La transición de Cuba a una cleptocracia

La transición de Cuba a una cleptocracia

La transición de Cuba a una cleptocracia.

Los nuevos “empresarios” de Cuba comunista son cuadros celosos. Son los guardias rojos de Fidel.

La política nunca es estática. Las transiciones pueden ir en el sentido de la democracia o dirigirse en la dirección opuesta, hacia otras variantes de gobierno dictatorial. El castrocomunismo está sufriendo un cambio fraudulento. Se mueve en este último caso. El régimen castrista está inventando una “sociedad civil” espuria. Una falsa “oposición”, de carácter leal, también está colonizando Occidente. Cada día es más visible la aparición de una clase “empresarial” acicalada, estructuralmente afín al castrismo. Esto es para acomodar los falsos esquemas de “privatización” y “liberalización” diseñados para engañar a los americanos. Una cleptocracia cubana, en sintonía con el putinismo como modelo, pero conservando su base totalitaria, se despliega ante nuestros ojos. 

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La sociedad civil definida

El posmodernismo y los marxistas culturales han hecho del embrollo del lenguaje y los conceptos, una industria. A veces, incluso las personas bienintencionadas caen en la confusión. Es necesario definir los términos fundamentales. La sociedad civil es la suma de todas las instituciones, organizaciones y asociaciones cuya esencia y funciones son independientes de todo poder político y entidades públicas. 

Los regímenes totalitarios erradican la sociedad civil. Por lo tanto, todas las actividades de la sociedad dependen, de una u otra forma, del aparato dictatorial fusionado Estado/Partido. En Cuba comunista existen sectores de la sociedad que son opositores, disidentes, descontentos e inconformes. Esto no constituye, sin embargo, una sociedad civil. Las dictaduras, estrictamente del modelo autoritario, sí contienen una sociedad civil. Estas variantes no democráticas, pero no totalitarias, solo controlan la esfera política y no la económica o social. 

Es vital que “empresarios” etiquetado así por el régimen castrista, no sean categorizados engañosamente como “sociedad civil”. Esta manipulación brutal de los términos establecidos, sirve al propósito de falsear la realidad a través de proyecciones de imágenes distorsionadas. Esta estrategia subyace a los objetivos políticos. En el caso del comunismo cubano, está orientada a facilitar la supervivencia del régimen.   

Diseñar el sistema económico para sostener el poder político    

La Unión Soviética soportó el coste de mantener el castrocomunismo durante treinta y dos años. Régimen parasitario por naturaleza, durante los últimos treinta y un años, las fuentes de ingresos en divisas han variado, según las circunstancias. Altamente pragmático, pero consistente y oportuno en las fortificaciones represivas, la urgencia siempre presente de la búsqueda de capital ha sido una continuidad. La formación de empresas mixtas con compañías extranjeras, el turismo subvencionado, los préstamos de los bancos occidentales, las remesas del exilio, el narcotráfico, el petróleo venezolano, el alquiler de mano de obra médica esclava, el tráfico de datos de inteligencia y el descomunal ejercicio del capitalismo de Estado dirigido por mega-empresas militares, como GAESA, han sido medios para adquirir dinero. 

No se ha tratado solamente de asumir el asombroso costo del terror estatal para mantener a los cubanos encadenados. Un grupo de élite en el alto escalón del poder ha construido un imperio oligárquico saqueando la riqueza de Cuba. La mayoría de sus descendientes han adoptado la ciudadanía y la residencia en el extranjero, para eludir potencialmente la justicia en una Cuba libre. El comunismo, en la isla, ha seguido un patrón familiar de otros antiguos países socialistas en este sentido. Los que están en el poder hablan como comunistas, pero viven como capitalistas. 

El régimen de los Castro ha percibido correctamente un desafío constante a su dominio tiránico. Tanto interna como externamente, los cubanos nunca han aceptado de brazos cruzados el dominio marxista-leninista. Esto explica la preocupación del castrismo por implantar el modelo chino o vietnamita (Estado leninista con economía híbrida). Ha recurrido a modificaciones económicas dirigidas tácticamente, diseñadas para hacer creer a Estados Unidos que es una economía liberalizada. El objetivo final es la transferencia de riqueza americana a través de créditos subvencionados por los contribuyentes para las importaciones y un mercado para sus operaciones capitalistas estatales. Además, la consolidación de un ejército de cabildeo comercial con sede en Estados Unidos que venda los intereses del castrismo resultaría muy beneficiosa en los planes de supervivencia de La Habana.      

La estratagema de las micro, pequeñas y medianas empresas del castrocomunismo

Desde la década de 1990, la dictadura comunista de la isla ha hecho propuestas para un acercamiento condicional con su vecino del norte. La aplicación laxa del embargo americano contra el régimen castrista y las lagunas de la Ley de Democracia Cubana de 1992, facilitaron el acceso a ciertos productos de Estados Unidos. Esto supuso el inicio de una campaña de relaciones públicas agresiva, por parte del castrismo, dirigida a los productores americanos, a los actores políticos y a las asociaciones de presión comercial que continúan hasta ahora.   

El dictador Raúl Castro redobló las revisiones económicas después de 2006. Denominado “raulismo” para denotar los diferentes enfoques del poder en comparación con su hermano, Fidel, las medidas imitaban la liberalización en abstracto. En los detalles, el raulismo no era más que una farsa coreografiada y contorneada para depender de los dólares de la nación cubana en el exterior. Mientras los cubanos inundaban la frontera sur de Estados Unidos, se esperaba que los recién llegados proporcionaran un flujo constante de capital. Las maniobras económicas raulistas fueron concebidas para engañar a Estados Unidos, haciéndole creer que el cambio había llegado a Cuba. Obama se tragó el anzuelo castrista.

La reconciliación Castro-Obama no hizo nada por los derechos humanos, ni por los espacios de derechos civiles. Finalmente, se engañó a Estados Unidos haciéndole suponer que Cuba marxista había pasado la página. Obama racionalizó su política de distensión tropical disparatada, articulando que la inexistente “sociedad civil” se beneficiaría. Los monstruos capitalistas estatales del castrismo florecieron exponencialmente y los cuentapropistas no estatales fueron aplastados. Trump devolvió la racionalidad a la política americana y revirtió la mayoría de las dádivas de su predecesor.

Biden, el supervisor del tercer mandato presidencial de Obama, había prometido reactivar la disensión de Estados Unidos con el comunismo cubano. Entre el 10 y el 16 de mayo de 2022, inició ese proceso. La reunión secreta con la delegación de la dictadura cubana, semanas antes en Washington, dio sus frutos para La Habana. Entre las bondades que el presidente americano entregó al régimen castrista está la licencia otorgada por la Oficina de Control de Activos Extranjeros para que un fondo de inversión extranjera directa de Estados Unidos pueda “invertir” en una empresa cubana. Esto no ocurría desde 1960. La junta castrocomunista tendió la trampa y Biden cayó en ella. 

Como reacción al Levantamiento Cubano del 11 de julio, el régimen castrista promulgó el Decreto-Ley 46 al mes siguiente. Esto puso en marcha la “legalización” (sin sentido en el legalismo socialista) de las micro, pequeñas y medianas empresas (MIPYMES). Dejando de lado las enormes deficiencias, cuando se comparan con las empresas occidentales y la ausencia de protección de los derechos de propiedad, la mentira de la “sociedad civil”, que se ajustaba a la narrativa del comunismo cubano y a la falacia de la “liberalización”, tenía un mecanismo de racionalización para embaucar a Estados Unidos.  

Un informe exhaustivo de Gelet Martínez Fragela, de ADN América, ha desenmascarado a los actores principales del régimen castrista y a los miembros de su familia como beneficiarios y agentes primordiales de la iniciativa MIPYMES. Esto es crucial para entender el subterfugio del comunismo cubano para sobrevivir. El empleo privilegiado del poder del Estado/Partido por medio de empresas “privadas” en el esquema del MIPYMES sirve cinco tareas principales: (1) camufla el capitalismo estatal concesionario (potencialmente de fuentes mal habidas) como liberalización económica; (2) los individuos dirigidos por el Estado son considerados erróneamente como sociedad civil; (3) podrían resultar ganancias económicas para la dictadura cubana; (4) las falsas impresiones sobre el cambio en Cuba podrían impactar en la opinión pública americana; (5) la domesticación social y la represión podrían profundizarse.  

Estados Unidos y Occidente se equivocaron con Rusia en 1991. Confundieron la “privatización” con la maquinación cleptocrática. El régimen de los Castro va por ese camino. Los nuevos “empresarios” de Cuba comunista son cuadros celosos. Son los guardias rojos de Fidel. Estados Unidos no debe ser parte de esto. Ser engañados por la tercera dictadura totalitaria más duradera del mundo sería trágico. 

© Patria de Martí. Todos los derechos reservados. Publicado originalmente en © El American.

CUBA J M Shiling signature circle red blue🖋️Autor Julio M. Shiling 
Julio M. Shiling es politólogo, escritor, conferenciante, comentarista y director de los foros políticos y las publicaciones digitales, Patria de Martí y The CubanAmerican Voice y columnista. Tiene una Maestría en Ciencias Políticas de la Universidad Internacional de la Florida (FIU) de Miami, Florida. Es miembro de The American Political Science Association (“La Asociación Estadounidense de Ciencias Políticas”) y el PEN Club de Escritores Cubanos en el Exilio. Sigue a Julio en:

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