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La hipocresía del libre comercio y la Cumbre del G7

Cumbre del G7

Desde que concluyó hace unos días la Cumbre del G7, en Quebec Canadá, donde se reunieron los representantes de las más grandes economías del mundo (exceptuando a China), hay toda una serie de analistas que consideran que la Cumbre fue un fracaso, y que lo fue por culpa de Donald Trump, el cual ha tomado medidas proteccionistas subiendo los aranceles al acero y el aluminio que los Estados Unidos importan desde otros países.

Para estos analistas, entre los que se encuentran algunos de nuestros más reconocidos intelectuales, esto es resultado de la “ignorancia e irresponsabilidad” del presidente Trump, el cual quiere desatar una guerra comercial contra sus propios aliados, abandonando así el papel de líder del mundo libre, y exponiendo al pueblo norteamericano a una respuesta consecuente por parte de los países afectados por la agresión comercial elevando las tarifas a toda una serie de productos norteamericanos, perjudicando así a los trabajadores de esas industrias que perderían sus empleos, en tanto favorece a un reducido número de trabajadores y empresarios vinculados a la producción de acero y aluminio.

A veces parece como si los países que compran productos norteamericanos nos estuvieran haciendo un favor.

Trump aparece, de acuerdo a estos intelectuales, como un populista que usa una retórica  de nacionalismo agresivo al estilo fascista, utilizando el proteccionismo de manera irresponsable, quizás con fines electoreros (como buen populista que es según ellos) lo cual puede desembocar en un desastre como sucedió a partir de la aprobación de la Tarifa Smoot-Hawley en 1930, que contribuyó decisivamente a desarticular el sistema de comercio mundial agravando la Gran Depresión.

Está más que demostrado que el proteccionismo es dañino a los países, que perjudica a los consumidores para favorecer a pequeños grupos de la sociedad conectados con el gobierno, que promueve la ineficiencia, y por consiguiente tiene efectos empobrecedores sobre toda la sociedad.

Pero es verdaderamente libre el comercio mundial en estos momentos? Está Trump atacando el libre comercio? Para estos intelectuales de la élite que practican la corrección política, la respuesta es Sí, y lo hace por que es un demente con un ego desmedido.

Pero si nos situamos desde un ángulo fuera de la ideología de la corrección política, podemos ver que ni existe realmente el libre comercio, que el comercio mundial actualmente es una maraña fraudulenta de regulaciones proteccionistas que funciona en perjuicio de la sociedad norteamericana, a favor de las élites económicas y políticas mundiales, incluida la norteamericana (de las cuales depende la élite intelectual), que ese esquema es el que Trump está atacando, y lo dejó bien claro en la Cumbre del G7, para asombro y disgusto de los líderes del supuesto “libre comercio”

Veamos los hechos, para ver por que decimos que el tal libre comercio es una farsa:

El Departamento de Comercio de los Estados Unidos informó que en el año 2017, el saldo deficitario del comercio internacional de los Estado Unidos había aumentado en un 12.1% con respecto al 2016 llegando a la cifra de 566,600 millones de dólares, el mayor déficit comercial desde el 2008, cuando superó los 700 mil millones de dólares, y que continúa incrementándose en el 2018.

Los países que acumulan mayores superávits comerciales con los Estados Unidos son: China en primer lugar con 375 mil millones de dólares; México en un distante segundo lugar con 71 mil millones de dólares; Japón con 69 mil millones; Alemania con 65 mil millones; Irlanda con 38 mil millones; Vietnam con 38 mil millones; Italia con 31 mil millones de dólares.

Un déficit comercial significa que un país vendió en un período de tiempo, en este caso de un año, menos bienes y servicios de los que compró, en tanto un superávit comercial significa que vendió más de los que compró. Como vemos, Estados Unidos se encuentra desde hace mucho tiempo vendiendo mucho menos de lo que compra, o sea tiene grandes déficits comerciales

En un mundo de libre comercio internacional esto significa que el consumidor norteamericano prefiere bienes importados, a los bienes nacionales debido a baratura o calidad, o compra en el extranjero bienes que no se producen en el país, y además que tiene dinero para pagar por ellos.

Pero este no es el caso, la realidad es que muchos productos norteamericanos son artificialmente caros en los mercados de otros países, o sencillamente están excluidos de esos mercados por barreras que esos países levantan con el objetivo de proteger su producción de la competencia norteamericana.

Es esto libre comercio? Yo creo que no.

El informe de la Secretaría de Comercio, también informa que los países  que más medidas proteccionistas tienen contra la producción norteamericana son: China, la Unión Europea, Japón, México, y la India, todos ellos con superávits comerciales con Estados Unidos.

Semejantes déficits acumulados no son de ninguna manera resultado del libre comercio, son sencillamente le resultado de todo un sinnúmero de barreras proteccionistas visibles y ocultas así como subsidios establecidos  para dejar fuera de sus mercados a los productos norteamericanos.

También se reportó por la Organización Mundial de Comercio, que las barreras contra el comercio mundial aumentaron entre el 2009 y el 2016 de forma dramática. Coincidentemente los años de gobierno de Barack Obama que vieron un crecimiento exponencial de los déficit comerciales de los Estados Unidos con una rara pasividad.

Los Estados Unidos, tiene tarifas arancelarias mucho más bajas que los de todos esos países, lo cual permite masivas importaciones, y que los productos extranjeros sean competitivos dentro del mercado norteamericano.

Algunos de estos productos son competitivos dentro de los Estados Unidos no solo debido a las bajas tarifas no americanas, sino a que también son subsidiados en sus países de origen.

Indiscutiblemente que esto permite un gran beneficio al consumidor norteamericano que puede acceder a una mayor selección de productos y servicios que mejoran su nivel de vida, en tanto, estos países que imponen barreras a la entrada de productos norteamericanos están privando a los consumidores de sus países de esos beneficios. Hasta aquí parece que son los norteamericanos los que salen beneficiados. Por que Trump quiere acabar con eso?

Estos superávits comerciales regresan en gran medida a los Estados Unidos a través de la compra de bonos del Tesoro, o sea deuda pública norteamericana, que es una manera que tiene el gobierno para financiar sus programas sociales y sus gastos más allá del presupuesto que se financia con impuestos sobre la población trabajadora

Un déficit representa una deuda que debe ser pagada. Los Estados Unidos acumula hoy en día casi 19 trillones de deuda pública externa, aproximadamente el 99% de todo su Producto Interno Bruto (PIB) de un año, lo cual representa una deuda de casi 58 mil dólares por habitante. Una parte muy importante de esa deuda está formada por los déficits comerciales. Como se paga esta deuda monumental? Con impuestos que debe pagar el pueblo norteamericano.

Entonces tenemos que lo que hoy le sale al consumidor norteamericano más barato en algunos bienes importados, lo tendrá que pagar con creces, aunque de manera paulatina, al pagar los intereses de la deuda de los Estados Unidos. Es un esquema circular que funciona como un impuesto indirecto desde la clase trabajadora hacia la clase política norteamericana que obtiene financiación adicional para sostener sus políticas expansivas a partir del incremento de la deuda pública

Esto, además de tener un efecto sobre la población trabajadora en general, afecta, de manera particular a determinadas ramas de la producción ya que algunas industrias norteamericanas, buscan “saltar” las barreras proteccionistas estableciendo en esos países sus industrias para así tener a su disposición un mercado que de otra manera les resultaría inaccesible. Esto provoca un efecto des industrializador neto ya que a las industrias de esos países les resulta muchas veces poco atractiva la inversión en los Estados Unidos ya que pueden acceder al mercado norteamericano con facilidad mientras en sus países disfrutan de protección y subsidios.

Por otra parte está teniendo lugar una transferencia de riquezas hacia los países que mantienen barreras proteccionistas contra los productos norteamericanos que les permiten financiar sus excesos de capacidades, y sus empresas ineficientes exportando hacia los Estados Unidos, así como a sus políticas de Welfare y a su clase política en tanto mantienen cautivos sus mercados nacionales usando subterfugios para limitar las importaciones del “líder mundial” que soporta este proteccionismo disfrazado de libre mercado.

Este esquema fraudulento se traduce en una pérdida neta para los productores norteamericanos, en tanto es una ganancia neta para las clases políticas tanto norteamericanas como de otros países del mundo

La farsa parece haberse caído cuando Trump dijo en el G7 “se han aprovechado de Estados Unidos durante décadas” Además de plantear la eliminación de todas las barreras y subsidios, o sea libre comercio, a lo cual los campeones del “libre comercio” se negaron horrorizados.

Si tanto China como la Unión Europea o Canadá pretenden llevar adelante una guerra comercial contra Estados Unidos, cosa que lo dudo, llevan todas las de perder.

Actualmente, los Estados Unidos exporta relativamente poco, solo un 12% de su PIB le corresponde a las exportaciones, en tanto China y la Unión Europea, le deben su crecimiento en gran medida a las exportaciones, por lo que podrían afrontar serios efectos desestabilizadores.

La Unión Europea está afrontando graves problemas internos para sostenerse ante el fracaso de sus políticas de imposición de un multiculturalismo que tiene como propósito borrar las identidades nacionales a partir de inmigraciones masivas procedentes del África y del mundo musulmán, por lo que una conmoción económica podría hacer saltar en pedazos al frágil y efímero experimento globalista.

Por otra parte, China, que ha basado su impresionante crecimiento en las exportaciones, e inversión, y que ahora se encuentra intentando cambiar de modelo en busca de un crecimiento basado en el consumo interno, una situación de ralentización de su ritmo de crecimiento podría acarrear el agrietamiento del pacto entre la sociedad china y el Partido Comunista; ante esta eventualidad, las autoridades chinas están tomando medidas, convirtiéndose en un gigantesco Estado de vigilancia, a partir del uso de la más moderna tecnología al estilo Orwelliano.

Ha sido bastante fácil para la Unión Europea y China mantener el crecimiento de su PIB a partir de estos superávits comerciales basados en barreras burocráticas, impuestos ocultos, falta de protección a la propiedad intelectual, subvenciones a sectores obsoletos para tratar de exportar sus excesos de inventarios, excusas medioambientales inventadas. Trump acabó con ese truco, y lo dejó bien claro en Quebec; si quieren vender en Estados Unidos, tienen que adoptar medidas de libre comercio real, no de proteccionismo disfrazado de libre comercio, en tanto el pueblo norteamericano pagaba por sostener el entramado globalista de las elites mundiales.

Algunos piensan que a los Estados Unidos no le conviene para nada la desintegración de la Unión Europea, y la desestabilización de China, pero eso sería una decisión de sus gobernantes si buscan llevar adelante una guerra comercial a gran escala. Yo pienso que vale la pena comenzar a desmontar el llamado “Nuevo Orden Mundial”, y no seguir financiándolo a partir de transferencia de riquezas, empobrecedora de la nación americana,  que de continuar, a largo plazo podría llevar a la desintegración de los Estados Unidos, y a una eventual guerra civil.

Las élites intelectuales pretenden quitar legitimidad a Donald Trump presentándolo como impulsor de una reacción nacionalista basada en una ideología fascista, pero la realidad es que la ideología de la corrección política no les permite ver que Trump encabeza, y es resultado de un movimiento antiglobalista, pero a favor de la globalización basada en la soberanía de las naciones. Ese es el significado de la consigna “America First”

Esto debe ser bien explicado. El globalismo es un movimiento político que busca el control de la política y la economía mundiales en manos de unas élites supuestamente ilustradas, que se encuentran por encima de cualquier soberanía nacional, en tanto la globalización es un concepto económico que plantea el libre comercio real entre todas las naciones, basadas en el respeto de las soberanías e identidades nacionales con gobiernos electos por sus pueblos.

La gran batalla que libra el mundo en estos momentos es entre las ideologías globalistas que se expresan a través de la “corrección política” y las ideologías que buscan preservar las soberanía de las naciones a favor de sus pueblos.

El proteccionismo disfrazado de libre comercio sirve al globalismo mundial. Los proteccionismos sirven a los gobiernos y a las clases políticas en tanto perjudican a los trabajadores de todas partes del mundo. El libre intercambio es el estado natural del hombre y por tanto es la paz.

El economista liberal francés Frederic Bastiat, que vivió durante la primera mitad del siglo XIX escribió en uno de sus famosos ensayos:

“Si las mercancías no pueden pasar las fronteras, entonces lo harán los ejércitos” La historia le ha dado continuamente la razón.

Alfredo Gómez Llorens
Author: Alfredo Gómez Llorens
Historiador y economista, en Cuba fue director de planificación del Ministerio de Industrias, asesor de la junta central de planificación de Angola, investigador del centro de restauración de monumentos y profesor de historia del arte y la arquitectura de la Universidad de la Habana. En miami ha trabajado como contador en empresas de seguro. Es escritor y en este momento está por publicar un estudio integrador e historia macroeconómica de la república de China
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