Patria de Martí Artículos y Ensayos
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Patria de Martí🎅Feliz Navidad y un bondadoso año 2026 Le deseamos, de parte de todos en Patria de Martí y The CubanAmerican Voice, una muy feliz Navidad y un bondadoso año 2026. Rogamos que la...
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Armando M D'FanaLa Sinfonía del Hemisferio Movimientos de poder en el Caribe y el despertar estratégico de Estados Unidos Pensamiento Los instrumentos de esta sinfonía no son violines ni trombones, sino...
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Eduardo MesaObdulio Cintaya, el quedaito que odiaba el embargo Al mirar las noticias de ayer sobre los resultados de la votación de la Asamblea General de las Naciones Unidas acerca del embargo, vino a mi...
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Jorge Luis LeónLa masacre silenciosa: Cuba, el genocidio de la infamia En el silencio de las calles cubanas, donde el hambre se confunde con la resignación y la fe con la impotencia, se desarrolla un drama que el...
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[Lee el artículo completo]- Armando Ribas
Terrorismo Humanitario por Armando Ribas
Es abogado, profesor de Filosofía Política, periodista, escritor e investigador cubano que reside en la Argentina. Se graduó en Derecho en la Universidad de Santo Tomás de Villanueva, en La Habana y en 1960 obtuvo un master en Derecho Comparado en la Southern Methodist University (Dallas, Texas, EE.UU.). Es columnista para el Diario de las Américas y otras publicaciones.
La farándula creada alrededor de un hecho dramático, constituye una vez más un asalto a la moral y los más elementales principios de la justicia, es decir a la civilización. Como bien dijera Alberdi: ..." no he visto que la civilización signifique otra cosa que la seguridad de la vida, de la persona, del honor y de los bienes...". Es decir que la civilización es la garantía de los derechos individuales fundamentalmente la vida y la libertad.
¿Qué derecho tiene un movimiento subversivo y criminal como las FARC de mantener rehenes, o sea privar de la libertad a innumerables personas, con el solo propósito de violentar un gobierno elegido libremente y que respeta los derechos individuales? Por tanto ¿en que sentido se puede considerar que la propuesta de liberar a personas detenidas ilegalmente pueda considerarse un acto humanitario? Más aun cuando mantienen en condiciones infrahumanas a otras setecientas personas, entre ellas a Ingrid Betancourt cuya última foto muestra la forma en que son tratados los rehenes, por si había alguna duda.
Según información creíble las FARC tienen un apoyo político en la República Bolivariana. Es indudable la coincidencia ideológica del presidente de Venezuela, con el movimiento terrorista más antiguo de América Latina. Se sabe igualmente que las FARC están asociadas al narcotráfico, o sea que no debiera haber alguna duda de la condición criminal de este movimiento. Por tanto la participación activa de Chávez para la supuesta operación Enmanuel muestra a las claras que más que un intermediario es un representante de dicho movimiento.
La diferencia entre Chávez y Marulanda no es otra que mientras el primero detenta el poder en Venezuela, el segundo lo busca a través de la subversión y el terrorismo. Esta colusión de Chávez con un movimiento subversivo que amenaza la legitimidad del proceso político colombiano constituye una injerencia en los asuntos internos de un país soberano del continente. Por tanto es indudable que esa acción constituye una violación del Tratado de Río de Asistencia Recíproca.
Como antes dije se ha podido comprobar que la FARC constituyen un instrumento decisivo en el tráfico de drogas. Es decir del negocio más proficuo después de petróleo, gracias a la decisión de Estados Unidos de mantener la ilegalidad del comercio de este producto; ignorando por una parte su propia experiencia con el alcohol, y en segundo lugar no menos importante, el principio liminar de la filosofía política americana que es el derecho del hombre a la búsqueda de su propia felicidad. Dicho sea de paso Estados Unidos no obstante la DEA constituye el mayor mercado de drogadle mundo.
No obstante estas realidades indiscutibles, la mera proposición de la FARC de entregar a los tres rehenes ha logrado ser un hecho notorio, inclusive humanitario que ha competido con la media internacional con el asesinato lamentable de la SRA Bhuto en Pakistán. Por supuesto como no podía esperarse menos, nuestro cuasi ex presidente presentó rápidamente para participar de esta pantomima humanitaria con juntamente con el canciller Tatiana, asumido ex montonero, que hoy conduce en lo que le permite la el matrimonio presidencial la política exterior argentina.
Se me antoja recordar que no existe un concepto más sublimado y desde mi punto de vista (Hume mediante) más equívoco que el del humanismo. Hasta Descartes reconoció que: "Los frutos del árbol del conocimiento evitarían las consecuencias de la Caída del paraíso terrenal, o más precisamente efectivamente negarían su veracidad".La ignorancia de esta realidad de la verdadera naturaleza humana (falible como lo reconoce el Evangelio) y sublimada equívocamente, con propósitos políticos, se han sustentado todos los sistemas totalitarios. Así lo expresa claramente Kart Popper en su obra Conjeturas y Refutaciones y dice: "Pero simplemente es un hecho que los grandes dictadores trataron siempre de convencer a sus pueblos que ellos conocían el camino hacia una moral más elevada...la utopía genera la violencia" Y esa utopía del humanismo sublimado en la supuesta igualdad genera el despotismo desde el poder y el terrorismo para obtenerlo.
La historia nos muestra que desde el principio el ser humano estuvo muy lejos de representar el bien como consustancial a su naturaleza. No hay que aceptar el principio de Hobbes de que el hombre es lobo para el hombre, para reconocer la naturaleza humana tal como lo es. De haber sido diferente la guerra no hubiera existido, y el mandato de amar al prójimo como a si mismo es otra prueba evangélica de que el hombre se ama primeramente a si mismo. Por ello dice Hume: "La naturaleza humana no cambia, si queremos cambiar los comportamientos es necesario cambiar las circunstancias".Ese es el proceso de civilización que ha sido la superación del humanismo y que como señala Hume es un aprendizaje de la historia y la libertad un lujo de la sociedad civil".
Ya Alberdi había tomado conciencia de que la idea de la libertad que había sido alcanzada en su época como el respeto por los derechos individuales era ajena a la historia de la humanidad. Y se refería tanto a Grecia como a Roma. Tal vez había leído a Tucidides. Y ahí tenemos como el mero concepto de virtud desde Grecia en adelante estaba relacionado con el coraje, y la guerra y la pertenencia del individuo al estado, la regla moral que llegara hasta nuestros días a través de Hobbes, Rousseau, Kant Hegel. Marx aprovechó el antagonismo kantiano como la virtud de la naturaleza y la razón en la historia para proponer la sublimación de la lucha de clases. El resultado fue la justificación del poder absoluto como correlato de haber comido del fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal. Así se hizo uso de la envidia en el mejor sentido de Caín para ignorar la sabiduría del evangelio de la aceptación de la falibilidad humana (El justo peca siete veces) el mandato de no mirar la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio y la tolerancia(El que esté libre de pecado que arroje la primera piedra).
No obstante estas premisas seguidas por la realidad histórica, en este siglo se ha sublimado la naturaleza humana, como un concepto ético universal, a partir del cual todo aquel que hable en nombre de ella (Hebe de Bonafini) aparece como el epítome de la moral universal. Y por supuesto ¿Quién es el enemigo por antonomasia del ser humano? El individuo que pretende la búsqueda de su propia felicidad y el respeto por sus derechos. En otras palabras toda la funesta ética del totalitarismo como expresión de la voluntad general del bien frente al egoísmo individual, se encuentra vigente en la sociedad del siglo XXI, no obstante la derrota del nazismo y del fascismo y de la implosión del Imperio Soviético.
Es sólo bajo esta visión que Thomas Sowell ha conceptualizado como de los ungidos que se ha podido considerar la oferta fallida de los terroristas de la FARC , como una acción humanista frente al imperialismo y al materialismo de la sociedad liberal. Así en nombre de las desigualdades sociales que se acepta casi universalmente como causada por el mal denominado por Marx capitalismo, se valora un acto que a su vez ignora la permanencia y el maltrato a otros setecientos rehenes. De eso no se habla.Y más aun se ignora que solo recientemente veinticinco cubanos que intentaron escapar del paraíso comunista del Caribe fueron muertos por las huestes de Fidel Castro hundiendo el barco en que iban.
Ante esta campaña humanitaria, por supuesto se intenta hacer aparecer al presidente Uribe como el malo de la película, por pretender elimina a los verdaderos causantes del dolor de las familias de los rehenes. El terrorismo aparece justificado por los ungidos en nombre de las desigualdades sociales, ignorando por supuesto que la mayor desigualdad social es la que surge del poder absoluto como el que ostenta Fidel Castro y ahora lo pretende su discípulo el presidente Chávez.
En su momento las coordenadas no aparecieron, así como tampoco los rehenes, y el terrorismo humanitario fracasó con todos sus proponentes y particularmente Chávez, que era el padre de la criatura. Pero como es evidente que las FARC no podían dejar colgado de la brocha, a su socio político, ideológico y...., finalmente aparecieron las coordenadas. El reencuentro con los rehenes por supuesto ha provocado una vez más que la emoción indiscutible del hecho provocara el aparente olvido de la realidad del terror y el narcotráfico de las FARC y por supuesto del dolor permanente de los más de setecientos rehenes todavía en poder de los terroristas. . .
www.armandoribas.com.ar
- Pilar Rahola
Todos los muertos merecen tener un lugar en la memoria por Pilar Rahola
Nacida en Barcelona, España es Doctora en Filología Hispánica y Catalana por la Universidad de Barcelona. Ha sido autora, conferencista y periodista de televisión, radioy prensa escrita. Fue ex-diputada en el Parlamento español por la Izquierda Republicana Catalana y ex-vicealcaldesa de la ciudad de Barcelona. En la actualidad, en el terreno periodístico, escribe en tres periódicos españoles, diario Avui (en catalán), El País y El Periódico.
Su mirada es limpia, profunda, dulce. Pero habla con la fuerza de los que se comprometen más allá de la comodidad y el aplauso. La contemplo en su juventud hiriente, bella, frágil, y algo parecido al sentido materno me inspira un instinto de protección que nadie me ha pedido. Sin embargo, Victoria Villaruel no desea ser protegida, sino escuchada, y su causa fluye por su verbo atropelladamente, casi sin aliento, quizás acostumbrada a tener pocas oportunidades para ser oída.
Estamos en el vestíbulo de los despachos de un amigo, y cuando Victoria ha acabado su explicación, la atmósfera se torna densa. Me dice, con el hilo de una tristeza infinita: "¿Nadie me escuchará?". Noto un rasguño en la conciencia.
Me habla de mujeres que murieron un día cualquiera, caídas bajo balas que no llevaban sus nombres; ellas acompañaban a sus maridos, a sus hijos, a sus vecinos. Me habla de esa niña de 3 años, la primera víctima.
Me habla de Patricia Gay, de sus padres asesinados ante su mirada adolescente, de su suicidio posterior. Me habla de jóvenes soldados, salidos de la pobreza norteña para ganar una comida caliente y unos pesos seguros. Jóvenes del pueblo más llano, asesinados bajo la etiqueta de "enemigos del pueblo". Me habla de ese periodista... y de la bomba..., y de tantos, y la muerte se acumula en la estancia con la temible fuerza arrolladora que la define.
Fueron cientos, la mayoría asesinados antes de la dictadura, víctimas de una revolución que clamaba por la vida, pero hincaba sus pezuñas en el odio. En esta Argentina torturada, cuya dictadura sangrienta, malvada y feroz dejó un reguero de sangre, dolor y rabia, existieron víctimas distintas de las víctimas oficiales, víctimas que no tienen su lugar en la memoria, ni reciben el aplauso oficial, ni salen en las lágrimas públicas. Víctimas que aún se esconden por los rincones de la clandestinidad, como si fueran responsables de su propio asesinato, como si, por haber sido escogidas para morir, tuvieran culpa. Víctimas convertidas en victimarias. Esas víctimas reclaman, desde la oscuridad del olvido, su hueco en la historia de la Argentina. Y, sin embargo, aún no lo tienen.
Me dicen los amigos: te metes en un hormiguero. Sin duda, sobre todo porque soy una extranjera pisando minas de tiempo, y si los propios argentinos aún no han hecho las paces con su memoria –su memoria al completo–, ¿quién es nadie ajeno, para venir a pasar cuentas?
No es ésa la arrogancia de este artículo. Al contrario, parto, si me permiten, de un ejercicio de autocrítica severo y humilde. En España tardamos mucho en descubrir que la maldad del franquismo no justificaba otras maldades. Luchamos como supimos –mal y a destiempo– por recuperar unas libertades que llegaron cuando el dictador murió en la cama. Durante esos largos años de persecuciones, cárcel, exilio y muerte, todo lo que se escondía bajo el paraguas del antifranquismo merecía la etiqueta de heroico y de justo. Y así, nos tragamos el malvado sapo de las bombas de ETA, hicimos borrón a los desmandes trágicos de la República, olvidamos a las víctimas del otro lado y convertimos la realidad española en un mapa maniqueo de buenos y malos.
Por supuesto, el franquismo fue, como toda dictadura, intrínsecamente malvado, y nada justifica ni uno solo de sus abusos, sus atropellos y sus violencias. Mi familia, en este sentido, sabe muy bien de qué hablamos. Pero ni todo fue heroico en el otro lado, ni todo fue justo, ni todo es justificable. Muy al contrario, bajo la noble pancarta de la lucha por las libertades, se escondieron discursos y personas que nunca amaron a la libertad, pero que la usaron como eficaz y violenta excusa. El ejemplo más atroz de ello han sido las víctimas de ETA.
Durante años, y hasta bien entrada la democracia, los familiares de las víctimas de ETA tenían que esconderse bajo los rincones de la vergüenza y el silencio, no reconocidas por casi nadie, culpables de haber merecido la diana que un etarra cualquiera, desde su zulo de muerte, les había pintado. Me avergüenza decir que la sociedad española fue largamente injusta con las viudas, los hijos, los amigos, todos los que perdieron a un ser querido, a causa del terrorismo vasco.
Y si abrimos el melón de los actos violentos de la guerra civil, aún cuesta, en el lado progresista, reconocer a las monjas, a los curas, a los disidentes que las patrullas revolucionarias mataban en las noches de saqueo, mientras gritaban "¡muerte a Franco!". Ser meridianamente claro en la denuncia de la maldad de una dictadura nunca puede implicar amnesia con la propia responsabilidad, desprecio a las otras víctimas, las que generó el bando "amigo" y, sobre todo, justicia de doble moral. Ese error trágico, malvado para todos los que sufrieron, lo cometimos durante décadas.
¿Cuál es el error que cometen ustedes, los argentinos? Por supuesto, ésa es una pregunta cuya respuesta sólo puede surgir de los propios argentinos. Pero me atrevo a sugerir algunas ideas críticas, quizás abusando del amor por este país y de la complicidad que he ido tejiendo con su historia.
La primera idea fundamental es que no hay víctimas buenas y víctimas malas. Las víctimas lo son integralmente, más allá de quiénes apretaron el gatillo. La víctima de una dictadura no es más víctima que la que cayó bajo las balas de un grupo de terroristas, decididos a imponer, con la violencia, sus ideas revolucionarias. Perpetrar todo un edificio de memoria y dignidad, expulsando de ese edificio a una parte sustancial de los que cayeron, es construir sobre barro. Peor aún, es intentar hacer justicia con cimientos injustos.
Si, además, se abre en canal el pasado, se juzga a los criminales, se levantan las amnistías, pero todo ello se hace con la mirada tuerta, sólo hacia un lado de la balanza, entonces se consolida otra forma de maldad. No se hace justicia. Se perpetra venganza.
Ya sé que a estas alturas del artículo, muchos se sentirán escandalizados. "No es lo mismo un dictador, que un revolucionario", gritarán indignados. No. Son dos formas distintas de violencia. Pero ambas dos son violencia. Nadie dio permiso a los militares para secuestrar, asesinar, torturar a centenares de personas. Ello es tan evidente, que no está sometido a discusión, y no puede quedar impune. Sin embargo, ¿por qué es tan difícil afirmar que tampoco, nadie dio permiso a un grupo de iluminados para que se fueran a las montañas, mataran a decenas de personas y crearan un clima de terror?
Mi amigo Iván me cuenta cómo aprendió, de niño, a tirarse al suelo, cuando jugaba en la calle y aparecía, por la esquina, una furgoneta negra. Ese clima de terror en nombre de una revolución, cuya ideología era totalitaria, ¿quién tuvo el permiso de crearlo? ¿Quién les dio permiso a los Firmenich para decidir la muerte de padres, hijos, maridos de decenas de argentinos? Y, si ello es así, ¿cómo puede construirse el futuro sobre una parte de la memoria trágica ignorando, ninguneando, despreciando a la otra? ¿Cómo pueden quedar impunes los "otros" crímenes, los "otros" culpables?
"Sólo queremos que nuestras víctimas existan como víctimas." Sólo un rincón en la memoria. Victoria Villaruel preside el Centro de Estudios Legales sobre el Terrorismo y sus Víctimas y, hoy por hoy, su lucha es casi clandestina. Por no tener, no tiene ni derecho a visita oficial, señalada como apestada por una dirigencia que ha decidido reescribir la historia con renglones torcidos. ¿Su culpa? Recordar que, más allá de las víctimas caídas bajo la maldad tiránica, existieron víctimas caídas bajo la maldad revolucionaria. Y ese recuerdo es, según parece, un anatema, quizá porque determinada izquierda ha impuesto la inmoralidad de la doble moral. Una forma de mentir sobre la Historia.
Hay víctimas, pues, en esta Argentina que tanto habla de víctimas, que no tienen quién les escriba. Pero están ahí, sin ojos, sin manos, sin recuerdos, sin palabras. Están ahí, y sus silencios pesan como si fueran gritos.
La Nación. Buenos Aires
- Pilar Rahola
En busca del votante desaparecido por Pilar Rahola
Nacida en Barcelona, España es Doctora en Filología Hispánica y Catalana por la Universidad de Barcelona. Ha sido autora, conferencista y periodista de televisión, radioy prensa escrita. Fue ex-diputada en el Parlamento español por la Izquierda Republicana Catalana y ex-vicealcaldesa de la ciudad de Barcelona. En la actualidad, en el terreno periodístico, escribe en tres periódicos españoles, diario Avui (en catalán), El País y El Periódico.
Asegura Joan Saura que encargará un estudio para entender la abstención. ¡Estamos salvados! Si la izquierda inteligente gasta el dinero público en saber por qué miles de ciudadanos se han quedado en casa, ya entendemos la magnitud de la tragedia: ni ellos, sesudos intelectuales, tienen los pies en el suelo. Porque si los tuvieran, algunas preguntas retóricas no existirían.
Tenemos un sistema de partidos que, lejos de motivar la actividad política, la inhibe, con una dinámica endogámica que destruye todo atisbo de libertad interior. Para decirlo clarito, lo más antidemocrático de nuestro sistema democrático de partidos, son los partidos políticos. Además, tenemos unos líderes timoratos que se asustan ante el periodismo crítico, y cuya máxima obsesión es controlar la prensa. Lo hemos visto en el debate de TV3, cuya negociación pasó por las manos de todo el comisariado político catalán. Por supuesto, se nos han hurtado los cara a cara, los debates sectoriales, los compromisos a pecho descubierto. Por si fuera poco, venimos de una legislatura mareante donde lo menor ha sido la sobredosis de vanidad de sus líderes, y lo peor, el ruido, la metafísica y el desprecio por los problemas reales. Y, para acabar, suenan en la lejanía los escándalos urbanísticos, la corrupción galopante, la cultura de la comisión, y una se pregunta: ¿no estallan en Catalunya porque somos virginales, o porque aquí el silencio es una forma de vida, tres por ciento Dios me guarde? Si, encima, añadimos un candidato que es aún más aburrido que su caricatura en Polonia, ¿qué quieren que ocurra?. ¿No será que nuestra clase política, con su endogamia, su soberbia, su discurso premoderno y su alejamiento de la vida real, se ha ganado a pulso el descrédito y el desencanto? De ahí que no sea extraño que un jovencito impúber, con pinta medio de okupa, medio de pijo, que se desnuda en un cartel y que amenaza con tocar las narices, acabe ganando miles de votos. Puede que lo voten por lo antinacionalista, pero también por antisistema.
Cansancio, querido Joan. No te gastes ni un euro público. Solo baja del pedestal, pasea por el mundanal urbano y descubre el divorcio entre lo político y lo real. La abstención, esta vez, no nace de la desidia. Nace del desespero.
El Periodico Barcelona
- Pilar Rahola
La Piel de Cordero por Pilar Rahola
Nacida en Barcelona, España es Doctora en Filología Hispánica y Catalana por la Universidad de Barcelona. Ha sido autora, conferencista y periodista de televisión, radioy prensa escrita. Fue ex-diputada en el Parlamento español por la Izquierda Republicana Catalana y ex-vicealcaldesa de la ciudad de Barcelona. En la actualidad, en el terreno periodístico, escribe en tres periódicos españoles, diario Avui (en catalán), El País y El Periódico.
Si algo define la corrección política, especialmente con respecto a los grandes conflictos que existen en el mundo, es la creación de unos iconos de opinión, cuyo discurso suena bien a oídos de la izquierda oficial. Este nacimiento de las deidades del pensamiento correcto, es muy notorio cuando tratamos el tema de Medio Oriente, cuestión espinosa que se va simplificando hasta la nada, cuanto más oficialmente de izquierdas es quien lo analiza. Estos iconos, y este pensamiento, tienen unos trazos tan característicos, que vale la pena analizarlos. Previamente, nobleza obliga, pondremos nombres a estas deidades que los periodistas progres sacan a pasear cada vez que tienen ocasión. Hablo, entre otros muchos, de Maruja Torres y de Gema Martín Muñoz, ésta última considerada auténtica "experta" en mundo islámico. Sobre la primera, poco que decir. Vio la luz cuando se fue al Líbano y se quedó colgada en él, y ahora nos deleita con algunas de las crónicas más judeofobas y antioccidentales que podemos encontrar en la actualidad. Personalmente nunca he sido fan de Tomás Alcoverro -otro icono-, porqué, a pesar de ser una gran persona y un buen periodista, ha ejercido la mirada oblicua durante años, pero, comparado con Maruja Torres, Tomás es un ejercicio de neutralidad. Sin embargo, creo que el sectarismo de Maruja es tan notable que resulta, incluso, decorativo en un panorama que, al fin y al cabo, hace mucho que no practica el pensamiento crítico. Una nota de color. El caso de Gema Martín Muñoz me parece mucho más relevante y, desde mi perspectiva, mucho más preocupante, ya que se trata de la "experta oficial" para hablar de la cuestión. Para muestra, los tres cuartos de hora que Monica Terribas le dedicó, el otro día, en la televisión pública de Cataluña, o las decenas de veces que la llaman de la SER para "analizar" la cuestión de Irán y etcétera, convertida en el máximo icono de estos temas. La cuestión resulta especialmente chocante cuando recordamos que esta mujer preside la Casa Árabe, que tiene, en sus órganos de dirección, a todos los embajadores del mundo árabe, lo cual no le debe permitir gozar, precisamente, de una mirada objetiva. De hecho, ni tan solo de una mirada libre....
Sin embargo, a diferencia de cualquiera de los que no participamos del pensamiento único progresista -que estamos bajo sospecha permanente de parcialidad, y tenemos que dar decenas de explicaciones para justificar nuestra disidencia-, personas como Gema Martín pasan por ser prestigiosas, neutrales y, ¡oh dios!, críticas. ¿Cómo se crea un icono como este, a pesar de la evidencia de su militancia ideológica? ¿Cómo es posible que, para analizar periodísticamente el conflicto nuclear con Irán, se considere interlocutora imparcial a quien preside un organismo árabe? Es posible porqué, en tiempos de inexistencia de debate intelectual, sustituidas las ideas por las consignas, el prestigio progre se gana aplicando, con inequívoca fidelidad, los cinco principios del catecismo laico: Estados Unidos es el mal del mundo; el segundo -o primero, va por barrios- mal es Israel; el mundo islámico es inocente y víctima; el terrorismo islamista es culpa de Occidente, y las dictaduras fascistas islámicas no son el problema.
Desde esta perspectiva, simplista pero eficaz, todo cuadra en el análisis, y a partir de ahí, la tiranía iraní pasa a ser víctima, y las democracias occidentales más importantes del planeta, pasan a ser las culpables de sus maldades, ataques terroristas incluidos. Ayer, que la sentí en el programa de Francino comentando una encuesta del Times sobre el odio que el mundo musulmán tiene hacia Occidente, y perpetrando su previsible discurso anti-Bush, obviaba cosas tan básicas como que la fatua de Bin Laden contra los "cruzados" es de la época Clinton, que todo el cuerpo ideológico yihadista es de los años treinta -cuando aún no existía ni Israel-, que la inmensa riqueza árabe no ha servido para construir ni una sola democracia, y que son líderes árabes los que educan a su sociedad en el fanatismo totalitario. Es decir, lo obviaba todo, reducida la cuestión a la conocida maldad yankee. De hecho, es el mismo discurso estalinista de décadas, pasado por el tamiz de la multiculturalidad. Lobos con piel de cordero, alumnos aventajados del inefable Tariq Ramadan, que camufla su voz de terciopelo con la dureza del puño integrista. Al final, lo que queda es la nula capacidad para generar un discurso crítico serio, más allá de la rutilancia bienpensante de la propaganda de izquierdas. Un desastre para el pensamiento. Y un éxito para las dictaduras islámicas, que ven, en estos progres de manual, a sus aliados más eficaces.
www.pilarrahola.com
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