Patria de Martí Artículos y Ensayos
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Patria de Martí🎅Feliz Navidad y un bondadoso año 2026 Le deseamos, de parte de todos en Patria de Martí y The CubanAmerican Voice, una muy feliz Navidad y un bondadoso año 2026. Rogamos que la...
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Eduardo MesaLa Revolución del callo y el ministro Gil Mi abuelo siempre decía: “Esta es la revolución del callo, porque la gente es revolucionaria hasta que le pisan el callo.” Abuelo sabía de lo que hablaba...
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Vicente Morín AguadoCristóbal Colón, el descubridor y los descubiertos ante la historia “Fue tal la grandeza del descubrimiento, que aquel a quien se debe no pudo comprenderla, adivinando solo una pequeña parte de la...
[Lee el artículo completo]Obdulio Cintaya, el quedaito que odiaba el embargo
Eduardo MesaObdulio Cintaya, el quedaito que odiaba el embargo Al mirar las noticias de ayer sobre los resultados de la votación de la Asamblea General de las Naciones Unidas acerca del embargo, vino a mi...
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Jorge Luis LeónLa masacre silenciosa: Cuba, el genocidio de la infamia En el silencio de las calles cubanas, donde el hambre se confunde con la resignación y la fe con la impotencia, se desarrolla un drama que el...
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Eduardo MesaEl Primer Comité Antitrumpista de Miami ha sido fundado El ingeniero Aguililla ha convocado a sus viejos amigos de la infancia para fundar el primer Comité de Resistencia Antitrumpista de la Ciudad...
[Lee el artículo completo]- Armando M D'Fana
En la historia de las relaciones internacionales hay decisiones que marcan a generaciones enteras. Una de ellas, poco discutida fuera de los círculos especializados, ocurrió en octubre de 1962. Aquella fue la llamada Crisis de los Misiles: trece días que pusieron al mundo al borde de la guerra nuclear. El desenlace es conocido: la Unión Soviética retiró sus misiles de Cuba y Estados Unidos se comprometió a no invadir la isla. Lo que rara vez se subraya es que este compromiso no fue un gesto aislado, sino una pieza central de un pacto que cambiaría para siempre el destino de Cuba y, con él, el de toda América Latina.
Cuba, 1962: El precio del acuerdo
Cuando John F. Kennedy y Nikita Jrushchov sellaron aquel entendimiento, Cuba estaba lejos de ser un asunto cerrado. Existían focos de resistencia armada en el Escambray y otras regiones, guerrillas formadas y abastecidas en parte gracias a redes organizadas por la CIA. También había un movimiento cívico en el exilio con recursos, hombres y voluntad para luchar contra el régimen de Fidel Castro.
El acuerdo de 1962 no solo implicó que Estados Unidos se abstendría de invadir la isla. En la práctica, significó el abandono total de la insurgencia interna y del proyecto de derrocamiento del castrismo. Washington no solo dejó de apoyar a las guerrillas: llegó a vigilar y frenar intentos de ataques desde territorio estadounidense para “proteger” el pacto con Moscú.
Leer más…De Cuba a Venezuela: ¿Repetirá Estados Unidos el pacto que consolidó una tiranía?- Jorge Luis León
Mientras Europa lidia con las consecuencias de haber cedido su soberanía en nombre del multiculturalismo y la inclusión sin control, Estados Unidos enfrenta una encrucijada decisiva. ¿Repetiremos el error europeo o despertaremos a tiempo? Donald Trump, con todos sus defectos, encarna la resistencia a un proyecto globalista que amenaza con borrar las raíces y el orden de las naciones. Recordar a Reagan !
“Una nación que no controla sus fronteras, no es una nación.”
— Ronald Reagan
Cuando decidí trabajar en mi artículo “Donald Trump en la encrucijada”, comencé por observar los resultados de políticas similares a las implementadas por la administración de Joe Biden, pero en el contexto europeo. Lo que encontré me estremeció profundamente: Francia, Alemania, Suecia, España… naciones otrora símbolos de orden, cultura y progreso, están hoy sumidas en un caos permanente, incubado desde dentro por el germen de una ideología globalista que desconoce la identidad, la historia y la soberanía de los pueblos.
Leer más…La frontera es la nación: Europa como advertencia, Trump como resistencia- Jorge Luis León
Basta de eufemismos, de tecnicismos estériles, de análisis tibios.
Lo que está ocurriendo en Cuba no puede llamarse de otro modo: es un genocidio silencioso, sistemático, cotidiano y consentido.
No es la palabra exagerada de un exiliado apasionado, ni el desahogo emocional de un testigo dolido. Es la constatación escalofriante de una realidad que, aunque oculta por la propaganda del régimen, se filtra a través de cada lágrima de una madre, de cada anciano que escarba entre los basureros, de cada joven que se lanza al mar sin saber si verá el amanecer.
Hace apenas dos días, murió una tía de mi esposa. No de cáncer terminal ni de un accidente inesperado. Murió porque no había medicamentos. Porque el sistema sanitario está en ruinas. Porque no hay ambulancias, no hay atención, no hay oxígeno, no hay respeto por la vida. Porque todas las funerarias estaban llenas. Colapsadas. La muerte hace cola en Cuba. La muerte es un trámite burocrático más.
Los cementerios no dan abasto. Los hospitales son casas del espanto. Las farmacias, vitrinas vacías. En medio de una isla tropical, el agua potable es un lujo y la electricidad es intermitente. La escasez ya no es crisis: es normalidad. La dictadura no reacciona porque ese es su plan: dejar morir, desgastar, eliminar.
La Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio (1948) define el genocidio como “actos perpetrados con la intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso”. En Cuba, el objetivo es otro: aniquilar moral y físicamente a la ciudadanía que no se somete. No con cámaras de gas, sino con hambre, desatención médica, represión y desesperanza.
¿Acaso no es genocidio cuando un niño con asma muere porque no hay salbutamol?
¿No lo es cuando los adultos mayores se desvanecen en las calles sin comida ni techo?
¿No lo es cuando el sistema impide que sobrevivas si no te sometes, si no aplaudes, si no mientes?
Cuba es hoy una fosa común en cámara lenta.
La esperanza de vida está en retroceso. La Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI) omitió los datos de mortalidad durante la pandemia. Se calcula que más de 30.000 personas murieron por COVID-19 sin atención adecuada.
La mortalidad infantil está maquillada. Las tasas que se publican no incluyen los nacidos muertos, los neonatos fallecidos en el hogar por falta de transporte médico o aquellos a quienes ni siquiera se les permitió nacer por falta de condiciones básicas.
La desnutrición es severa. Según la ONU, el 70% de los hogares cubanos presenta inseguridad alimentaria. El éxodo no tiene precedentes: más de 600.000 cubanos salieron del país entre 2022 y 2024, huyendo del hambre por rutas de altísimo riesgo. Equivale al 5% de la población en menos de dos años.
El régimen ha institucionalizado la mentira como política. La palabra “bloqueo” se ha convertido en su excusa fetiche. Pero la verdad es otra: los productos básicos —arroz, leche, aceite— no están disponibles en pesos cubanos. Solo se consiguen en tiendas en dólares, inaccesibles para quienes viven con pensiones de 1.500 pesos cubanos, apenas 5 USD al mes.
El sistema sanitario recibe donaciones millonarias de ONGs y gobiernos extranjeros, pero los hospitales siguen sin jeringas ni antibióticos. ¿A dónde va el dinero? Al turismo para extranjeros, a la propaganda, a la represión. El poder se alimenta del saqueo, de la sumisión, de una pobreza diseñada. Mientras los líderes del Partido Comunista viajan, comen en restaurantes de lujo y se atienden en clínicas privadas, el pueblo muere en silencio.
Y no solo el régimen es culpable. Hay cómplices externos e internos. Los que gritan "¡Viva Fidel!" desde Miami, mientras comen en cadenas norteamericanas. Hipócritas. Los artistas e intelectuales que callan, que prefieren la beca a la verdad. Los gobiernos de América Latina que aplauden al régimen mientras condenan otras dictaduras. Lula, Petro, López Obrador... todos han sido partícipes del encubrimiento. También los organismos internacionales que miran hacia otro lado, por conveniencia o cobardía.
Lo que ocurre en Cuba no es un error de sistema. No es un “mal momento”.
Es una maquinaria criminal que ya no necesita fusilar, porque mata de hambre, de tristeza, de abandono. La comunidad internacional tiene la obligación moral de nombrarlo como es: genocidio social, económico y moral.
El exilio cubano, lejos de ser traidor, ha sido sostén. Ha sido pan, ha sido medicina, ha sido salvación. Pero no puede seguir solo. Cuba necesita algo más que ayuda: necesita justicia. Necesita que los responsables sean señalados. Que los crímenes sean juzgados. Que el pueblo se levante, y que el mundo escuche.
Porque cada silencio es complicidad.
Cada aplauso a la revolución es un disparo contra la dignidad humana.
Cada excusa es una lápida más.
¡Genocidio! Sí, genocidio. Y es hora de decirlo sin miedo.
Por los que murieron. Por los que sobreviven.
Y por los que aún sueñan con una Cuba libre.
- Jorge Luis León
Aún hoy, cuando Cuba es un despojo social y económico, hay quienes insisten en glorificar a Fidel Castro como una figura respetable de la historia. Pero los hechos son testarudos, y la memoria limpia exige valentía.
Castro no fue un estadista, ni un revolucionario honesto: fue un mentiroso patológico, un corruptor profesional, un destructor sistemático de la nación cubana. Su legado es de ruina, miedo y vergüenza.
Desde que tomó el poder, mintió sin tregua. Afirmó que la revolución no era comunista, mientras negociaba con Moscú a espaldas del pueblo. Prometió elecciones libres que jamás ocurrieron. Juró que no habría culto a la personalidad y terminó multiplicando su imagen hasta el absurdo, invadiendo cada pared, cada escuela, cada cuartel con su rostro y su verbo hueco. Dijo que respetaría la propiedad privada y terminó asfixiando toda iniciativa productiva, nacionalizando con violencia, confiscando sin derecho, sembrando pobreza y dependencia. {loaposition subscribe}
Leer más…Mentir, corromper y destruir: El legado de Fidel CastroPágina 8 de 345