- Julio M. Shiling
La Corte Suprema defiende la integridad del voto y la Constitución.
La República Americana se anotó una gran victoria el jueves 1 de julio. La Corte Suprema (SCOTUS) anuló un fallo aparentemente inconstitucional del Tribunal de Apelaciones del Noveno Circuito, con sede en San Francisco, que había anulado la HB 2023, la nueva ley de integridad del voto de Arizona. La votación se decidió por una clara mayoría de 6 a 3, dividida por líneas ideológicas. La interpretación del SCOTUS en el caso Brnovich contra el Comité Nacional Demócrata resolvió dos cuestiones primordiales que desafían el sistema republicano de soberanía popular de Estados Unidos.
Las amenazas más acuciantes para el modelo electoral de Estados Unidos eran el fortalecimiento de los mecanismos estructurales que podían hacer que el voto fuera lo más fácil y accesible posible, al tiempo que dificultaban y complicaban las trampas. El segundo pilar fundamental que estaba erosionado y necesitaba ser arreglado, como quedó patente con las irregularidades en las elecciones de 2020, era la perversión constitucional de permitir que los funcionarios ejecutivos y los tribunales estatales sustituyeran a las legislaturas estatales como artífices exclusivos de las leyes electorales y sus sistemas. Ambos principios fueron defendidos con la sentencia.
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