La grandeza del exilio cubano

juansuarezyblancargarcia sLa grandeza del exilio cubano por Juan Suárez y Blanca R. García

Juan Suárez es natural de Camajuaní, y su esposa, Blanca R. García nació en Perico, también en Cuba. El Sr. Suárez es escritor, poeta, empresario y director de la casa editorial Ediciones Suagar.

La Dra. García es, también, escritora, articulista y editora de Ediciones Suagar. Profesora Eméritus de Wagner Collage (Staten Island, Nueva York, EE.UU.)

Uno de nuestros grandes honores es ser exiliado cubano. En todo este proceso sucio que nos ha tocado vivir en estos cuarenta y siete años de la tiranía castrista, el único grupo que ha salido digno, fuerte, exitoso y libre es la diáspora cubana.

La pujanza protagónica de este grupo, es en sí, la mejor prueba en contra de los grandes engaños que Fidel ha proclamado sobre nuestra sociedad desde su llegada al poder hasta el día de hoy. Dejando sentado bien claro, que es en el exilio, donde radica la verdad y el éxito rotundo y, que es a él, a quien le corresponde el desastre de estas cuatro décadas.

El precio que hubo que pagar en los comienzos de esta terrible aventura, fue muy grande. Fue necesario renunciar al derecho de vivir allí donde Dios lo quiso. Prescindir de estar en medio de los nuestros, aquellos que fueron compañeros del viaje que se llama la infancia. Salvo excepciones, salimos con una mano delante y la otra detrás, perdiéndolo todo: la patria, parte de la familia, los amigos, los lugares amados, nuestras propiedades, la paz y la felicidad. Aquello fue muy duro, sólo Dios y nosotros lo sabemos.

Es verdad que al principio dio la sensación de ser un grupo errante. No obstante, meses después, demostramos al mundo todo lo contrario, formando La Brigada 2506, el grupo más digno que diáspora alguna haya creado. Nos tiramos en Bahía de Cochinos en el mes de abril del 61, para medirnos de tú a tú con ellos. Perdimos esta gran batalla porque nos traicionaron los que tenían el honor comprometido con nosotros; este suceso bochornoso quedará escrito como una mancha en la historia del gobierno del Presidente John F. Kennedy.

A consecuencias de arreglos secretos entre la Unión Soviética y los Estados Unidos, este grandísimo traidor pudo cogerse a Cuba haciéndolo todo a su manera, para finalmente, ser un redomado sanguinario, ladrón, narcotraficante y convirtir a Cuba en una ergástula con once millones de enjaulados, sometidos y hambreados.

Este zascandil se cansó de gritar a los cuatro vientos que nuestra sociedad era un derrumbe, cuando fuimos el milagro económico y social de América. Únicamente un grupo muy especial, como lo es el nuestro, pudo haber realizado semejante milagro.

Únicamente, una sociedad estructuralmente sana y vigorosa pudo conseguir lo que el exilio ha realizado. Siendo menos del 20% de la población cubana, hemos producido en tierra ajena en todos estos años, diez veces más que el producto bruto de su Cuba arruinada y aherrojada.

Lo que llena de orgullo a la Diáspora Cubana, es que salimos de Cuba en busca de nuevos horizontes con el alma en pedazos, todos supimos rehacernos, levantar nuestras cabezas, criar hijos con valores que son eternos, convertirlos en gente de bien y, entregárselos a esta sociedad en que vivimos por cientos y cientos de miles: profesores universitarios, científicos, médicos, abogados, arquitectos y ejecutivos de grandes empresas. Nuestra minoría cubano-americana, está por encima económicamente de una gran mayoría de los anglos. Políticamente somos tan fuertes como los judíos. Todo esto lo hicimos, sin olvidar que tenemos un compromiso con la Cuba Histórica.

En cuanto a ese grupo mal intencionado -fidelista- que ha logrado infiltrarse en el exilio en los últimos años, que constantemente desea hacer ver que el exilio está dividido, sepa esto: Cuando se vive en una democracia, es inevitable la diversidad de opiniones, y debido al temperamento nuestro, en algunos momentos parece que no estamos de acuerdo; pero lo contrario lo demuestra cada vez que alguien trata de manchar nuestra valía como grupo. Esto queda confirmado con lo que ha sucedido en estos días con el Nuevo Herald y el Miami Herald; y también con las marchas multitudinarias en la ciudad de Miami, confirmando hasta la saciedad que con Castro nada y por la Cuba Eterna todo.

Hoy, somos la derrota de Castro. Representamos la genuina presencia de la herencia martiana. Además, cuarenta y siete años después, el exilio está decidido como siempre a no bajar la guardia. La Cuba actual, sometida, ultrajada y hambreada que este opresor manipula a su antojo, es su fracaso como gobernante. Se mantiene moribundo en el poder, por el afán enfermizo que sufre por tenerlo. Cuando todo termine, que venga la calma, seremos uno de los grandes ejemplos de lo que es dignidad en un pueblo, y parte de los grandes sucesos en la historia de Cuba. Aquí en esta gran Nación, dejaremos una huella indeleble de lo que es capaz de hacer un grupo cuando está capacitado y motivado en grande como el nuestro. ¡Que Dios nos bendiga!

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