Madre

Madre

Madre,

en la flor naciente

de la primavera,

eres la esperanza,

la dulce caricia...

Y en el suave beso

que deja la brisa

en tus canas blancas,

eres la sonrisa.

En el arroyuelo

puro y cristalino,

eres esa piedra

que rodó el destino.

Lumbre son tus manos,

abrazan tus dedos

de todos tus hijos

las penas y miedos.

Y en estos instantes

que mi ser te evoca:

eres la distancia

convertida en rosa.

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