La usurpación de la imagen de José Martí por el castrismo

usurpacion de imagen de Jose Marti por el castrismoLa usurpación de la imagen de José Martí por el castrismoEl régimen de Cuba se apodera de la imagen de José Martí para legitimar sus terroríficos postulados comunistas.

Santa Cruz de Tenerife. España.- La universalidad solo la alcanzan unos pocos escogidos, cuyos méritos trascendentales sobrepasen las fronteras del tiempo y del espacio. En Cuba, sin duda, la figura que ha alcanzado esa condición de universalidad  – en toda su real dimensión– es José Martí, el hombre sinigual que con solo cuarenta y dos años de existencia terrenal nos dejó una extraordinaria obra, no tan extensa como se cree, sino de una calidad cercana a la perfección absoluta, amén de esa ejemplaridad ética y moral por las que pasó a la posteridad con distinciones como: Maestro, Apóstol, el Príncipe del castellano, el Presidente, el Héroe, el Santo de América, el más Universal de los cubanos, el hombre de Dos Ríos, el ser más puro de la raza, entre otros calificativos que nos ofrecen una medida visionaria de su excelsitud.

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Esta universalidad, lamentablemente, ha sido utilizada de manera inescrupulosa por el régimen comunista de Cuba. La posición política de José Martí ha sido siempre motivo de polémicas discusiones. Su defensa de la libertad de Cuba desde esa postura, siempre firme, de permanecer al lado de los oprimidos, de los humildes y desposeídos se ha tomado demasiado a la ligera por parte de los que pretenden interpretar y reinterpretar su obra. Esa actitud martiana respecto a situarse al lado de los oprimidos y desposeídos es asumida por el castrismo comunista para aproximarlo, de manera forzada, con premeditación y alevosía, a las tendencias izquierdistas de tipo marxistas.

Sin embargo, no es posible suprimir de su genial ideario la idea de “con todos y para el bien de todos”, la extraordinaria frase inclusiva por excelencia que los socialistas cubanos han dejado en el olvido, al menos de manera práctica, toda vez que teóricamente la repiten sin cesar. Nada más distante de la malvada tendencia comunista de excluir a todos aquellos que no compartan sus retorcidos y aberrados postulados. El ejemplar “con todos” de José Martí merece una profunda revisión en estos tristes tiempos en que proliferan los cientos de prisioneros políticos en las cárceles cubanas.

El castrismo, desde su instauración en el poder, lo presentó como un hombre defensor del socialismo marxista, la modalidad escogida por el dictador Fidel Castro a partir de abril de 1961 cuando declaró el carácter socialista de su revolución. La enorme censura desatada por el comunismo en la isla privó a los cubanos de conocer con certeza – y de primera mano, esto es, directamente de la palabra escrita del Maestro– la verdadera orientación política del genial hombre de Dos Ríos, bien distante de cualquier vestigio socialista. 

La marginación de Jorge Mañach, Medardo Vitier, y otros profundos estudiosos del pensamiento martiano fue decisiva para que se adulterara la enseñanza del autor de “Versos Libres”. Un Martí socialista hubiera sido el hombre ideal para un gobierno defensor acérrimo de las extravagancias de Karl Marx con su teoría absurda de los antagonismos de clases, el capitalismo monopolista de Estado, el comunismo como fase superior del socialismo o su aberrada idea de la dictadura del proletariado.

JOSÉ MARTÍ: ANTIMARXISTA POR EXCELENCIA.

Por suerte, el escrito que José Martí dedicó al texto “La esclavitud futura”, del antropólogo social inglés Herbert Spencer, el cual forma parte de un conjunto de ensayos que publicó en 1884 con el título: “El individuo contra el Estado”, no pudo ser desaparecido de las recopilaciones existentes en aquellos duros años iniciales de la llamada revolución cubana. En este escrito Martí hace referencia a una futura esclavitud de la humanidad para definir al socialismo como sistema sociopolítico; aunque en realidad la frase no es de Martí, como se cree y como se difunde actualmente, sino de Spencer. No obstante, Martí fue capaz de predecir con certeza acerca de las consecuencias que sufrirían aquellas naciones que abrazaran las tendencias socialistas o donde fueran impuestas. En este sentido merece destacarse dos fragmentos de la enseñanza martiana en este sentido: 

“Teme Spencer, no sin fundamento, que al llegar a ser tan varia, activa y dominante la acción del estado, habría este de imponer considerables cargas a la parte de la nación trabajadora en provecho de la parte páupera. Y es verdad que si llegare la benevolencia a tal punto que los páuperos no necesitasen trabajar para vivir, a lo cual jamás podrían llegar, se iría debilitando la acción individual, y gravando la condición de los tenedores de alguna riqueza, sin bastar por eso a acallar las necesidades y apetitos de los que no la tienen”.

Y de manera mucho más directa y precisa, en el mismo escrito, enfatizó de modo enérgico en su concepción acerca de que el hombre, en el sistema social proclamado por Marx y defendido por el castrismo, se convierte en un esclavo del estado:

“De ser siervo de sí mismo, pasaría el hombre a ser siervo del estado. De ser esclavo de los capitalistas, como se llama ahora, iría a ser esclavo de los funcionarios. Esclavo es todo aquel que trabaja para otro que tiene dominio sobre él; y en ese sistema socialista dominaría la comunidad al hombre, que a la comunidad entregaría todo su trabajo”.

Así las cosas, cuando se publicó la edición de las “Obras Completas de José Martí” por parte de la Editorial Ciencias Sociales, en 1975, apareció el polémico escrito en el tomo XV de la colección formada por XXVI tomos. Años más tarde el régimen castrista encomendó a uno de sus fieles acólitos, el poeta y ensayista Roberto Fernández Retamar, explicar acerca de la postura política de José Martí respecto a su afiliación o no al socialismo, algo que Fernández Retamar resolvió de una manera muy simple, toda vez que para el autor de “Martí en su Tercer Mundo”, el héroe cubano desconocía las doctrinas proclamadas por Marx, independientemente que su entrega absoluta a la gesta independentista cubana del final del siglo diecinueve, según él, al parecer le dejó muy poco tiempo para poder abarcar ciertos aspectos del ámbito internacional, algo que siempre me ha parecido un error garrafal originador de grandes sesgos para futuras investigaciones.

Todos conocemos que el héroe cubano, inexplicablemente, encontró tiempo para todo. Se sabe por el testimonio de sus obras que estuvo al tanto de todo lo que acontecía a su alrededor, y la obra de Karl Marx no es una excepción. Es cierto que no fue un estudioso de Marx – Martí tenía suficientes motivaciones espirituales e intelectuales como para derrochar su escaso tiempo en profundizar en algo que jamás le simpatizó, defendió, ni compartió, a diferencia de los profundos estudios realizados del pensamiento de Hegel, Schelling, Fichte, Balmes, Descartes, Schopenhauer, y de modo muy especial de Emerson y Krause–; pero de ahí a que ignorara la enseñanza marxista va un gran trecho.

El efímero escrito que dedicó a Karl Marx por motivo de su muerte, en 1883, a diferencia del colosal ensayo por motivo de la muerte del filósofo trascendentalista estadounidense Ralph Waldo Emerson, en 1882, constituye una prueba que demuestra la admiración de Martí por este último, amén de ser un conocedor profundo de su obra y admirador de su enseñanza; pero no prueba, en modo alguno, que desconociera la obra de Marx. De lo contrario no hubiera escrito por motivo de la muerte del pensador alemán, aunque de manera muy elemental y breve, lo siguiente:

“Karl Marx estudió los modos de asentar al mundo sobre nuevas bases, y despertó a los dormidos, y les enseñó el modo de echar a tierra los puntales rotos. Pero anduvo de prisa, y un tanto en la sombra, sin ver que no nacen viables, ni de seno de pueblo en la historia, ni de seno de mujer en el hogar, los hijos que no han tenido gestación natural y laboriosa. Aquí están buenos amigos de Karl Marx, que no fue sólo movedor titánico de las cóleras de los trabajadores europeos, sino veedor profundo en la razón de las miserias humanas, y en los destinos de los hombres, y hombre comido del ansia de hacer bien. El veía en todo lo que en sí propio llevaba: rebeldía, camino a lo alto, lucha”

Con respeto – teniendo en cuenta las circunstancias sagradas de la muerte y las convicciones éticas martianas–, Martí fue capaz de señalar el lado débil de la postura marxista, esto es, haber permanecido siempre en la sombra, sin ver que “no nacen viables, ni de seno de pueblo en la historia, ni de seno de mujer en el hogar, los hijos que no han tenido gestación natural y laboriosa”, con lo que sentenció las disparatadas ideas marxistas, demasiado utópicas –a pesar de que Marx criticó enérgicamente a los socialistas utópicos de su generación–, carentes de toda posible aplicabilidad en el orden práctico, amén de señalarle de manera sutil que se dedicó a describir “el mundo del trabajo” sin haber estado jamás, en el mundo del trabajo, o sea, desde la sombra; sin olvidar la idea final de la cita en relación con la rebeldía de los socialistas, lo que más tarde llegó a llamar “soberbia y rabia disimulada de los ambiciosos”.

Las referencias al socialismo en la obra de José Martí son múltiples; aunque lo que más se ha difundido – con todo derecho por la agudeza de sus valoraciones críticas– es el famoso escrito dedicado a la “esclavitud futura”. Así las cosas, hace más de veinte años encontré dispersa en sus obras esta referencia poco conocida en la que Martí, siendo muy joven, cuando estudiaba Filosofía y Letras en España, hace mención a la legendaria Icaria ideal descrita por Cabet, a los estados de conciencia alcanzados por Bronson Alcott, trascendentalista como Emerson, y también se refiere a los jóvenes Hegelianos de Alemania, entre los que se encontraba por aquellos tiempos el joven Karl Marx. * 

“Socialismo.- Lo primero que hay que saber es de qué clase de socialismo se trata, si de la Icaria cristiana de Cabet, o las visiones socráticas de Alcott, o el mutualismo de Prudhomme, o el familisterio de Guisa, o el Colinsismo de Bélgica, o el de los jóvenes Hegelianos de Alemania: aunque bien puede verse ahondando un poco, que todos ellos convienen en una base general, el programa de nacionalizar la tierra y los elementos de producción”.

Menos conocida aún es esta idea sacada de sus pocos estudiados “Cuadernos de Apuntes”. Téngase presente que, como en la cita anterior, Martí era muy joven; sin embargo ya conocía perfectamente los propósitos del socialismo como sistema sociopolítico:

“Restaurar el eslavismo: ¿es ésta privativamente toda la idea rusa? Extender la dominación de los eslavos: ¿darán lugar a esto las descomposiciones internas del imperio? (…) No han descansado los eslavófilos (…) Tuvo gran enemigo en Tchadayef, el enérgico y sombrío oficial de húsares a quien el zar declaró loco. Dividiéronse los eslavófilos: en autoritarios ortodoxos y republicanos socialistas”.

Su conocida carta enviada a su amigo Fermín Valdés Domínguez, en 1894, a solo unos meses antes de su partida del mundo terrenal, perteneciente a una etapa de plena madurez del pensamiento político y filosófico del Héroe de Dos Ríos, constituye una prueba irrefutable de la posición de Martí respecto al socialismo: una total oposición a toda tendencia socialista, lo que demuestra que se mantuvo con firmeza durante toda su vida.

“Dos peligros tiene la idea socialista, como tantas otras; el de las lecturas extranjerizas, confusas e incompletas, y el de la soberbia y la rabia disimulada de los ambiciosos, que para ir levantándose en el mundo, empiezan por fingirse, para tener hombros en que alzarse como frenéticos defensores de los desamparados”.

LA UNIVERSALIDAD MARTIANA EXPLOTADA POR EL CASTRISMO PARA LEGITIMAR SUS ATROCIDADES.


El dictador Fidel Castro se apoderó de la sagrada imagen del considerado Apóstol de Cuba para legitimar sus acciones terroristas del Moncada.

Retomando la idea de la universalidad martiana, y de manera particular, como el castrismo aprovecha dicha universalidad según sus intereses, hemos de precisar que el régimen de Cuba se apodera de la imagen de José Martí para legitimar sus terroríficos postulados comunistas. Una ojeada panorámica al panfleto considerado como la última Constitución de Cuba, vigente desde el 2019, nos dará la exacta medida de conocer como se manipula su colosal pensamiento y su sagrada imagen.

La primera contradicción se expresa en su Preámbulo, toda vez que se entremezclan las referencias a las ideas socialistas, que como precisé antes, Martí jamás compartió, con el ideario martiano. En este sentido vale citar el siguiente fragmento:

“Inspirados (…) por los que promovieron, integraron y desarrollaron las primeras organizaciones de obreros, campesinos y estudiantes; difundieron las ideas socialistas y fundaron los primeros movimientos revolucionarios, marxistas y leninistas; por los integrantes de la vanguardia de la Generación del Centenario del natalicio de Martí, que nutridos por su magisterio nos condujeron a la victoria revolucionaria popular de enero de 1959”.

Y lo peor, algo que resulta incoherente, repugnante e irreverente, que se asocie la venerada imagen del considerado Apóstol de la independencia cubana con las disparatadas ideas comunistas de Marx, Engels, Lenin y del dictador cubano Fidel Castro:

“GUIADOS por lo más avanzado del pensamiento revolucionario, antiimperialista y marxista cubano, latinoamericano y universal, en particular por el ideario y ejemplo de Martí y Fidel y las ideas de emancipación social de Marx, Engels y Lenin (…) DECLARAMOS nuestra voluntad de que la ley de leyes de la República esté presidida por este profundo anhelo, al fin logrado, de José Martí: “Yo quiero que la ley primera de nuestra República sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre”.

Vale precisar que si en algún lugar del mundo donde el hombre jamás alcanza su dignidad plena, ese lugar es Cuba bajo las maléficas garras del comunismo castrista. Por otro lado, es bochornoso que, el que para algunos es el Santo de América, aparezca junto a los nombres de los difusores del socialismo marxista, tendencia que fuera tan rechazada por José Martí; pero en esto consiste la utilización del pensamiento y de la imagen del noble hombre que se inmolara por la libertad, la verdadera libertad, de su patria, esto es, en tergiversar su posición política y situarlo junto a las malvadas figuras de Fidel Castro, Lenin y Marx.

Con esto, el aberrante socialismo cubano cree que puede legitimar sus disparatados postulados y contradictorias concepciones. Para ellos la evocación de Martí se convierte en una imperiosa necesidad, por cuanto, la presencia permanente del Maestro ejerce una poderosa fuerza sobre las adoctrinadas multitudes, quienes, desconociendo el verdadero mensaje del Apóstol, aceptan por fe ciega y con el mayor servilismo cualquier planteamiento por absurdo que sea. 

Imposible concluir un trabajo en el que se haga mención al mal uso que de la sagrada imagen de José Martí hace el castrismo sin recordar quién es el principal responsable de esta imposición. A solo nueve años de la toma del poder por el dictador Fidel Castro se conmemoraba el centenario de la histórica fecha del 10 de octubre. Durante una velada efectuada en La Demajagua, Manzanillo, el mandatario pronunció un extenso discurso que considero fue el punto de partida para la tergiversación del pensamiento del Apóstol, al menos, de manera pública – ya lo había hecho durante su defensa en el juicio del Moncada–. Con su egocentrismo distintivo aprovechó la ocasión para establecer vínculos entre el 10 de octubre y su rol como líder asaltante al Cuartel Moncada. Utilizó, una vez más, la paradigmática imagen del Apóstol para ratificar su absurda idea sobre la influencia martiana en su fracasada acción terrorista:

“Y eso no es algo que se diga hoy como de ocasión porque conmemoramos un aniversario, sino algo que se ha dicho siempre (…) y que se dijo en el Moncada. Porque allí cuando los jueces preguntaron quién era el autor intelectual del ataque al cuartel Moncada, sin vacilación nosotros respondimos: ¡Martí fue el autor intelectual del ataque al cuartel Moncada!”

Desde entonces cientos de páginas mediocres, textos absurdos y fallidos ensayos han sido escritos en defensa de la hipótesis de Fidel Castro. Los acólitos del régimen cubano tendrían que defender a capa y espada la disparatada idea del delirante dictador, siendo esta no solo la mayor ofensa que se cometió con el inmaculado héroe de Cuba, sino el comienzo de la utilización de su imagen con la maléfica intención de legitimar las terroríficas acciones de un régimen que algún día tendrá que responder por todos sus crímenes y acciones sacrílegas, entre las que se destaca sobremanera la usurpación de la santa imagen martiana.


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*El hegelianismo tuvo dos corrientes fundamentales: una conservadora, conocida como los hegelianos viejos o de derecha y otra progresista o de izquierda, llamada hegelianos jóvenes, los que veían en el método dialéctico una justificación para su crítica a las condiciones políticas y sociales existentes en el contexto de su tiempo. En este último grupo se encontraba Karl Marx siendo joven. 

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