Patria de Martí Artículos y Ensayos

Obama in Havana: Turn Back to Human Rights

Obama in Havana back Human rights

The Castro regime has a long history of using violence and poverty as tools of repression.

Earlier this week, President Obama announced plans to visit Cuba in March. Logically—and more importantly—strategically, the visit makes no sense.

Mr. Obama and General Raul Castro have already met. Their famous handshake occurred last year, at the Summit of the Americas.

Today, a little over year after the president’s radical shift in Cuba policy, conditions have not improved for the Cuban people. The government has not loosened its grip on the economy. Octogenarian generals are still the titans of Cuban industry. Human rights activists face heightened levels of repression. As for the political system, Raul Castro has vowed that Cuba will remain a communist nation.

Proponents of the president’s policy shift have praised his decision to visit the island. What they fail to acknowledge, though, is that this decision reveals the true intent of his Cuba policy: the legitimization of the Castro regime.

In trying to be “progressive,” the White House is actually taking bilateral relations backwards—replicating the relationship between the United States and Cuba in the 1950s. Exploitative economic conditions, dominated by big business interests, led to the Cuban revolution. Those interests funded the Batista dictatorship, which allowed tourism and dollars to trump human rights and freedom.

Today, one of the lead advocates of “normalization,” in terms of dollars, has been the U.S. Chamber of Commerce. While free enterprise is a wonderful—indeed, liberating—force, cronyism and cartelism is not. Business interests should never be allowed to jeopardize or dictate U.S. national interests, but the Chamber has never been shy about trying. It actively lobbied against U.S. involvement in World War II and fought President Reagan’s Soviet Union boycott. More recently, it lobbied against Iranian sanctions in 2011 and Russian sanctions (in response to Ukraine) in 2014.

Part of the problem of Obama’s new Cuba policy is that it ignores the Castro regime’s long, sad history of violence, murder and poverty as tools of repression. While Obama may be able to sweep that under the rug, generations of exiles and their sons and daughters (myself included) will continue demanded the justice due.

Here, the hypocrisy of progressives is jarring. The Castro regime embodies everything the left supposedly hates: military dictatorships, racism, economic imperialism and repression of freedom of expression. Yet the Obama administration cabinet members are frequent guests of the Castros. The same administration continues to turn a blind eye to Cuba’s ‘Nelson Mandela,’ Jorge Luis Garcia, commonly known as Antunez. A dissident of Afro-Cuban descent and a former political prisoner of seventeen years, Antunez still fights for freedom on the island. Despite his high profile (he was House Speaker John Boehner’s guest at last year’s State of the Union address), he and his wife have been repeatedly arrested and brutalized by Cuban security services. Their only crime is being political dissidents who want a free and democratic Cuba.

Another advocate for restoring relations is Sen. Patrick Leahy (D-VT). The long-serving senator is a frequent critic of abuses by military forces in Latin America. The U.S. law that bans  American assistance from going to foreign security services that have “committed a gross violation of human rights” bears his name.

Yet Senator Leahy remains a tireless supporter of restoring relations with the Western Hemisphere’s longest running and most ruthless military dictatorship. Progressives seem to have a blind eye when it comes to upholding human rights standards in Cuba.

If Secretary Kerry’s actions during the embassy opening are any indication of how dissidents will be treated during Obama’s visit, expectations should be kept low. Kerry claimed dissidents would not be invited to the flag ceremony at the American embassy “because that is a government-to-government moment with very limited space.” Yet the AP reported that State Department officials shunned them to avoid angering the regime. Where freedom-fighting dissidents could have witnessed the American flag being raised, a multitude of anti-embargo lobbyists and representatives from the U.S. Chamber of Commerce took their place.

Timing is everything in politics and the timing of the president’s announcement about visiting Cuba reinforces what critics of normalization have been claiming: that the new policy is aimed at propping up the Cuban government. Shortly before that announcement, Cuba’s Minister of Foreign Trade and Investment, speaking before the Chamber of Commerce, urged the administration to continue granting the regime cash flows by easing the embargo. Twenty-four hours later, the president announced his travel plans.

To stand up for democracy, President Obama should not allow this brutal regime to dictate the terms of his visit, as Secretary Kerry did during the embassy opening. President Obama must not allow the Castros to set his itinerary, particularly whom he meets with at the U.S. embassy, which is sovereign American territory. Cuba’s heroic dissidents deserve an opportunity to meet with the U.S. president and acquaint him with the real Cuba, the one they know all too painfully well.

Ana Quintana is a policy analyst specializing in Latin America and the Western Hemisphere at The Heritage Foundation’s Allison Center for Foreign and National Security Policy

The National Interest

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Caifás y la KGB de nuevo en La Habana

Kaifas y la KGB en la Habana

Para tratar de entender la acción, impía y nauseabunda, de que los cabecillas de la Iglesia Católica y la Iglesia Ortodoxa Rusa se reúnan en Cuba para intentar remendar un divorcio de hace más de novecientos sesenta y un años, podemos remontarnos a un pasado muy lejano del cristianismo y su base fundadora, el judaísmo. Parecería un chiste pensar que Raúl Castro, un tirano que cuenta con una nutrida colección de pecados capitales, igual que el régimen que encabeza, podría ser el anfitrión de tan histórico encuentro. Pero no. Es en serio y definitivamente no es por su encanto, sus dones protocolares o los de su comitiva, como la visita reciente a Francia nos recordó.

José ben Caifás, miembro de la secta judía de los saduceos, fue nombrado sumo sacerdote por el procurador romano de turno y estuvo en ese puesto mucho tiempo, coincidiendo con la vida de Jesús de Nazaret. Las principales facciones del judaísmo en esa época eran los esenios, los fariseos, los zelotes y los saduceos. De éstos, los saduceos eran los más politizados y la política que abrazaban era la de plegarse al poder político dictatorial. Entre los judíos, los saduceos no representaban a la mayoría, pero por su relación estrecha con el cesarismo, tenían una influencia desproporcional. En el Sanedrín, la asamblea judía semiautónoma en la tierra ocupada de Judea, la hegemonía de los saduceos era sólida. Tal era así, que Caifás como sumo sacerdote y líder en el Sanedrín, logró conseguir la sentencia máxima contra Jesús. Los cargos que enfrentó eran políticos.

Si bien el mensaje de Jesús encontró resistencia por parte de todas las sectas del judaísmo (cada una por razones diferentes), las discrepancias con los saduceos fueron más profundas. ¿Qué grande podía ser la motivación de los saduceos encabezados por Caifás para que estos buscaran la muerta de Jesucristo? La pregunta se agudiza más cuando se toma en cuenta que todos eran judíos, viviendo en tierra ocupada por un régimen despótico y foráneo. Tenían desavenencias litúrgicas y de libro. Las diferencias entre las facciones judías eran numerosas e importantes, sin embargo, entre las que más resaltaba eran (1) la visión que tenían de la inmortalidad y (2) sobre la cultura que debía predominar. Los saduceos no creían en la vida después de la muerte material y favorecían la cultura greco-romana sobre la judía.

La prédica de Jesucristo, y luego el cristianismo, se sustentaba en la noción de la supervivencia del alma y la de un orden espiritual superior. La idea platónica de la inmortalidad se expandió geométricamente con la prédica de Jesús y luego se institucionalizó con el cristianismo. La cultura en el Imperio Romano, que abrazó la cultura helénica no-platónica tras la absorción de tierras griegas, chocaba intrínsecamente con la cultura judía y sus tradiciones. Es fácil de ver por qué la visión global que Caifás y los saduceos tenían representaba una contradicción clara a las enseñanzas de Jesús. El poder político en Judea ocupada, para Caifás, ofrecía la alternativa de la viabilidad para el ejercicio de esa visión del mundo. En otras palabras, cuando lo metafísico urge de la acción política, el resultado es la ideología. No importa si el agente de cambio o reforzamiento que posibilita la manifestación de esa ideología sea una dictadura, como lo fue en el caso de Caifás. Eso mismo es ahora en nuestros tiempos, el caso del Papa Francisco.

La selección del lugar en este “reencuentro” coreografiado en el nombre de un ecumenismo, obedece a propósitos políticos e ideológicos y no tiene nada con ver, esencialmente hablando, con la religión. Jorge Mario Bergoglio es un hijo pródigo, integralmente constituido, de la radicalidad tóxica que tomaron del Concilio Vaticano II y luego de eventos como el Consejo Episcopal Latinoamericano de Medellín (1968), la licencia moral para guerrear en el mundo y promover, por vías de un clericalismo rojo, interpretaciones desnaturalizadas del cristianismo y fusionarlas con el marxismo. Que el tiempo le haya dado un lenguaje más templado, obedece a la realidad histórica que el socialismo fracasó y no un cambio de sentimiento.

No se está equivocado al determinar que Bergoglio es un ideólogo altamente politizado que, como Caifás, no le importa con quien tiene que asociarse si eso le avanza su visión del mundo. En la disputa entre la inmanencia versus la transcendencia, el Obispo de Roma claramente inclina su preferencia por la primera. La inmanencia busca lo divino en el mundo material, esa idea peligrosa de tener “el cielo en la tierra”. Su encuentro en Cuba con el Patriarca Cirilio I (o Kirill) de Moscú y de todas las Rusias es un acto de concordancia ideológica.

Vladímir Mijáilovich Gundiáyev, el nombre secular de Cirilio I, tiene un historial, largo y patético, de ser un servidor y apologista del comunismo. En 2008 visitó al tirano Fidel Castro, lo alabó y le concedió la Orden de Gloria y Honor de la Iglesia Ortodoxa Rusa y al tirano II, en ese mismo viaje, le entregó la Orden de San Daniel el Príncipe de Moscú, Primera Clase. Ha sido un defensor recalcitrante del dictador bielorruso, Aleksandr Lukashenko. Algunos periodistas e investigadores, como Tony Halpin de The Times (de Londres), reportaron en 2009 que Cirilio I tenía una conexión con la KGB, un rumor persistente desde los 1990´s. Su patriarcado está lleno de encomios al Estado ruso y el autoritarismo putinista, incluso en casos cuando el tema ha sido la supresión de la libre expresión. En general, se puede concluir decididamente que quien lidera la Iglesia Ortodoxa Rusa hoy, es un hijo de Putin.

La reunión en La Habana entre los líderes de la Iglesia Católica y la Iglesia Ortodoxa Rusa, no tiene nada de ecuménica. Es sólo una aglomeración política (y de la sucia) e ideológica que busca deconstruir paradigmas y, de paso, aportar al intento de preservar una fiel dictadura comunista. Esto no tiene nada que ver con la aproximación de dos denominaciones que una vez fueron una. Se le seguirá dando caso omiso a lo obvio y lo relativo al titulado tema.

La libertad de culto está, desde que la actual administración norteamericana empezó su política de “descongelamiento” hacia el castrocomunismo, en llamas. Los casos de violación groso a la expresión religiosa se han disparado. Christian Solidarity Worldwide, un grupo de derechos humanos que enfoca su trabajo en la libertad de culto y la defensa de los perseguidos por profesar su creencias religiosas a través del mundo, registraron más de dos mil trescientos casos de violaciones en Cuba en 2015. La dictadura castrista está demoliendo iglesias, arrestando a creyentes, robándose sus pertenencias y propiedades y hostigando a cualquiera que se acerca a estos grupos. Recientemente, arrasaron la iglesia Emmanuel en Santiago de Cuba y encarcelaron a más de doscientas personas. Aunque esto sí tiene que ver con la religión y otros valores fundamentales, será un agravio más que, ni Bergoglio o Gundiáyev, le interesará tocar. La dictadura cubana ha seguido la vieja práctica de los jacobinos de permitir denominaciones que están bajo su dominio de influencia y aplastan a las que no se doblegan.

Es hora que los católicos se den cuenta, lo que muchos ortodoxos rusas ya saben. La religión que tiene primacía en el corazón del Papa Francisco, igual que Cirilio I, es la religión política y no es necesariamente de la variedad democrática. Jorge Mario Bergoglio tiene un prejuicio ideológico, igual que tenía Caifás, que define su escala de valores. De ahí la tolerancia que el Obispo de Roma exhibe hacia el cesarismo de la familia Castro. Nada de imitar a Cristo en eso. Al contrario. Bergoglio y su nuevo compañero en armas de Moscú, están en una misión, pero no es precisamente la de Cristo. Entendiendo esto, es perfectamente congruente que se reúnan en Cuba. ¿Ecuménico? ¡Por favor! Dios está mirando y Él es quien tendrá la última palabra.

Julio M. Shiling, Miami | 10/02/2016 7:33 am Publicado en Cubaencuentro © Ver publicación y opiniones en cubaencuentro.com Ver otros Artículos

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Cuba ocupa el lugar 169 de 180 de la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa

Cuba lugar 169 de 180

En Cuba, el último país de la zona América en la Clasificación, la libertad de información sigue siendo muy limitada. El gobierno no tolera la prensa independiente. El acceso a Internet está muy restringido y se encuentra extremadamente controlado. Las autoridades continúan mencionando el embargo estadounidense para justificar la poca penetración de Internet en la isla. No obstante, la instalación del cable submarino de fibra óptica ALBA-1 muestra que el problema más bien se debe a la voluntad política de las autoridades de controlar la red. A la falta de pluralismo de los medios de comunicación se suma el que los periodistas y blogueros críticos sigan siendo víctimas de amenazas, difamación, arrestos y detenciones arbitrarias. El histórico anuncio de que las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba se restablecerían, ¿ofreció un poco de esperanza a los periodistas cubanos?

Posición desde 2002

AñoLugar 
2014 #170 /  180-  
2013 #171 /  178-  
2012 #171 /  178-  
2011 # /  0-  
2010 #166 /  173-  
2009 #170 /  170-  
2008 #169 /  168-  
2007 #165 /  164-  
2006 #165 /  161-  
2005 #161 /  161-  
2004 #166 /  158-  
2003 #165 /  158-  
2002 #134 /  134-  
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La dictadura del fusilamiento virtual

dictadura del fusilamiento virtual

La nueva dictadura socialista, inspirada no en Marx sino en Gramsci, es la dictadura del fusilamiento virtual. Que a veces termina siendo literal, como en el caso del expresidente salvadoreño Francisco Flores, a quien se la han aplicado. Como a muchos otros, por cierto, gente incómoda, insumisa, que va desde Joe el Plomero hasta el general Petraus, dictadura que sufren ahora mismo al senador Bob Menéndez y el intelectual y escritor italiano Armando Verdiglione.

No importa si en Estados Unidos, Europa o América Latina, se trata del mismo modus operandi. El uso de la justicia y los mecanismos impositivos para acabar con los enemigos ideológicos.

He clamado en vano a instancias culturales del exilio cubano para que se apoye a Verdiglione en esta hora aciaga, pero ha sido en vano. Lo que me lleva a pensar que ese exilio sigue siendo de izquierdas, como creo haber demostrado ya en mi libro Mitos del antiexilio, o simplemente no entiende ni la J de por dónde van los tiros y menos de la índole del enemigo que enfrenta. Lo cual, por otra parte, explicaría también el fracaso absoluto en su enfrentamiento de más de medio siglo al castrismo.

Lo cierto es que no se puede combatir con éxito a una férrea ideología con versiones aguadas o degeneradas de esa misma ideología. He ahí, quizá, la causa de nuestra derrota ante los aprendices de Gramsci.

 

Publicado en Neo Club Press

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