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El Islam, el fenómeno migratorio y el terrorismo

los enemigos declarados no los queremos en casa

Una cosa es promover una política ecuménica de tolerancia y otra es aceptar una amplia y peligrosa tendencia fundamentalista que planea dominar un mundo teocrático. Por eso es lamentable que haya tantos que promueven la convivencia con esa tendencia, santificando su derecho a manifestarse o justificando las razones por las que lo hacen a través del lenguaje "políticamente correcto" que dibuja irresponsablemente el espejismo de una cohabitación pacífica.


 La triste realidad es que no se puede cohabitar con agresores. Y la verdad subyacente es que los que proclaman no tener nada que ver con los agresores, guardan silencio ante el terrorismo y secretamente se alegran de la penetración que están logrando en nuestra sociedad.

Estoy hablando aquí del terrorismo islámico y de la enorme migración que se ha convertido en una verdadera invasión de Europa y que se está extendiendo también a los países americanos, incluyendo a Estados Unidos. Esta invasión migratoria está permeada por los enemigos declarados de nuestra civilización mundial judeocristiana, como quedó demostrado en una reciente encuesta realizada por el Institut Montaigne en Francia, por la que nos enteramos que el 28% de los musulmanes que han ingresado y residen en ese país son "fundamentalistas" y proclaman su intención de reemplazar las leyes democráticas con la sharia. Lo peor de estas estadísticas es que revelan que el porcentaje supera el 50% cuando las preguntas son dirigidas a jóvenes de 15 a 25 años.

El islam en Europa, por países (más población musulmana cuanto más oscuro el tono de verde)

La doctrina cristiana predica el amor, la tolerancia, la comprensión, la fraternidad humana y entre católicos y muchos otros protestantes se traduce en una abierta y esperanzadora política ecuménica. El Papa Francisco es un destacado exponente de esta actitud doctrinaria, hasta el punto de que en su exhortación apostólica titulada Evangelii Gaudium, implica sin ambages que el Islam es una buena religión y afirma equivocadamente que «el verdadero islam y una adecuada interpretación del Corán se oponen a toda violencia» (párr.254), para pedir mansamente a los fundamentalistas el cese de la persecución de los cristianos.

No hace falta generalizar ni mucho menos condenar a todos los seguidores del Profeta Mahoma como enemigos declarados de nuestra civilización para reconocer que la tendencia fundamentalista del Islam es ampliamente reconocida y aceptada por la mayoría de los creyentes de esa religión. En otras palabras, podemos convivir y confraternizar con quizás hasta una mitad de ellos, pero el alto porcentaje de enemigos declarados, incluso de los más activos con propósitos terroristas, obliga a los países democráticos a defender sus instituciones y frenar la entrada masiva a sus territorios de grupos entre los cuales abundan simpatizantes y promotores de yihadismo.

Lo cierto es que muchos musulmanes conversos al cristianismo son quienes nos dan la voz de alerta. Recientemente, un grupo de conversos al catolicismo hizo llegar al Papa Francisco una carta que critica su enfoque excesivamente permisivo. En la carta le preguntan: «¿Cómo es posible comparar la violencia islámica con la llamada violencia cristiana?», refiriéndose a la "justa" reacción que plantean los yihadistas ante los excesos que antaño cometieron los cristianos con las cruzadas y la inquisición. Si en aquellas épocas la crueldad y el derecho de conquista predominaban como conducta normal en todas partes, la evolución civilizadora que ha cristalizado al cabo de los siglos condena hoy decididamente tales excesos.

En esa carta citan versos del Corán en que se expresa la violencia contra los cristianos en versículos activamente proclamados por muchos creyentes. Por eso, ese grupo de musulmanes conversos al catolicismo afirman en su carta al Papa que:

«De hecho, el Islam quiere que seamos sus enemigos: lo somos, y todas nuestras protestas de amistad no pueden cambiar nada.»

Como muestra, destacan algunas citas del Corán:

■ ‘¡Entre nosotros y vosotros, hay enemistad y odio para siempre hasta que creas sólo en Alá!’ (Corán 60.4)
■ Para el Corán, los cristianos ‘son solo impureza’ (Corán 9.28), ‘lo peor de la Creación’ (Corán 98.6)
■ ‘Todos son condenados al infierno’ (Corán 4.48), ‘Alá debe exterminarlos’ (Corán 9.30).

Añaden en la carta que no debemos dejarnos engañar por los versículos coránicos considerados "tolerantes", porque todos han sido derogados por el versículo del Saber (Corán 9.5).

Siguen diciendo en la carta:

«Somos conscientes de que el Islam es utilizado por los poderes del dinero que gobiernan el mundo, contra los cuales se eleva Su Santidad sin descanso».

Pero advierten que hay una estrategia disimulada de dominación global de parte del Islam:

«Incluso cuando el Presidente Erdogan, entre otros, pide a sus compatriotas que no se integren en sus países de acogida, cuando Arabia Saudita y todas las petromarquías no acogen a ningún refugiado, hay otras expresiones del proyecto de conquista e islamización de Europa, oficialmente proclamada por la OCI y las organizaciones islámicas.»

La carta culmina pidiendo a Francisco que convoque un Sínodo a debatir los peligros del Islam:

«Permítanos pedirle a Su Santidad que convoque rápidamente un sínodo sobre los peligros del Islam.

En interés de la justicia y la verdad, la Iglesia debe mostrar la verdad sobre por qué los argumentos del Islam para blasfemar sobre la fe cristiana son falsos.

Si la Iglesia tuviera el coraje de hacer eso, no dudamos que millones, musulmanes y otros hombres y mujeres que buscan el verdadero Dios se convertirían
».

La penosa tendencia que nos obliga a no hablar más que lo que sea "políticamente correcto", so pena del desprecio, la burla, la humillación y las descalificaciones de los intelectualoides que permean el planeta, medra en un verdadero dogmatismo antidemocrático. Esta situación llega a los extremos de que en muchas sociedades occidentales las personas, incluso algunas muy prominentes, se ven sometidas a juicio (o a verdaderas campañas difamatorias en los medios de comunicación) por el delito de "crítica al Islam", con el pretexto de que la crítica expresada como libertad de expresión "puede ser interpretada como ofensiva, humillante, hiriente o agresiva".

Es cierto que el Islam puede practicarse en paz y, también, que es la forma en la que muchos musulmanes lo practican. Pero también es cierto que éstos sólo pueden hacerlo ignorando algunas de las enseñanzas fundamentales del Islam o renunciando abiertamente a ellas, lo cual muy pocos lo hacen.

El Padre Jesuita James Schall, profesor de filosofía política en la universidad norteamericana de Georgetown y autor de varios libros, ha roto la mordaza de lo "políticamente correcto" para afirmar que «no tiene sentido pretender que una visión yihadista no se encuentra en el Corán.» Y afirma también que: «Lo que todos tienen que enfrentar, no es la 'violencia' del Islam, sino su peligrosa verdad.» Porque es razonable que no nos guste «una visión yihadista del Corán». Es razonable también que denigremos «la dignidad de ISIS y otras ascendencias violentas en ambas ramas sunitas y chiítas del Islam que, claramente ven que su interpretación del Islam tiene raíces legítimas en el Corán, en la historia del Islam y en el juicio de muchos comentaristas de autoridad».

Debemos recordar que el ocaso del Imperio Romano y su civilización comenzó cuando se permitió a diversas tribus bárbaras asentarse dentro de su territorio, llegando muchos a convertirse en ciudadanos romanos y a engrosar cada vez más sus propias legiones. Las invasiones posteriores se enfrentaron a un Imperio cuyos ciudadanos ya no se identificaban con la civilización romana y que se fragmentaba en luchas intestinas. El hogar, sea nuestra casa, nuestra comunidad, nuestra provincia o nuestro país, debe ser protegido de quienes vienen a imponernos sus ideas y no lo hacen como invitados que agradecen la acogida y respetan a sus anfitriones con el propósito genuino de integrarse a una gran familia.

Si son nuestros enemigos declarados, ¡no los queremos en casa!

Gerardo E. Martínez-Solanas
Author: Gerardo E. Martínez-SolanasWebsite:https://www.democraciaparticipativa.net/
Gerardo E. Martínez-Solanas es natural de La Habana Vieja, Cuba. Cursó estudios en CCNY y CUNY, ambas de la ciudad de Nueva York, donde obtuvo Maestrías en Economía y en Ciencias Políticas. Fue funcionario de las Naciones Unidas y es actualmente Director de DemocraciaParticipativa.net.
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