La resistencia armada contra el totalitarismo (I)

La resistencia armada contra el totalitarismo iLa resistencia armada contra el totalitarismo (I).

LA HABANA, Cuba - La primera organización creada para enfrentar al régimen de Fidel Castro fue La Rosa Blanca, que se fundó el 29 de enero de 1959 en Nueva York, bajo la dirección de Rafael Díaz-Balart, quien ocupara diversos cargos durante el gobierno de Fulgencio Batista, entre ellos el de ministro de Gobernación. La Rosa Blanca realizó varias acciones dentro de Cuba y representó a ala civil de los batistianos.

En República Dominicana se crea la Legión Anticomunista del Caribe, organizada con el fin de armar y preparar una fuerza que debía invadir Cuba. El comandante Eloy Gutiérrez Menoyo y otros dirigentes del II Frente Nacional del Escambray, a quienes representantes del dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo trataron de reclutar para la empresa, denunciaron el plan y algunos de los complotados fueron capturados en agosto de 1959 cuando intentaban desembarcar en Cuba.

Esas dos primeras organizaciones estuvieron integradas en lo fundamental por personas vinculadas al régimen batistiano, militares y civiles, y no tuvieron una larga existencia. Muchos ex militares subieron a las lomas para ponerse a salvo de los Tribunales Revolucionarios, y allí se organizaron en grupos armados que combatieron contra las fuerzas del Ejército Rebelde.

En febrero de 1959, una encuesta realizada por la revista Bohemia indica un apoyo a la Revolución por parte de la población de un 95%. En junio, meses más tarde, cuando ya el proceso de radicalización comenzaba a tomar fuerza, ese apoyo descendió al 90%.

La oposición a la dictadura de Batista había sido alta. Todos los sectores del país aspiraban a la paz y la estabilidad nacional. Las promesas realizadas y algunas medidas de carácter popular tomadas en los primeros tiempos mantenían un alto nivel de apoyo de la opinión pública, apoyo que fue disminuyendo en la medida en que se acrecentaba el enfrentamiento a los Estados Unidos y se tomaban medidas de carácter más radical.

 

Algunas de las organizaciones políticas y sectores políticos tradicionales creyeron en los primeros momentos que podían controlar el proceso y orientarlo hacia la democracia, apartando del poder a los elementos radicales. Todavía en 1959 políticos como Carlos Prío Socarrás, en nombre de los auténticos, mostraban su apoyo irrestricto a la política de la revolución. "Respaldamos plenamente y sin condiciones la política exterior y las leyes revolucionarias dictadas por el gobierno. La Organización Auténtica se solidariza con las medidas tomadas y las que tome el gobierno contra la agresión extranjera, la conjura reaccionaria y la traición a la revolución". (Sección "En Cuba", Bohemia, La Habana, 29 de noviembre de 1959.)

Dentro de la revolución, el enfrentamiento fundamental estaba planteado entre reformistas y radicales, y la lucha política se expresó dentro del propio proceso. Las purgas de los elementos del Movimiento 26 de Julio de línea reformista, opuestos a la penetración comunista y a la radicalización, se hicieron cosa de todos los días. Raúl Castro y el Che Guevara exigían mano dura contra los "sujetos vacilantes", pedían eliminar las partes blandas del 26 de Julio, profundizar aún más en el proceso.

La base del programa del movimiento antibatistiano fue el restablecimiento de la Constitución de 1940. Los meses pasaban y ésta no se ponía en función. La promulgación de la Ley de Reforma Agraria en mayo de 1959 significó un paso definitorio en la radicalización del proceso revolucionario. La mayoría de las fuerzas y sectores políticos y sociales que se opusieron a la dictadura respaldaban la realización de una reforma agraria, medida contenida en la Constitución del 40, pero la ley promulgada afectaba seriamente la estructura agraria del país y planteaba un cambio sustantivo en el régimen económico, socializando una buena parte de las tierras mediante la creación de cooperativas y granjas estatales.

Los hacendados y ganaderos que apoyaban hasta ese momento a la revolución y hablaban de donar semillas, tractores y hasta 10 mil novillas cargadas para los campesinos, se mostraron intransigentes ante la medida que les arrebataba de golpe el fruto de largos años de trabajo eficiente. "Los ganaderos combatirán hasta morir si se intenta aprobar la Ley como está redactada", anunciaba Armando Caíñas, presidente de la Asociación de Ganaderos de Cuba. En esos primeros momentos, el escenario principal de los enfrentamientos estuvo en los medios de opinión pública, cada vez más controlados por el gobierno.

Pedro Díaz Lanz, jefe de la Fuerza Aérea, es sustituido en junio de 1959 de su cargo. Inmediatamente sale rumbo a Estados Unidos y solicita asilo político. Su posición en contra de la influencia cada vez mayor de los comunistas en el gobierno, situación que denunció en diversas ocasiones, le trajo muchos problemas en la isla. A su llegada a Estados Unidos fue invitado a una audiencia del Comité de Seguridad del Senado, donde denunció la cada vez mayor penetración comunista en la revolución. Lanz se puso al frente de la organización anticastrista Cruzada Cubana Constitucional, y protagonizó algunas incursiones aéreas contra territorio cubano.

El comandante del Ejército Rebelde Huber Matos es condenado a 20 años de presidio, sanción que cumplirá hasta el último segundo, por denunciar la penetración comunista en la revolución y presentar la renuncia a su cargo de jefe militar de la provincia de Camagüey, acto que fue manipulado y relacionado con una de las incursiones aéreas de Díaz Lanz, con el fin de condenar a Matos, presentando su acción como un motín contrarrevolucionario. Muchos de sus compañeros le seguirán a la prisión o serán destituidos de sus cargos y separados del Ejército Rebelde.

Las denuncias de Huber Matos y su renuncia constituyen la última tentativa pacífica de impedir la radicalización de la revolución hacia el comunismo. A partir de ese momento el enfrentamiento será violento, y se encaminará ya no a impedir la radicalización del proceso, sino a derrotar al castrismo.

Autor: Raúl Soroa

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