El día que tengamos democracia
La democracia es más que un sistema de gobierno; es una condición de vida que garantiza la dignidad humana. Soñar con democracia en un país donde la libertad es sofocada por un sistema autoritario no es solo un deseo, sino una necesidad urgente. En Cuba, donde la disidencia se castiga con represión y las necesidades básicas se han convertido en lujos, el anhelo de democracia se traduce en un anhelo de justicia, igualdad y respeto por los derechos fundamentales.
La democracia comenzará a gestarse cuando desayunar deje de ser un lujo inalcanzable. En un país donde un vaso de leche o un pedazo de pan están fuera del alcance de millones, es imposible hablar de justicia social. La pobreza extrema que enfrenta la mayoría no es resultado de la incapacidad de su gente, sino de un sistema que prioriza el control sobre el bienestar. Tener garantías para una vida digna es el primer paso hacia la verdadera democracia.
Tendremos democracia cuando expresar una opinión contraria al gobierno no sea motivo de golpizas, arrestos arbitrarios o estigmatización social. El disenso es una parte esencial de cualquier sociedad libre, y la diversidad de pensamiento enriquece la vida cívica. En una Cuba democrática, nadie deberá temer a las represalias por cuestionar el status quo. Los ciudadanos deben sentirse seguros para hablar, debatir y disentir sin el riesgo de ser perseguidos.
La democracia también implica un estado que protege y no reprime. Cuando la policía deja de ser un instrumento de intimidación para convertirse en una garantía de seguridad ciudadana, estaremos más cerca de un sistema justo. En la Cuba actual, las fuerzas del orden son utilizadas para mantener el control del poder, dejando a los ciudadanos desprotegidos frente a la delincuencia real y expuestos a abusos de autoridad.
La justicia independiente es otro pilar fundamental. El día que los tribunales dejen de ser cómplices del poder y actúen como verdaderos garantes de los derechos, habremos dado un gran paso. En una democracia, no hay cabida para los juicios amañados, las condenas sin pruebas y la criminalización de la opinión.
El día que tengamos democracia también será el día en que los ciudadanos puedan elegir libremente a sus gobernantes. La alternancia en el poder y la celebración de elecciones transparentes no son un capricho, sino el reflejo de una sociedad que confía en su propio juicio. Ningún sistema puede sostenerse indefinidamente cuando es impuesto por la fuerza y no por el consentimiento de los gobernados.
Tendremos democracia cuando la educación y la información sean herramientas para el empoderamiento y no para la manipulación. Un pueblo ignorante es más fácil de controlar, pero un pueblo informado es imposible de someter. En la Cuba del futuro, las escuelas y los medios de comunicación deben ser espacios de libertad y pensamiento crítico, no trincheras ideológicas.
Por último, pero no menos importante, la democracia se construirá el día que todos los cubanos, dentro y fuera de la isla, tengan la posibilidad de participar en la reconstrucción del país. La reconciliación nacional será fundamental para superar las heridas del pasado y avanzar hacia un futuro común. Nadie debe ser excluido por sus ideas o por las decisiones que tomó en momentos de desesperación.
La democracia no es un milagro que ocurre de la noche a la mañana, sino el resultado de una lucha constante y un compromiso colectivo. En Cuba, este sueño aún parece lejano, pero cada voz que se alza por la justicia, cada acto de valentía y cada gesto de solidaridad nos acerca un poco más. El día que tengamos democracia, no solo seremos libres; seremos dignos de nuestra humanidad.
Autor: Jorge Luis León. Graduado de Lic. en Historia y Ciencias Sociales en el Instituto Superior pedagógico Enrique Jose Varona, es ensayista y escritor y autor de varias publicaciones en Periódico Cubano, 14Ymedio y ahora en Patria de Martí. Trabajó como profesor de historia en nivel medio-superior por 30 años. Al romper sus relaciones, con el Ministerio de Educación fue a dirigir una Academia de Ajedrez en Guanabacoa, donde residía, participó en múltiples torneos y escribió su libro Breviario Ajedrecístico, publicado en Cuba en el 2002. En 2002 viajó a Estados Unidos, fundó una Academia... dio clases en varias escuelas hasta que se trasladó a Houston donde reside actualmente. Ahora estoy jubilado.
