José Martí. La adulteración de su ideal por el castrismo

Marti La adulteracion de su ideal por el castrismoMartí. La adulteración de su ideal por el castrismo.

 

Al hombre más universal y simbólico de la nación cubana se le respeta y se le valora en su real dimensión. 

Santa Cruz de Tenerife. España.-  La genialidad de José Martí ha sido utilizada como paradigma del castro-comunismo cubano desde los inicios de la instauración en el poder del dictador Fidel Castro; aunque tuvo sus antecedentes en la etapa preliminar del infausto año de 1959. Recordemos que durante su juicio por sus acciones terroristas a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, en 1953, Castro asumió el pensamiento martiano como escudo defensivo ante el tribunal que lo sentenciaba. En lo adelante su diabólica idea de Martí como autor intelectual del asalto al cuartel Moncada – solo se hacía, y aún sigue siendo así, referencia a este cuartel y no al Carlos Manuel de Céspedes– prevaleció dentro del conjunto de dogmas impuestos por la sanguinaria dictadura castrista.

No hay absolutamente ninguna idea que pueda justificar un lazo de unión entre el benevolente, preciso y firme pensamiento del hombre de Dos Ríos y las terribles acciones que se emprendieron por el régimen dictatorial cubano desde sus inicios. ¿Cómo justificar entonces la utilización del más extraordinario de los cubanos por parte del régimen comunista de Cuba, aún cuando se sabe con certeza que no es posible establecer vínculo alguno en este sentido? Solo mediante la fuerza impositiva tan sui generis del comunismo se logró establecer al gran ser que jamás profesó el socialismo* y que se opuso a cualquier forma de dictadura, incluyendo la llamada dictadura del proletariado, como figura simbólica de una de las dictaduras más terribles de la historia contemporánea.

 

Creo con firmeza, no como algo puramente especulativo, sino como fruto de la observación detenida durante décadas, que Fidel Castro fue partidario de que asumir al Apóstol de la independencia cubana podía darle cierto toque de distinción para legitimar sus crueles andanzas. Según las propias declaraciones del dictador, durante el breve tiempo de su prisión, incluyó el estudio del pensamiento martiano junto a los postulados marxistas que más tarde sustentaría la parte teórica de su desastroso y prolongado gobierno.

Desde entonces la idea de un José Martí como autor intelectual del Moncada se convertiría en un mantra que llegó para quedarse. El régimen se encargó de persuadir, “orientar” y obligar a unos pocos teóricos serviles al socialismo castrista para que fundamentaran, a su manera, ese nexo inexistente entre el noble hombre paradigmático de la gesta independentista de 1895 y el cruel dictador delirante que tomó el mando del pueblo cubano desde 1959.

Una rápida ojeada a ciertos textos referenciales nos permitirá descubrir la secuencia de disparates escritos por teóricos de la llamada revolución cubana. Se destaca en este sentido los sendos escritos del poeta y ensayista Roberto Fernández Retamar, quien lamentablemente, puso su talento y elegancia de su prosa al servicio de la dictadura. Un nombramiento como director de la Casa de las Américas desde 1986, amén de la publicación de toda su obra con regularidad, compensaría su lealtad incondicional al terrorista del Moncada y a su proyecto de revolución cubana. Al parecer recibió el encargo de justificar la no afiliación de Martí al socialismo, algo que asumió de una manera demasiado superficial y dogmática**.  

Mientras quedarían sepultados para siempre grandes intelectuales como Jorge Mañach, quien lo llamó Apóstol, así con mayúscula, autor de una biografía martiana titulada “Martí el Apóstol”, así como de un conjunto de ensayos brillantes en torno al pensamiento del gran pensador cubano que el régimen nos pretende presentar a su forma, Medardo Vitier, el padre de Cintio Vitier,*** en mi opinión el más profundo de los investigadores cubanos al asumir el estudio del pensamiento de José Martí, autor de un exquisito texto titulado “Martí. Estudio integral”, publicado en 1954, entre otros estudiosos, los que, según el castrismo, no tenían un “enfoque” marxista en sus investigaciones y postulados, de ahí que fueran excluidos por la eternidad de las librerías cubanas. Había que leer a un Martí diferente, aunque fueran los disparates de Retamar con sus absurdos paralelos entre el comunista vietnamita Ho Chi Minh y el humanista cubano a quien dedicamos este escrito.  

La creación del Centro de Estudios Martianos, y más tarde, la Sociedad Cultural José Martí, tuvieron como objeto la difusión del pensamiento de José Martí desde la óptica dogmática de socialismo cubano. Ambas entidades están al servicio de los intereses y motivaciones de un sistema cuyo fundamento teórico es el marxismo-leninismo, algo bien distante del pensamiento político y filosófico de José Martí. Se sabe con certeza que el autor de “Versos Libres” jamás comulgó con el engendro monstruoso de Marx, independientemente de que le dedicara a este último unas breves líneas por motivo de su muerte, en 1883, en que se muestra respetuoso – algo muy característico de Martí, quien no ofendía, sino que guardaba silencio cuando consideraba que lo valorado carecía de la calidad o del fundamento adecuado como para ser exaltado por su fina prosa– y lo llama el héroe del mundo del trabajo; pero esto es una cosa y otra bien distante es pretender que el colosal cubano simpatizara o defendiera los postulados marxistas.

De manera enérgica José Martí se refirió con conocimiento de causa al sistema socialista. No volveré a citar las ya demasiado conocidas frases martianas respecto al socialismo que aparecen en su juicio crítico sobre el libro “La esclavitud futura” del antropólogo Herbert Spencer, toda vez que el lector podrá encontrar el verdadero rostro de un José Martí antisocialista al consultar el trascendente escrito en sus Obras Completas. Téngase presente que se trata de un ensayo, excelente como todos los de su autoría, de la plenitud de madurez de su pensamiento político y filosófico, publicado en 1884, y no de unas simples anotaciones – que jamás fueron simples– de su primera juventud. De ahí que nadie podrá poner en duda las concepciones martianas en este sentido, y mucho menos acusarlo de ser desconocedor de la doctrina de Marx, como hizo el ya citado Fernández Retamar para justificar la no afiliación y defensa del héroe cubano con el socialismo marxista. No obstante, merece citarse alguna idea de las menos conocidas y divulgadas del polémico escrito de José Martí sobre el socialismo, en las que fue capaz de prever con su profética visión a donde llegarían aquellas naciones que adoptaran el socialismo como sistema, ya no solo desde el punto de vista de su deterioro económico y corrupción política, sino de su declinación ética y moral, algo que después de más de un siglo puede comprobarse. La historia y los grandes hechos ocurridos en la antigua Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, URSS, y muchas naciones de Europa del Este, así lo demuestran.

“Preocupar a los pueblos exclusivamente en su ventura y fines terrestres, es corromperlos, con la mejor intención de sanarlos. Los pueblos que no creen en la perpetuación y universal sentido, en el sacerdocio y glorioso ascenso de la vida humana, se desmigajan como un mendrugo roído de ratones”.

Y así las cosas, el delirante comandante, que por suerte ya no existe, y sus acólitos promarxistas jamás le perdonarán al noble héroe de Dos Ríos que no estuviera del lado del “alemán de alma sedosa y mano férrea”. No obstante, su universalidad y la excelsitud de su simbólica figura en la historia nacional y continental no podían dejarse a un lado. Adueñarse de lo ajeno es otra de las tantas “virtudes” de los comunistas. Desde la instauración en el poder de la dictadura castrista Martí también les pertenece. La adulteración de su ideal y de su pensamiento es otro de los tantos sacrilegios del castro-comunismo por el que, aunque sea ya bien tarde, tendrán que pagar.

Al hombre más universal y simbólico de la nación cubana se le respeta y se le valora en su real dimensión. 

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* Todos sabemos que José Martí no profesó el socialismo, contrariamente a lo que se pretende, se refirió a los desaciertos de este sistema, que si conoció teóricamente; aunque algunos se empreñen en continuar defendiendo la idea de que no conoció o no comprendió el socialismo propuesto por Marx. Para que un hombre sea verdaderamente genial, como lo es José Martí, no tiene que haber sido un socialista. Hemos de admitir de una vez y por siempre que el más grande de los cubanos no se solidarizó con dicha tendencia, por cuanto, pudo asimilar con su visión quasi profética y su futurista mirada previsora las calamidades de un sistema, cuya historia ha demostrado lo que es: una utopía plena de virtudes en un nivel ideal, pero algo totalmente inconsistente en el orden práctico.

**En uno de sus escritos, del texto “Introducción a José Martí”, Retamar explica: “No deja de ser curioso que en ninguna de las veces en que lo Alberto Roteta Dorado 148 nombre (…) mencione ningún texto concreto de Marx, ni muestre familiaridad suficiente con su obra. Y no deja de ser curioso, porque es bastante improbable que Martí, voraz lector, (…) no hubiera leído, al menos, los trabajos que su propio editor y amigo, Dana, había publicado, solo unos años antes, en su periódico y en su enciclopedia, de aquel otro amigo del norteamericano. Especialmente, si tenemos en cuenta que algunos de estos trabajos publicados abordaban problemas de las colonias, que tanto interesaron a Martí, e incluso problemas latinoamericanos, de los que el cubano llegó a tener una caudalosa información, y que constituyeron su preocupación histórica cardinal. No es pues arriesgado conjeturar que Martí no solo elogió a Marx, sino que lo leyó; al menos, que leyó algunos de sus textos laterales.(…) Lo que parece igualmente seguro es que Martí no distinguió la especificidad del pensamiento de Marx, aquello que lo diferenció radicalmente de otros socialistas con los que Martí dejaba mezclado su nombre”.

*** Cintio Vitier, a diferencia de su padre, asumió una actitud de coqueteo con el régimen castrista. Sin dejar de un lado su fe católica, junto a su esposa, la intelectual Fina García Marruz, se situó de parte de la dictadura cubana. Escribió múltiples ensayos acerca de la obra de José Martí, siempre con mucho cuidado de no herir las susceptibilidades de los que lo “orientaban” desde el silencio. Llama poderosamente la atención que no asume a su padre, el colosal Medardo Vitier, como fuente de sus investigaciones, cuando en realidad este último es el precursor de la investigación analítica de la enseñanza martiana.

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