino del exilio norteamericano fuímos calificados de “refugiados políticos” y se nos proporcinaron numerosas oportunidades para integrarnos a esta sociedad opulenta. Por su parte, el tirano disfrutó de impunidad para llevar la subversión y la guerra a las más remotas regiones del mundo como “condottiero” de la Unión Soviética. En un intento por abrir un frente en el campo de las ideas, el Presidente Ronald Reagan promovió la creación en 1984 de Radio y Televisión Martí, cuya eficacia se ha visto mermada por la falta de compromiso de sus sucesores para obtener fondos suficientes para sus operaciones. Al punto de que, 21 años después de su creación, el gobierno escatima unos miserables 10 millones de dólares para operar el avión que facilitaría una recepción nítida en la isla. Y cualquiera sabe que transmisiones sin recepción son literalmente “palabras que se lleva el viento”. Pero sin dudas lo más desconcertante ha sido la dialéctica de belicosidad sin acciones de los residentes de la Casa Blanca a lo largo de estos 46 años. Y lo más doloroso, el cambio drástico en la terminología y el trato a quienes se juegan la vida en el Estrecho de la Florida para escapar de la tiranía. Ya no somos “refugiados” sino “migrantes”. Ya no se nos acoge como víctimas del comunismo sino se nos devuelve a un infierno totalitario donde se violan todos los derechos humanos. La llamada “Ley de pies secos, pies mojados” no es otra cosa que un subterfugio para lavarse las manos y una estratagema para apaciguar al tirano. Es, sobre todo, una ley indigna de la tradición democrática, incluyente y compasiva de los Estados Unidos que fué puesta en vigor por nuestro taimado adversario Bill Clinton y debe ser derogada por quién se proclama nuestro amigo el Presidente George W. Bush. Y si el visionario que llevó la democracia a miles de millas de distancia en Iraq y Afganistan quiere contribuir a que florezca a sólo 90 millas, no tiene que enviar soldados ni gastar billones de dólares. Bastaría con que aplicara el Título III de la Ley Helms-Burton, el cual castiga a aquellos extranjeros que se asocian con el tirano para robarse nuestros bienes nacionales. En realidad, la ley no aplicada es peor que la ausencia de ley porque, si la segunda crea un vacío jurídico, la primera resta credibilidad al gobierno que la ignora. Un gobierno que hace ostentación de valores éticos como el del Presidente Bush no puede ignorar el Título III. Volviendo a nuestro “mea culpa”, es de esperar que los cubanos hayamos aprendido algo del rosario de sufrimientos y desastres en que hemos convertido nuestra vida nacional en los cien años de independencia nominal y de dependencia auto-impuesta, transcurridos desde el 20 de mayo de 1902. Nos acercamos irremisiblemente a un nuevo amanecer de libertad para el cual debemos empezar a prepararnos desde ahora. Un nuevo amanecer de interdependencia con todos y dependencia de nadie. Y, sobre todo, donde nuestras relaciones internacionales tengan como prioridad nuestros intereses nacionales. Si fracasamos no culpemos a más nadie que a nosotros mismos. Ya es hora de que el tomeguín aprenda a volar por sí mismo sin esperar por la protección del águila.

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