¿Qué bolá con la Universidad John Hopkins?

¿Qué bolá con la Universidad John Hopkins?¿Qué bolá con la Universidad John Hopkins?

Para ser más precisos: ¿qué bolá con la Escuela de Estudios Internacionales Avanzados (EEIA) de la Universidad John Hopkins?

Si quieren, se los deletreo con más claridad:

¿Cuántos espías de la inteligencia castrista, graduados de esa escuela de la Universidad John Hopkins, tienen que ser atrapados espiando en los Estados Unidos para que la comunidad de inteligencia de ese país empiece a considerar a esa escuelita como un antro de reclutamiento castrista?

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¿Cuántas chivas sin tambor pagado, como Piero Gleijeses, Wayne Smith o Emily Mendrala, tienen que seguir berreando a favor del castrismo para que la comunidad de inteligencia de los Estados Unidos empiece a considerar a la EEIA como un antro de reclutamiento castrista?

Hagamos un recuento, y verán a qué me refiero.

La infame Ana Belén Montes, la espía castrista en los EE UU que en el 2001 fue condenada a 25 años de prisión, fue reclutada mientras estudiaba en la EEIA.

Su reclutamiento fue facilitado por la también espía castrista Marta Rita Velázquez, quien había sido reclutada por la DGI mientras estudiaba en la Universidad de Princeton y que después, durante sus estudios de postgrado en la famosa EEIA, fue amiguita de Montes y sirvió de agente apuntadora para su reclutamiento.

Las dos amiguitas, Rita y Belén, fueron alumnas beneméritas de una de las chivas más berreadoras a favor del castrismo que ha conocido la historia de la academia estadounidense.

Me refiero a Piero Gleijeses, un personaje que, armado con el poderoso imperialismo cultural de la izquierda estadounidense, se ha dedicado a querer contarnos a los cubanos una historia, la nuestra, que a él le sale plagada de mentiras, omisiones y propaganda a favor del régimen asesino de la familia Castro.

Para los que quieran comprobar la talla de apropiador cultural que calza el camarada Gleijeses, los refiero a mi texto “Razones de Angola”, en el que podrán leer, entre otras cosas, que el compañero Piero quiso usar al comandante Jorge “Papito” Serguera para “ampliar” una investigación que ya daba por terminada y que no coincidía, para nada, con la versión de los hechos que tenía un testigo presencial como Papito Serguera. Solo la academia gringa y liberal de hoy, esa que está tan bien representada en la EEIA, tiene la audacia de ir a contarles a otros su propia historia.

Piero Gleijeses es italiano, se graduó del Instituto de Altos Estudios de Ginebra y, según sus propias palabras, en el año 1968 un profesor de la Universidad John Hopkins lo ayudó a conseguir una beca para hacer un doctorado en esa institución. Me encantaría saber quién demonios fue ese profesor.

Después de terminar su doctorado, en 1972, Gleijeses se quedó como profesor de la EEIA y se dedicó a construir una carrera basada en un odio visceral hacia los Estados Unidos, y en la publicación de una serie de libros profundamente asimétricos cuando de denunciar a los soviéticos se trataba.

Una prueba de la asimetría sovietofílica del camarada Gleijeses es la forma, tanto personal como historiográfica, con la que el profesor de la EEIA trata a la figura de Jorge Risquet, a quien llama su hermano y a quien siempre presenta como un peón de los Castro y no de sus verdadero manejadores: los comunistas cubanos y la inteligencia soviética.

Cualquier persona medianamente versada en la historia del viejo partido comunista de Cuba (PCC-PSP), sabe que Jorge Risquet fue un agente de la inteligencia soviética desde, al menos, 1952. Fecha en la que fue captado, en Bucarest, por Alexander Shelepin (futuro jefe de la KGB) mientras trabajaba como representante de los comunistas cubanos ante la Federación Mundial de Juventudes Democráticas.

A partir de ese momento, Risquet empezó su carrera como agente soviético y como manejador temprano, tanto para la KGB como para el PCC—PSP, del bisoño Raúl Castro. Todo eso, al igual que el papel de figuras tan importantes como Francisco Ciutat de Miguel o Hiram Prats, el camarada Piero se lo carga olímpicamente para así contarnos una historia, la nuestra, que él aprovecha para cargarla con un odio visceral hacia los Estados Unidos.

Yo no sé si ese odio, inculcado a sus estudiantes, fue un factor en el reclutamiento de Ana Belén Montes, lo que sí sé es que Gleijeses reconoció a la reclutada como una de sus mejores alumnas, y que usó a la apuntadora, Marta Rita Velázquez, como su asistente de investigación favorita.

Si a lo anterior sumamos las imágenes de Gleijeses sonriéndole al asesino de Raúl Castro, y su insistencia en llamar a Risquet “hermano”, podemos al menos inferir que si la DGI castrista no lo reclutó entonces estaba hurgándose en la nariz y, como bien sabemos, la DGI castrista no es famosa por hurgarse en la nariz.

Una prueba de la agresiva eficiencia de los esbirros castristas para reclutar agentes dentro de la academia estadounidense es Kendall Myers, el espía de La Habana que fue detenido en el año 2009 y condenado a cadena perpetua. Myers, además de ser analista de inteligencia de alto nivel dentro del Departamento de Estado, fue profesor de la EEIA desde 1972.

Cuántos de sus estudiantes y colegas (¿Gleijeses, por ejemplo?) Myers “apuntó” a la inteligencia castrista es algo que quizás nunca lleguemos a saber. Lo que sí sabemos es que la famosa EEIA lleva décadas plagada de defensores del castrismo. Unos más abiertos, otros más escondidos, pero todos ideológicamente refractarios a los brutales crímenes del régimen de la familia Castro.

Uno de los más activos y notorios defensores de ese régimen asesino es Wayne Smith, el ex segundo secretario de la Oficina de Intereses de Washington en La Habana durante el circo de Carter. Una plaza que Smith ocupó después de haber sido un servidor del Departamento de Estado en la antigua URSS. Se dice que a Cuba llegó hablando inglés de Texas, y de Cuba se fue hablando un idioma que recuerda mucho al ruso de Línea y A.

Smith ha sido un vocero en el uso del embargo como elemento de propaganda a favor del castrismo. Smith ha sido un defensor de la idea de que el castrismo no debe estar, a pesar de todas las evidencias en contra, en la lista de regímenes promotores del terrorismo. Smith ha sido un promotor de los viajes de “académicos” y político estadounidenses a Cuba, y hasta una fundación se ha inventado para ese propósito. Una fundación que, por cierto, fue utilizada por Piero Gleijeses para visitar a sus amigotes de La Habana.

Para más, Smith fue profesor, en la ya tristemente célebre EEIA, de Emily Mendrala, otra defensora del castrismo desde la época del circo de Obama y la figura que ahora emerge, dentro del régimen de Biden, como una de las principales normalizadoras de los crímenes del castrismo, ya sea negando o normalizando los ataques acústicos contra los diplomáticos estadounidenses en La Habana, o ignorando la brutal represión con la que el régimen ahogó los gritos de libertad del pueblo cubano el pasado 11 de julio.

De más está decir que este recuento es solo la punta del témpano, porque si algo es bien sabido es que los espías siempre son muchos más que los que atinamos a descubrir.

En eso también se parecen mucho a las cucarachas. 

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