Lis Cuesta: El hombre en el centro de la Revolución

Lis Cuesta: el hombre en el centro de la revolucionLis Cuesta: El hombre en el centro de la Revolución

Si algo ha caracterizado a la dictadura cubana es su capacidad para construir falacias y venderlas como verdades absolutas. En esa línea de montaje ideológico, uno de los personajes más recientes en la maquinaria propagandística es Lis Cuesta Peraza, esposa de Miguel Díaz-Canel. Presentada como una "Doctora" y una figura central en la cultura cubana, su imagen no es más que un reflejo del oportunismo, la impostura y la desconexión con la realidad de un pueblo que se ahoga en la miseria.

Un insulto a la pobreza Lis Cuesta se proyecta como la "Primera Dama" de una nación donde el concepto mismo de "primera dama" fue siempre rechazado por el castrismo. Sin embargo, su presencia en eventos culturales financiados por el dólar extranjero y su exhibición de lujos la convierten en la encarnación de una nueva aristocracia socialista. Mientras los cubanos hacen colas de horas para conseguir un pedazo de pan, Lis Cuesta se pasea con vestimenta costosa y joyas que distan mucho del discurso de igualdad y sacrificio que pregona la revolución.

Verborrea vacía y propaganda barata Las intervenciones de Cuesta no son más que una serie de discursos huecos, desconectados de la realidad del cubano de a pie. Sus palabras desde un balcón de privilegios no ofrecen soluciones, sino insultos disfrazados de arengas ideológicas. Su intento de invertir la narrativa de la crisis nacional para culpar a los enemigos externos, mientras goza de un nivel de vida inalcanzable para el cubano promedio, es una afrenta a la inteligencia y dignidad del pueblo.

"Cultura" para sobrevivir Uno de los pilares de su estrategia es la promoción de eventos culturales destinados a captar divisas. Bajo la apariencia de fomentar el arte y la identidad nacional, en realidad no son más que una herramienta para mantener a flote la estructura de poder, a costa del hambre y la desesperación de la población. La cultura, en manos del oficialismo, no es más que un medio de subsistencia para la cúpula gobernante, mientras la base del país carece de lo más esencial.

El socialismo y el hombre: una contradicción insalvable El lema propagandístico de que "la revolución pone al hombre en el centro" es una de las falacias más descaradas del discurso oficialista. En Cuba, el socialismo ha sido un sistema de sacrificio impuesto, donde el individuo nunca ha sido la prioridad, sino la perpetuación del poder de unos pocos. Lis Cuesta simboliza esa paradoja: una "defensora" del pueblo que vive en la burbuja de los privilegios, mientras ese mismo pueblo sufre la escasez, la represión y el abandono.

Panorama social de Cuba, la inflación y el éxodo El contexto en el que Lis Cuesta desempeña su papel de falsa benefactora es uno de los más críticos en la historia reciente de Cuba. La inflación galopante ha pulverizado el poder adquisitivo de la población, convirtiendo en inalcanzables los productos básicos. Los precios de los alimentos y medicinas se disparan mientras los salarios se mantienen estancados en una miseria institucionalizada.

A esto se suma el éxodo masivo de cubanos que, desesperados por la falta de futuro, arriesgan sus vidas para escapar del país. Familias divididas, generaciones enteras que ven en la emigración la única salida, y un régimen que, lejos de ofrecer soluciones, solo responde con más control y represión. En este escenario de crisis, el lujo y la ostentación de figuras como Lis Cuesta resultan aún más insultantes y revelan la brecha infranqueable entre la élite gobernante y el pueblo sometido.

Lis Cuesta Peraza es, en esencia, una oportunista dentro de un sistema que se alimenta de la mentira. Su figura es la confirmación de que el socialismo en Cuba no ha sido más que un experimento fallido, donde los que gobiernan viven con lujos, y los gobernados, con hambre. Su discurso y su imagen no son más que una broma de mal gusto en un país donde la desesperación es la verdadera protagonista.

Jorge Luis LeonAutor: Jorge Luis León. Graduado de Lic. en Historia y Ciencias Sociales en el Instituto Superior pedagógico Enrique Jose Varona, es ensayista y escritor y autor de varias publicaciones en Periódico Cubano, 14Ymedio y ahora en Patria de Martí. Trabajó como profesor de historia en nivel medio-superior por 30 años. Al romper sus relaciones, con el Ministerio de Educación fue a dirigir una Academia de Ajedrez en Guanabacoa, donde residía, participó en múltiples torneos y escribió su libro Breviario Ajedrecístico, publicado en Cuba en el 2002.  En 2002 viajó a Estados Unidos, fundó una Academia... dio clases en varias escuelas hasta que se trasladó a Houston donde reside actualmente. Ahora estoy jubilado.

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