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Duque: no entregue a Colombia como Piñera entregó a Chile

Duque: no entregue a Colombia como Piñera entregó a ChileDuque: no entregue a Colombia como Piñera entregó a Chile

Duque: no entregue a Colombia como Piñera entregó a Chile. No se le ocurra dar un paso atrás, porque en cuanto huelan su debilidad, será usted un nuevo Piñera que, sin darse cuenta, habrá entregado el país a la izquierda.

En Cali un policía camina envuelto por una turba de «manifestantes», lo golpean, lo insultan, le gritan que lo han «capturado». En el centro de Bogotá, en la Plaza de Bolivar, una mujer militar es cargada por sus compañeros, la llevan a un lugar seguro, su cara sangra, la atacaron los «manifestantes». En un lugar no especificado de este país envuelto en el caos, un policía es tirado al piso y atacado por un delincuente que lo golpea durante varios minutos, el policía, a pesar de que tiene un arma, no se defiende.

En Facatativa, Cundinamarca, uno de los muchos lugares del país donde se presentaron saqueos, una familia con varios menores grita desesperada porque los delincuentes están a punto de entrar a su casa. En Cali, los vecinos de un barrio se enfrentan con palos y piedras a los ladrones que —aprovechando el desorden ocasionado por el paro— entraron a robar a su conjunto residencial.

Estas son solo algunas de las imágenes que deja el 21N, el «paro» convocado por la izquierda colombiana, y por quienes dicen no ser de izquierda, pero piden todas las políticas de la izquierda. Colombia, este 21 de noviembre, parecía el escenario de la película La Purga.

A pesar de eso, de los muertos, de los saqueos y robos, de los policías atacados, de las estaciones de Transmilenio destruidas, y en general de todo el caos que vivió el país, y que ni el Gobierno nacional, ni los alcaldes pudieron controlar, el presidente Iván Duque dio una alocución que, a muchos, nos recordó el día en que Sebastián Piñera entregó a Chile.

«A pesar de los actos de violencia atribuibles a vándalos que no representan el espíritu de los marchantes colombianos, demostramos que este país puede ejercer las libertades individuales, sin vulnerar las libertades de los demás», dijo el presidente.

¿Cómo se demostró eso, presidente? Si lo que hicieron los «marchantes» fue precisamente vulnerar las libertades de los demás. Supongamos —inocentemente— que ninguno de los saqueos tuvo que ver con el paro y que son «hechos aislados», trancaron calles, destruyeron estaciones de Transmilenio, atacaron a civiles y policías… Cuál respeto por la libertad de los demás, si lo que no hubo fue, precisamente, ¡respeto!

«Los estudiantes, los trabajadores, los artistas y la gran mayoría de personas que se movilizaron lo hicieron con intención legítima de hacer sentir su voz y los escuchamos», continuó el mandatario.

Muchos de los que salieron a marchar no quieren un diálogo y ser escuchados, quieren un cambio de Gobierno. Quieren tumbarlo, presidente. O, en su defecto —si usted decide ser dócil y hacer cuanto le pidan—, utilizarlo como ficha de transición hacia el socialismo.

«Hoy hablaron los colombianos. Los estamos escuchando. El diálogo social ha sido la bandera principal de este Gobierno, debemos profundizarlo con todos los sectores de nuestra sociedad», agrega Duque.

Tampoco es cierto eso. El 21 de noviembre no hablaron «los colombianos». Habló una parte bullosa, no por eso mayoritaria, de la sociedad. Usted debe tener claro, siempre, quiénes lo eligieron. Cuáles son las peticiones de esa mayoría que votó por usted y, sobre todo, cuáles son los principios e ideales que representa.

Los que votamos por usted no buscamos las «conquistas sociales» de la izquierda, no compartimos las peticiones tan aparentemente buenas de quienes salieron ayer a las calles. No lo hacemos porque entendemos de economía. Porque sabemos que los países más ricos son los más liberales, donde el Estado menos interviene.

Somos racionales y sabemos que la mejor política social es la creación de empleo, y que para eso se necesita, como en los países más ricos, un clima seguro y amigable con el empresario. Pero, además, no vemos la pobreza como una discapacidad, sino como una situación temporal de la que se puede salir. Por eso no queremos subsidios eternos para todos, queremos liberalismo para que haya trabajo y salgamos adelante.

Apostarle a quedar bien con todos, y negociar con la izquierda que presiona con violencia, claramente no es una buena estrategia. Ni siquiera a corto plazo. Usted puede hacer lo que sea, presidente y, de todas formas, nunca va a lograr la aprobación de ellos. En cuanto lo vean débil, con miedo, sin una estrategia clara, o lo usarán hasta que les sea útil o lo sacarán del cargo.

Usted no está dialogando con simples colombianos inconformes. Esos son los que, despistados, salen a marchar creyendo que todo se trata de una petición pacífica para que las cosas mejoren. Los líderes del 21N, los que manejan el poder, los que van a hacerle peticiones a cambio de no parar el país y convertirlo en un infierno —como ya mostraron que pueden hacerlo—, no son tiernos soñadores, es izquierda pura y dura. Tienen dinero, están organizados y son peligrosos.

En Chile, el presidente Piñera, ante unos hechos muy similares, también reaccionó diciendo que había que dialogar y que escucharía las demandas sociales. Consiguió que la derecha que lo eligió lo tenga como un paria, que la izquierda lo lleve al punto de aceptar una nueva Constitución —destruyendo los fundamentos de economía liberal que han mantenido a Chile durante años como el país más próspero de la región—, y que el país esté sumido en un caos total.

Hoy, Chile en materia económica, según Bloomberg, está «al borde del abismo». ¿Quién quiere invertir en un país donde queman edificios, saquean comercios, y cuyas autoridades no pueden controlar la situación? ¿Quién quiere abrir un negocio en un lugar donde la izquierda va a escribir la Constitución?

La falta de carácter de Piñera tiene a Chile no solo sumido en el caos, sino a las puertas de una recesión económica. Quienes supuestamente marchaban por mejores condiciones económicas han logrado justamente lo contrario.

Colombia no es Chile. Colombia es un país conservador, religioso, con mucha gente de derecha. Y ayer, a pesar de todo, la parte decente y racional de la población se hizo notar. Tuvimos aliento en la gente que salió a proteger a los policías, en los grupos de Resistencia Cívica que se organizaron para enfrentar a los «marchantes» violentos, en los ciudadanos que en conjunto con la Policía y el Ejército enfrentaron los saqueos. Así fuera con palos y piedras.

Apoyamos al presidente Duque para que saque adelante este país con mano dura contra la izquierda que no quiere más que destruirlo todo. Necesitamos un Gobierno firme. Vaya adelante, presidente, que estamos acá para respaldarlo.

Pero no se le ocurra dar un paso atrás, porque en cuanto huelan su debilidad, será usted un nuevo Piñera que, sin darse cuenta, habrá entregado el país a la izquierda.

Artículo de Por: Vanesa Vallejo - @VanesaVallejo3

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