- Eduardo Mesa
El nieto incómodo del castrismo
Sandro Castro no es consciente del peligro que corre.
En las familias mafiosas no hay lugar para el enfant terrible. Cuando te conviertes en un peligro para la familia, los accidentes son inevitables. Cabe recordar que hace pocos años “suicidaron” a su tío Fidel Castro Díaz-Balart, quizá por el peso de su segundo apellido o por esas maneras de heredero al trono de los rufianes de Birán, que lo podían convertir en un candidato atractivo para gestionar algún tipo de transición.
Las excentricidades de Sandro me han hecho recordar al hijo de Rafael Leónidas Trujillo, que con sus excesos contribuyó a que Estados Unidos retirara su apoyo al régimen. Ramfis Trujillo era conocido por su vida lujosa, violenta y caprichosa. Sus abusos, crímenes y estilo de vida escandaloso causaron una gran preocupación tanto dentro como fuera de la República Dominicana, especialmente en un contexto en el que la Guerra Fría hacía que EE. UU. vigilara de cerca a los dictadores que pudieran desestabilizar la región.
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