Patria de Martí Artículos y Ensayos

Ética, moral y justicia

armandoribas sÉtica, moral y justicia.

La justicia no es natural, es artificial, pero no arbitraria”

David Hume.

Mientras más analizo la situación de la filosofía política en la actualidad, más me convenzo de la evidente confusión reinante al respecto. Como ya lo he manifestado en otras ocasiones, creo que esa mayor confusión reside en el concepto de ética, y por supuesto su relación con la moral y la justicia. La consecuencia trasciende entonces al campo de la política. El primer problema obviamente es el concepto mismo de ética, y al respecto el Diccionario de la Academia Española la define: “Parte de la filosofía que trata de la moral y de las obligaciones del hombre”. Hasta aquí siento que no hemos avanzado nada en nuestra disquisición.

Pasemos entonces al diccionario Webster. “Etica: Disciplina que trata con lo que está bien y está mal y con el deber moral y obligación; Teoría del sistema de valores morales”. En fin no creo que hayamos llegado a alguna conclusión válida al respecto del análisis que nos proponemos de la situación actual de la política en el mundo.

  

     Evidentemente las anteriores definiciones respecto a la ética, entrañan de por sí una confusión entre ética y moral. Por supuesto a fin de poder analizar la situación política actual es imprescindible que distingamos los conceptos de ética y moral. Entonces insistiendo en las confusiones, pasemos a la definición de moral del Webster: “relacionado con los principios de bien o mal en el comportamiento”. Me atrevería a decir que en esa definición nos encontramos con un sinónimo de ética.

  

     Entonces ante la confusión precedente, pasemos a analizar los conceptos de David Hume al respecto, que considero fundamentales para comprender el concepto de ética en que se basó el sistema político que cambió la historia del mundo. Ese sistema es el Rule of Law, y no el capitalismo, pues la economía es la consecuencia del sistema ético, político y jurídico. La economía es el resultado de los comportamientos individuales que determina el sistema. Por ello donde no se respetan los derechos individuales, desaparece el mercado.

   La ética entonces es un concepto pragmático de la naturaleza humana. Así Hume considera que toda ciencia comienza por la ciencia del hombre, y al respecto dice: “No existe una cuestión de importancia, cuya decisión no esté comprendida en la ciencia del hombre; y no hay ninguna que pueda ser decidida con alguna certeza, antes de que estemos en contacto con esa ciencia”. Fue en función de esa realidad que por primera vez en la historia se creó el sistema político, basado en el hombre tal cual es y no en el supuesto de cómo debe de ser. Tal concepto ético respecto a la naturaleza humana, fue determinante de la necesidad de limitar el poder político.

  

     Históricamente el poder político absoluto, se fundó primeramente en el supuesto de que representaba la voluntad de Dios. O sea el derecho divino de los reyes, hasta que Locke reconoció que los monarcas también eran hombres. Así se ignoró en Occidente que ya en el Evangelio se reconoció la separación del Estado y de la Iglesia. “Dar al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios”.Y asimismo la falibilidad del hombre: “El justo peca siete veces” y “el que esté libre de pecado que arroje la primera piedra”. En una segunda instancia histórica, a partir de la Revolución Francesa de 1789 se desconoció la naturaleza humana en función de la diosa razón. Fue Rousseau quien primeramente intentó tal proceso y así escribió: “Todo aquel que se atreva a encargarse de la tarea de instituir una nación, debe sentirse asimismo capaz de transformar la naturaleza humana”. En función de ese proyecto de crear un hombre nuevo, se han matado millones de seres humanos, primero por los jacobinos y seguidamente por los bolcheviques, hasta nuestros días.

  

     Esa moral racionalista fue desarrollada por Kant en sus imperativos categóricos. De conformidad a los mismos la búsqueda de la felicidad es deshonesta, pues no se hace por deber. Es decir que su conclusión es el opuesto del principio básico del Rule of Law, que de conformidad con el pensamiento de John Locke, el derecho a la búsqueda de la propia felicidad es el principio básico de la libertad. Y siguiendo con la postura kantiana, Hegel llega a la conclusión de que el individuo no tiene más razón de ser que su pertenencia al estado. Afortunadamente con la caída del Muro de Berlín esa tendencia autoritaria y fuente del totalitarismo, parecía haber desaparecido del panorama político. Lamentablemente, no obstante esa realidad, el socialismo impera como consecuencia del equívoco precedente sobre la naturaleza humana. La supuesta búsqueda de la igualdad se ha convertido en el camino al poder.

  

     Volviendo a la ética, Hume desarrolló un principio fundamental al respecto, de conformidad con la ciencia del hombre y así dijo: “Si los hombres fueran generosos y la naturaleza pródiga, la justicia no tendría razón de ser”. En función de esta concepción pragmática de la naturaleza humana determinó que la justicia no es natural sino artificial. O sea por arte del hombre, pero no arbitraria, sino el resultado del aprendizaje de la historia, que nos permite conocer la ciencia del hombre. Por tanto llega a la conclusión fundamental de que la naturaleza humana es inmodificable, y si queremos cambiar los comportamientos se requiere cambiar las circunstancias.

  

     El Rule of Law es precisamente ese cambio en las circunstancias que modificó el comportamiento, a partir del respeto por los derechos individuales y el límite al poder político. Siguiendo ese principio fundamental James Madison escribió: “Si los hombres fueran ángeles no sería necesario el gobierno, y si fueran a ser gobernados por ángeles no se requeriría ningún control al gobierno, que es una administración de hombres sobre hombres”. Como puede observarse la anterior conclusión es una paráfrasis del pensamiento de Hume. Y asimismo reconoció otro principio fundamental cual es que las mayorías no tienen derecho a violar los derechos de las minorías. Este último principio es el que hoy se viola como consecuencia de la confusión entre república y democracia. Las mayorías no solo determinan quien gobierna, sino que en nombre de las mismas y la demagogia de la justicia social, se permite el poder de violar el derecho de propiedad. Igualmente se desconoce el derecho a la búsqueda de la felicidad, pues es la expresión del egoísmo del interés privado frente al interés general, que representan los gobiernos de turno.

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¿Cuál es el origen de los derechos humanos?

¿Cuál es el origen de los derechos humanos?

jose-azelHay una perturbadora escena surrealista en el documental Oscar’s Cuba cuando los que apoyan al gobierno cubano gritan “Abajo los derechos humanos” para intimidar a quienes defienden al líder opositor Dr. Oscar Elías Biscet. Mucho más expresivamente la turba vocifera: “Nos cag... en los derechos humanos”.

¿Cómo pueden personas y gobiernos sostener tal condenable visión de los derechos humanos? Como americanos, exigimos nuestros derechos; admiramos las luchas de los pueblos reclamando sus derechos; veneramos los inalienables derechos a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad proclamados en nuestra Declaración de Independencia. Sin embargo, los colectivistas ven esto de manera diferente; entonces, ¿cuál es el origen de los derechos humanos?

La cuestión de si los derechos son creación de sociedades particulares, o independientes de ellas, es fundamental para nuestra posición sobre reglas de conducta moral y organización política. ¿Son los derechos humanos creados por los hombres, como una visión particular de la sociedad, como aseguran los marxistas? ¿O son un evidente legado de nuestro Creador, como afirmaba Jefferson?

Hay tres posiciones epistemológicas principales sobre el origen de los derechos humanos: (1) Son leyes morales y vienen de Dios. (2) Son leyes políticas creadas por los gobiernos. (3) Son leyes morales inherentes a la naturaleza humana.

Si los derechos humanos fueran simplemente una invención –una creación del intelecto humano– sería muy difícil argüir que son universales y que cada gobierno está obligado a respetarlos aunque no esté de acuerdo. En consecuencia, Karl Marx denunciaba los derechos como una creación de la sociedad burguesa. Además, si los derechos fueran solamente un capricho del gobierno podrían ser revocados cuando el gobierno lo deseara: serían autorizaciones, no derechos.

Por otra parte, si los derechos emanan de Dios y existen antes de cualquier ley hecha por el hombre, no pueden ser concedidos o revocados por decreto del gobierno. Lamentablemente, ningún origen divino de los derechos humanos puede ser juiciosamente planteado, puesto que no hay evidencia de tal divinidad, y mucho menos de la existencia de derechos claramente demostrables que emanan de Dios.

Un problema adicional es que no hay un solo Dios universalmente reconocido, y por lo tanto nos corresponde a nosotros decidir si el que debe prevalecer es el código moral de Jehová, Alá o Brahma. Vincular los derechos a una divinidad es admitir que no existe evidencia que apoye la existencia de derechos humanos universales.

Muy al tanto de esos aspectos, los pensadores de la Ilustración y los Padres Fundadores buscaron vincular los derechos humanos a la naturaleza como un tema de la ley natural. Pero al intentar extrapolar los derechos desde la naturaleza, los pensadores liberales saturaron sus argumentos con referencia a lo que Dios había ordenado o concedido. John Locke propuso su “ley natural” ligada al “hombre resultado de un omnipotente e infinitamente sabio creador”. Y Jefferson destacó que la ley moral de la naturaleza es “la ley moral a la que el hombre ha sido sometido por su Creador”.

Esa exposición clásica de la ley natural mantiene el interrogante filosófico de que si los derechos naturales provienen de Dios, la prueba de su existencia depende de la prueba de la existencia de Dios. Estos enfoques han llevado a algunos filósofos a ridiculizar la creencia en los derechos humanos como “creer en brujas y unicornios” (Alasdair MacIntyre) o “tonterías montadas en pilotes” (Jeremy Bentham). Para abordar esto los pensadores modernos han desarrollado diversas teorías de derecho natural más seculares, que no se originan en una divinidad.

La Declaración Universal de Derechos Humanos de Naciones Unidas establece que los derechos humanos surgen de “la dignidad inherente al ser humano”. Esto también puede ser un concepto problemático porque no puede alcanzarse un acuerdo universal sobre cómo se define una vida digna. Algunos plantean que una casa en la playa es una necesidad absoluta para una vida digna de un ser humano, mientras otros requieren múltiples cónyuges. ¿Quién lo definirá?

Los regímenes totalitarios se aprovechan de estos dilemas filosóficos para subordinar al individuo al Estado. Como los gobiernos mantienen un monopolio legal del uso de la fuerza física, necesitamos derechos individuales para protegernos de la servidumbre obligada hacia otros, que exige el colectivismo.

Nuestro mejor argumento intelectual es que cada individuo es moralmente un fin en sí mismo y no un medio para los fines de otros. Eso significa que los derechos individuales son nuestra defensa contra el colectivismo. De acuerdo a nuestras creencias personales los derechos individuales pueden ser vistos como otorgados por Dios, o intrínsecos. Los derechos humanos pueden ser simplemente una aspiración o un artilugio, pero en un contexto social es lo que necesitamos para vivir en libertad.

El Nuevo Herald

 

 

 

 

 

 

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¿Seres humanos?

rolando-hanglin¿Seres humanos?

Hubo un legendario sketch de TV, que nació en la década del 60 y luego atravesó diversas mutaciones, hasta cristalizar en La Peluquería de Don Mateo, reflejando el ambiente de una peluquería de caballeros, tan común en Buenos Aires hasta 1960. La escenografía fue también muy corriente en otras ciudades del mundo, como puede atestiguar cualquiera que haya visto Gran Torino, dirigida y protagonizada por Clint Eastwood, donde cliente y peluquero mantienen un diálogo viril sin desperdicios.

Bien: en la serie de peluquerías concebidas por el talentoso Gerardo Sofovich -uno de los personajes de la cultura popular de Buenos Aires, mezquinamente ignorado por la crítica intelectual- el peluquero ocupaba el centro de la escena, en la figura de Fidel Pintos, Jorge Porcel y otros cómicos. El resto era un desfile de caricaturas interpretadas por grandes artistas del nivel de Alberto Olmedo, Adolfo García Grau, Juan Carlos Altavista, Emilio Disi, Luisa Albinoni, Noemí Alan y otros.

El personaje de Alberto Olmedo entraba al set con una manguera ignífuga y, en su rol de bombero descontrolado, fumigaba a todos los presentes, declarándolos "detenidos por estacionar vagones". El peluquero, azorado, le señalaba que allí no había ningún vagón de tren sino varios señores con sobrepeso, como ser Javier Portales, Jorge Porcel y algún otro. Intrigado, Olmedo interrogaba: ¿No son vagones? ¿Son personas comunes, como cualquiera? ¿Seres humanos?

Un bombardeo en Siria no nos resulta asunto lejano como podría ser una guerra en Júpiter

En fin. Hoy día, en la era de los "derechos humanos", cabe preguntarse si en esta peluquería donde nos afeitamos...somos todos seres humanos. ¿Y si no, qué somos?

Se discute en este momento (agosto, 2013) si es justo que el gobierno de los Estados Unidos, apoyado por el de Francia pero momentáneamente repudiado por el de Gran Bretaña, bombardee punitivamente al gobierno de Damasco, encabezado por el Sr. Asad, al que se acusa de haber gaseado a una cantidad de ciudadanos sirios. Es decir, su propio pueblo. Los muertos podrían ser 100 mil.

¿Cuál será el resultado, cuando se haya publicado esta columna? ¿Otros 100 mil muertos entre los ciudadanos sirios? ¿Tal vez más, o menos? El tema nos roza de cerca, no sólo porque hay miles de sirios y libaneses en nuestro país, donde apellidos como Asad son muy comunes, al mismo tiempo que Salem, Salim, Abud, Farah, Jatib y otros mil. O sea: los sirios son nuestros paisanos de toda la vida, y un bombardeo en Siria no nos resulta asunto lejano como podría ser una guerra en Júpiter.

En fin, la pregunta vale para los jerarcas de Damasco, los de Moscú, los de Washington, los de París y los de Londres.

¿Son seres humanos?

Procuraremos responder, dentro de nuestros modestos alcances. El conquistador español Francisco Pizarro, capturó al inca Atahualpa y reclamó, para liberarlo con vida, un rescate que consistía en una habitación llena de joyas de oro macizo, hasta donde alcanzaba el brazo alzado de un hombre. Obtuvo el botín, pero de todos modos inmoló a Atahualpa. Cuyo nombre puede transliterarse como Ataválipa y de allí Ataliva, como don Ataliva Roca, hermano del General tucumano.

No alcanzan las páginas para enumerar las enormidades y masacres cometidas por Hernán Cortés, por el Restaurador don Juan Manuel de Rosas, por el civilizado Sarmiento, por los americanos en Hiroshima y Nagasaki, por los ingleses en la India de Gandhi, por los rebeldes Mau-Mau en Kenya, por los soviéticos en Afganistán, por los turcos de Kemal Attatturk contra los armenios...

¿Seres humanos?

La verdad es que hay un mundo mejor, aunque es más caro

Sí, seres humanos. Porque la humanidad ha vivido en guerra desde que nació, y los próceres también podrían considerarse asesinos seriales, incluyendo a Oliver Cromwell, Stalin, Ernesto Guevara, Fidel Castro, Buffalo Bill Coddick, Winston Churchill, Napoleón Bonaparte, los propios San Martín, Belgrano y Moreno, y así ad infinitum. Puede decirse que cada país tiene su territorio porque se lo ha arrebatado a otra gente, mediante la conquista, la invasión, la guerra o la amenaza. Los pueblos más débiles están arrinconados en las tierras más inhóspitas: así se ha manejado, hasta la fecha, el planeta Tierra.

Hoy está de moda, en la progresía mundial, deplorar los crímenes de unos déspotas -digamos- de derecha. Pero se comprende, siempre, que las atrocidades perpetradas por Ernesto Guevara, "Tiro Fijo" Marulanda y otros idealistas de izquierda habrían sido sólo excesos (tal vez, sólo tal vez) en la custodia de los intereses del pueblo. Sólo por eso se fabrican, importan, arman y desarman bombas y ametralladoras. Antes y ahora: siempre. En defensa del pueblo y de los ideales más puros. ¿Que los idealistas de Cuba llevan 55 años en el ejercicio del poder, hasta el punto de convertirse en gerontócratas de una tiranía incomparable? Bueno, tal vez, pero a Cuba le va muy bien en las Olimpíadas...¡Y tiene muy buenos médicos!

La verdad es que hay un mundo mejor, aunque es más caro. Está ubicado, sobre todo, en Europa y América del Norte, se rige por las leyes del mercado capitalista, la libertad en concierto con la ley y el orden. Todos sabemos de qué se trata: es el Primer Mundo. Suiza, Francia, Canadá, Bélgica, Suecia, Alemania, Singapur, Hong-Kong y, naturalmente USA y el Reino Unido. Todos quieren ingresar a ese mundo. En cambio, nadie quiere radicarse en Corea del Norte, Irán, Cuba o Venezuela. Hay países de los cuales la gente huye para desembarcar en otros países, arriesgando incluso la vida.

Hay países de los cuales la gente huye para desembarcar en otros países, arriesgando incluso la vida

Entre las mil noticias encontramos una que puede ilustrarnos sobre esta realidad. Doce artistas fueron fusilados en Pyongyang (Corea del Norte).

Entre los fusilados estaba la señorita Hyong Song-Wol, cuyo delito consistió en grabar y vender videos porno. Los otros ajusticiados eran sus cómplices. La ejecución se realizó en público, frente a parientes y amigos de los artistas. Los acusados habían sido requisados durante el proceso, hallándose no sólo videos sino también biblias (¿) por lo cual se los declaró disidentes. La señorita Hyong había sido pareja del actual presidente de Corea del Norte, Kim Jong-un, hace unos diez años, y luego integrante del grupo artístico Unhasu, junto a otros músicos y bailarines de la Wanglaesan Light Music Band.

¿Seres humanos? ¿Son seres humanos los que hacen todo esto?

Bueno, en principio, sí. El lector sabrá discernir dónde se respetan los derechos civiles, dónde impera la libertad, dónde se acata el espíritu de la ley, dónde se respeta el principio de los poderes republicanos divididos (judicial, legislativo, ejecutivo) de modo que el ciudadano resulte razonablemente protegido y dueño del poder. Es cuestión de leer bien los diarios.

La Nación

Buenos Aires, Argentina

 

 

 

 

 

 

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La izquierda latinoamericana y los cuchillos largos de Fidel Castro

gualdo-hidalgoLa izquierda latinoamericana y los cuchillos largos de Fidel Castro

No fue en asalto al cielo ni a la libertad en lo que culminó la lucha del pueblo cubano, liderada por Fidel Castro, contra el general Fulgencio Batista.

Sobre las cenizas ardientes de la guerra solo asistimos al traspaso de poderes de la típica dictadura de corte tropical a la aún más feroz dictadura comunista; y para colmo, rusa, eslava, y extranjerizante.

Irónicamente, la extrema izquierda de América Latina, caracterizada por la crítica sempiterna al distanciamiento de nuestra autoctonía -expresado mediante el calco de los modelos estadounidenses y europeizantes-, desde 1959 ha celebrado, con fanfarria y regocijo infinito, la dictadura de Fidel Castro, cuya concreción histórica esencial consistió en la supeditación servil a la bota rusa.

En los albores del siglo XXI resulta insultante que la izquierda latinoamericana insista en perpetuar la apostasía cometida por Fidel Castro y ofrezca a los países latinoamericanos la añeja receta del siglo XIX copiada de Marx, Lenin y Stalin.

Si bien es cierto que el fin del milenio pasado no implica, necesariamente, el fin de la historia, y que América Latina, metafóricamente hablando, se encuentra en una encrucijada, el seguir la senda que apunta el índice de la izquierda - conducente a las extemporáneas y fracasadas revoluciones socialistas de Rusia y Cuba- solo agravaría y multiplicaría los acuciantes problemas del área.

Rusia y Cuba han sido meras tierras de promisión para las encandiladas y febriles mentes de socialistas y comunistas. Obviamente, el pueblo cubano y los demás pueblos latinoamericanos, aherrojados brutalmente por aquellos que se autoproclaman sus liberadores, están hartos de los deslumbramientos, alucinaciones y embelesos de los falsos profetas socialistas y la miríada de sus falsas promesas, llámense Raul Castro, Nicolás Maduro, Evo Morales, Daniel Ortega o Rafael Correa.

No necesitan ni merecen nuestros pueblos esa triada fatídica, agobiante y opresora integrada por los hermanos Castro, la izquierda de América Latina y el espectro de los bolcheviques rusos.

Por las reconditeces de América Latina, desde el río Bravo hasta el Cabo de los Hornos, desde los cálidos bosques húmedos hasta las frías regiones limítrofes con los polos, expresándose en trescientas lenguas, quinientos millones de latinoamericanos, transitan con sus penurias, congojas, alegrías, realizaciones y esperanzas, trémulos por el fardo de la fatídica premonición que los acecha, la expansión comunista en toda Latinoamérica y se conculquen, consiguientemente, sus libertades.

No necesita nuestra gente nutrirse de la papilla ideológica engañosa y opresiva de los bolcheviques rusos y sus amañados corifeos locales. La nuestra es una raza rebelde, vibrante e infinita en orgullo, renuente a subordinarse a grupos y doctrinas foráneas. Son los descendientes de europeos, de chibchas y mayas, de los negros africanos y mulatos, los mestizos, los amerindios, los mapuches, los quechuas, los híbridos de una estirpe humana marcados por la geografía, la historia, la política y la cultura, que les confiere una identidad legitima y el derecho a realizarse en la historia con el mayor respeto a sus orígenes, y afirmándose en sus propios valores.

Sería un crimen de lesa libertad el imponerle a los pueblos de América Latina el destino cruel impuesto por la dictadura castrista al valeroso pueblo cubano. Cuba aún padece la gélida noche de los cuchillos largos, desencadenada implacablemente por Fidel Castro desde 1959.

Contrariamente a lo que deliran los izquierdistas, los cubanos no celebran la Revolución de Fidel Castro esparciendo al aire toneladas de serpentinas y confetis sino con la estampida rauda hacia Mami, cuando pueden o lo permite el capricho maquiavélico de los detentadores del poder.

Parias en su propia tierra, los cubanos celebraron jubilosamente el advenimiento de Fidel Castro al poder. Confiaron en que la Revolución era el augurio de una nueva época que los pondría en la ruta de su verdadero destino. Pronto se hizo evidente que la tan cacareada revolución socialista era la antítesis de la libertad. La historia de la Revolución se convirtió en sinónimo de represión, encarcelamientos y asesinatos. La condición de los cubanos degradó a un estado de marginación, privación de función social, carencia de sentido y alienación de la condición humana. La fantasiosa promesa comunista de emancipación e igualdad social devino plétora de negaciones de las oportunidades mínimas de vida, ruptura violenta de las tradiciones democráticas nacionalistas y liberadoras, y destrucción de los valores morales, cívicos, familiares, religiosos y socioculturales.

Los cubanos dejaron de ser partícipes y protagonistas de su propia historia. Sus vidas fueron consideradas un material meta histórico. Fueron relegados a un segundo plano por la entelequia de Partido Comunista, "rector y guía de la sociedad". Ernesto Che Guevara, una de las figuras prominentes del movimiento comunista cubano, latinoamericano y mundial, proclamó a bombo y platillo la consigna de la creación del Hombre Nuevo, lo que en rigor implicó una condena axiológica implacable sobre la ineptitud y mediocridad del pueblo cubano, considerándolo muy por debajo de los "sublimes, enaltecidos y enaltecedores valores" que supuestamente caracterizan al genuino revolucionario comunista, y de ahí la necesidad apremiante de crear un hombre nuevo, a la altura de las exigencias de los estándares comunistas.

Durante más de medio siglo, los cubanos han sido relegados por la yuxtaposición teórica entre "las masas", "el proletariado", por un lado, y la minoría selecta y "de vanguardia" de los dirigentes del Partido Comunista, por el otro. El pueblo no cuenta, lo que importa es el Partido.

La cándida esperanza de un tiempo mejor que hipotéticamente se inauguraría con el triunfo de Fidel Castro pronto se transformó en una experiencia opresiva, angustiosa, paralizante y demoledora.

Al igual que ocurre actualmente en Venezuela, Nicaragua, Bolivia y Ecuador, los cubanos que apoyaron el ideal socialista se convirtieron en cómplices de una estafa fraguada en contra de ellos mismos.

Paradójicamente, y a pesar de los cantos de sirena de los comunistas, el axioma leninista de que la práctica es el criterio de la verdad, a la postre se encarga de desenmascararlos. El dogma de la fe comunista en la construcción de una sociedad superior a la capitalista-basado en las elucubraciones de Carlos Marx en torno a un principio rector inteligible de la progresión en espiral, ascendente y progresiva de la Historia, que culminaría en el comunismo, y en el que se materializarían las mejoras y beneficios superiores para la sociedad, y en particular para los segmentos marginados de la población, el descalabro de las revoluciones comunistas, en todos los periodos y en todas partes, demuestra fehacientemente que en lugar de la cristalización de un sueño ancestral, los pueblos bajo la férula de las dictaduras comunistas en realidad experimentan la zozobra de una cruel pesadilla donde exclusivamente proliferan los abusos, las persecuciones y la violación de todos los derechos del Hombre.

Los pueblos de América Latina deben estar alertas ante las maniobras de la izquierda de Latinoamérica, en particular ante la incitación y exhortación a abrazar el mito de la Revolución cubana y hacerlo propio, lo cual la convierte en cómplice de la confabulación, de la operación de control comunista continental urdida en La Habana.

Latinoamérica debe ser fiel a sus raíces, idiosincrasia y valores, y no traicionarse a sí misma convirtiéndose en una aldea obsecuente, obediente, rendida y sumisa que danza al compás del ritmo comunista orquestado en La Habana.

Latin News Agency

 

 

 

 

 

 

 

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