El fin de la dictadura comunista cubana

El fin de la dictadura cubanaEl fin de la dictadura comunista cubana

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En una medida decisiva que se alinea con el enfoque renovado de Estados Unidos en los intereses nacionales, la administración Trump estaría buscando un cambio de régimen en Cuba, con el objetivo de desmantelar la dictadura comunista de 67 años para fines de 2026. Esta política, basada en acontecimientos recientes y en imperativos estratégicos, representa una corrección largamente esperada a décadas de dependencia exterior y opresión en la isla. Aprovechando las vulnerabilidades económicas, las colaboraciones internas y la presencia militar, Estados Unidos está dispuesto a restaurar la verdadera soberanía de Cuba, liberándola de los lazos parasitarios que han sostenido un régimen tiránico.

La cuestión de la soberanía

En esencia, el castrocomunismo nunca ha encarnado la verdadera soberanía cubana. Nació y se desarrolló como un títere de las fuerzas internacionales. Desde el principio, la búsqueda del poder de Fidel y Raúl Castro contra el régimen de Fulgencio Batista estuvo entrelazada con la influencia soviética. El espionaje soviético dentro del Departamento de Estado de Estados Unidos tuvo éxito en la promoción de la desinformación, lo que permitió a Moscú reforzar a los rebeldes y ocultar el hecho de que los hermanos Castro tenían conexiones con la URSS. El embargo de armas estadounidense de 1958 desempeñó un papel fundamental en la toma del poder el 1 de enero de 1959, más que cualquier triunfo militar rebelde. El Partido Comunista Cubano, fundado en la década de 1920, era un descendiente directo del comunismo global, concebido y financiado íntegramente por ideólogos extranjeros. 

Después de 1959, la supervivencia del régimen dependía de la ayuda externa crónica. Las subvenciones soviéticas sostuvieron la economía hasta la caída del Muro de Berlín en 1989, tras lo cual los préstamos extranjeros y las inversiones occidentales en empresas mixtas capitalistas estatales llenaron el vacío. Esta dependencia parasitaria persistió. El petróleo venezolano bajo Hugo Chávez y Nicolás Maduro se convirtió en un salvavidas, complementado por el arrendamiento de mano de obra neoesclavista en el extranjero a cambio de divisas fuertes. El dinero ilícito de la droga, otra fuente de ingresos para la supervivencia del régimen, se canaliza a través de redes geopolíticas. Esta dependencia pone de relieve que el comunismo cubano nunca fue autosuficiente ni soberano. Prosperó como una sanguijuela de entidades extranjeras, subyugando a su pueblo para mantener el poder. Poner fin a esta dictadura no es una violación de la soberanía. Es una liberación de las cadenas impuestas por el extranjero, que permite a los cubanos recuperar el destino de su nación, libre de los fantasmas de Moscú, el petróleo de Caracas o la creciente influencia de Pekín.

La fragilidad del régimen y la estrategia de Estados Unidos

Un informe reciente de The Wall Street Journal destaca el impulso oportunista de la administración Trump para un cambio de régimen, al considerar que el control del régimen cubano es excepcionalmente débil. Sin un plan concreto aún formalizado, los funcionarios estadounidenses están buscando personas dentro del aparato de La Habana para orquestar una transición política y derrocar a líderes como Raúl Castro, de 94 años, y el dictador Miguel Díaz-Canel. La economía se tambalea al borde del colapso, plagada de escasez de productos básicos, medicamentos y cortes de electricidad. La captura de Maduro en Venezuela, liderada por Estados Unidos el 3 de enero de 2026, cortó el vital subsidio petrolero a Cuba, dejando a la isla a pocas semanas del agotamiento de sus reservas de combustible. La administración tiene la intención de bloquear los envíos restantes, acelerando la caída del régimen.

Este plan se basa en la operación exitosa venezolana, en la que un activo interno facilitó las concesiones y la destitución de Maduro. Los equipos estadounidenses han contactado con exiliados cubanos y grupos cívicos en Miami y Washington para identificar posibles colaboradores. Surge una doble estrategia: aumentar la presión y ofrecer una «vía de salida» para las salidas negociadas. La publicación del presidente Trump en Truth Social el 11 de enero lo resumía así: «NO MÁS PETRÓLEO NI DINERO PARA CUBA, ¡NADA!», instando a llegar a un acuerdo antes de que sea demasiado tarde. El silencio de la Casa Blanca ante las preguntas subraya un enfoque calculado y orientado a los resultados. Lejos de ser imprudente, esto reafirma el compromiso de Estados Unidos con la estabilidad hemisférica, aprovechando las vulnerabilidades autoinfligidas de Cuba para fomentar una transición democrática.

Presencia militar como elemento disuasorio

Como complemento a las palancas económicas, los activos militares de Estados Unidos transmiten determinación. El portaaviones de propulsión nuclear USS George H.W. Bush, capaz de desplegar más de 90 aviones y 5000 efectivos, se posicionó a 60 millas náuticas al norte de Varadero, donde realizó ejercicios de fuego real. Esto sigue a la reubicación de buques anfibios como el USS Iwo Jima y el USS San Antonio a aguas cercanas tras la destitución de Maduro. El silencio de las autoridades cubanas lo dice todo, mientras que el desafiante discurso de Díaz-Canel, en el que tacha las advertencias de Trump de «incitación a la masacre», revela desesperación, no fuerza. Trump ha descrito públicamente a Cuba como un país «que se hunde» sin la ayuda de Venezuela, insinuando una intervención si fuera necesario: «entrar y destruir el lugar». Esta postura no es una agresión, sino una prudente demostración de fuerza, que disuade la intransigencia del régimen y protege los intereses de Estados Unidos. Se hace eco de la determinación histórica, asegurando que no se repitan los apaciguamientos del pasado que permitieron que el comunismo se extendiera a pocos kilómetros de las costas de Florida.

La «Doctrina Donroe»: base estratégica

Estas acciones se basan en el Plan Estratégico del Departamento de Estado de EE. UU. para los años fiscales 2026-2030, publicado por el secretario Marco Rubio. Este marco de «America First» revive la Doctrina Monroe como la «Doctrina Donroe», declarando el hemisferio occidental fuera del alcance de amenazas extrahemisféricas como China o Rusia. El objetivo 2 da prioridad a la lucha contra la influencia extranjera —bases militares, trampas de deuda y control de activos críticos— al tiempo que refuerza las alianzas mediante el comercio justo, la deslocalización cercana y los esfuerzos antinarcóticos.

Para Cuba, esto significa erradicar un vestigio de la era soviética, alineándose con los objetivos de suprimir el narcoterrorismo y promover la prosperidad orientada al mercado. Al reasignar el 40 % de la ayuda exterior al hemisferio, Estados Unidos invierte en alternativas a los modelos comunistas, fomentando la primacía regional esencial para la renovación interna. Esta doctrina formaliza la visión de Trump: un patio trasero fuerte y libre de adversarios que refuerce la influencia global de Estados Unidos.

En conclusión, el objetivo de Estados Unidos de acabar con el comunismo cubano es una postura de principios en favor de la soberanía, que explota un régimen frágil mediante la presión estratégica, la disuasión militar y la claridad doctrinal. No se trata de imperialismo, sino del antídoto contra décadas de parasitismo extranjero, que promete una Cuba más libre y próspera integrada en un hemisferio occidental seguro. Como afirma Trump, ahora es el momento de llegar a acuerdos; la alternativa es un colapso inevitable. Esta política merece todo el apoyo, ya que anuncia una nueva era de liderazgo estadounidense y la liberación de Cuba.

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🖋️Autor Julio M. Shiling

J M Shiling autor circle white📰Artículos por Julio M. Shiling 
Julio M. Shiling es politólogo, escritor, conferenciante, comentarista y director de los foros políticos y las publicaciones digitales, Patria de Martí y The CubanAmerican Voice y columnista. Tiene una Maestría en Ciencias Políticas de la Universidad Internacional de la Florida (FIU) de Miami, Florida. Es miembro de The American Political Science Association (“La Asociación Estadounidense de Ciencias Políticas”), el PEN Club de Escritores Cubanos en el Exilio y la Academia de Historia de Cuba en el ExilioSigue a Julio en:

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