Patria de Martí Artículos y Ensayos
Febrero Rojo: El Mes de Luto que Cuba No Puede Olvidar
- Jose Tarano
Cuando el calendario dice "amor y amistad", la historia cubana grita represión, sangre y silencio
La dualidad trágica del mes para el pueblo cubano
Febrero es el mes que el mundo llama "del amor", pero para los cubanos que luchan por la libertad es sinónimo de represión, mártires, sacrificios y tragedias. Descubre por qué este mes concentra los episodios más oscuros y sangrientos de la historia reciente de Cuba.
Por eso decimos: ¡Prohibido olvidar!
La ironía de un mes
Febrero llega cada año envuelto en corazones rosados, chocolates y promesas de amor eterno. El mundo occidental lo ha bautizado como el mes del amor y la amistad, una celebración de los vínculos que unen a los seres humanos. Pero para millones de cubanos —dentro y fuera de la isla— febrero tiene otro nombre, escrito no con tinta roja de tarjetas románticas, sino con la sangre de sus mártires: es el mes más fátidico y luctuoso del calendario de la resistencia.
La contradicción es brutal. Mientras el mundo se regodea en romanticismos, Cuba registra en febrero algunos de los capítulos más dolorosos de su historia moderna: ejecuciones, derribo de aviones civiles, represalias brutales contra activistas y el silenciamiento sistemático de quienes se atrevieron a soñar con la libertad. Este artículo es un recuento de esa otra historia de febrero: la que la dictadura nunca quiso que el mundo recordara.
24 de febrero: Entre la esperanza histórica y la tragedia moderna
El 24 de febrero es una fecha de profundo simbolismo para Cuba. En 1895, se produjo el Grito de Baire, el alzamiento que dio inicio a la Guerra de Independencia contra el colonialismo español. Aquel levantamiento fue el resultado directo de años de organización clandestina liderada desde el exilio por José Martí, su principal arquitecto intelectual y político, quien semanas después desembarcaría en Cuba para unirse a la lucha junto a los mambises. Para los cubanos de aquella generación, ese día representó el nacimiento de una nación que anhelaba ser libre. Más de un siglo después, esa misma fecha fue elegida —con crueldad simbólica o ignorancia histórica— para convertirse en uno de los actos más cobardes del régimen castrista.
El 24 de febrero de 1996, dos avionetas civiles de la organización Hermanos al Rescate fueron derribadas por cazas militares cubanos MiG-29 sobre aguas internacionales del estrecho de la Florida. Cuatro hombres murieron: Carlos Costa, Armando Alejandre Jr., Mario de la Peña y Pablo Morales. Tres eran ciudadanos estadounidenses y uno residente de origen cubano, que se dedicaban a rescatar balseros en el mar y a lanzar octavillas en defensa de los derechos humanos.
No portaban armas. No representaban ninguna amenaza militar. Fueron asesinados a sangre fría por orden del gobierno cubano, que celebró el acto como una victoria.
El mundo condenó el crimen. El Consejo de Seguridad de la ONU lo calificó de violación del derecho internacional. Estados Unidos impuso nuevas sanciones. Pero los cuatro hombres no regresaron. Sus nombres quedaron grabados en la memoria de los cubanos libres como símbolo del precio de defender la humanidad frente a la tiranía.
Febrero de 2003: El preludio a la "Primavera Negra"
Febrero de 2003 fue el mes en que el régimen cubano comenzó a tejer la red que atraparía a decenas de los más destacados disidentes, periodistas independientes, bibliotecarios y activistas del país. En ese mes se intensificaron las vigilancias, los seguimientos y las detenciones previas que culminarían en marzo de 2003 con la mayor ola represiva desde los años 60: la tristemente célebre "Primavera Negra".
Setenta y cinco ciudadanos fueron arrestados y condenados a penas de entre 6 y 28 años de prisión por el delito de pensar diferente, de escribir libremente, de organizarse pacíficamente. Febrero fue el mes de la planificación de ese crimen de Estado. Muchos de los detenidos padecieron graves problemas de salud en las cárceles cubanas, donde la falta de atención médica era una forma más de castigo. Algunos murieron antes de que se les hiciera justicia.
El martirio de Orlando Zapata Tamayo
Si hay un nombre que condensa el horror de lo que Cuba hace con sus hijos más valientes, ese nombre es Orlando Zapata Tamayo. Plomero de profesión, activista por convicción, Zapata fue detenido durante la Primavera Negra de 2003 y condenado a 36 años de cárcel. En prisión, se convirtió en un símbolo vivo de resistencia. Sometido a condiciones inhumanas, inició una huelga de hambre que se prolongó durante 83 días.
El 23 de febrero de 2010, Orlando Zapata Tamayo murió. Tenía 42 años. Su muerte sacudió la conciencia internacional y encendió protestas en toda Cuba. El gobierno respondió con más represión. Las Damas de Blanco —el movimiento fundado por esposas y madres de presos políticos— fueron golpeadas y arrestadas cuando intentaron marchar en su honor. Febrero, una vez más, se teñía de sangre cubana.
Zapata se convirtió en el primer preso político cubano muerto en huelga de hambre en casi 40 años.
Su nombre es pronunciado hoy como el de un mártir, pero también como una acusación permanente contra un sistema que prefiere dejar morir a sus opositores antes que concederles la razón.
Febrero de 2021: La represión tras las protestas del 11J
Aunque las históricas protestas del 11 de julio de 2021 ocurrieron en verano, sus consecuencias más graves se concentraron en los meses siguientes y febrero fue testigo del recrudecimiento de las condenas. A lo largo de ese mes, tribunales militares y civiles dictaron sentencias desproporcionadas contra manifestantes pacíficos: jóvenes de 18, 20, 25 años condenados a 10, 15, hasta 25 años de prisión por el delito de gritar "Libertad" en las calles de su propio país.
Organizaciones de derechos humanos como Amnistía Internacional y Human Rights Watch documentaron cientos de casos de torturas, aislamiento prolongado y negación de asistencia legal. Las madres de los presos del 11J convirtieron febrero en un mes de vigilia permanente: frente a las cárceles, en las redes sociales, en los consulados cubanos en el exterior.
Febrero volvía a ser el mes donde el amor —esta vez el amor de una madre por su hijo preso— se enfrentaba a la maquinaria implacable del poder.
Las ejecuciones de febrero: un patrón que la historia registra
Los primeros años de la Revolución Cubana estuvieron marcados por fusilamientos masivos. Muchos de ellos ocurrieron en los meses de invierno, incluyendo febrero. El propio Ernesto "Che" Guevara, como jefe de La Cabaña, supervisó cientos de ejecuciones entre 1959 y 1960. Los registros históricos señalan que en febrero de 1959 ya se llevaban a cabo fusilamientos de ex militares, policías y opositores, muchos de ellos sin los mínimos estándares de un juicio justo.
Este patrón de violencia institucionalizada en febrero no es una coincidencia histórica: es el reflejo de un sistema que ha utilizado el terror como herramienta de gobierno desde sus primeros días, sin respetar ni siquiera los meses que el mundo dedica a la celebración de la vida y el afecto.
Las Damas de Blanco: Amor que desafía al régimen
Si hay una imagen de febrero que merece ocupar el corazón de este relato, es la de las Damas de Blanco marchando cada domingo con una flor en la mano. Fundadas en 2003 por las esposas y madres de los presos de la Primavera Negra, estas mujeres han convertido su amor filial en uno de los actos de resistencia civil más conmovedores y valientes de la historia cubana reciente.
En múltiples febreros, estas mujeres han sido golpeadas, arrestadas, insultadas y humilladas por agentes del Estado y grupos de choque organizados por el gobierno. Su crimen: caminar pacíficamente vestidas de blanco, asistir a misa y reclamar la libertad de sus seres queridos.
Ellas son la prueba viviente de que en Cuba el amor más genuino —el de una madre, el de una esposa— choca frontalmente con la brutalidad del poder.
Conclusión: Recordar es resistir
Febrero en Cuba es un espejo roto. En uno de sus fragmentos se refleja el mundo que celebra el amor; en el otro, una isla donde amar la libertad puede costarte la cárcel, la tortura o la vida.
La contradicción no es accidental: los regímenes totalitarios prosperan precisamente en esa brecha entre la narrativa que proyectan al exterior y la realidad que imponen al interior.
Cada 24 de febrero en que se conmemoran a los mártires de Hermanos al Rescate, cada aniversario de la muerte de Orlando Zapata Tamayo, cada sentencia injusta leída ante un tribunal cubano en este mes:
Es un recordatorio de que la lucha por la Cuba libre no es un eslogan político: es una deuda moral de la humanidad con un pueblo que lleva décadas pagando con su sangre el precio de soñar con la democracia.
Llamar a febrero el "mes del amor" en Cuba no es una ironía menor: es una afrenta. Y recordarlo con la verdad —toda la verdad— es la única forma honesta de honrar a quienes dieron y siguen dando todo por una causa justa. Recordar es resistir. Y la resistencia, tarde o temprano, triunfa.
"En Cuba, febrero no huele a rosas. Huele a pólvora, a celda húmeda, a madre llorando en silencio."
— Frase evocadora del sentir del exilio cubano
🖋️Autor Jose Tarano
Jose Tarano es productor técnico, diseñador gráfico, colaborador e investigador de Patria de Martí y The CubanAmerican Voice y columnista. Es licenciado en Ingeniería Eléctrica en Telecomunicaciones por el ISPJAE y es fundador de Electronics JR Computer Design and Service. Es oriundo de Santiago de las Vegas, La Habana, Cuba, pero reside en Estados Unidos.