- Julio M. Shiling
Cuba, el satélite de China a pocos kilómetros de Miami.
“Intervención” se ha convertido en una palabra muy utilizada desde que comenzó el levantamiento cubano del 11 de julio. Los que están decididos a mantener el statu quo en Cuba comunista, están armando el concepto y malinterpretando toda la gravedad de su significado en la aplicación real. Decididos a mantener a Estados Unidos en un estado de indiferencia e inercia cómplice, los enemigos de la liberación de Cuba han lanzado una guerra de desinformación con escenarios potenciales falsos, para asegurar que el castrocomunismo sobreviva a la mayor insurrección civil de toda la historia de Cuba. Mientras todo esto ocurre, China ha intervenido y sigue interviniendo en Cuba.
Llamar a la carnicería humana al por mayor, a las torturas sádicas, a los juicios falsos, a las sentencias injustas y a la política pandémica ideológicamente orientada en Cuba una crisis “humanitaria”, es trivializar el genocidio político. Los crímenes de lesa humanidad que el régimen castrista está cometiendo actualmente, son posibles gracias a la intervención de China en Cuba. La táctica calculada, de tolerar un mal menor, de permitir el acceso a Internet de los cubanos por medio de dispositivos electrónicos móviles en 2018, fue una decisión difícil para la dictadura socialista de La Habana. La necesidad imperiosa de capital para financiar su fastuoso estado policial y mantener el poder, obligó a tolerar mecanismos que sabían que serían utilizados por la población cubana para romper el control monopólico de las noticias y la información. Aquí es donde intervino Pekín.
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